Un GIRO sorprendente dio la investigación fiscal sobre los diez crímenes ocurridos en la frontera norte

Las revelaciones periodísticas en torno al secuestro de Javier, Paúl y Efraín, de El Comercio, así como las permanentes protestas de sus familiares y amigos cambiaron el rumbo de la tesis fiscal en Ecuador, que ahora investiga los hechos desde una perspectiva de Derechos Humanos, y no solo como delitos comunes inconexos del  Frente Oliver Sinisterra. Además, la Fiscalía decidió investigar todos los casos de violencia en la frontera norte, que provocaron diez víctimas, como parte de un solo fenómeno. Esa también ha sido una recomendación del Equipo Especial de Seguimiento (ESE) de la CIDH.

Por Arturo Torres R.

Voy a cerrar los ojos en voz baja / voy a meterme a tientas en el sueño / En este instante el odio no trabaja / para la muerte que es su pobre dueño / la voluntad suspende su latido / y yo me siento lejos, tan pequeño”. Marcó esos versos de Benedetti con resaltador amarillo. “Antología Poética” era su libro de cabecera. En esas páginas escribió sus propias reflexiones: “Este hombre me sorprende en cada frase, no puedo dejar de leerlo”.

El periodista ecuatoriano Javier Ortega no solo atesoraba el poemario. Tenía su propio sueño: publicar una novela. Ya había escrito, a manera de ensayo, su tesis de licenciatura en Periodismo sobre microtráfico y drogas. Tenía 31 años cumplidos y una carrera en ascenso. En la redacción del diario El Comercio investigó los temas de corrupción (caso Odebrecht en Ecuador) y cubrió la crisis de seguridad en la frontera norte. La ola de violencia se produjo por la reacción de los grupos disidentes de las FARC que, enraizados en ambos lados del límite territorial, se vinculan con carteles de la droga. Se negaron a dejar las armas y a firmar el acuerdo de paz; es más rentable seguir enviando los cargamentos de cocaína por la salida al Pacífico. La organización armada que surgió de las FARC provocó un estadillo que, en el lado ecuatoriano, causó diez muertes durante los primeros meses de 2018.

Vivió su propio calvario. Javier Ortega fue uno de los diez ecuatorianos asesinados en manos del Frente Oliver Sinisterra, FOS. Con Paúl Rivas y Efraín Segarra, integraba el equipo periodístico de diario El Comercio. Fueron secuestrados el lunes 26 de marzo de 2018, en la parroquia ecuatoriana de Mataje, provincia de Esmeraldas, en el límite con Colombia. Los tres murieron baleados con armas cortas el sábado 7 de abril: su cautiverio duró 13 días. Esa noche recibieron varios disparos, y sus cuerpos enterrados en un rincón de la selva colombiana.

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Semanas después, en junio de 2018, sus restos fueron encontrados en dos fosas, rodeadas por explosivos. El análisis forense, a cargo de autoridades colombianas, revelado por este portal, contradice la versión oficial sobre las circunstancias del asesinato. Más bien plantea contradicciones respecto a las versiones de testigos protegidos por la Fiscalía de Colombia, que dijeron que fueron ejecutados, mientras expertos forenses que revisaron las autopsias señalan que no hubo premeditación y que murieron mientras caminaban o corrían.

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Los periodistas integraban el grupo de relevo. El diario –al igual que otros medios nacionales- cubría con enviados especiales los efectos de la violencia en el poblado de Mataje, Esmerladas. Días antes, una patrulla de infantes de Marina había sufrido un atentado con un artefacto explosivo mientras vigilaba ese lugar. La detonación dejó cuatro víctimas. A partir del 20 de marzo, día del ataque a los marinos, varios reporteros buscaban llegar al sitio y cubrir la historia de esa población, abandonada por el Estado y amenazada por los tentáculos del narco. Solo dos equipos lograron entrar a la zona de fuego: los enviados por diario El Telégrafo, que llegaron el sábado 24 de marzo. Y los periodistas El Comercio, el lunes siguiente.

El 26 de marzo, un marino del retén de Mataje fotografió la camioneta de El Comercio y su conductor Efraín Segarra, antes de que ingresara al poblado donde minutos después fue secuestrado junto a Javier y Paúl. Foto archivo CV.

Javier, Paúl y Efraín fueron secuestrados por tres ecuatorianos, integrantes del frente armado Sinisterra. Luego de varios días de un desesperante silencio, pues inclusive a los familiares de los cautivos se les recomendó no hacer público el hecho, el Estado ecuatoriano anunció que negociaría y canjearía los rehenes por tres hombres de la organización narcodelictiva, detenidos el 12 de enero, en una casa de Mataje donde se hallaron armas y municiones.

La investigación periodística de este portal demostró que la decisión de canje fue tardía; que la anunciada negociación con los captores fue errática. Y que policías de ambos países realizaron incursiones desde el norte del Ecuador hacia la selva colombiana para neutralizar al líder del FOS, Walther Patricio Arizala Vernaza, Guacho. Estas acciones armadas al parecer desencadenaron la ejecución del periodista Javier Ortega; el fotógrafo Paúl Rivas y el conductor Efraín Segarra, en una noche lluviosa de sábado.

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Nuevo enfoque de la investigación fiscal

La investigación fiscal en Ecuador en torno al crimen de los tres periodistas dio un giro cuando se cumplió un año de su asesinato. La flamante fiscal general, Diana Salazar, anunció que todos los hechos relacionados con la crisis de la frontera norte se analizarían en su conjunto. Los expedientes fueron asignados a la Fiscalía de la Verdad. El 11 de abril Salazar recibió a los familiares de las víctimas y anunció que analizaría detenidamente el caso.

 

A pocas horas de su posesión, la fiscal Salazar anunció su decisión de investigar a fondo los crímenes de la frontera.

 

En el proceso relacionado con el crimen de los periodistas, la hipótesis de la investigación cambió: al analizar los hechos desde una perspectiva de Derechos Humanos, que estudia la Fiscalía de la Verdad, podría configurarse un caso de ejecución extrajudicial, o crimen de Estado, advierten juristas consultados. En el nuevo enfoque, se investigan además las acciones y omisiones de los agentes estatales como posibles desencadenantes de los crímenes. Especialmente relacionadas con la realización de operaciones combinadas entre las policías de Ecuador y Colombia para capturar al Guacho durante el secuestro de los periodistas. Bajo esta misma línea se indaga el secuestro y asesinato del soldado Wilson Ilaquiche, que está en manos de la fiscal María Belén Corrdedores, de la Comisión de la Verdad Nro 2; y los crímenes de la pareja Óscar Villacís y Katty Velasco, así como de cuatro marinos: el suboficial segundo Luis Mosquera Borja, el cabo primero Wilmer Álvarez Pimentel, el cabo segundo Jairon Sandoval Bajaña y el marinero Sergio Elaje Cedeño.

Lupita, madre del fotógrafo Paúl Rivas, fue recibida con el resto de familiares por la fiscal Diana Salazar, el 11 de abril pasado, en Quito. Foto archivo CV.

¿Cuál fue el detonante del cambio? La revelación periodística, que hizo este portal, sobre la cadena de negligencias desde el Estado ecuatoriano, que empezó mucho antes del secuestro. Arrancó con la crisis del sistema nacional de Inteligencia, que en vez de mapear a los grupos disidentes de las FARC como la principal amenaza a la seguridad, dirigió su artillería a perseguir opositores al proyecto político de la Revolución Ciudadana entre 2007 y 2017. La temida Senain se politizó para servir al Gobierno.

Fue en la administración de Correa, en esa década, cuando la presencia de los carteles de la droga se multiplicó en Ecuador. A inicios de su mandato, el entonces presidente Correa afirmaba que “la droga no es el principal problema ecuatoriano, sino norteamericano, porque se mueren más niños por diarrea que por droga”.

Por falta de coordinación entre las autoridades de Policía y Militares la zona roja de la frontera no fue cerrada al paso de civiles y periodistas, a inicios de 2018. “El cadáver lleva dos días en la calle, cubierto por una sábana. Nadie se atreve a recogerlo”. Así empieza la narración de un reporte que recoge la gravedad de la situación en el poblado fronterizo La Cadena, días antes de que fueran secuestrados Paúl, Javier y Efraín. A pesar de los hechos relatados, ninguna autoridad impidió la llegada de civiles.

La seguridad en los cantones esmeraldeños donde aumentaban los ataques de los irregulares, San Lorenzo y Eloy Alfaro, fue encargada desde inicios de marzo a un Mando Unificado, dirigido por un oficial de la Marina. Este oficial autorizó el paso de los dos equipos por el retén, hacia Mataje. Tanto los periodistas de El Telégrafo como los de El Comercio llegaron a la zona solo después de recibir su permiso.

El responsable del Mando Unificado aseguró a los periodistas de este portal que no estuvo al tanto del intercambio de mensajes entre el líder de los armados, Guacho, y un oficial de la Policía, el mayor Alejandro Zaldumbide. Guacho amenazó con matar a civiles, uniformados y cualquier extraño que apareciera en la zona que controlaba el frente armado.

Guacho era el cabecilla del Frente Oliver Sinisterra hasta diciembre pasado. La Policía de Colombia asegura haberlo abatido, pero hay versiones de que sigue vivo. Foto archivo

 

Por una serie de cambios internos en el comando policial de San Lorenzo, que tiene jurisdiscción sobre Mataje, el uniformado a cargo era el mayor de Policía Zaldumbide. A mediados de enero de 2018 fueron capturados tres hombres de la organización narcodelictiva –Cuco, Tobón y Cuajiboy– en una casa donde escondían explosivos. Al día siguiente de la detención empezó el intercambio de mensajes: Guacho pedía que devolvieran a sus tres hombres.

A partir del 20 de febrero empezó un fluido diálogo por WhatsApp y a través de llamadas telefónicas entre el oficial y Guacho o su delegado, que se hacía llamar Andrés Sinisterra. En más de una decena de comunicaciones, el tono del interlocutor oficial del Estado ecuatoriano es condescendiente y advierte una voluntad por mantener negociaciones con la organización narcodelictiva. En varias ocasiones, el disidente pedía la presencia de un delegado en la zona. Las respuestas eran evasivas, pero denotaban la intención de ganar tiempo.

De la cadena de comunicaciones se desprende que el grupo criminal buscaba además la anulación del acuerdo de cooperación entre los estados de Ecuador y Colombia, que se firmó a mediados de febrero de 2018, luego de la explosión de un coche bomba en la parte posterior del cuartel de policía de San Lorenzo. El hecho, sin precedentes en Ecuador, ocurrió el último fin de semana de enero. No dejó víctimas pero sí una treintena de heridos y daños materiales. Ese atentado buscaba presionar a las autoridades ecuatorianas para dejar libres a los tres hombres de Guacho. El Estado ecuatoriano sabía desde enero cuál era la principal demanda del frente armado.

El 26 de enero un coche bomba estalló en la parte posterior del cuartel policial de San Lorenzo. No hubo muertos ni heridos. Foto de Paúl Rivas, cortesía familiares, Diario El Comercio.

La respuesta ecuatoriana rompió la lógica de la década anterior, gobernada por Correa. En lugar de confrontar con el Estado colombiano, buscó una alianza y firmó el pacto de cooperación, que viabiliza el intercambio de datos de Inteligencia y la realización de operaciones conjuntas entre las policías de ambos países.

La participación de los Estados Unidos en este escenario no puede ser descartada. A los dos días del estallido en el cuartel policial, el FBI envió al experto en explosivos Christopher Rigopoulos. El día en que ocurrió el secuestro visitaban Ecuador el teniente general Joseph Disalvo, subcomandante Militar, y la embajadora Liliana Ayalde, asesora de Política Exterior del Comando Sur de los Estados Unidos. Según informes de Cancillería, “Visitaron el país para reunirse con actores del sector seguridad a fin de definir áreas de cooperación dentro de las relaciones bilaterales entre Estados Unidos y Ecuador”.

Las razones del desenlace

Si bien existía una línea de comunicación fluida entre el frente Sinisterra y un mayor de la Policía ecuatoriana, cuando se produjo el secuestro el Estado ecuatoriano integró un comité de crisis. Además delegó la negociación a un interlocutor, función que en la práctica asumieron tres personas, un representante del Ministerio del Interior y dos oficiales de la Unidad Antisecuestros de la Policía.

