Versiones inéditas de policías confirman incursiones durante el secuestro del equipo de El Comercio

La Comisión Interamericana de DD.HH,. en su informe final sobre el secuestro y asesinato de Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra, pidió al gobierno integrar una comisión autónoma para investigar si durante el cautiverio hubo operativos  de la fuerza pública colombiana que pudieron causar la tragedia. Escuche el relato de lo que ocurrió, con versiones y testimonios de sus protagonistas, incluidos policías ecuatorianos

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La CIDH pide investigar operaciones de uniformados en secuestro y asesinato de periodistas de El Comercio

Los cuerpos de Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra fueron trasladados desde Tumaco a Cali, el 22 de junio de 2018, por integrantes de la policía Colombiana del Gaula. Los hallaron en dos fosas, en la zona de los Cocos, donde supuestamente murieron.

El Equipo de Seguimiento Especial (ESE) de la Comisión Interamericana de DD.HH. presentó en Washington su informe final sobre el secuestro y asesinato de Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra, de El Comercio. La investigación confirma que los cautivos no fueron ejecutados de forma premeditada por los disidentes de las FARC, lo cual deja sin piso la tesis de la fiscalía colombiana. Esto fue revelado por Código Vidrio, en abril-2019.

El ESE pide que se integre una comisión que investigue la realización de operaciones militares y policiales durante el secuestro, reveladas en el libro Rehenes. Determina que las medidas ejecutadas por el estado ecuatoriano en la crisis de seguridad en Esmeraldas fueron insuficientes para precautelar la seguridad de la población y de los periodistas. Hubo diez víctimas mortales.

Los atentados en Esmeraldas se debieron a los golpes de la fuerza pública a las estructuras de FOS. El procurador Íñigo Salvador dijo que el gobierno tomó decisiones adecuadas durante el plagio y brindó todo el apoyo para esclarecer lo ocurrido. La CIDH recomienda que se establezcan mecanismos para una reparación integral a los familiares.

Por Arturo Torres

Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra, de diario El Comercio, no fueron ejecutados de manera premeditada por disidentes del Frente Oliver Sinisterra (FOS). Ese es uno de los principales hallazgos del informe final del Equipo de Seguimiento Especial (ESE) de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). El reporte, que se hizo público hoy, a las 12:00, en Washington, y coincide con las revelaciones denunciadas en el libro Rehenes y en este portal, recomienda a los gobiernos de Ecuador y Colombia integrar una comisión independiente que investigue si hubo operaciones policiales en el secuestro del equipo periodístico.

El monitoreo del ESE a la investigación del secuestro del equipo periodístico empezó en junio de 2018, con el consentimiento de los dos gobiernos, luego de que la CIDH dictara medidas cautelares para precautelar sus vidas, por pedido de los familiares, Fundamedios y la Fundación Para la Libertad de Prensa de Colombia (FLIP).

El 2 de abril de 2018 se hizo público el segundo video donde se ve a Javier, Paúl y Efraín, por última vez con vida. Javier, abatido, recalca que sus vidas dependían de la decisión del Presidente. Durante su cautiverio fueron trasladados por sus captores a varios poblados ecuatorianos y colombianos, como El Pan y Puerto Rico. Los captores estuvieron hostigados por operaciones, según testimonios.

Desde el secuestro, los parientes y compañeros de los tres denunciaron el ocultamiento de información del gobierno. El reporte de la CIDH coincide en que hasta el momento ni Ecuador ni Colombia han entregado toda la información considerada secreta para esclarecer lo ocurrido.

El régimen sostuvo que proporcionó todos los informes pertinentes para la investigación y que durante la crisis tomó las medidas necesarias para liberar a los secuestrados y precautelar sus vidas.

Entre las principales conclusiones del ESE se establece que la Dirección General de Inteligencia de la Policía (DGI) conoció el riesgo para la seguridad de la población, uniformados y periodistas y las amenazas del FOS, desde el 13 de enero del 2018, dos semanas antes de que ocurriera el atentado con un coche bomba en el cuartel policial de San Lorezo. Desde ese día, la DGI supo que Walter Arízaga, Guacho, pedía liberar a tres de sus hombres, detenidos por la Policía.

Sin embargo, la DGI, encabezada por el general Pablo Aguirre, no compartió esa información con el Mando Único designado por el gobierno para enfrentar la crisis. Por ese motivo, no se aplicó ningún protocolo para garantizar la seguridad de la población y prevenir delitos, tras el estado de excepción, decretado en esos días. No obstante, los jefes policiales indicaron que sí compartieron esa información con el Mando Unificado.

Las medidas del Estado ecuatoriano -agrega el informe- fueron insuficientes para hacer frente a la evidente situación de riesgo extraordinario, generado por la presencia de los grupos delincuenciales armados, así como por sus hechos delictivos y por los anuncios de atentados graves que hicieron a través de un canal de comunicación, que mantenían con el mayor de Policía Alejandro Zaldumbide.

Los investigadores del ESE, encabezados por Luz Adriana Camargo, describen descoordinaciones, vacíos y errores recurrentes de procedimientos y protocolos de seguridad a diferente nivel. Empezando por el comité de crisis y el equipo negociador, y pasando por las operaciones de Policía, FF.AA. hasta las investigaciones poco técnicas de las fiscalías. Es una radiografía que muestra fallas estructurales y estrategias en materia de seguridad en los estamentos políticos y de seguridad, incluidos los sistemas de inteligencia. Por la crisis fallecieron diez personas en la frontera, incluidos 4 marinos, el soldado Wilson Ilaquiche, Katty Velasco y Óscar Villacís.

El equipo Javier Ortega no buscaba entrevistar a Guacho, que era la hipótesis central del fiscal Wilson Toainga y del Gobierno. El ESE constató que el equipo de El Comercio llegó a la zona el 26 de marzo de 2018 para una cobertura periodística; no ingresó por el río, ni por una trocha, ni lo hizo saltando los controles. Por el contrario, pidió autorización al jefe del Mando Único, John Merlo, y quedó registrado en el Destacamento de la Marina en Mataje, lo cual “descartaría una conducta temeraria”.

Una semana antes ocurrieron una serie de atentados y hechos violentos en el poblado Mataje, causados por integrantes del FOS, que le habían declarado la guerra al estado ecuatoriano. Esos ataques fueron conocidos y registrados por los miembros de la fuerza pública. Sin embargo, los militares no tomaron precauciones y dejaron ingresar civiles a la zona, evidenciando fallas graves de descoordinación con sus jefaturas.

Una vez ocurrido el secuestro, el gobierno perdió días valiosos para concretar la liberación. “Pasaron varios días en los que se realizaron gestiones dirigidas a que los canjeables aparentemente volvieran a manifestar su voluntad de aceptar su responsabilidad, diligencias cuya utilidad no aparece vinculada a alguna norma procedimental que imponga dicho acto de ratificacioìn, en momentos en que se considera debiìa obrarse con prontitud”. Quienes se encargaron de negociar la liberación, especialmente un oficial de la Unidad Antisecuestros de la Policía (Unase), no recibieron datos previos de la DGI, que ya sabía lo que exigía Guacho, dos meses antes.