Cuando el negociador oficial ecuatoriano (al que Guacho llamaba “doctor Maldonado”) empezó formalmente los diálogos para conseguir la liberación de los rehenes, demostró absoluto desconocimiento de las demandas del grupo armado.

Una semana después del secuestro, los captores enviaron a la prensa colombiana un video que muestra a los rehenes encadenados entre sí. Solo después de que estas imágenes se hicieran públicas el Gobierno anunció que “Haría todo por traerlos con vida”. La decisión para el canje de los tres rehenes se adoptó oficialmente el lunes 9 de abril de 2018. Esto ocurrió dos días después de que fueran asesinados, en la selva colombiana.

A fines de marzo de 2019, este portal reveló la primera prueba de vida de los rehenes. Es un video casero, filmado con celular, en el cual Javier hace público que están en manos de las FARC de Colombia y advierte que sus vidas están en manos del Gobierno ecuatoriano. Estas primeras imágenes fueron ocultadas, hasta que la investigación periodística las sacó a la luz.

La investigación reveló que hubo operaciones conjuntas por parte de uniformados de Colombia y Ecuador, para incursionar en la selva colombiana desde el norte del territorio ecuatoriano. Este hallazgo periodístico se sustenta en pruebas documentales obtenidas en Colombia, el testimonio de un disidente entrevistado en la cárcel de Combita, un informe de inteligencia ecuatoriana y las versiones de media docena de policías ecuatorianos entrevistados. A partir de sus declaraciones, se establece que las operaciones conjuntas pudieron desencadenar el asesinato de los rehenes. Este hallazgo periodístico dejó sin piso la narrativa oficial, según la cual durante el cautiverio se suspendieron acciones armadas que pusieran en peligro la vida de los secuestrados.

Las otras víctimas de la frontera

Cinco días después de que se confirmara la muerte del equipo periodístico de El Comercio, el 17 de abril, el gobierno informó que Óscar Villacís y Katty Velasco habían sido secuestrados por narcoterroristas del Frente Oliver Sinisterra, en la población colombiana de Puerto Rico. Horas después, el presidente Lenín Moreno anunció a sus ministros y otras autoridades en una reunión reservada del Cosepe que su gobierno ya no negociaría la liberación de ningún plagiado con los disidentes. Así selló su suerte y fijó la política de cero tolerancia con los grupos residuales. La pareja fue retenida apenas había pasado al lado colombiano en una moto. Las razones del viaje aún no han sido esclarecidas. Su familia y abogado impulsan una demanda en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos contra el Estado.    

Por: María Belén Arroyo

En cadena nacional, un video transmitía el angustioso mensaje de un hombre joven, con las manos y el cuello atados. A su lado, cabizbaja, una muchacha delgada de apariencia frágil aparece, silenciosa. Una luz a punto de extinguirse. La imagen muestra a personas fuertemente armadas, detrás de los secuestrados. Era el martes 17 de abril de 2018. Poco después de las seis de la mañana.

“Señor Presidente, se le dice a usted que por favor nos ayude, que nos dé la mano, que no nos pase lo que les pasó a los periodistas. Nosotros tenemos hijos, tenemos familia que ir a ver al Ecuador. Nosotros no tenemos nada que ver en esto, por favor señor Presidente, déles lo que ellos quieran, nosotros simplemente somos ciudadanos del Ecuador, no tenemos nada que ver en este problema… Por favor señor Presidente, dénos la mano, usted también es padre, ayúdenos”.

Tres horas después, el Gobierno ecuatoriano difundía a través de un comunicado oficial la identidad de los rehenes.
“Luego de las respectivas investigaciones se ha procedido a identificar a la pareja que fue secuestrada por alias Guacho: Óscar Efrén Villacís Gómez y Katty Vannesa Velasco Pinargote.

Sus familiares se encuentran este momento bajo cuidado del Comando de Policía de Santo Domingo de los Tsáchilas”.

Las hermanas de ambos secuestrados denunciaron el hecho ante la Fiscalía de Colombia, ese día. Ana María Velasco, hermana de Katty, relató que una semana antes, el martes 10 de abril a las diez y media de la noche, la vio doblando su ropa para viajar hacia Esmeraldas.

“Iba a acompañar a su marido a cobrar un dinero y después a pasear”.
El miércoles 11, al atardecer, Katty envió un mensaje a su mamá:
“Mami ya llegamos, estamos bien, no se preocupe”.

La última imagen que subió en el celular la muestra en la piscina de un hotel, con su pareja. Su hermana le escribió para averiguar cómo estaba, pero como única respuesta recibió una palabra: Hola. Supuso que no podía escribir ese momento, por lo que le envió un saludo por audio, preguntándole cómo estaba y cuándo volvería. “Sí”, fue el desconcertante mensaje de vuelta.
Katty ya no volvió a comunicarse.

En cambio, Delia Zulay, hermana de Óscar, contó que la mañana de miércoles 11, temprano, él le llamó para pedirle dinero prestado porque iba a viajar a Esmeraldas de paseo.

“Al regreso iba a ir a San Lorenzo a comprar unos zapatos porque eran más baratos y buenos. Le advertí del peligro que corrían por lo que había pasado con los periodistas, me dijo que no pasa nada, que ellos se habían metido muy adentro, por eso les habían cogido; (me aseguró que) nosotros solo cruzamos y regresamos”.

La tarde del jueves 12 de abril, Óscar chateó con un vecino de su barrio, a quien le dejó entender que la moto en que viajaron –de colores negro y rojo- le estaba dando problemas mecánicos.

Le preguntó si ya volvía a Santo Domingo de los Tsáchilas. Cuando le comentó que estaba en San Lorenzo, le averiguó si estaba “camellando”. “Sisas compa”, fue lo que respondió. El interlocutor le consultó cuándo tenía previsto regresar a su casa. Este texto lo envió antes de las 7 de la noche. Ya no tuvo respuesta.

En las primeras horas de ese jueves 13 de abril, Óscar reinició el contacto con su vecino y amigo, pero en un tono vago y evasivo. Solo dijo, con palabras abreviadas, que se encontraba bien.

Cuando Ana María se enteró del secuestro en los noticieros, facilitó el registro de la habitación que Katty compartía con Óscar en Santo Domingo.
Encontraron el registro de la compra de un carro marca Nissan modelo Tida, “Color dorado, del cual no conocía su existencia, así mismo en este contrato constaba un número celular del señor Óscar Villacís”.

Eran jóvenes, no hacía mucho tiempo habían formado una pareja juntos. Ambos tenían hijos por criar; él dos y ella una. Eran uno de los soportes económicos en sus familias.

La fatalidad de su destino quedó unida, en un lazo de sangre, con la tragedia de los periodistas. Óscar y Katty fueron secuestrados por integrantes del Frente Oliver Sinisterrra (FOS) casi al mismo tiempo que circulaban imágenes de los cuerpos de los tres miembros del equipo de diario El Comercio.

Desde el inicio, sus familiares temían un desenlace violento. Especialmente, cuando vieron en una canal de TV una entrevista de César Navas, que era el ministro del Interior por esos días.

“Pude visualizar que el funcionario indicaba ‘que no iba a existir negociación, porque si tenían que enfrentarse como Estado lo iban a hacer’, por lo que me temo que no vayan a hacer nada por ellos; pido que por favor se apiaden de mi hermano, de ambos”, escribió la hermana de Óscar, en su denuncia ante la Fiscalía de Colombia.

El viernes 20 de abril, mientras investigadores de ese país analizaban escuchas telefónicas de posibles colaboradores del Frente Oliver Sinisterra, interceptaron este mensaje: a la pareja de ecuatorianos secuestrados la tenían en permanente movimiento y analizaban la posibilidad de acabar con sus vidas, pero pedían instrucciones al respecto.

En diálogos durante los días siguientes, que fueron interceptados por la justicia colombiana, la gente cercana a Guacho mencionaba que los cuerpos de los periodistas de diario El Comercio habían sido entregados el 25 de abril a un miembro de frente, El Negro.

Las autoridades colombianas que monitoreaban esas llamadas también se enteraron de los apellidos de tres colaboradores del frente narcoterrorista en el Estado: servidores públicos que recibían prebendas, a cambio de dar aviso oportuno frente a operativos de la fuerza pública, y de dar facilidades al paso de narcóticos.

El 30 de abril, la Unidad Antisecuestros de la Policía del Ecuador, Unase, revisó un comunicado, de 8 puntos, firmado por la Dirección del Frente Oliver Sinisterra de las FARC-EP.

“Solicitamos la liberación de las personas retenidas en Ecuador y Colombia, guerrilleros, milicianos, civiles, hacer un corredor humanitario en la frontera ecuatoriana para poder hacer entrega de los periodistas y los dos retenidos, miembros de la Inteligencia Ecuatoriana”.

A partir de su secuestro, Óscar y Katty eran considerados canjeables para el grupo narcoterrorista. Que las autoridades dejaron a su suerte a Óscar y Katty se desprende de la entrevista que también nos dio el exministro del Interior, César Navas. Consultado frente al secuestro de la pareja, y la decisión de no negociar, dijo: “Así es, hubo un giro, porque sí quisimos negociar y de repente nos asesinan a nuestros compatriotas, lo más posible es que venían con un nuevo chantaje con la pareja. Ya no había condiciones para negociar”.

El cambio del gobierno frente a las demandas del FOS ocurrió el 17 de abril, horas después de que se conociera que Óscar y Katty estaban secuestrados. En la reunión del Consejo de Seguridad Pública del Estado (Cosepe) el presidente Lenín Moreno dejó sentada su posición de ya no negociar.

“En primer lugar, porque estamos tratando de una persona que no cumple los compromisos, independientemente de que, además, es un criminal y un narcotraficante, es un asesino. Nosotros habíamos cumplido a cabalidad todos los compromisos que habíamos acordado, entre esos la desmovilización de las tropas temporalmente y, entre esos, pues, acelerar los procesos judiciales.
“Estábamos a punto, casualmente el día de hoy, de tener todos los elementos en orden como para poder liberarlos. Lo cual ya entiendo que a más de uno ya les causaba mucho escozor y a mí también. Porque a los que estaban liberando eran criminales de la misma calaña. Sin embargo, en virtud de la vida, del derecho a la vida de los compañeros periodistas, nosotros estábamos dispuestos como lo manifesté a hacer cualquier tipo de sacrificio, pero no cumplieron (…).
“Muchísima pena por todas aquellas muertes que puedan venir después de esta situación. Pero creo que estamos claros de que nosotros no podemos tener un Estado arrinconado. Yo creo que el principio elemental de dignidad, de un pueblo, de una ciudadanía, de un Gobierno y de un Estado va bastante más allá de la vida de una… o de unas pocas o algunas personas. Con todo respeto a la vida de ellas, pero yo creo que la dignidad de un Estado va bastante más allá que eso (…)”.

China accede a información sensible de inteligencia ecuatoriana a través del ECU-911

El gobierno de Lenin Moreno está atado a los contratos firmados con China para construir el ECU-911 y el manejo de su tecnología, a pesar de que los equipos no brindan garantías de seguridad y son fácilmente vulnerados. Esto dificulta la migración tecnológica que asegure la información sensible del país y se continúa otorgando esta información a China. Esto, en el ámbito de la inteligencia, vulnera la soberanía del país, según un análisis de Horus Strategic, especializada en inteligencia prospectiva.

Escenario 1

ECUADOR tiene poca capacidad de acción frente a dependencia china

La situación económica del país y la falta de recursos para cubrir gastos operativos del Sistema Integrado de Seguridad (SIS) ECU 911, hacen que se reduzca su eficiencia y operatividad, que no se innoven los equipos y que vaya decayendo la calidad del servicio.
La disposición del gobierno anterior para adquirir tecnología China, dados los compromisos adquiridos, así como la austeridad propuesta por el gobierno actual, que se traduce en una reducción del presupuesto del ECU 911, limita la capacidad de gestión ejecutiva.
Así, esta administración de Lenin Moreno está atada a los contratos anteriores, a pesar de que los equipos no brindan garantías de seguridad y son fácilmente vulnerados, tal como lo han comprobado gobiernos de otros países, donde ya se ha prohibido el uso de tecnología china.
Por lo tanto, se dificulta la migración tecnológica que asegure la información sensible del país y se continúa otorgando esta información a China. Esto, en el ámbito de la inteligencia, vulnera la soberanía del Ecuador y, en el ámbito financiero y comercial, pone al país en desventaja al momento de negociar. De esta manera, y sin saberlo, Ecuador está contribuyendo al futuro control mundial que podría ser parte de la estrategia oculta en el Plan “Made in China 2025”.