No fueron ejecutados, murieron mientras estaban en movimiento

En otro de los capítulos, el ESE establece contradicciones en la investigación de la Fiscalía colombiana, sobre la forma en que murieron los cautivos. Eso concuerda con la investigación de este portal en la que se evidenció que el examen de las autopsias practicadas en Cali dejaba sin piso la tesis de los gobiernos de Ecuador y Colombia. Ambos estados han insistido en que los cautivos fueron asesinados por los disidentes, en abril del 2018, en la zona de Los Cocos, en Nariño, frontera con Ecuador.

En Cali, los restos del equipo periodístico de El Comercio fueron sometidos a necropsias.

En el documento de 103 páginas se explica que los investigadores del ESE entrevistaron a los patólogos, que realizaron las autopsias, así como a un experto en balística. Todos coincidieron en “no haber hallado evidencia de que las víctimas estuvieran sometidas o atadas en el momento de ser asesinadas”, como indicaron disidentes ante la Fiscalía. Tampoco establecieron patrones de una ejecución planificada.

Las lesiones en cabeza y cuerpo de los tres rehenes eran distintas en cada caso, más compatibles con objetivos a los que se les dispara en movimiento. Los disparos se realizaron a una distancia aproximada de 1,20 metros, por la espalda de las víctimas en su mayoría y con trayectorias de abajo a arriba.

Así, el reporte de la CIDH pone en entredicho la teoría del caso de la Fiscalía colombiana, que reconstruyó el supuesto asesinato de los trabajadores de El Comercio, basándose sólo en testimonios de disidentes, sin contrastarlos con las autopsias, ni con otras pruebas. También pone reparos a la reconstrucción fiscal del itinerario del plagio, pues las versiones de los disidentes no concuerdan con la temporalidad de los hechos.

Cuando murieron ninguna de las víctimas estaba sentada e inmóvil, como ha asumido la Fiscalía. Al recibir los impactos de bala, con armas cortas, con certeza estaban caminando o corriendo.

El análisis de las necropsias, según dos expertos forenses consultados por este portal, sugiere que las muertes pudieron ocurrir en medio de un enfrentamiento armado. Esto coincide con los testimonios recogidos en Rehenes de varios policías y altos oficiales, un informe de la Senain y un reporte del Ministerio de Defensa de Colombia. Todos concuerdan en que durante el rapto hubo sucesivas incursiones armadas en las zonas por donde transitaban, algunas desde el lado ecuatoriano. Eso, al parecer, desencadenó su muerte.

Desde el martes 10 de abril, el presidente Moreno se reunió con directivos de algunos medios, empresarios, cuerpo diplomático, representantes de la Iglesia, para dialogar sobre la situación de los secuestrados. El viernes 13 de abril, confirmó la muerte de los tres rehenes. Las vigilias fuera del Palacio continuaron. Fotos: Presidencia.

El ESE recomienda que ambos estados designen una comisión especial autónoma e imparcial, que acceda a información que aún es reservada y no ha sido desclasificada por los gobiernos. Así se garantizaría a los familiares el acceso a datos en poder de las diferentes agencias policiales y militares, para establecer, entre otros aspectos:

  • Si se autorizó a las fuerzas armadas de Colombia efectuar operativos de buìsqueda desde territorio ecuatoriano para ubicar a alias Guacho durante el plagio.
  • Si hubo o no operativos de fuerzas armadas colombianas para ubicar a Guacho durante el secuestro en ese país. El documento final de la CIDH cita un informe del Ministerio de Defensa de Colombia (también incluido en Rehenes), que ratificó que durante el plagio hubo dos incursiones militares en las zonas donde transitaban los cautivos. “El ESE considera que hay suficientes motivos para investigar estas operaciones”.

En abril del año pasado, luego de que se confirmó que los tres estaban secuestrados, el presidente Lenin Moreno decidió negociar su liberación con Guacho, líder del FOS. Y accedió a un intercambio con tres de sus hombres, detenidos en enero del 2018. Para concretar el canje aseguró que se suspenderían todas las operaciones militares y policiales que podrían arriesgar sus vidas, en Ecuador y Colombia. Esta decisión se tomó sin seguir ningún procedimiento o parámetro, en base a análisis de riesgos y seguridad en este tipo de casos.

Reparación integral para los familiares

El ESE recomienda que Ecuador y Colombia establezcan mecanismos para evaluar y determinar una reparación integral a los familiares de Paul, Javier y Efraín, “pues han sido víctimas de afectaciones a sus vidas por un conflicto protagonizado por grupos armados terroristas”, sin la prevención adecuada de ambos Estados.

También incorporó las observaciones a los proyectos de informe de los gobiernos de Colombia y Ecuador. Ecuador expresó su “desacuerdo con el contenido del proyecto”. Solicitó al ESE limitarse al cumplimiento de sus objetivos y abstenerse “de adelantar criterios sesgados y sin sustento, que busquen direccionar las investigaciones en curso y a establecer la presunta responsabilidad internacional del Estado por los hechos sucedidos”.

El Presidente no levantó la reserva de toda la información

La información oficial proporcionada a la CIDH por ambos estados se contrastó con la suministrada por reporteros e investigaciones abiertas al público. Se incluyeron datos del libro Rehenes, ¿por qué ejecutaron a los periodistas de El Comercio?. Eso fue objetado por Ecuador, pues «el ESE debió ceñirse a la información oficial a la que se tuvo acceso, siendo la que, a su juicio, posee las características de relevancia, objetividad, exhaustividad y fiabilidad».

“En ese sentido, el ESE considera que la investigación realizada por los periodistas Arturo Torres y María Belén Arroyo, así como el resto de las publicaciones mencionadas en este informe, aparecen suficientemente documentadas y contienen información que debiera ser tomada en cuenta por quienes dirigen la averiguación penal, a fin de guiar las actividades investigativas necesarias para clarificar la razón de las inconsistencias advertidas”.

El tema también fue investigado por un colectivo de 20 periodistas de Ecuador y Colombia, del grupo Frontera Cautiva, publicado en octubre de 2018.

La CIDH entiende que el objetivo final de las investigaciones en curso “es reconstruir la verdad de lo sucedido -ya sea confirmando o descartando las versiones oficiales o las periodísticas”.

No obstante, para la CIDH aún resta por esclarecerse varios temas centrales. Entre otros: Cuál fue la estrategia que se trazó para el manejo del secuestro; qué papel cumplió el comité de crisis; quién tomaba las decisiones de los que debía hacerse y cuándo se tomó la decisión de la ruta a seguir.

Un GIRO sorprendente dio la investigación fiscal sobre los diez crímenes ocurridos en la frontera norte

Las revelaciones periodísticas en torno al secuestro de Javier, Paúl y Efraín, de El Comercio, así como las permanentes protestas de sus familiares y amigos cambiaron el rumbo de la tesis fiscal en Ecuador, que ahora investiga los hechos desde una perspectiva de Derechos Humanos, y no solo como delitos comunes inconexos del  Frente Oliver Sinisterra. Además, la Fiscalía decidió investigar todos los casos de violencia en la frontera norte, que provocaron diez víctimas, como parte de un solo fenómeno. Esa también ha sido una recomendación del Equipo Especial de Seguimiento (ESE) de la CIDH.

Por Arturo Torres R.

Voy a cerrar los ojos en voz baja / voy a meterme a tientas en el sueño / En este instante el odio no trabaja / para la muerte que es su pobre dueño / la voluntad suspende su latido / y yo me siento lejos, tan pequeño”. Marcó esos versos de Benedetti con resaltador amarillo. “Antología Poética” era su libro de cabecera. En esas páginas escribió sus propias reflexiones: “Este hombre me sorprende en cada frase, no puedo dejar de leerlo”.

El periodista ecuatoriano Javier Ortega no solo atesoraba el poemario. Tenía su propio sueño: publicar una novela. Ya había escrito, a manera de ensayo, su tesis de licenciatura en Periodismo sobre microtráfico y drogas. Tenía 31 años cumplidos y una carrera en ascenso. En la redacción del diario El Comercio investigó los temas de corrupción (caso Odebrecht en Ecuador) y cubrió la crisis de seguridad en la frontera norte. La ola de violencia se produjo por la reacción de los grupos disidentes de las FARC que, enraizados en ambos lados del límite territorial, se vinculan con carteles de la droga. Se negaron a dejar las armas y a firmar el acuerdo de paz; es más rentable seguir enviando los cargamentos de cocaína por la salida al Pacífico. La organización armada que surgió de las FARC provocó un estadillo que, en el lado ecuatoriano, causó diez muertes durante los primeros meses de 2018.

Vivió su propio calvario. Javier Ortega fue uno de los diez ecuatorianos asesinados en manos del Frente Oliver Sinisterra, FOS. Con Paúl Rivas y Efraín Segarra, integraba el equipo periodístico de diario El Comercio. Fueron secuestrados el lunes 26 de marzo de 2018, en la parroquia ecuatoriana de Mataje, provincia de Esmeraldas, en el límite con Colombia. Los tres murieron baleados con armas cortas el sábado 7 de abril: su cautiverio duró 13 días. Esa noche recibieron varios disparos, y sus cuerpos enterrados en un rincón de la selva colombiana.

Vea también: A las 48 horas desistieron de liberar al equipo de El Comercio

 

Semanas después, en junio de 2018, sus restos fueron encontrados en dos fosas, rodeadas por explosivos. El análisis forense, a cargo de autoridades colombianas, revelado por este portal, contradice la versión oficial sobre las circunstancias del asesinato. Más bien plantea contradicciones respecto a las versiones de testigos protegidos por la Fiscalía de Colombia, que dijeron que fueron ejecutados, mientras expertos forenses que revisaron las autopsias señalan que no hubo premeditación y que murieron mientras caminaban o corrían.

Vea también: Informe de autopsias a periodistas de El Comercio abre dudas sobre una ejecución premeditada

Los periodistas integraban el grupo de relevo. El diario –al igual que otros medios nacionales- cubría con enviados especiales los efectos de la violencia en el poblado de Mataje, Esmerladas. Días antes, una patrulla de infantes de Marina había sufrido un atentado con un artefacto explosivo mientras vigilaba ese lugar. La detonación dejó cuatro víctimas. A partir del 20 de marzo, día del ataque a los marinos, varios reporteros buscaban llegar al sitio y cubrir la historia de esa población, abandonada por el Estado y amenazada por los tentáculos del narco. Solo dos equipos lograron entrar a la zona de fuego: los enviados por diario El Telégrafo, que llegaron el sábado 24 de marzo. Y los periodistas El Comercio, el lunes siguiente.

El 26 de marzo, un marino del retén de Mataje fotografió la camioneta de El Comercio y su conductor Efraín Segarra, antes de que ingresara al poblado donde minutos después fue secuestrado junto a Javier y Paúl. Foto archivo CV.

Javier, Paúl y Efraín fueron secuestrados por tres ecuatorianos, integrantes del frente armado Sinisterra. Luego de varios días de un desesperante silencio, pues inclusive a los familiares de los cautivos se les recomendó no hacer público el hecho, el Estado ecuatoriano anunció que negociaría y canjearía los rehenes por tres hombres de la organización narcodelictiva, detenidos el 12 de enero, en una casa de Mataje donde se hallaron armas y municiones.

La investigación periodística de este portal demostró que la decisión de canje fue tardía; que la anunciada negociación con los captores fue errática. Y que policías de ambos países realizaron incursiones desde el norte del Ecuador hacia la selva colombiana para neutralizar al líder del FOS, Walther Patricio Arizala Vernaza, Guacho. Estas acciones armadas al parecer desencadenaron la ejecución del periodista Javier Ortega; el fotógrafo Paúl Rivas y el conductor Efraín Segarra, en una noche lluviosa de sábado.

Vea también: Javier, Paúl y Efraín fueron filmados a pocas horas de su secuestro en Mataje por hombres de Guacho

 

Nuevo enfoque de la investigación fiscal

La investigación fiscal en Ecuador en torno al crimen de los tres periodistas dio un giro cuando se cumplió un año de su asesinato. La flamante fiscal general, Diana Salazar, anunció que todos los hechos relacionados con la crisis de la frontera norte se analizarían en su conjunto. Los expedientes fueron asignados a la Fiscalía de la Verdad. El 11 de abril Salazar recibió a los familiares de las víctimas y anunció que analizaría detenidamente el caso.

 

A pocas horas de su posesión, la fiscal Salazar anunció su decisión de investigar a fondo los crímenes de la frontera.

 

En el proceso relacionado con el crimen de los periodistas, la hipótesis de la investigación cambió: al analizar los hechos desde una perspectiva de Derechos Humanos, que estudia la Fiscalía de la Verdad, podría configurarse un caso de ejecución extrajudicial, o crimen de Estado, advierten juristas consultados. En el nuevo enfoque, se investigan además las acciones y omisiones de los agentes estatales como posibles desencadenantes de los crímenes. Especialmente relacionadas con la realización de operaciones combinadas entre las policías de Ecuador y Colombia para capturar al Guacho durante el secuestro de los periodistas. Bajo esta misma línea se indaga el secuestro y asesinato del soldado Wilson Ilaquiche, que está en manos de la fiscal María Belén Corrdedores, de la Comisión de la Verdad Nro 2; y los crímenes de la pareja Óscar Villacís y Katty Velasco, así como de cuatro marinos: el suboficial segundo Luis Mosquera Borja, el cabo primero Wilmer Álvarez Pimentel, el cabo segundo Jairon Sandoval Bajaña y el marinero Sergio Elaje Cedeño.

Lupita, madre del fotógrafo Paúl Rivas, fue recibida con el resto de familiares por la fiscal Diana Salazar, el 11 de abril pasado, en Quito. Foto archivo CV.