Escenario 2

Uso indebido de sistemas alternos

El gobierno anterior, con el fin de controlar y perseguir a sus opositores, al parecer generó sistemas alternos de vigilancia a través de algunas instituciones gubernamentales, que nunca estuvieron integrados al ECU 911.
Los cambios en la gestión pública, la alta rotación de personal, con una fuga de conocimiento, la falta de control del uso de estos equipos, y la ausencia de inventarios y localización de los mismos, promueven la continuidad de la utilización inadecuada de estos sistemas de vigilancia.
El espionaje continúa, se siguen aprovechando estos recursos, por medios clandestinos, con fines políticos para beneficio del propio gobierno; del anterior para desestabilizar al actual; e, incluso, para beneficio particular de ex colaboradores.
Todo esto, sumado a la ausencia de una política de ciberseguridad y la falta de una entidad con competencia de riesgos cibernéticos, llevan a pensar que China es un aliado en el uso clandestino de la tecnología, beneficiándose con la obtención de información privilegiada.

Escenario 3

El fortalecimiento de la corresponsabilidad
de seguridad ciudadana con los GADS

El nuevo Plan Nacional de Seguridad Ciudadana con un enfoque estratégico de política de seguridad preventiva, así como la política de reducción de gastos por la limitación de recursos económicos, hacen que los GAD asuman la competencia de la seguridad ciudadana y recuperen la capacidad de gestionarla en su territorio.
Las grandes ciudades del país, con alianzas público privadas, generan sus propios sistemas de vigilancia; a nivel local, en estas ciudades se muestra una mayor eficiencia en la capacidad de respuesta a demandas ciudadanas y los índices de inseguridad bajan, mientras que a nivel nacional se debilita el sistema y se desarticulan las acciones de los organismos que lo integran.
Así se elimina el uso del sistema de vigilancia con fines de persecución política y el control de masas, se diversifican los proveedores de tecnología y se reduce la dependencia con China.

Hecho en China, exportado al mundo: El estado de espionaje

 

En Ecuador, 4.300 cámaras envían tomas de videos a 16 centros, que son examinados por 3.000 vigilantes. El sistema funciona desde 2013 y fue contratado con China. El Centro de Inteligencia Estratégica (CIES), ex Senain, puede observar en una sala de monitoreo las imágenes que llegan al ECU-911. En el gobierno de Rafael Correa la videovigilancia se usaba para espiar opositores y periodistas. El gigante asiático se convirtió en la capital global de la vigilancia y el control de masas con la tecnología de video. Código Vidrio colaboró, en Ecuador, en la investigación que un equipo del New York Times realizó, durante varios meses, sobre el sistema de vigilancia con tecnología china www.nytimes.com/2019/04/24/technology/ecuador-surveillance-cameras-police-government.html. Reproducimos íntegramente este reportaje del medio estadounidense, que por esta investigación acaba de ser nominado al premio Emmy de periodismo, cuya premiación será en septiembre próximo https://theemmys.tv/…/uploads/2020/08/news-41st-nominations. En este proyecto participaron en EE.UU. y Ecuador Paul Mozur, Melissa Chan, John Woo, Liz O. Baylen, Sarah Kramer, Arturo Torres, Aaron Byrd, Nancy Gauss y Mark Scheffler.

 

QUITO, Ecuador – El espacioso y gris edificio en la capital del Ecuador dispone de una vista extraordinaria de la extensión de la ciudad: desde las lomas en la base del valle de los Andes, hasta los barrios de color pastel que llenan los costados de las montañas.

Sin embargo, los policías que trabajan adentro tienen su mirada en otros lugares. Pasan sus días monitoreando las pantallas de sus computadoras, analizando las grabaciones que vienen de 4 300 cámaras esparcidas en todo el país.

Estas potentes cámaras envían grabaciones a 16 centros en el Ecuador, que emplean a más de 3 000 personas. Armados con toletes, los policías controlan las cámaras y registran las calles buscando tráfico de drogas, robos y asesinatos. Si llegan a ver algo, le hacen un zoom.

Este “paraíso de fisgones” está hecho con tecnología del país que rápidamente se está convirtiendo en la capital global de la vigilancia: China.

El sistema, vendido a Ecuador a inicios del 2011, es una versión básica de un programa de controles computarizados en el que Beijing ha invertido miles de millones en más de una década de progreso tecnológico. Según el gobierno del Ecuador, estas cámaras brindan grabaciones a la policía para revisiones manuales.

Sin embargo, una investigación del New York Times encontró que las grabaciones también van a la agencia de inteligencia doméstica, que bajo el mandato del expresidente Rafael Correa acumuló un extenso historial de persecución, intimidación y ataques a oponentes políticos. A pesar de que la nueva administración, bajo el presidente Lenín Moreno, investiga los abusos de esta entidad, ésta ha seguido recibiendo los videos.

Tras adoptar por primera vez a este servicio, el Ecuador muestra cómo la tecnología desarrollada para el sistema político de China es aplicada – y a veces abusada – por otros gobiernos en la actualidad. Hoy en día, 18 países – incluyendo Zimbabue, Uzbekistán, Pakistán, Kenia, los Emiratos Árabes Unidos y Alemania – usan estos sistemas inteligentes de monitoreo, y 36 han recibido entrenamiento en asuntos como “asesoramiento de la opinión pública”, que típicamente es un eufemismo para la censura, según un reporte de octubre del grupo de investigación pro-democracia Freedom House.

Con los conocimientos y los equipos de vigilancia de China circulando mundialmente, los críticos advierten que este sistema podría ayudar a sustentar un futuro de autoritarismo tecnológico. Estas tecnologías, comúnmente descritas como sistemas de seguridad pública, tienen potencial para usos más turbios pudiendo ser usados como medios de represión política.

“Nos venden esto como el futuro de los gobiernos; el futuro será controlar las masas a través de la tecnología,” dice Adrian Shahbaz, director investigativo del Freedom House, sobre las nuevas exportaciones tecnológicas de China.

En agosto pasado el equipo del New York Times ingresó a las instalaciones de la entonces Senain (hoy CIES), que entonces era dirigida por Jorge Costa. En la foto, detrás se aprecian los monitores que reciben imágenes de las cámaras del ECU-911. En el anterior gobierno esas cámaras también se usaron para espiar opositores, activistas y periodistas.

Las compañías alrededor del mundo proveen los componentes y codifican la vigilancia digital, mientras que las naciones democráticas como Inglaterra y Estados Unidos tienen sus propias maneras de vigilar. No obstante, la creciente dominancia de China en el mercado ha cambiado las cosas: préstamos de Beijing han hecho que esta tecnología de vigilancia esté disponible para gobiernos que no hubieran podido pagarla; mientras que el sistema Chino autoritario ha reducido la transparencia y la responsabilidad de su uso.

Hay pocos recursos para los habitantes que se oponen a este sistema. Las compañías chinas trabajan con menos control y respeto para la responsabilidad social corporativa que sus contrapartes Occidentales. Los activistas en Ecuador dijeron que a pesar de haber conseguido trabajar con grupos civiles sociales en Europa y América para oponerse a las ventas de tecnologías de vigilancia, no se han logrado campañas similares en China.

“No tenemos la capacidad de exigir información de China, es muy difícil,” dijo la exlegisladora Ecuatoriana Martha Roldós.

El sistema de Ecuador, llamado ECU-911, fue montado en gran parte por dos compañías Chinas, la estatal C.E.I.E.C. y Huawei. Así es como se ve la sede del ECU-911.

Según anuncios del gobierno y medios de difusión estatales chinos, una réplica de esta red ha sido vendida a Venezuela, Bolivia y Angola. La C.E.I.E.C. y el Ministerio de Relaciones Exteriores de China no respondieron a solicitudes para comentar al respecto.

En una declaración, un portavoz de Huawei dijo, “Huawei brinda tecnología para apoyar a programas de ciudades inteligentes y seguras alrededor del mundo. En cada caso, Huawei no se involucra en establecer políticas públicas en términos de cómo se usa esa tecnología.”

En Ecuador, las cámaras que son parte del ECU-911 cuelgan de postes y techos, desde las Islas Galápagos hasta la selva Amazónica. Este sistema de vigilancia también les permite a las autoridades rastrear teléfonos y, próximamente, el sistema podría incluir capacidades de reconocimiento facial. Las grabaciones le permiten a la policía revisar y reconstruir incidentes pasados.

En el barrio de La Mariscal hay centenares de cámaras del ECU-911 y también privadas. Es considerada una zona de alto riesgo delictivo.

Mientras que el ECU-911 fue vendido al público como una manera de controlar las alarmantes tasas de asesinato y los delitos relacionados a las drogas, también sirvió como una racha autoritaria para Correa, apoyando a la temible Secretaría Nacional de Inteligencia o SENAIN (hoy CIES), según un previo director del grupo. En una atípica entrevista el año anterior en la sede de la SENAIN, fuera de Quito, su entonces líder, el coronel (r) Jorge Costa confirmó que el grupo de inteligencia doméstica tenía acceso a un sistema espejo del sistema de vigilancia Chino del ECU-911 (Puede observar en tiempo real lo que captan sus cámaras).

La ironía es que el ECU-911 no ha sido efectivo para detener el crimen, según muchos ecuatorianos, a pesar de que la instalación del sistema ocurrió en forma paralela a un período de decrecientes tasas de crimen. Algunos ecuatorianos cuentan sobre robos y ataques que han pasado frente a las cámaras y no han recibido respuestas de la policía. A pesar de esto, la policía ha construido apoyo público al enseñar videos en Twitter y en la televisión sobre ladrones y agresores captados por las cámaras.

Al tener que escoger entre privacidad y seguridad, muchos ecuatorianos optan por la mirada fija e intermitente de los ojos electrónicos. Con el genio de la vigilancia masiva fuera de la botella, los líderes de comunidades han pedido cámaras para hacer más seguros a sus barrios, incluso cuando estas no han funcionado bien en sus propias experiencias. Pero detrás de esta urgente realidad de violencia y drogas, yacen preocupaciones sobre las implicaciones políticas a largo plazo.

El presidente Moreno, que llegó al poder en 2017 y desistió de las políticas autocráticas de Correa, prometió investigar los abusos de la SENAIN y reformó la agencia de inteligencia y le cambió de nombre. De hecho, su gobierno ayudó a abrir las puertas del ECU-911 y de la SENAIN al New York Times.

En China, la policía analiza decenas de millones de cámaras y billones de grabaciones de viajes, usos de internet y actividades empresariales para controlar a sus ciudadanos. La lista de potenciales criminales y agitadores políticos incluye de 20 a 30 millones de personas – más que la población total del Ecuador, de 16 millones.

Bajo la presidencia de Correa, el Ecuador buscó controles similares, dijo Roldós.

“El gobierno vio al espionaje como una caja de herramientas, ellos podían usar la herramienta que querían,” dijo ella.

“Podían espiar tus emails, tus llamadas telefónicas y ponían micrófonos en tu vehículo. Al mismo tiempo, tenías a personas siguiéndote. Era un sistema completo.”

DISEÑADO POR CHINA, FINANCIADO POR CHINA

En el 2016, el presidente de China, Xi Jinping, visitó Ecuador y se reunió con Rafael Correa. También estuvo en la sede del ECU-911, en Quito.

Para un sistema que supuestamente debía combatir el tráfico de drogas y los asesinatos, el origen del ECU-911 yace en un desafío de seguridad diferente: los Juegos Olímpicos del 2008.

Antes de esas Olimpiadas, una delegación del Ecuador visitó Pekín y recibió un tour del sistema de vigilancia de la capital de China. En ese entonces, Pekín obtenía grabaciones de 300 000 cámaras para controlar a 17 millones de personas. Los ecuatorianos regresaron impresionados.

“Para los Juegos Olímpicos, China desarrolló centros de respuesta de emergencia que contaban con tecnología muy avanzada para su tiempo,” dijo Francisco Robayo, el entonces director general del ECU-911, en una entrevista el año pasado. “Nuestras autoridades vieron esto como algo ideal para traer a Ecuador.”

El momento fue casi aleatorio. Correa debutaba como presidente y se enfrentaba a altas tasas de crimen. En enero del 2011, él identificó a la vigilancia como una prioridad.

Los ministros de Correa regresaron a China. En dos meses, los detalles para instalar el sistema tecnológico chino se llevaron a cabo con la ayuda de agregados militares de la Embajada de China en Quito, según un funcionario familiarizado con el proceso y documentos de la Contraloría disponibles para el público. Los oficiales ecuatorianos volvieron a Pekín para investigar el sistema, que incluía tecnología desarrollada por la empresa matriz de la estatal C.E.I.E.C.

A fines de febrero del mismo año, el Ecuador firmó un acuerdo sin licitaciones públicas, con garantías de los fondos públicos de los agregados. El país recibió un sistema de vigilancia diseñado y financiado por préstamos chinos. A cambio de esto, el Ecuador proveyó -como forma de pago- uno de sus principales productos, el petróleo. El dinero para las cámaras y la informática se dirigió directamente a C.E.I.E.C. y Huawei.

“El dinero siempre termina regresando a China,” dijo Roldós.


El 6 de febrero de 2012, el entonces presidente Rafael Correa inauguró el Servicio Integrado
de Seguridad ECU-911 en Samborondón, Guayas. Fue el primer edificio en el país.

Se hizo un patrón. A cambio de pólizas de crédito que sumaron más de $19 mil millones, el Ecuador cedió grandes porciones de sus reservas petroleras. Le siguió a esto el surgimiento de proyectos de infraestructura construidos por China, incluyendo presas hidroeléctricas y refinerías. En comparación, el ECU-911 era un ítem pequeño.

Con un precio inicial de $273 millones, la construcción comenzó en Samborondón, cerca de Guayaquil, una floreciente ciudad costera con altas tasas de crimen, dijo Robayo. En los siguientes cuatro años, el sistema se expandió por Ecuador.

Se instalaban cámaras en cualquier lado que brindara una buena vista. Se establecieron centros de operación. Los mejores oficiales del Ecuador viajaron a China para recibir entrenamiento, e ingenieros chinos visitaron a los ecuatorianos para enseñarles cómo operar el sistema.

Esta actividad atrajo la atención de países vecinos a Ecuador. Según un informe del 2013 de un oficial ecuatoriano que trabajaba en el proyecto, funcionarios de Venezuela vinieron a ver al sistema en acción. En un esfuerzo llevado a cabo por el jefe de inteligencia para Hugo Chávez, Venezuela buscó su propia y más grande versión de este sistema, tratando de añadir 300 000 cámaras. Le siguió Bolivia.

Las ambiciones de Pekín van más allá de las capacidades que estos países compraron. Fastuosas inversiones en la vigilancia de China han generado crecientes complejos de seguridad y tecnología, usados tanto para rastrear protestas y activistas como para parar el crimen.

Nuevas empresas compiten para desarrollar métodos para vigilancia automatizada. Crean algoritmos que buscan patrones sospechosos en el uso de redes sociales y softwares de visión computacional para rastrear a personas a través de las ciudades. Su ola de gastos ha reducido los precios para cualquier tipo de dispositivos de vigilancia, desde verificadores de documentos de identidad hasta cámaras de seguridad de alta resolución.

En China, el proyecto de Ecuador fue elogiado. Los medios estatales lo mostraron como un ejemplo de una nueva China, ahora exportadora de tecnología avanzada en lugar de proveedora de mano de obra de bajo costo para ensamblarla.

En 2016, cuando el presidente de China Xi Jinping visitó Ecuador, pasó por la sede del ECU-911. Robayo dijo que se presentó ahí por cinco minutos, suficiente tiempo para tomarse fotografías. Estas fueron publicadas en la página web del C.E.I.E.C. como una señal de apoyo oficial del líder Chino más poderoso en una generación.

UN ZOOM CON VISTA

Mario Pazmiño era un hombre conocido en el gobierno de Correa.

Pazmiño es un coronel retirado del Ejército Ecuatoriana que adoptaba perros callejeros – más de una docena – para mantenerse ocupado en el crepúsculo de su carrera, mientras mantenía otro pasatiempo: cuestionar al gobierno de Correa.

Se quejaba de la corrupción de la policía. Sostenía que el gobierno de Correa era cómplice en el creciente tráfico de drogas del Ecuador. Desafió a lo que él percibía como incompetencia administrativa.

Sus esfuerzos le ganaron su propio séquito de policías secretos, que se establecieron en un departamento al frente de su casa y lo seguían cuando salía.

Tal como Chávez había hecho en Venezuela, Correa endureció las riendas del Ecuador. Eliminó límites presidenciales, intimidó y expulsó a jueces, y mandó a seguir y atacar a oponentes políticos y activistas, como Pazmiño y Roldós.

Su gobierno también recurrió al ECU-911. El sistema chino le ofrecía poderes de vigilancia, que al ser ilimitados, eran el sueño de cualquier déspota.

Al ser entrevistado mientras era director del ECU-911, Francisco Robayo sostuvo que las tomas y videos del ECU-911 no eran compartidas con la Senain, hoy CIES, salvo una orden judicial.

“Creo que pocas personas saben o conocen el extenso poder del ECU-911,” dijo Roldós. “Hay pocas personas que verdaderamente conocen la magnitud de las persecuciones.” Añadió que la SENAIN usaba cualquier tipo de tecnología disponible para acosar y perseguir a los oponentes políticos de Correa, sin discriminar la edad.

El experimentado oficial de inteligencia, Pazmiño, de 59 años, dijo que se sorprendió cuando en 2013 se instaló una video cámara que era parte del ECU-911, justo afuera de su casa. Colgaba de un poste en la mitad de la calle, con una vista entera a través de una ventana dentro de su departamento.

“Había una colaboración directa entre el ECU-911 y la Secretaría de Inteligencia para perseguir y vigilar a actores políticos y sociales,” dijo Pazmiño citando su propia experiencia, junto con documentos y personas que habían trabajado en la SENAIN.

Pazmiño dijo que después de que se instaló la cámara, los equipos de vigilancia que lo seguían desaparecieron. En otra circunstancia, la cámara no tenía por qué haber estado ahí, pues él vive en un vecindario relativamente seguro donde no se han instalado otras cámaras del ECU-911.

La sospecha de Pazmiño fue confirmada en una visita a la sede de la SENAIN. Los reporteros del New York Times reconocieron grabaciones del sistema del ECU-911 en una pared llena de pantallas que servía como un cuatro de control para a la agencia.

A cargo de la transición entre la SENAIN y su sucesor, Costta reconoció las transmisiones – pero dijo que él no era el responsable de cómo habían sido usadas en la administración de Correa.

César Navas, exministro que fue parte del equipo que estableció el contrato para implementar el sistema, confirmó que la SENAIN – hoy CIES – tiene un espejo del ECU-911 que le permite acceder al sistema de vigilancia. “El CIES puede revisar las grabaciones de vigilancia por asuntos de seguridad. Si el CIES necesita una grabación o un video específico debe pedírselo al ECU a través de un fiscal”, dijo Navas.

Pazmiño dijo tener una idea de quién pudo haber ayudado: China. Sostuvo que este país había apoyado a Correa, como a líderes en Venezuela. Hasta el año anterior, ingenieros de Huawei ayudaban a Venezuela a mantener su versión del sistema ecuatoriano.

“Creo que lo que el modelo chino genera es control de la sociedad,” dijo. “Un control rígido.”

LOS LÍMITES DE LA VIGILANCIA

El Tejar tiene una de las mejores vistas de Quito – y algunos de sus peores crímenes.

Mientras Lidia Rueda, organizadora de la comunidad, caminaba por las empinadas y serpenteantes calles del barrio en el que ha vivido por 30 años, señaló cuesta abajo al lugar en el que solían encontrarse los cuerpos de varias mujeres asesinadas. Los traficantes de drogas vienen y van con impunidad, dijo. El poco confiable transporte público obliga a los residentes a subir las escaleras de la colina, donde los asaltos son comunes. Los ladrones rompen los postes para cubrirse en la oscuridad.

Las cámaras del ECU-911 llegaron a la base de la colina desde donde se levanta el barrio desde hace varios años. Rueda señaló un puente peatonal que se encontraba allí y mostró cómo un hombre la había agarrado y amenazado con un cuchillo mientras otro se robaba su dinero. El robo sucedió en 2014, justo delante de una cámara policía. Nadie llego a ayudarla.

La experiencia de Rueda encapsula la compleja relación que tienen muchos ecuatorianos con las cámaras. Mientras las autoridades dijeron que estas han reducido el crimen, abundan las anécdotas de su deficiencia.

“Donde hay cámaras, no suelen funcionar,” dijo Rueda, de 61 años. Otra posibilidad era que, simplemente, nadie haya estado viendo.

Junto al equipo del New York Times recorrimos barrios pobres de Quito. En El Tejar, los moradores se quejaron de la falta de cámaras para prevenir los delitos y de la inutilidad del sistema ECU-911 para generar operaciones efectivas que mejoren la seguridad del barrio.

La suerte no acompañó a la policía del Ecuador. Quito tiene más de 800 cámaras, pero en una visita de los reporteros del New York Times, solo había 30 oficiales revisando las grabaciones en el ECU. En el edificio gris en el tope de la colina, los oficiales ven por pocos minutos las grabaciones de una cámara antes de pasar a la siguiente. Además, prevenir el crimen solo es parte de su trabajo; en un cuarto de control, hay personas dedicadas a responder llamadas de emergencia.

La mayoría del tiempo, no hay nadie en el otro lado de las cámaras de la ciudad.

Esto es un recordatorio de que este sistema, como otros similares, son usados con más facilidad para espiar que para prevenir crímenes. Perseguir a alguien en las calles requiere de un equipo pequeño, mientras que se necesitan varios policías para detener el crimen.

Robayo sostuvo que el ECU-911 ha sido responsable de una considerable disminución de asesinatos, y de casi el 13% de reducción en los delitos del 2018, comparado con el año anterior. Según él, solo la existencia de una cámara puede tener un profundo efecto.

Muchos ecuatorianos están de acuerdo con él. Pese al asalto que vivió Rueda, ella ha pedido la instalación de más cámaras en El Tejar. La mejor manera de arreglar los problemas de crimen de los barrios es mejorar el sistema de seguridad, indicó ella.

La policía le ha dicho que las cámaras son demasiado costosas para su barrio, a lo que Rueda responde con una visión fatalista. “Siempre es el mismo problema, no hay suficiente presupuesto.Sólo cuando matan a alguien, ahí las autoridades vienen y dicen ‘ya vamos a hacerlo’”.

Colombia, Perú y Ecuador apuntan a un acuerdo de política común de seguridad

El ministro de Defensa, Oswaldo Jarrín, está en el cargo desde mayo del 2018. Reemplazó a Patricio Zambrano que dimitió tras el manejo errático de la crisis de inseguridad desatada por la arremetida del frente Oliver Sinisterra, en Esmeraldas.

El ministro de defensa, Oswaldo Jarrín, busca apuntalar una estrategia regional de seguridad y defensa. Desde el año pasado, a pocos meses de asumir el cargo, se reunió con los ministros de Colombia y Perú para establecer un acuerdo inédito que busca enfrentar amenazas comunes, como el crimen transnacional. Ese tratado es discutido por una comisión que en mayo entregará un primer borrador que deberá ser discutido y consensuado por los funcionarios de los tres países, para luego ser puesto en consideración de los presidentes.

Por Arturo Torres

¿En qué ha cambiado la situación de las políticas de defensa el último año, tras su llegada al Ministerio?
Ahora tenemos claramente definida una política de defensa nacional, especialmente con la publicación del Libro Blanco, que durante diez años no ha tenido el Ecuador. El último texto se publicó el 2006, cuando fui ministro.

¿Por qué es importante una política de defensa?
Así se pueden estructurar planes de seguridad, una estrategia nacional de defensa y seguridad, seguidos de los planes que es la siguiente etapa. Otra fase es la cooperación internacional, que hemos estrechado de forma permanente con Estados Unidos, China, Inglaterra y España, fundamentalmente. China entregará cinco lanchas guardacostas como donación este año. Rusia también es clave para el mantenimiento de la cooperación. A partir del Libro Blanco, para que funcione la planificación estratégica militar, se emitió una directiva militar, que fue entregada al Comando Conjunto de las FF.AA. Luego se debe dar cumplimiento a los planes estratégicos militares, el plan de frontera, marítimo, institucional…

Usted también había propuesto el año pasado, en la cumbre de ministros de Defensa en México, la necesidad de aplicar estrategia colectiva conjunta internacional para enfrentar nuevas amenazas, como narcotráfico, disidencias y crimen organizado. ¿Cómo está caminando ese proyecto?
Así es, y en ese sentido hemos estado trabajando para afinar la cooperación internacional con distintos convenios.