¿Cuál fue el detonante del cambio? La revelación periodística, que hizo este portal, sobre la cadena de negligencias desde el Estado ecuatoriano, que empezó mucho antes del secuestro. Arrancó con la crisis del sistema nacional de Inteligencia, que en vez de mapear a los grupos disidentes de las FARC como la principal amenaza a la seguridad, dirigió su artillería a perseguir opositores al proyecto político de la Revolución Ciudadana entre 2007 y 2017. La temida Senain se politizó para servir al Gobierno.

Fue en la administración de Correa, en esa década, cuando la presencia de los carteles de la droga se multiplicó en Ecuador. A inicios de su mandato, el entonces presidente Correa afirmaba que “la droga no es el principal problema ecuatoriano, sino norteamericano, porque se mueren más niños por diarrea que por droga”.

Por falta de coordinación entre las autoridades de Policía y Militares la zona roja de la frontera no fue cerrada al paso de civiles y periodistas, a inicios de 2018. “El cadáver lleva dos días en la calle, cubierto por una sábana. Nadie se atreve a recogerlo”. Así empieza la narración de un reporte que recoge la gravedad de la situación en el poblado fronterizo La Cadena, días antes de que fueran secuestrados Paúl, Javier y Efraín. A pesar de los hechos relatados, ninguna autoridad impidió la llegada de civiles.

La seguridad en los cantones esmeraldeños donde aumentaban los ataques de los irregulares, San Lorenzo y Eloy Alfaro, fue encargada desde inicios de marzo a un Mando Unificado, dirigido por un oficial de la Marina. Este oficial autorizó el paso de los dos equipos por el retén, hacia Mataje. Tanto los periodistas de El Telégrafo como los de El Comercio llegaron a la zona solo después de recibir su permiso.

El responsable del Mando Unificado aseguró a los periodistas de este portal que no estuvo al tanto del intercambio de mensajes entre el líder de los armados, Guacho, y un oficial de la Policía, el mayor Alejandro Zaldumbide. Guacho amenazó con matar a civiles, uniformados y cualquier extraño que apareciera en la zona que controlaba el frente armado.

Guacho era el cabecilla del Frente Oliver Sinisterra hasta diciembre pasado. La Policía de Colombia asegura haberlo abatido, pero hay versiones de que sigue vivo. Foto archivo

 

Por una serie de cambios internos en el comando policial de San Lorenzo, que tiene jurisdiscción sobre Mataje, el uniformado a cargo era el mayor de Policía Zaldumbide. A mediados de enero de 2018 fueron capturados tres hombres de la organización narcodelictiva –Cuco, Tobón y Cuajiboy– en una casa donde escondían explosivos. Al día siguiente de la detención empezó el intercambio de mensajes: Guacho pedía que devolvieran a sus tres hombres.

A partir del 20 de febrero empezó un fluido diálogo por WhatsApp y a través de llamadas telefónicas entre el oficial y Guacho o su delegado, que se hacía llamar Andrés Sinisterra. En más de una decena de comunicaciones, el tono del interlocutor oficial del Estado ecuatoriano es condescendiente y advierte una voluntad por mantener negociaciones con la organización narcodelictiva. En varias ocasiones, el disidente pedía la presencia de un delegado en la zona. Las respuestas eran evasivas, pero denotaban la intención de ganar tiempo.

De la cadena de comunicaciones se desprende que el grupo criminal buscaba además la anulación del acuerdo de cooperación entre los estados de Ecuador y Colombia, que se firmó a mediados de febrero de 2018, luego de la explosión de un coche bomba en la parte posterior del cuartel de policía de San Lorenzo. El hecho, sin precedentes en Ecuador, ocurrió el último fin de semana de enero. No dejó víctimas pero sí una treintena de heridos y daños materiales. Ese atentado buscaba presionar a las autoridades ecuatorianas para dejar libres a los tres hombres de Guacho. El Estado ecuatoriano sabía desde enero cuál era la principal demanda del frente armado.

El 26 de enero un coche bomba estalló en la parte posterior del cuartel policial de San Lorenzo. No hubo muertos ni heridos. Foto de Paúl Rivas, cortesía familiares, Diario El Comercio.

La respuesta ecuatoriana rompió la lógica de la década anterior, gobernada por Correa. En lugar de confrontar con el Estado colombiano, buscó una alianza y firmó el pacto de cooperación, que viabiliza el intercambio de datos de Inteligencia y la realización de operaciones conjuntas entre las policías de ambos países.

La participación de los Estados Unidos en este escenario no puede ser descartada. A los dos días del estallido en el cuartel policial, el FBI envió al experto en explosivos Christopher Rigopoulos. El día en que ocurrió el secuestro visitaban Ecuador el teniente general Joseph Disalvo, subcomandante Militar, y la embajadora Liliana Ayalde, asesora de Política Exterior del Comando Sur de los Estados Unidos. Según informes de Cancillería, “Visitaron el país para reunirse con actores del sector seguridad a fin de definir áreas de cooperación dentro de las relaciones bilaterales entre Estados Unidos y Ecuador”.

Las razones del desenlace

Si bien existía una línea de comunicación fluida entre el frente Sinisterra y un mayor de la Policía ecuatoriana, cuando se produjo el secuestro el Estado ecuatoriano integró un comité de crisis. Además delegó la negociación a un interlocutor, función que en la práctica asumieron tres personas, un representante del Ministerio del Interior y dos oficiales de la Unidad Antisecuestros de la Policía.

Cuando el negociador oficial ecuatoriano (al que Guacho llamaba “doctor Maldonado”) empezó formalmente los diálogos para conseguir la liberación de los rehenes, demostró absoluto desconocimiento de las demandas del grupo armado.

Una semana después del secuestro, los captores enviaron a la prensa colombiana un video que muestra a los rehenes encadenados entre sí. Solo después de que estas imágenes se hicieran públicas el Gobierno anunció que “Haría todo por traerlos con vida”. La decisión para el canje de los tres rehenes se adoptó oficialmente el lunes 9 de abril de 2018. Esto ocurrió dos días después de que fueran asesinados, en la selva colombiana.

A fines de marzo de 2019, este portal reveló la primera prueba de vida de los rehenes. Es un video casero, filmado con celular, en el cual Javier hace público que están en manos de las FARC de Colombia y advierte que sus vidas están en manos del Gobierno ecuatoriano. Estas primeras imágenes fueron ocultadas, hasta que la investigación periodística las sacó a la luz.

La investigación reveló que hubo operaciones conjuntas por parte de uniformados de Colombia y Ecuador, para incursionar en la selva colombiana desde el norte del territorio ecuatoriano. Este hallazgo periodístico se sustenta en pruebas documentales obtenidas en Colombia, el testimonio de un disidente entrevistado en la cárcel de Combita, un informe de inteligencia ecuatoriana y las versiones de media docena de policías ecuatorianos entrevistados. A partir de sus declaraciones, se establece que las operaciones conjuntas pudieron desencadenar el asesinato de los rehenes. Este hallazgo periodístico dejó sin piso la narrativa oficial, según la cual durante el cautiverio se suspendieron acciones armadas que pusieran en peligro la vida de los secuestrados.

Las otras víctimas de la frontera

Cinco días después de que se confirmara la muerte del equipo periodístico de El Comercio, el 17 de abril, el gobierno informó que Óscar Villacís y Katty Velasco habían sido secuestrados por narcoterroristas del Frente Oliver Sinisterra, en la población colombiana de Puerto Rico. Horas después, el presidente Lenín Moreno anunció a sus ministros y otras autoridades en una reunión reservada del Cosepe que su gobierno ya no negociaría la liberación de ningún plagiado con los disidentes. Así selló su suerte y fijó la política de cero tolerancia con los grupos residuales. La pareja fue retenida apenas había pasado al lado colombiano en una moto. Las razones del viaje aún no han sido esclarecidas. Su familia y abogado impulsan una demanda en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos contra el Estado.    

Por: María Belén Arroyo

En cadena nacional, un video transmitía el angustioso mensaje de un hombre joven, con las manos y el cuello atados. A su lado, cabizbaja, una muchacha delgada de apariencia frágil aparece, silenciosa. Una luz a punto de extinguirse. La imagen muestra a personas fuertemente armadas, detrás de los secuestrados. Era el martes 17 de abril de 2018. Poco después de las seis de la mañana.

“Señor Presidente, se le dice a usted que por favor nos ayude, que nos dé la mano, que no nos pase lo que les pasó a los periodistas. Nosotros tenemos hijos, tenemos familia que ir a ver al Ecuador. Nosotros no tenemos nada que ver en esto, por favor señor Presidente, déles lo que ellos quieran, nosotros simplemente somos ciudadanos del Ecuador, no tenemos nada que ver en este problema… Por favor señor Presidente, dénos la mano, usted también es padre, ayúdenos”.

Tres horas después, el Gobierno ecuatoriano difundía a través de un comunicado oficial la identidad de los rehenes.
“Luego de las respectivas investigaciones se ha procedido a identificar a la pareja que fue secuestrada por alias Guacho: Óscar Efrén Villacís Gómez y Katty Vannesa Velasco Pinargote.

Sus familiares se encuentran este momento bajo cuidado del Comando de Policía de Santo Domingo de los Tsáchilas”.

Las hermanas de ambos secuestrados denunciaron el hecho ante la Fiscalía de Colombia, ese día. Ana María Velasco, hermana de Katty, relató que una semana antes, el martes 10 de abril a las diez y media de la noche, la vio doblando su ropa para viajar hacia Esmeraldas.

“Iba a acompañar a su marido a cobrar un dinero y después a pasear”.
El miércoles 11, al atardecer, Katty envió un mensaje a su mamá:
“Mami ya llegamos, estamos bien, no se preocupe”.

La última imagen que subió en el celular la muestra en la piscina de un hotel, con su pareja. Su hermana le escribió para averiguar cómo estaba, pero como única respuesta recibió una palabra: Hola. Supuso que no podía escribir ese momento, por lo que le envió un saludo por audio, preguntándole cómo estaba y cuándo volvería. “Sí”, fue el desconcertante mensaje de vuelta.
Katty ya no volvió a comunicarse.

En cambio, Delia Zulay, hermana de Óscar, contó que la mañana de miércoles 11, temprano, él le llamó para pedirle dinero prestado porque iba a viajar a Esmeraldas de paseo.

“Al regreso iba a ir a San Lorenzo a comprar unos zapatos porque eran más baratos y buenos. Le advertí del peligro que corrían por lo que había pasado con los periodistas, me dijo que no pasa nada, que ellos se habían metido muy adentro, por eso les habían cogido; (me aseguró que) nosotros solo cruzamos y regresamos”.

La tarde del jueves 12 de abril, Óscar chateó con un vecino de su barrio, a quien le dejó entender que la moto en que viajaron –de colores negro y rojo- le estaba dando problemas mecánicos.

Le preguntó si ya volvía a Santo Domingo de los Tsáchilas. Cuando le comentó que estaba en San Lorenzo, le averiguó si estaba “camellando”. “Sisas compa”, fue lo que respondió. El interlocutor le consultó cuándo tenía previsto regresar a su casa. Este texto lo envió antes de las 7 de la noche. Ya no tuvo respuesta.

En las primeras horas de ese jueves 13 de abril, Óscar reinició el contacto con su vecino y amigo, pero en un tono vago y evasivo. Solo dijo, con palabras abreviadas, que se encontraba bien.

Cuando Ana María se enteró del secuestro en los noticieros, facilitó el registro de la habitación que Katty compartía con Óscar en Santo Domingo.
Encontraron el registro de la compra de un carro marca Nissan modelo Tida, “Color dorado, del cual no conocía su existencia, así mismo en este contrato constaba un número celular del señor Óscar Villacís”.

Eran jóvenes, no hacía mucho tiempo habían formado una pareja juntos. Ambos tenían hijos por criar; él dos y ella una. Eran uno de los soportes económicos en sus familias.

La fatalidad de su destino quedó unida, en un lazo de sangre, con la tragedia de los periodistas. Óscar y Katty fueron secuestrados por integrantes del Frente Oliver Sinisterrra (FOS) casi al mismo tiempo que circulaban imágenes de los cuerpos de los tres miembros del equipo de diario El Comercio.

Desde el inicio, sus familiares temían un desenlace violento. Especialmente, cuando vieron en una canal de TV una entrevista de César Navas, que era el ministro del Interior por esos días.

“Pude visualizar que el funcionario indicaba ‘que no iba a existir negociación, porque si tenían que enfrentarse como Estado lo iban a hacer’, por lo que me temo que no vayan a hacer nada por ellos; pido que por favor se apiaden de mi hermano, de ambos”, escribió la hermana de Óscar, en su denuncia ante la Fiscalía de Colombia.

El viernes 20 de abril, mientras investigadores de ese país analizaban escuchas telefónicas de posibles colaboradores del Frente Oliver Sinisterra, interceptaron este mensaje: a la pareja de ecuatorianos secuestrados la tenían en permanente movimiento y analizaban la posibilidad de acabar con sus vidas, pero pedían instrucciones al respecto.

En diálogos durante los días siguientes, que fueron interceptados por la justicia colombiana, la gente cercana a Guacho mencionaba que los cuerpos de los periodistas de diario El Comercio habían sido entregados el 25 de abril a un miembro de frente, El Negro.

Las autoridades colombianas que monitoreaban esas llamadas también se enteraron de los apellidos de tres colaboradores del frente narcoterrorista en el Estado: servidores públicos que recibían prebendas, a cambio de dar aviso oportuno frente a operativos de la fuerza pública, y de dar facilidades al paso de narcóticos.

El 30 de abril, la Unidad Antisecuestros de la Policía del Ecuador, Unase, revisó un comunicado, de 8 puntos, firmado por la Dirección del Frente Oliver Sinisterra de las FARC-EP.

“Solicitamos la liberación de las personas retenidas en Ecuador y Colombia, guerrilleros, milicianos, civiles, hacer un corredor humanitario en la frontera ecuatoriana para poder hacer entrega de los periodistas y los dos retenidos, miembros de la Inteligencia Ecuatoriana”.