¿Al parecer, ya han tenido conversaciones con Colombia y Perú?
Sí, ha habido varias reuniones y teleconferencias en los tres países. A este proyecto que estamos elaborando y discutiendo se lo denomina Política Común de Seguridad. Precisamente, surgió el año pasado cuando estuve en México, en la Conferencia de Ministros de Defensa. Tuve una reunión binacional con los representantes de Colombia y Perú. Entonces le pedí al ministro Guillermo Botero que diseñemos una política común y estuvo de acuerdo, luego hablé con el ministro Huerta de Perú, quien también estuvo en sintonía. Se pidió nombrar un coordinador, que es el viceministro de Defensa de Colombia y delegados de Perú y Ecuador. Ellos son parte de una comisión, que sigue un cronograma y está encargada de analizar amenazas comunes, las condiciones de cooperación y otros detalles. De esa tarea saldrá un primer documento. Se trata de un texto inédito que se está procesando. Y se concretará en un borrador de convenio de Política Común de Seguridad, que tenemos que analizarlo los tres ministros en mayo próximo.

¿Imagino que harán observaciones y sugerencias para llegar a acuerdos y poder armonizar criterios?
Así es, lo revisaremos detenidamente y luego de un consenso lo presentaremos para la firma de los presidentes de los tres países.

¿Y para cuándo está previsto que sea aprobado ese convenio por los tres presidentes?
Esperamos que se concrete para junio.

¿En el contexto de la cooperación internacional, desde el año pasado cuánto se han estrechado las relaciones con EE.UU.?
Muchísimo, tuve dos visitas a Miami, cuando hubo el cambio del jefe del Comando Sur, y también he ido dos veces más a Washington. La cooperación con el avión estadounidense P3 es fundamental para el control del narcotráfico en el mar; hemos pedido un estudio estratégico de análisis y de inteligencia estratégico militar. Hay que tener en cuenta que el principal corredor de droga está por el sur de Colombia y norte de Ecuador, sale desde Tumaco y se abre hacia el mar territorial, va a Galápagos y de ahí hacia Centroamérica. Por eso hemos pedido un apoyo con tecnología más avanzado de EE.UU., necesitamos medios de control marítimos.

¿Cómo ha tratado de recomponer usted los graves daños que se causaron a FF.AA. la última década, con el anterior gobierno?
En el tiempo que estoy como Ministro los temas más graves están solucionados. He anulado acuerdos ministeriales, he sacado nuevas directivas, por ejemplo había un mando unificado que se terminó, y se llama Comando Conjunto. Retomamos estrictamente la doctrina militar. Otro aspecto importante es la reinstitucionalización de las FF.AA. Y hay otros cambios, por ejemplo había un convenio con aduanas pero se eliminó, puesto que FF.AA. no pueden apoyar ni dedicarse al tema aduanero, esa no es su misión. Hubo una terminación unilateral, lo que no significa que no apoyemos, de manera excepcional y con intercambio de información. Por ejemplo, todo lo que es tráfico de precursores químicos en la frontera, FF.AA. se hace responsable del control de cemento, cal, gasolina blanca, esa es nuestra responsabilidad.

¿Y en relación a la frontera norte?
Cambiamos todo lo que es la política, que no existía; estábamos con un estado de excepción en la frontera norte desde enero del 2018, pero ahora tenemos una política de seguridad y defensa para la frontera norte. Un libro blanco pero solo para frontera; en base a eso reestructuramos las funciones de los militares en el límite fronterizo, se conformó fuerza de tarea conjunta. Ahora tenemos meses de tranquilidad y calma. Actualmente sí podemos ocuparnos del resto del país.

Pero la situación de los disidentes en la frontera sigue siendo conflictiva y volátil.
Estos grupos tienen tres características: son híbridos, mutantes y difusos. Híbridos porque al mismo tiempo que están con las FARC son disidentes, se pasan a ser seguridad del narco o son mercenarios, se mueven según sus intereses. Guacho dijo que era parte de las FARC, que no era disidente, hay una indefinición. En Colombia hay 17 grupos de este tipo. Para Ecuador la disposición que se ha dado en Defensa, es que no nos interesan los orígenes ni a dónde pertenecen, todos son considerados ilegales armados, no estanos interesados en saber sus redes y contactos ni con qué carteles trabajan y se mueven. Aquí hay presencia esporádica armada de esos grupos, no están de forma permanente.

¿No son permanentes?
No hay permanencia. En segundo lugar nuestra preocupación es el territorio, la población y las actividades delictivas que cometan.


En septiembre pasado, el ministro de Defensa, Oswaldo Jarrín, propuso en la cumbre de
ministros en México, fortalecer la cooperación regional para enfrentar las amenazas

¿Entonces, están preparadas las FF.AA. para una arremetida de las fuerzas disidentes hacia Ecuador?
Acá hubo una reestructuración de todas las fuerzas de manera permanente y estamos listos para cualquier embate de ese tipo.

En Colombia ya se evalúa la posibilidad de retomar las fumigaciones aéreas, puesto que la erradicación manual de los sembradíos de hoja de coca tiene problemas y avanza muy poco en departamentos fronterizos de Colombia. ¿Ustedes están preparados para lo que se puede venir?
No estamos seguros de que eso ocurra, creo que no va a comenzar, no tienen resultados y los drones son un fracaso.

Pero se conoce que en los próximos meses empezaría la aspersión aérea.
Están estudiando con nuevas avionetas, pero no es inminente. Se descartó experimentación con drones, pero nuestra sugerencia es que sigan con erradicación manual, que no haya afectación a los campesinos.

¿Qué le parece lo que está ocurriendo con la minería ilegal y el crimen organizado en Buenos Aires, en Imbabura?
Sí, es muy grave, pero está en el campo de la seguridad pública, nosotros ahí no entramos sino la Policía; pero, claro, no podemos dejar de apoyar, si así se requiere.

Pero también hay información de que hay disidentes de las FARC en esa zona.
Puede haber miembros disidentes, pero no de forma permanente.

Una debilidad que aún se mantiene es la operatividad y eficacia del Centro de Inteligencia Estratégica (CIES), que reemplazó a la Senaín, de triste recordación porque politizó la inteligencia.
Así es, y por eso fue eliminada, hubo una reestructuración. Ahora el CIES provee de información a todos los ministerios y tiene vinculación con FF.AA., a través del Comando Conjunto que tiene una comunidad de inteligencia que provee información estratégica. También hay una nueva ley que se está elaborando, como parte de seis proyectos que hemos presentado.

¿Y el perfil del funcionario que la dirige, cuál debe ser?
Lo ideal es que sea un experto en Inteligencia.

El video con la primera prueba de vida de Javier, Paúl y Efraín se mantuvo oculto durante casi un año

Esta reveladora grabación, que hoy difundimos, evidencia que las primeras horas del plagio, los trabajadores de El Comercio no estaban encadenados: Javier Ortega, periodista, dice en la filmación que los trataban bien, pero que su liberación estaba en manos del presidente Lenín Moreno. El segundo video –que se conoció a través de la televisión colombiana- fue captado el lunes 2 de abril. La condición física y emocional de los tres rehenes se había deteriorado aceleradamente. En el curso de las primeras 48 horas iban a ser liberados, pero las operaciones conjuntas de las policías de ambas naciones frustraron el plan. Las imágenes muestran a los rehenes esperando salir de la selva. Esto no ocurrió. Por el contrario, las condiciones de su cautiverio se endurecieron.

Por Arturo Torres y María Belén Arroyo

Un año después del secuestro del equipo periodístico de diario El Comercio, aparece una conmovedora y reveladora evidencia. Es un video -hasta ahora inédito- enviado como la primera prueba de vida de Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra, a pocas horas de ser capturados en Mataje, por Guacho, cabecilla del frente narcoterrorista Oliver Sinisterra.

En la filmación los tres trabajadores de El Comercio se ven preocupados, molestos e impacientes. No obstante, están relativamente calmados. Nada permite presagiar la angustia que vivirían durante casi dos semanas en manos de los disidentes, hasta su muerte, que casi con certeza ocurrió el sábado 7 de abril de 2018.

Esta primera grabación casera no fue entregada por las autoridades del Gobierno a los familiares. A algunos de ellos, una persona que participaba en las reuniones del Comité de Crisis, integrado para negociar la liberación, les mostró informalmente un fragmento del video en una pantalla de celular. Esto ocurrió el 29 de marzo, luego de que se desmintiera desde el Gobierno ecuatoriano la noticia de la liberación, el 28 de marzo, publicada por diario El Tiempo, de Colombia.

«Para nosotros, la del 29 de marzo fue realmente la primera reunión del Comité, luego de insistirle al ministro Navas que integrara el organismo y empezara a actuar.  Cuando se difundió la noticia de la liberación, nos citaron la mañana siguiente al centro de emergencias ECU-911 y nos mostraron parte del video tratando de calmarnos», recuerda Yadira Aguagallo, pareja de Paúl.

En esa cita también les pidieron a los parientes de los rehenes que no proporcionaran detalles a la prensa. Ese mismo día, las autoridades acudieron a la Asamblea, a la Comisión de Seguridad.  Mantuvieron una reunión de carácter reservado. No obstante, luego el legislador Fabricio Villamar declaró que pudieron ver una filmación, en la que aparecen los tres rehenes en medio de un lugar con vegetación.

El video lo recibió el mayor de policía Alejandro Zaldumbide, quien desde hace varias semanas  mantenía contacto telefónico con el líder del frente, Guacho.

La filmación dura un minuto y 20 segundos. La toma está captada en una finca selvática despejada, al parecer antes del mediodía. El primero en intervenir en la escena inicial es Paúl Rivas, quien le pide a la persona que filma con su celular que se aproxime para que se pueda escuchar con claridad el mensaje que está por transmitir el periodista Javier Ortega.

“Bueno, estamos con Efraín Segarra, Paúl Rivas y Javier Ortega, quien les habla; estamos en calidad de retenidos por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Llegamos el lunes, nos detuvieron aquí este día lunes 26 de marzo; nos han tratado bien, estamos bien, para quien escuche este mensaje, y ahorita solo estamos en manos del presidente ecuatoriano Lenín Moreno. Ellos simplemente están negociando, no nos han hecho daño, pero obviamente la condición es que el Gobierno ecuatoriano acepte su pedido para nosotros también poder salir tranquilos, sanos y salvos. El mensaje es que ahorita estamos en manos del Gobierno ecuatoriano”.

Hasta ahora, solo se conocía  el contenido del chat que el disidente mantenía con el Policía. La tarde del último lunes de marzo de 2018, Guacho escribió al oficial:

“Hola hola… Tengo tres personas retenidas ecuatorianas, dos periodistas de Quito y el chofer. En sus manos está la vida de esas personas. Hola hola, qué más cuenta. En diez minutos téngame respuesta o desaparecerán esos señores”.
-“Saludos Guacho, buenas tardes. ¿Te puedo llamar?”
-“Usted sabe, no recibo llamadas”.
-“Me gustaría hablar contigo”.
-“En esos minutos no tiene respuesta clara, día a día van a tener bajas, como militares y civiles, ustedes provocaron. Chaooo pues”.

En el vídeo, el más alto del grupo, Paúl, aparece con una camiseta café y una gorra en su mano izquierda. En el centro, Javier el más joven, con camisa celeste. A la derecha, Efraín, el mayor del grupo, con las manos cruzadas detrás de la espalda. Aunque no lucen cadenas ni tienen las manos amarradas, ya habían perdido la libertad para moverse.

Aún no hemos podido esclarecer con certeza si el vídeo fue enviado a Zaldumbide el lunes 26 o al día siguiente. No obstante, en los primeros mensajes Guacho menciona al oficial de la Policía que le envía un video. La primera prueba de vida se mantuvo oculta durante un año, hasta su revelación en este portal. «Esto constituye una evidencia del ocultamiento de información por parte de las autoridades», advirtieron familiares de los secuestrados. La posible razón: analistas de Inteligencia que consultamos, que pidieron no ser identificados, estiman que sería la evidencia de que el secuestro ocurrió en la mañana del 26 de marzo, lo que confirma que esto pasó en Mataje, en el lado ecuatoriano de la frontera. Por casi un año, la Fiscalía ecuatoriana insistió en la teoría de que los rehenes fueron capturados en Colombia, a donde viajaron voluntariamente para entrevistar a Guacho. La revelación periodística dejó sin piso la tesis fiscal.

Los trabajadores de Diario El Comercio fueron secuestrados por tres ecuatorianos del frente Oliver Sinisterra en Mataje, el lunes 26 de marzo, antes de las 10h00. Foto: cortesía familiares-Diario El Comercio

Tres ecuatorianos los secuestraron

Ese lunes el equipo de El Comercio pasó a las 09h03 por el retén de la Marina. Tenía la autorización del comandante John Merlo, a cargo del Mando Unificado que estaba en control de los dos cantones conflictivos de Esmeraldas: San Lorenzo y Eloy Alfaro.

Minutos después, Javier, Paúl y Efraín llegaron a Mataje Nuevo, que estaba semidesierto. Empezaron a circular por las calles. Mientras se dirigían hacia Mataje Viejo fueron interceptados por tres ecuatorianos, que les apuntaron con armas de fuego y los obligaron a bajarse de la camioneta, según el testimonio de Gustavo Angulo, Cherry.

Los abordaron los ecuatorianos Roberto, Christian y Andy, cumpliendo instrucciones de Guacho. Él había ordenado matar ‘cualquier equipo de periodistas, vendedores ambulantes o investigadores’ que aparecieran por el sector. Por esos días ya había advertido a través del chat con el mayor Zaldumbide que mataría a civiles extraños.

Roberto -cuyo verdadero nombre es Jesús Segura- llamó a Cherry, quien estaba en Brisas de Mataje, en Colombia para preguntarle qué hacer con ellos. A su vez, Cherry contactó a Guacho y le consultó si los debía ‘pelar’. El jefe disidente decidió que los llevaran al lado colombiano, donde él se encontraba en un lugar cercano. Esto ocurrió antes de las 10h00 de ese lunes, según el testimonio.

Uno de los tres captores les pidió no resistirse porque solamente les iban a llevar al lado colombiano para que pudieran entrevistar a Guacho. Con engaños, intentaban que Javier, Paúl y Efraín mantuvieran la calma y no opusieran resistencia. Al menos los dos primeros días permanecieron con Guacho. Este afroecuatoriano, nacido en 1989, se vinculó en su adolescencia a la guerrilla de las FARC y a partir de 2016 lideró el frente Oliver Sinisterra, relacionado con carteles de la droga mexicanos.

Zozobra y miedo de los familiares

Los familiares del equipo tenían sospechas de que algo grave pasaba: no se habían comunicado desde la mañana. El celular de Yadira Aguagallo, pareja de Paúl, sonó. Le informaban de la redacción del diario capitalino que debía acudir al ECU-911, a una reunión.

Temprano en la mañana ella se había comunicado con él, antes de su paso a Mataje. Luego intentó contactarlo infructuosamente para preguntarle si había logrado fotografiar la explosión de una tanqueta militar.

A pocas horas de ser secuestrados, Javier, Paúl y Efraín fueron filmados por los disidentes. El video se envió al mayor Alejandro Zaldumbide, quien fue el primero en enterarse del secuestro.
El 2 de abril, los tres cautivos fueron nuevamente filmados. Esta vez ya estaban encadenados, se veían demacrados y extenuados.

Antes de oscurecer, el director de la DGI, general Pablo Aguirre, se reunió con el ministro del Interior, César Navas para comentarle la información que había recibido del mayor Zaldumbide. A las 18h30 estaba confirmado el dato de que se trataba de equipo de El Comercio. Entonces Navas decidió integrar, con el aval del Presidente, un comité de crisis, compuesto por 18 funcionarios y los representantes de los familiares del equipo de El Comercio.

Desconcertados, los familiares de los tres plagiados, entre ellos, Galo Ortega, Christian Segarra y Yadira Aguagallo, llegaron esa noche a las instalaciones del ECU-911.

A los familiares no les dijeron que el responsable del secuestro era Guacho, quien venía chateando con Zaldumbide desde el 13 de enero de 2018. Solo recibieron una indicación muy puntual: no hacer públicos los nombres de sus seres queridos, para no poner en riesgo sus vidas.

A las 48 horas del secuestro iban a liberarlos

En el curso de las primeras 48 horas de su cautiverio, Javier, Paúl y Efraín esperaban ser liberados, por eso permanecieron en un caserío cercano al fronterizo río Mataje. Como evidencia de su localización, accedimos a una serie de imágenes calóricas captadas por un aparato aéreo que sobrevoló la zona, entre el 27 y 28 de marzo. Estas fotografías fueron difundidas por primera vez en el libro Rehenes.

Entre el 27 y el 28 de marzo del 2018 un aparato de espionaje captó desde el aire las siluetas de quienes serían Javier, Paúl y Efraín. Estaban en actitud de espera en la madrugada. Horas después, diario El Tiempo de Colombia informó que habían sido liberados.

Las imágenes en blanco y negro  son desconcertantes. Muestran las siluetas de tres personas -sentadas, juntas e inmóviles- en medio de la madrugada, en espera. No tienen cadenas ni están atadas.

La huella calórica fue captada desde el aire por un aparato de espionaje electrónico, que sobrevolaba la zona y que cubrió un radio de dos kilómetros a la redonda, tomando como referencia Mataje Nuevo, Mataje Viejo y Las Delicias, en el límite fronterizo.

Según analistas de Inteligencia, a quienes consultamos, estas imágenes correspondían a Javier, Paúl y Efraín, secuestrados dos días antes en Ecuador.

El 28 de marzo, a las 03h27, la cámara también captó otras tomas: muestran tres anillos de seguridad formados por hombres armados, en actitud de vigilancia de las tres personas. Otras siluetas térmicas se ocultan entre la maleza, en vigilia. A menos de 300 metros de distancia hay una casa, donde también se observan varias figuras. En las inmediaciones aparecen carpas.

El aparato realizó varios sobrevuelos durante unos 40 minutos hasta tener un perímetro estable de observación; descendió hasta 450 metros de altura. Detectó movimientos de personas, dos kilómetros a la redonda.

Dieciocho horas después de haberse registrado esas imágenes, exactamente a las 21h25, diario El Tiempo de Bogotá publicó una noticia esperanzadora. Una fuente militar de alto nivel le confirmó a una periodista de ese medio que los dos comunicadores y el conductor habían sido liberados.

Por esos días, algunos miembros del comité de crisis en Ecuador dijeron desconocer de la supuesta liberación y desmintieron el artículo de El Tiempo. Pero el exministro César Navas confirmó a los periodistas de este portal, autores Del libro “Rehenes”, que sí recibieron datos fidedignos sobre el fin del cautiverio.

Por ese motivo, el Gobierno preparó una rueda de prensa en la Secretaría de Comunicación, movilizó helicópteros y coordinó el desplazamiento del fiscal Christian Rivadeneira a San Lorenzo para que recibiera a los periodistas y al conductor.

Rivadeneira ratificó que estuvo varias horas esperando en el Batallón de Infantería de Marina San Lorenzo (BIMLOR) para la liberación, luego se planeaba trasladarlos por vía aérea al aeropuerto de Tachina, en Esmeraldas, y posteriormente a Quito.

En octubre pasado, el exministro César Navas reveló por primera vez que los gobiernos de Ecuador y Colombia se alistaban para la liberación del equipo periodístico, el 28 de marzo.

“Por fuentes de Inteligencia en la zona se decía que los van a liberar. El ministro de Defensa de Colombia, Luis Carlos Villegas, habló con el ministro ecuatoriano, Patricio Zambrano; por eso incluso se preparó un equipo para los traslados y los chequeos médicos. También hablamos con la Secretaría de Comunicación (Secom), ellos tenían todo preparado para hacer un anuncio formal al país. Entonces, nos sorprendió la llamada del Ministro de Defensa de Colombia, diciendo que ya estaban liberados. A él, esa información le comunicaron altos mando militares y se enteraron por informantes. Pero eso nunca ocurrió”.

¿Por qué entonces no se concretó la liberación? “No lo sabemos, solo nos dijeron que de un momento a otro los habían movido de la zona. Con esa información preliminar incluso movilizamos aviones y helicópteros. Yo hablé con el Presidente sobre la posibilidad de liberación”.

Pese a que estos hechos fueron confirmados por la principal autoridad que estuvo al frente del Comité de Crisis, las Fiscalías de Ecuador y de Colombia no han profundizado en esta línea investigativa para conocer porqué no los liberaron.

La respuesta nos la dio Jesús Vargas Cuajiboy, conocido como Reinel, uno de los comandantes del frente Sinisterra. En una entrevista, Reinel, que está detenido en Colombia, respondió que Guacho sí iba a liberar a los tres ecuatorianos. Pero esta intención se frustró,  “Por las operaciones que hacían la policía y los militares, había falta de seguridad”. Las acciones armadas se realizaron en Colombia, según nos explicó.

Tras esa frustrada liberación, los secuestradores se adentraron en la selva de Nariño y recorrieron caseríos, esteros y ríos. Movían constantemente a los rehenes, precisamente porque había operaciones militares en Colombia y barridos desde Ecuador, coordinadas entre policías de ambos países. El objetivo era ubicar a Guacho y abatirlo.

Sin embargo, según el discurso oficial, los gobiernos de ambos países habían suspendido operaciones en la selva colombiana para no poner en peligro la vida de los rehenes.

Según las autoridades colombianas, Guacho habría sido abatido por fuerzas de ese país, en diciembre de 2018, junto con el segundo de la organización, Pitufo.

El soldado Wilson Ilaquiche, otra víctima de los hombres de Guacho

Fue una travesía incierta y solitaria, en medio de engaños y dilaciones. El 20 de febrero, los familiares del soldado ecuatoriano Wlson Ilaquiche encontraron sus restos en el Departamento Legal de Tumaco, en Colombia. Sus parientes lo buscaron sin descanso durante diez meses. El cabo segundo fue secuestrado el 12 de mayo del 2018 en el poblado fronterizo de Tobar Donoso, por colaboradores del Frente Oliver Sinisterra. Según el certificado de defunción fue asesinado con varios disparos. Sus familiares revelan por primera vez su dolorosa búsqueda y los engaños que sufrieron de las autoridades de la Fiscalía y la Policía, que les pidieron guardar silencio sobre la cadena de negligencias y tergiversaciones.

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El canje se decidió cuando los #Rehenes habían muerto

El 10 de abril de 2018, el presidente Lenín Moreno se reunió por primera vez con los familiares del equipo de El Comercio, en el Palacio de Carondelet, sede del Gobierno en Quito. Foto: Presidencia de la República.

El Gobierno ecuatoriano decidió formalmente el canje de los tres rehenes por tres hombres que Guacho reclamaba, quienes se encontraban detenidos, el lunes 9 de abril de 2018. Pero los tres secuestrados fueron ejecutados 48 horas antes, según testimonios y documentos, aquí revelados.

Por Arturo Torres

Ese sábado 7 de abril el cautiverio llegó a su fin. Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra, murieron por disparos en la selva de Los Cocos, en Colombia.

Hasta ese día, Guacho y el canal de negociación oficial llevaban una semana exacta de diálogos, sin resultados. Habían intercambiado mensajes el último día de marzo; el 1, 2 y 3 de abril. En todos los diálogos por chat de WhatsApp el líder del grupo narcodelictivo pedía la liberación de sus tres hombres, Cuco, Tobón y Cuajiboy, detenidos en Mataje el 12 de enero de 2018.

Familiares del equipo periodístico protestan en las afueras del Palacio de Gobierno.

El interlocutor oficial ecuatoriano (a quien Guacho identificaba como Maldonado, fachada detrás de la cual actuaban tres delegados estatales) pedía tiempo. Respondía con evasivas. Nunca explicó que el canje implicaba un proceso judicial abreviado para liberar a los tres acusados por tenencia de armas y explosivos, según los documentos de la negociación a los que tuvimos acceso.

Eso significaba que primeramente debían ser sentenciados, para recibir el indulto (perdón) presidencial que facilitaría la excarcelación y el canje con los rehenes. Los tres hombres que reclamaba Guacho estaban detenidos en la cárcel de máxima seguridad de Latacunga, en Cotopaxi, en la zona andina central. Los lentos resortes de la justicia habían fijado la audiencia de juzgamiento para el 18 de abril de 2018. Guacho no recibió una sola palabra al respecto, según corroboramos.