A partir de su secuestro, Óscar y Katty eran considerados canjeables para el grupo narcoterrorista. Que las autoridades dejaron a su suerte a Óscar y Katty se desprende de la entrevista que también nos dio el exministro del Interior, César Navas. Consultado frente al secuestro de la pareja, y la decisión de no negociar, dijo: “Así es, hubo un giro, porque sí quisimos negociar y de repente nos asesinan a nuestros compatriotas, lo más posible es que venían con un nuevo chantaje con la pareja. Ya no había condiciones para negociar”.

El cambio del gobierno frente a las demandas del FOS ocurrió el 17 de abril, horas después de que se conociera que Óscar y Katty estaban secuestrados. En la reunión del Consejo de Seguridad Pública del Estado (Cosepe) el presidente Lenín Moreno dejó sentada su posición de ya no negociar.

“En primer lugar, porque estamos tratando de una persona que no cumple los compromisos, independientemente de que, además, es un criminal y un narcotraficante, es un asesino. Nosotros habíamos cumplido a cabalidad todos los compromisos que habíamos acordado, entre esos la desmovilización de las tropas temporalmente y, entre esos, pues, acelerar los procesos judiciales.
“Estábamos a punto, casualmente el día de hoy, de tener todos los elementos en orden como para poder liberarlos. Lo cual ya entiendo que a más de uno ya les causaba mucho escozor y a mí también. Porque a los que estaban liberando eran criminales de la misma calaña. Sin embargo, en virtud de la vida, del derecho a la vida de los compañeros periodistas, nosotros estábamos dispuestos como lo manifesté a hacer cualquier tipo de sacrificio, pero no cumplieron (…).
“Muchísima pena por todas aquellas muertes que puedan venir después de esta situación. Pero creo que estamos claros de que nosotros no podemos tener un Estado arrinconado. Yo creo que el principio elemental de dignidad, de un pueblo, de una ciudadanía, de un Gobierno y de un Estado va bastante más allá de la vida de una… o de unas pocas o algunas personas. Con todo respeto a la vida de ellas, pero yo creo que la dignidad de un Estado va bastante más allá que eso (…)”.

El video con la primera prueba de vida de Javier, Paúl y Efraín se mantuvo oculto durante casi un año

Esta reveladora grabación, que hoy difundimos, evidencia que las primeras horas del plagio, los trabajadores de El Comercio no estaban encadenados: Javier Ortega, periodista, dice en la filmación que los trataban bien, pero que su liberación estaba en manos del presidente Lenín Moreno. El segundo video –que se conoció a través de la televisión colombiana- fue captado el lunes 2 de abril. La condición física y emocional de los tres rehenes se había deteriorado aceleradamente. En el curso de las primeras 48 horas iban a ser liberados, pero las operaciones conjuntas de las policías de ambas naciones frustraron el plan. Las imágenes muestran a los rehenes esperando salir de la selva. Esto no ocurrió. Por el contrario, las condiciones de su cautiverio se endurecieron.

Por Arturo Torres y María Belén Arroyo

Un año después del secuestro del equipo periodístico de diario El Comercio, aparece una conmovedora y reveladora evidencia. Es un video -hasta ahora inédito- enviado como la primera prueba de vida de Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra, a pocas horas de ser capturados en Mataje, por Guacho, cabecilla del frente narcoterrorista Oliver Sinisterra.

En la filmación los tres trabajadores de El Comercio se ven preocupados, molestos e impacientes. No obstante, están relativamente calmados. Nada permite presagiar la angustia que vivirían durante casi dos semanas en manos de los disidentes, hasta su muerte, que casi con certeza ocurrió el sábado 7 de abril de 2018.

Esta primera grabación casera no fue entregada por las autoridades del Gobierno a los familiares. A algunos de ellos, una persona que participaba en las reuniones del Comité de Crisis, integrado para negociar la liberación, les mostró informalmente un fragmento del video en una pantalla de celular. Esto ocurrió el 29 de marzo, luego de que se desmintiera desde el Gobierno ecuatoriano la noticia de la liberación, el 28 de marzo, publicada por diario El Tiempo, de Colombia.

«Para nosotros, la del 29 de marzo fue realmente la primera reunión del Comité, luego de insistirle al ministro Navas que integrara el organismo y empezara a actuar.  Cuando se difundió la noticia de la liberación, nos citaron la mañana siguiente al centro de emergencias ECU-911 y nos mostraron parte del video tratando de calmarnos», recuerda Yadira Aguagallo, pareja de Paúl.

En esa cita también les pidieron a los parientes de los rehenes que no proporcionaran detalles a la prensa. Ese mismo día, las autoridades acudieron a la Asamblea, a la Comisión de Seguridad.  Mantuvieron una reunión de carácter reservado. No obstante, luego el legislador Fabricio Villamar declaró que pudieron ver una filmación, en la que aparecen los tres rehenes en medio de un lugar con vegetación.

El video lo recibió el mayor de policía Alejandro Zaldumbide, quien desde hace varias semanas  mantenía contacto telefónico con el líder del frente, Guacho.

La filmación dura un minuto y 20 segundos. La toma está captada en una finca selvática despejada, al parecer antes del mediodía. El primero en intervenir en la escena inicial es Paúl Rivas, quien le pide a la persona que filma con su celular que se aproxime para que se pueda escuchar con claridad el mensaje que está por transmitir el periodista Javier Ortega.

“Bueno, estamos con Efraín Segarra, Paúl Rivas y Javier Ortega, quien les habla; estamos en calidad de retenidos por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Llegamos el lunes, nos detuvieron aquí este día lunes 26 de marzo; nos han tratado bien, estamos bien, para quien escuche este mensaje, y ahorita solo estamos en manos del presidente ecuatoriano Lenín Moreno. Ellos simplemente están negociando, no nos han hecho daño, pero obviamente la condición es que el Gobierno ecuatoriano acepte su pedido para nosotros también poder salir tranquilos, sanos y salvos. El mensaje es que ahorita estamos en manos del Gobierno ecuatoriano”.

Hasta ahora, solo se conocía  el contenido del chat que el disidente mantenía con el Policía. La tarde del último lunes de marzo de 2018, Guacho escribió al oficial:

“Hola hola… Tengo tres personas retenidas ecuatorianas, dos periodistas de Quito y el chofer. En sus manos está la vida de esas personas. Hola hola, qué más cuenta. En diez minutos téngame respuesta o desaparecerán esos señores”.
-“Saludos Guacho, buenas tardes. ¿Te puedo llamar?”
-“Usted sabe, no recibo llamadas”.
-“Me gustaría hablar contigo”.
-“En esos minutos no tiene respuesta clara, día a día van a tener bajas, como militares y civiles, ustedes provocaron. Chaooo pues”.

En el vídeo, el más alto del grupo, Paúl, aparece con una camiseta café y una gorra en su mano izquierda. En el centro, Javier el más joven, con camisa celeste. A la derecha, Efraín, el mayor del grupo, con las manos cruzadas detrás de la espalda. Aunque no lucen cadenas ni tienen las manos amarradas, ya habían perdido la libertad para moverse.