En el curso de esta investigación revisamos en detalle el cruce de mensajes, a través de la plataforma de WhatssApp, entre los interlocutores oficiales ecuatorianos y Guacho, para entender cómo fue la negociación para liberar a Paúl, Javier y Efraín. Accedimos a los documentos oficiales que registran estas conversaciones para entender el tono de los diálogos. La voluntad de negociar el canje fue solamente una estrategia para ganar tiempo, de acuerdo con el resultado de nuestra reportería documental y testimonial.

La mañana del sábado 7 de abril se rompió la línea de contacto por teléfono celular. El diálogo -el último que mantuvieron Guacho y el negociador a través del chat- duró apenas 32 minutos.

(Guacho) -Vea malparido. Diga cuándo me los libera.

(Negociador) -No nos da la oportunidad de escucharnos.

(Guacho) -O le mato a esos periodistas.

(Negociador) -No amigo no haga eso, estamos trabajando.

(Guacho) -Entonces para cuando me tiene la liberación de ellos. No sé ustedes por qué no quieren negociar.

(Negociador) -Tenga paciencia.

(Guacho) -A mí me da lo mismo tenerlos vivos o matarlos.

(Negociador) -Usted los tiene a ellos, tenga paciencia.

(Guacho) -Dígale a ese ministrillo del Interior que lo tengo en la mira. Y mis ataques y bombas van a continuar…

El captor perdía la paciencia. Pedía filmaciones que mostraran a sus tres colaboradores, imágenes de vídeo en las cuales ellos confirmaran que se encontraban bien. En el fondo era una treta. Uno de los detenidos (Cuco) mantenía un celular en la celda de la cárcel de Latacunga, y se comunicaba con el líder de la disidencia. El aparato recién le fue confiscado el 12 de abril de 2018. Cuco (Patrocinio Cortez) se rehusaba aparecer en los vídeos, a pesar de la insistencia de los negociadores ecuatorianos que viajaron durante dos horas desde Quito para intentar convencerlo.

Cuco, afrodescendiente igual que Guacho, nació en Esmeraldas en 1983 y era su lugarteniente en Mataje. En este poblado vivía la familia materna del líder de las disidencias.

Walther Patricio Arízala Vernaza es la verdadera identidad de Guacho. Nació en Limones (Esmeraldas, en Ecuador) en 1989 y desde su adolescencia vistió el uniforme militar de las FARC de Colombia. Como muchos afrodescendientes de la frontera norte, no encontró oportunidades de estudio ni de empleo en su tierra. Por eso abrazó la causa guerrillera.

Fue explosivista, mando medio, recibió formación política y capacitación en manejo de masas. Intentó, pero no por mucho tiempo, acogerse al pacto de paz con el Gobierno de Colombia. Esto ocurrió en 2016, cuando inclusive tramitó un documento que lo acredita como ciudadano colombiano (con el nombre de Luis Alfredo Pai Jiménez). Pero volvió a las andanzas, porque era más lucrativo vigilar el «submarino» que llevaba el cargamento de droga por el océano Pacífico. Con el nombre del frente Oliver Sinisterra, la organización narcodelictiva coordinaba acciones con carteles mexicanos, entre ellos, Sinaloa. Temido, odiado y amado con igual intensidad, Guacho practicaba brujería y mataba sin piedad. En el chat anunciaba ese 7 de abril que se había acabado su paciencia y el destino de los rehenes ya estaba escrito con sangre.

(Guacho) -Los liberan o no. Dígame de una vez o si no para matar a estos manes.

(Negociador) -Estamos trabajando. Usted está viendo los resultados.

(Guacho) -Vea gonorrea. Hoy a las 3 le mando el vídeo de uno de ellos muerto. Ok.

(Negociador) -No amigo, no haga eso, estamos negociando bien y transparente.

(Guacho) -Pero usted no me dice nada concreto y eso no me sirve, entonces así quedamos.

(Negociador) -Amigo le estoy demostrando lo que estamos haciendo.

(Guacho) -Le quedó grande, a mí eso no me sirve.

(Negociador) -Amigo es lo que Ud. nos está pidiendo.

(Guacho) -No sea mal parido. Lo que digo es la liberación de ellos.

(Negociador) -Sí, estamos trabando para eso, paciencia.

(Guacho) -¿Paciencia? Usted dice eso cuando su gente está encadenada y dice que paciencia? Cuando usted se muera va a descansar Hpta.

Ese fue el último mensaje de Guacho. Las palabras del negociador quedaron sin respuesta.

(Negociador) -Créame amigo estamos haciendo todo por conseguir la mejor solución para todos. Estamos hablando con la verdad, sabemos lo delicado que es esto y queremos lo mejor y si Dios quiere tranquilidad para lado y lado.

Esa noche de sábado llovía en la selva de Los Cocos, en Colombia. Los hombres de Guacho, según la Fiscalía colombiana y dos testigos, asesinaron a los tres cautivos. Recién dos días más tarde, el Gobierno ecuatoriano decidía formalmente canjear los rehenes por los tres hombres de Guacho. Era demasiado tarde.

La decisión tardía

César Navas (izquierda) estuvo al frente de la negociación para liberar a los secuestrados.

El Gobierno ecuatoriano desconocía cómo actuar en una situación de este tipo: un secuestro sin una petición económica de por medio, según el entonces ministro del Interior, César Navas y otros funcionarios consultados. Su par colombiano aconsejaba no negociar con una organización narcoterrorista. El vocero de esa tesis era el propio ministro de Defensa de la época: Luis Carlos Villegas, cuya hija había permanecido tres meses secuestrada por el frente 53 de las FARC, pero fue liberada en el Caquetá, con vida. Esta versión la confirmamos con fuentes oficiales colombianas.

Al inicio del secuestro el Estado ecuatoriano conformó un comité de crisis, cuya primera sugerencia hacia los familiares resultó nefasta: les pidió no difundir los nombres de los rehenes, para precautelar su seguridad. Durante casi una semana muchas voces pusieron en duda la veracidad del hecho.

Las autoridades ocultaron la primera prueba de vida, enviada por los captores. Frente a la inacción, los secuestradores enviaron un video del equipo periodístico, con cadenas en el cuello, a la prensa colombiana para que los difundiera. Esto ocurrió el lunes 2 de abril.

Dos días después, ya era el 4 de abril, el presidente Moreno pidió confidencialmente al comité de crisis trabajar en varios escenarios. César Navas, por entonces ministro del Interior, presentó las siguientes probabilidades:

-Negociar el canje

-Incursión para intentar liberarlos

-Liberación voluntaria

-Asesinato del equipo periodístico

El secuestro de Javier, Paúl y Efraín ocurrió en Mataje, el 26 de marzo de 2018.

Monseñor Eugenio Arellano, presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, se reunió con los familiares de los periodistas, pidió públicamente al Gobierno considerar el canje como una opción y anunció su apoyo. Había trabajado como misionero en San Lorenzo; conoció a Guacho en su infancia.

El sábado 7 de abril, en la tarde, Navas convocó a una reunión informal a los familiares. Les habló de cuatro escenarios (no los describió) y les aseguró que los tres rehenes estaban bien, según testimonios que recogimos. Sin embargo, ese sábado, el representante del Ministerio del Interior ante el comité de crisis dejó de pertenecer a esa instancia. Pocos días después se enrolaba en la Secretaría de Inteligencia, de acuerdo con reportes a los que accedimos.

En el curso de varias entrevistas que mantuvimos, Navas nos aseguró insistentemente que no conoció que la muerte de los rehenes ocurrió el sábado 7 de abril.

No obstante, el lunes 9 de abril Navas reveló ante la prensa que “No estamos en ningún proceso de negociación” y se refirió a un perímetro de seguridad alrededor de los secuestrados, afirmando que estaban en el lado colombiano de la frontera. Mencionó que se realizaba una “operación técnica policial para garantizar la vida de los secuestrados”.

La noche de ese lunes 9 de abril, con la autorización de su agrupación política que a la fecha tenía mayoría en el Legislativo, el Gobierno de Lenín Moreno tomó la decisión formal del canje. El martes 10 de abril Navas convocó al viceministro del Interior, al comandante de la Policía, al director de Inteligencia y al jefe de la Unidad Antisecuestros para informarles de la resolución. Documentos oficiales que recabamos en el curso de esta reportería confirman todas esas fechas.

A las seis de la tarde del miércoles 11 de abril, en un centro de retiros espirituales, los agentes de la Unidad Antisecuestros se reunieron en forma reservada con Monseñor Arellano para pedirle su intermediación. Los detalles de esa reunión los documentamos en esta reportería.

Sin embargo, desde esa mañana ya circulaba un comunicado, firmado en las montañas de Colombia y atribuido al Frente Oliver Sinisterra con el logo de las FARC-EP. El escueto texto revelaba que por desembarcos “en varios puntos donde estaban los señores retenidos” se produjo la muerte de los periodistas y el conductor.

A través del chat de comunicaciones con Guacho, los negociadores le preguntaron la veracidad de ese documento. No hubo respuesta, porque él ya había roto la línea de contacto. También le informaron que ya estaba resuelto el canje y por primera vez en dos semanas de cautiverio le proporcionaban un dato concreto: el Obispo de Esmeraldas iba a ser el intermediario del canje.

El desenlace trágico fue el sábado 7 de abril

Varios elementos confirman la fecha de la muerte de los periodistas, que a través de este portal revelamos.

  1. El testimonio de un disidente que, detenido en Colombia, menciona que el asesinato ocurrió un sábado por la noche cuando llovía. El vídeo que los muestra encadenados fue filmado el lunes 2 de abril, por lo que el sábado previo aún estaban con vida.
  2. El sábado 7 de abril se rompen las negociaciones por chat entre el interlocutor oficial y Guacho. Eso es tan cierto que dos días más tarde el entonces ministro del Interior, César Navas, afirma que no hay negociación.
  3. El delegado del Ministerio del Interior ante el comité de crisis de desvincula de esta instancia el mismo sábado 7 de abril.
  4. El lunes 9 de abril, en conferencia con medios de prensa extranjeros, Navas explica vagamente sobre un perímetro alrededor de los secuestrados, estableciendo que están en territorio colombiano. Y advierte que hay una operación técnica policial para garantizar su vida, dejando entrever que sí conocían su ubicación.

El Gobierno ecuatoriano aceleró las gestiones desde el 9 de abril de 2018

Repentinamente, a partir del lunes 9 de abril el Gobierno ecuatoriano empezó a dar señales aceleradas de preocupación. Realizó una serie de reuniones con directores de medios de comunicación, representantes diplomáticos, gremios empresariales, cúpula de la Iglesia… Por primera vez, el martes 10 de abril, el Presidente Moreno se reunió con los familiares de los cautivos.

En las citas reapareció un personaje que estuvo ausente durante los días previos, la entonces canciller María Fernanda Espinosa. Desde el 26 de marzo se mantuvo ajena, dedicada de lleno a promocionar su candidatura a un cargo en la ONU que a la larga obtuvo.

César Navas, a la época ministro del Interior, sorprendió a los medios el lunes 9 de abril, al declarar que no había negociaciones con los captores. Sin embargo, esa noche, el buró de Alianza PAÍS resolvió formalmente iniciar el canje de los tres de Guacho por los rehenes.

Dos días después empezó a circular por redes sociales el comunicado del frente Sinisterra, en el cual anunciaba las muertes de los cautivos. Y horas más tarde los disidentes difundieron las fotos de sus cuerpos sin vida.

Ante la contundencia de las evidencias, el 13 de abril el presidente Moreno confirmó la ejecución del equipo periodístico y anunció que se levantaría la reserva de toda la información sobre la negociación para liberarlos. Ese ofrecimiento aún no se ha cumplido.

María Alejandra Vicuña recibió depósitos de otra asesora en su cuenta bancaria

Además de los pagos de su exasesor Ángel Sagbay, en la cuenta corriente de la vicepresidenta Alejandra Vicuña también hay más desembolsos de otra de sus excolaboradoras. Se trata de Karla Obando, quien le depositó en total 14.650 dólares en el Banco de Machala, mientras Vicuña era asambleísta. Desde 2008, las transferencias y depósitos a su cuenta suman 400 mil dólares. La mandataria sostiene que los pagos de sus subalternos fueron voluntarios para su movimiento Alianza Bolivariana Alfarista (ABA). El pleno de la Asamblea le pidió su renuncia. 