Aún no hemos podido esclarecer con certeza si el vídeo fue enviado a Zaldumbide el lunes 26 o al día siguiente. No obstante, en los primeros mensajes Guacho menciona al oficial de la Policía que le envía un video. La primera prueba de vida se mantuvo oculta durante un año, hasta su revelación en este portal. «Esto constituye una evidencia del ocultamiento de información por parte de las autoridades», advirtieron familiares de los secuestrados. La posible razón: analistas de Inteligencia que consultamos, que pidieron no ser identificados, estiman que sería la evidencia de que el secuestro ocurrió en la mañana del 26 de marzo, lo que confirma que esto pasó en Mataje, en el lado ecuatoriano de la frontera. Por casi un año, la Fiscalía ecuatoriana insistió en la teoría de que los rehenes fueron capturados en Colombia, a donde viajaron voluntariamente para entrevistar a Guacho. La revelación periodística dejó sin piso la tesis fiscal.

Los trabajadores de Diario El Comercio fueron secuestrados por tres ecuatorianos del frente Oliver Sinisterra en Mataje, el lunes 26 de marzo, antes de las 10h00. Foto: cortesía familiares-Diario El Comercio

Tres ecuatorianos los secuestraron

Ese lunes el equipo de El Comercio pasó a las 09h03 por el retén de la Marina. Tenía la autorización del comandante John Merlo, a cargo del Mando Unificado que estaba en control de los dos cantones conflictivos de Esmeraldas: San Lorenzo y Eloy Alfaro.

Minutos después, Javier, Paúl y Efraín llegaron a Mataje Nuevo, que estaba semidesierto. Empezaron a circular por las calles. Mientras se dirigían hacia Mataje Viejo fueron interceptados por tres ecuatorianos, que les apuntaron con armas de fuego y los obligaron a bajarse de la camioneta, según el testimonio de Gustavo Angulo, Cherry.

Los abordaron los ecuatorianos Roberto, Christian y Andy, cumpliendo instrucciones de Guacho. Él había ordenado matar ‘cualquier equipo de periodistas, vendedores ambulantes o investigadores’ que aparecieran por el sector. Por esos días ya había advertido a través del chat con el mayor Zaldumbide que mataría a civiles extraños.

Roberto -cuyo verdadero nombre es Jesús Segura- llamó a Cherry, quien estaba en Brisas de Mataje, en Colombia para preguntarle qué hacer con ellos. A su vez, Cherry contactó a Guacho y le consultó si los debía ‘pelar’. El jefe disidente decidió que los llevaran al lado colombiano, donde él se encontraba en un lugar cercano. Esto ocurrió antes de las 10h00 de ese lunes, según el testimonio.

Uno de los tres captores les pidió no resistirse porque solamente les iban a llevar al lado colombiano para que pudieran entrevistar a Guacho. Con engaños, intentaban que Javier, Paúl y Efraín mantuvieran la calma y no opusieran resistencia. Al menos los dos primeros días permanecieron con Guacho. Este afroecuatoriano, nacido en 1989, se vinculó en su adolescencia a la guerrilla de las FARC y a partir de 2016 lideró el frente Oliver Sinisterra, relacionado con carteles de la droga mexicanos.

Zozobra y miedo de los familiares

Los familiares del equipo tenían sospechas de que algo grave pasaba: no se habían comunicado desde la mañana. El celular de Yadira Aguagallo, pareja de Paúl, sonó. Le informaban de la redacción del diario capitalino que debía acudir al ECU-911, a una reunión.

Temprano en la mañana ella se había comunicado con él, antes de su paso a Mataje. Luego intentó contactarlo infructuosamente para preguntarle si había logrado fotografiar la explosión de una tanqueta militar.

A pocas horas de ser secuestrados, Javier, Paúl y Efraín fueron filmados por los disidentes. El video se envió al mayor Alejandro Zaldumbide, quien fue el primero en enterarse del secuestro.
El 2 de abril, los tres cautivos fueron nuevamente filmados. Esta vez ya estaban encadenados, se veían demacrados y extenuados.

Antes de oscurecer, el director de la DGI, general Pablo Aguirre, se reunió con el ministro del Interior, César Navas para comentarle la información que había recibido del mayor Zaldumbide. A las 18h30 estaba confirmado el dato de que se trataba de equipo de El Comercio. Entonces Navas decidió integrar, con el aval del Presidente, un comité de crisis, compuesto por 18 funcionarios y los representantes de los familiares del equipo de El Comercio.

Desconcertados, los familiares de los tres plagiados, entre ellos, Galo Ortega, Christian Segarra y Yadira Aguagallo, llegaron esa noche a las instalaciones del ECU-911.

A los familiares no les dijeron que el responsable del secuestro era Guacho, quien venía chateando con Zaldumbide desde el 13 de enero de 2018. Solo recibieron una indicación muy puntual: no hacer públicos los nombres de sus seres queridos, para no poner en riesgo sus vidas.

A las 48 horas del secuestro iban a liberarlos

En el curso de las primeras 48 horas de su cautiverio, Javier, Paúl y Efraín esperaban ser liberados, por eso permanecieron en un caserío cercano al fronterizo río Mataje. Como evidencia de su localización, accedimos a una serie de imágenes calóricas captadas por un aparato aéreo que sobrevoló la zona, entre el 27 y 28 de marzo. Estas fotografías fueron difundidas por primera vez en el libro Rehenes.

Entre el 27 y el 28 de marzo del 2018 un aparato de espionaje captó desde el aire las siluetas de quienes serían Javier, Paúl y Efraín. Estaban en actitud de espera en la madrugada. Horas después, diario El Tiempo de Colombia informó que habían sido liberados.

Las imágenes en blanco y negro  son desconcertantes. Muestran las siluetas de tres personas -sentadas, juntas e inmóviles- en medio de la madrugada, en espera. No tienen cadenas ni están atadas.

La huella calórica fue captada desde el aire por un aparato de espionaje electrónico, que sobrevolaba la zona y que cubrió un radio de dos kilómetros a la redonda, tomando como referencia Mataje Nuevo, Mataje Viejo y Las Delicias, en el límite fronterizo.

Según analistas de Inteligencia, a quienes consultamos, estas imágenes correspondían a Javier, Paúl y Efraín, secuestrados dos días antes en Ecuador.

El 28 de marzo, a las 03h27, la cámara también captó otras tomas: muestran tres anillos de seguridad formados por hombres armados, en actitud de vigilancia de las tres personas. Otras siluetas térmicas se ocultan entre la maleza, en vigilia. A menos de 300 metros de distancia hay una casa, donde también se observan varias figuras. En las inmediaciones aparecen carpas.

El aparato realizó varios sobrevuelos durante unos 40 minutos hasta tener un perímetro estable de observación; descendió hasta 450 metros de altura. Detectó movimientos de personas, dos kilómetros a la redonda.

Dieciocho horas después de haberse registrado esas imágenes, exactamente a las 21h25, diario El Tiempo de Bogotá publicó una noticia esperanzadora. Una fuente militar de alto nivel le confirmó a una periodista de ese medio que los dos comunicadores y el conductor habían sido liberados.