Por Arturo Torres R.

No fueron los únicos pagos. La cuenta bancaria de la entonces asambleísta María Alejandra Vicuña no solo recibió depósitos de quien era su colaborador, Ángel Sagbay. Otra asesora del despacho, Karla Obando Ortiz, también depositó dinero en la cuenta personal de Vicuña.

Registros del sistema financiero, a los que accedió Código Vidrio, revelan que Obando Ortiz realizó depósitos por 14.650 dólares en la cuenta corriente 1070535218 del Banco de Machala, perteneciente a la hoy Vicepresidenta. Para la fecha, Obando ostentaba el cargo de asesora de nivel 2, en el despacho de Vicuña, quien entonces era asambleísta de Alianza País.

Obando fue servidora judicial. Se desvinculó para enrolarse en la Asamblea.  Para fines de 2012 ya apoyaba a Vicuña quien por esos días buscaba su reelección como asambleísta. A inicios de 2013, Obando se declaraba firme defensora de la Revolución Ciudadana, y en particular, admiradora del entonces presidente Rafael Correa. Tuvo oportunidad de conocerlo personalmente en febrero de ese año.

La carrera de Vicuña tuvo un giro inesperado a fines de 2017. Jorge Glas salió de la Vicepresidencia de la República y ella encabezó la terna para su reemplazo, dejando atrás ocho años como legisladora. En tanto, Obando volvió a la función judicial, esta vez para ocupar un cargo administrativo en el departamento Jurídico del Consejo de la Judicatura.

La cuenta de Vicuña en la entidad bancaria registra en total 1,2 millones de dólares en movimientos. Desde 2008 las transferencias y depósitos suman 400 mil dólares. En ese valor se incluyen los ingresos que recibió por concepto de salarios en el sector público, al que está enrolada desde 2007. Entre 2009 y 2017, Vicuña fue asambleísta por la coalición ABA-Alianza País.

En los documentos que forman parte de la  investigación previa, se detectan transferencias de ordenantes no identificados en 2009 y en 2011. Ambas suman 26 mil dólares.

“Yo era la responsable de recaudar para ABA (Alianza Bolivariana Alfarista) las contribuciones de los militantes”, admitió la Vicepresidenta Vicuña, esta mañana del jueves 29 de noviembre en una entrevista en Radio Majestad. Aclaró que estos aportes no deben ser satanizados, pues «no son ilegales ni ilegítimos». Son contribuciones voluntarias de los militantes, “sin las cuales el movimiento no podría subsistir”.

Pedimos la versión de la Vicepresidenta a la Dirección de Comunicación para que comentara sobre los pagos de Obando y el manejo de los recursos de ABA en sus cuentas personales. Personal de esa Dirección indicó que Vicuña ya había explicado en la radio el porqué de los depósitos de los militantes en su cuenta. También buscamos el pronunciamiento de Obando para que confirmara el motivo de los depósitos. Contestó su celular pero dijo que atendería nuestro requerimiento de entrevista este viernes, pues tenía que atender un problema familiar.

A diferencia de Alianza País, un movimiento político reconocido legalmente y que recibe fondos partidarios del erario público, Alianza Bolivariana Alfarista es una organización de hecho. Por tanto, no tiene personería jurídica, ni cuentas bancarias a su nombre. Así, Vicuña justificó haber recibido los pagos en su cuenta personal para la organización política que creó su padre, Leonardo Vicuña, cercano a Rafael Correa, expresidente del directorio del Banco del Pacífico.

En su declaración de bienes Vicuña también registra una cuenta en el Banco Bolivariano. Toda esta información forma parte de la investigación previa que la Fiscal Ruth Palacios aperturó para confirmar la posible comisión de delitos. Esto, tras la denuncia periodística que difundió Teleamazonas el último martes de noviembre, con base en la declaración notarizada del exasesor Ángel Sagbay.

El denunciante aseguró que cuando trabajaba en el despacho de Vicuña en la Asamblea, fue obligado a contribuir parte de su sueldo, mediante depósitos a la cuenta personal de la entonces legisladora. Sagbay aportó con 20.600 dólares a la cuenta de Vicuña, según los registros bancarios entre 2011 y 2016.

El 13 de noviembre, el Pleno destituyó a las asambleístas Sofía Espín y Norma Vallejo. Espín había visitado en la cárcel de mujeres a una persona vinculada con el caso Balda. Según la denuncia en su contra, le pidió alterar su versión a cambio de protección. Antes de iniciarse la votación de los legisladores para decidir la destitución de Espín, ella se acercó a la curul de su coidearia Ximena Peña con un documento en la mano. Imágenes del noticiero Ecuavisa dan cuenta de que lo que exhibía era la declaración juramentada del exasesor Sagbay, respecto a los pagos a la Vicepresidenta.

Vallejo fue removida por cobros indebidos a sus asesores, luego de que se volviera viral en redes sociales un audio en el que se le escuchaba pedir dinero a sus subalternos.

Según el informe de la Comisión legislativa que estudió las denuncias, se demostró que la asambleísta gestionó un cargo público en favor de Martín Campos, en el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS). Campos, precisamente, denunció a Vallejo por cobros indebidos y adicionalmente dijo que ella le ofreció un cargo en el IESS.

Vicuña se defiende y dice que no renunciará

Vicuña se defiende. En conferencia de prensa el último miércoles de noviembre, sin preguntas de los asistentes, aseguró que se trata de la retaliación de un excolaborador que intentó pedir cargos públicos. Después, culpó al exlegislador Andrés Páez y a los correístas de crear un ambiente de confusión para atacar al gobierno actual. Afirmó tener como prueba la captura de un chat del 10 de septiembre, en el cual el denunciante planifica el supuesto complot.

Explicó que Sagbay propuso ser promovido del cargo de asistente 1 a la función de asesor 1, con un mayor sueldo. Eso habría implicado el pago de 1.400 dólares mensuales a la organización política. Según la Vicepresidenta, fue una contribución voluntaria. Antes de ser ascendido, mientras fue asistente, Sagbay entregaba como diezmo unos 200 dólares mensuales a Vicuña.

La Vicepresidenta dijo que no renunciará ni pedirá licencia para defenderse del proceso judicial en la Fiscalía. Mientras tanto, con 77 votos, la Asamblea Nacional resolvió pedir su renuncia este jueves en la  noche.

El presidente Moreno, de su lado, afirmó que la justicia tiene independencia para investigar este caso. Alianza PAÍS, basada en el artículo 339 del Código de la Democracia, estaba facultada para pedir un porcentaje de sus sueldos a los servidores públicos militantes. Para ello, debía cumplirse una formalidad: las contribuciones y aportes debían quedar registrados en un comprobante de la organización política. Pero todo indica que la práctica degeneró en el cobro de diezmos para beneficio personal a todo  nivel.

Esto fue revelado en febrero de este año por Revista Vistazo. En ese reportaje, los exasambleístas Christian Viteri y Osvaldo Larriva explicaron que cada despacho debía contribuir obligatoriamente con 400 dólares mensuales para el movimiento. El propio presidente Correa habría estado a cargo de hacer seguimiento a esas contribuciones. Si bien Viteri y Larriva dejaron en claro que ellos cubrían con el aporte, mencionaron que Correa sugería que quienes hicieran esos pagos fueran los subalternos, asesores y asistentes de cada legislador. En la práctica ellos cubrieron esa obligación.

Entre 2013 y 2017, Alianza País tuvo 100 legisladores. Por tanto, cada mes solo la Legislatura contribuía con 40 mil dólares para el funcionamiento de esa organización política. Unos 480.000 dólares al año, cerca de 2 millones de dólares en el período legislativo 2013-2017.

 

Militares vendían municiones y armas a disidentes de las FARC, al mando de Guacho

Siete militares activos y un funcionario del Ministerio de Defensa, así como seis civiles más, eran los principales eslabones de la cadena que servía para supuestamente abastecer de municiones y armas al grupo de Guacho que sembró terror en la frontera norte, desde enero pasado. Varias unidades de la Policía encabezaron las operaciones reservadas con la Fiscalía y allanaron siete dependencias militares, incluida la Comandancia General del Ejército. La investigación tomó nueves meses en cinco provincias. El ministro de Defensa, general Oswaldo Jarrín, detalló que hasta el momento solo se ha detectado la sustracción  de munciones.

Arturo Torres R.

Era un secreto a voces que tomó cuerpo en julio de este año, a partir del revelador testimonio de un disidente de la organización narcoterrorista del Guacho. La red de abastecimiento del Frente Oliver Sinisterra se aprovisiona del arsenal de Fuerzas Armadas, a través de la colaboración de uniformados ecuatorianos y civiles, incluido un funcionario del Ministerio de Defensa.

Un operativo sorpresa a primeras horas de hoy miércoles 17 de octubre, denominado Camaleón, y realizado simultáneamente en Esmeraldas, Santo Domingo, Loja, Pichincha y Guayas, capturó a los principales miembros de la estructura.

En la operación se detuvo a Leonardo M., a quien se identificó como el vínculo entre los miembros del grupo de Guacho y “militares en servicio, activo, pasivo y civiles encargados de conseguir municiones”, según el informe de la investigación, encabezada por la Dirección Nacional de la Policía Judicial (DNPJ).

Las actividades de inteligencia detectaron que una mujer, de apellido Quiñónez, es la encargada de la parte financiera y del suministro del arsenal. A través de Leonardo M. y de otro ciudadano, de apellido Angulo, hacían contacto con militares en servicio activo. Ellos recolectaban el arsenal y lo entregaban a tres miembros del frente Oliver Solarte, identificados hasta ahora con sus alias, David, don Plaza y Pata. El sitio de enlace era Borbón, en Esmeraldas. Luego el material se llevaba a Colombia.

La investigación estuvo a cargo de varias unidades policiales, y puso bajo la lupa de Inteligencia a militares en servicio activo y pasivo. Los resultados fueron expuestos el miércoles por la Ministra del Interior, María Paula Romo, ante la prensa.

Siete militares en servicio activo y un funcionario civil del Ministerio de Defensa fueron detenidos en la operación Camaleón. Además, seis civiles que apoyaban al frente delictivo de Guacho.

Los involucrados vendían el arsenal a los narcoterroristas, que vestían uniforme como una fachada.

Como antecedentes, a fines de julio, la Policía capturó en el operativo Borbón I material explosivo: 275 Cartuchos calibre 16, 146 cartuchos calibre 38 largo, 150 cartuchos calibre 38 corto, 1000 fulminantes, 21/2 libras de perdigones, 180 fulminantes para dinamita, 60 tacos de dinamita, 6m de mecha lenta, 20 gramos de pólvora. Dos personas, hoy detenidas, almacenaban el arsenal en un local comercial.

En Esmeraldas, la Fiscalía formuló cargos contra 13 involucrados, acusados de delincuencia organizada y tráfico de armamento.

En septiembre, un ciudadano ingresó en el cuartel Cabo Minacho de Loja, y se embarcó en un bus hacia Cuenca: llevaba 5.040 municiones calibre 5,56 mm en una maleta.

En octubre, a la salida de Quinindé, se encontró en un taxi Kia Río, de color amarillo, un cargamento de dos quintales de arroz, que en realidad escondían 2.500 municiones, calibre 9 mm. Cinco personas fueron detenidas y se identificó que el arsenal iba para el grupo de Guacho.

Los militares en servicio activo acopiaban el material bélico. Con la ayuda del funcionario civil del Ministerio de Defensa, quien era Analista de Información 2 en esa cartera de Estado, manipulaban el sistema de inventarios logísticos de las Fuerzas Armadas.

De esta manera, se confirma que las municiones, y explosivos en poder del frente disidente Oliver Sinisterra provenían del arsenal del Ejército ecuatoriano.

La organización narcoterrorista empezó a sembrar el terror en ambos lados de la frontera, a partir de fines de enero de este año. La detonación de un coche bomba en el cuartel de policía en San Lorenzo fue el primero de sus actos de violencia. Posteriormente hubo, al menos, siete incidentes de magnitud, entre ellos, la explosión de un tanque en Mataje que cobró la vida de cuatro marinos.

El momento más trágico en esta escalada de violencia fue la captura, secuestro y muerte de tres periodistas de diario El Comercio, por parte del grupo de Guacho. Además, dos civiles –Óscar Villacís y Katty Velasco- fueron retenidos en Puerto Rico y asesinados luego de torturas.