Por esos días, algunos miembros del comité de crisis en Ecuador dijeron desconocer de la supuesta liberación y desmintieron el artículo de El Tiempo. Pero el exministro César Navas confirmó a los periodistas de este portal, autores Del libro “Rehenes”, que sí recibieron datos fidedignos sobre el fin del cautiverio.

Por ese motivo, el Gobierno preparó una rueda de prensa en la Secretaría de Comunicación, movilizó helicópteros y coordinó el desplazamiento del fiscal Christian Rivadeneira a San Lorenzo para que recibiera a los periodistas y al conductor.

Rivadeneira ratificó que estuvo varias horas esperando en el Batallón de Infantería de Marina San Lorenzo (BIMLOR) para la liberación, luego se planeaba trasladarlos por vía aérea al aeropuerto de Tachina, en Esmeraldas, y posteriormente a Quito.

En octubre pasado, el exministro César Navas reveló por primera vez que los gobiernos de Ecuador y Colombia se alistaban para la liberación del equipo periodístico, el 28 de marzo.

“Por fuentes de Inteligencia en la zona se decía que los van a liberar. El ministro de Defensa de Colombia, Luis Carlos Villegas, habló con el ministro ecuatoriano, Patricio Zambrano; por eso incluso se preparó un equipo para los traslados y los chequeos médicos. También hablamos con la Secretaría de Comunicación (Secom), ellos tenían todo preparado para hacer un anuncio formal al país. Entonces, nos sorprendió la llamada del Ministro de Defensa de Colombia, diciendo que ya estaban liberados. A él, esa información le comunicaron altos mando militares y se enteraron por informantes. Pero eso nunca ocurrió”.

¿Por qué entonces no se concretó la liberación? “No lo sabemos, solo nos dijeron que de un momento a otro los habían movido de la zona. Con esa información preliminar incluso movilizamos aviones y helicópteros. Yo hablé con el Presidente sobre la posibilidad de liberación”.

Pese a que estos hechos fueron confirmados por la principal autoridad que estuvo al frente del Comité de Crisis, las Fiscalías de Ecuador y de Colombia no han profundizado en esta línea investigativa para conocer porqué no los liberaron.

La respuesta nos la dio Jesús Vargas Cuajiboy, conocido como Reinel, uno de los comandantes del frente Sinisterra. En una entrevista, Reinel, que está detenido en Colombia, respondió que Guacho sí iba a liberar a los tres ecuatorianos. Pero esta intención se frustró,  “Por las operaciones que hacían la policía y los militares, había falta de seguridad”. Las acciones armadas se realizaron en Colombia, según nos explicó.

Tras esa frustrada liberación, los secuestradores se adentraron en la selva de Nariño y recorrieron caseríos, esteros y ríos. Movían constantemente a los rehenes, precisamente porque había operaciones militares en Colombia y barridos desde Ecuador, coordinadas entre policías de ambos países. El objetivo era ubicar a Guacho y abatirlo.

Sin embargo, según el discurso oficial, los gobiernos de ambos países habían suspendido operaciones en la selva colombiana para no poner en peligro la vida de los rehenes.

Según las autoridades colombianas, Guacho habría sido abatido por fuerzas de ese país, en diciembre de 2018, junto con el segundo de la organización, Pitufo.

El soldado Wilson Ilaquiche, otra víctima de los hombres de Guacho

Fue una travesía incierta y solitaria, en medio de engaños y dilaciones. El 20 de febrero, los familiares del soldado ecuatoriano Wlson Ilaquiche encontraron sus restos en el Departamento Legal de Tumaco, en Colombia. Sus parientes lo buscaron sin descanso durante diez meses. El cabo segundo fue secuestrado el 12 de mayo del 2018 en el poblado fronterizo de Tobar Donoso, por colaboradores del Frente Oliver Sinisterra. Según el certificado de defunción fue asesinado con varios disparos. Sus familiares revelan por primera vez su dolorosa búsqueda y los engaños que sufrieron de las autoridades de la Fiscalía y la Policía, que les pidieron guardar silencio sobre la cadena de negligencias y tergiversaciones.

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El canje se decidió cuando los #Rehenes habían muerto

El 10 de abril de 2018, el presidente Lenín Moreno se reunió por primera vez con los familiares del equipo de El Comercio, en el Palacio de Carondelet, sede del Gobierno en Quito. Foto: Presidencia de la República.

El Gobierno ecuatoriano decidió formalmente el canje de los tres rehenes por tres hombres que Guacho reclamaba, quienes se encontraban detenidos, el lunes 9 de abril de 2018. Pero los tres secuestrados fueron ejecutados 48 horas antes, según testimonios y documentos, aquí revelados.

Por Arturo Torres

Ese sábado 7 de abril el cautiverio llegó a su fin. Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra, murieron por disparos en la selva de Los Cocos, en Colombia.

Hasta ese día, Guacho y el canal de negociación oficial llevaban una semana exacta de diálogos, sin resultados. Habían intercambiado mensajes el último día de marzo; el 1, 2 y 3 de abril. En todos los diálogos por chat de WhatsApp el líder del grupo narcodelictivo pedía la liberación de sus tres hombres, Cuco, Tobón y Cuajiboy, detenidos en Mataje el 12 de enero de 2018.

Familiares del equipo periodístico protestan en las afueras del Palacio de Gobierno.

El interlocutor oficial ecuatoriano (a quien Guacho identificaba como Maldonado, fachada detrás de la cual actuaban tres delegados estatales) pedía tiempo. Respondía con evasivas. Nunca explicó que el canje implicaba un proceso judicial abreviado para liberar a los tres acusados por tenencia de armas y explosivos, según los documentos de la negociación a los que tuvimos acceso.

Eso significaba que primeramente debían ser sentenciados, para recibir el indulto (perdón) presidencial que facilitaría la excarcelación y el canje con los rehenes. Los tres hombres que reclamaba Guacho estaban detenidos en la cárcel de máxima seguridad de Latacunga, en Cotopaxi, en la zona andina central. Los lentos resortes de la justicia habían fijado la audiencia de juzgamiento para el 18 de abril de 2018. Guacho no recibió una sola palabra al respecto, según corroboramos.

En el curso de esta investigación revisamos en detalle el cruce de mensajes, a través de la plataforma de WhatssApp, entre los interlocutores oficiales ecuatorianos y Guacho, para entender cómo fue la negociación para liberar a Paúl, Javier y Efraín. Accedimos a los documentos oficiales que registran estas conversaciones para entender el tono de los diálogos. La voluntad de negociar el canje fue solamente una estrategia para ganar tiempo, de acuerdo con el resultado de nuestra reportería documental y testimonial.

La mañana del sábado 7 de abril se rompió la línea de contacto por teléfono celular. El diálogo -el último que mantuvieron Guacho y el negociador a través del chat- duró apenas 32 minutos.

(Guacho) -Vea malparido. Diga cuándo me los libera.

(Negociador) -No nos da la oportunidad de escucharnos.

(Guacho) -O le mato a esos periodistas.

(Negociador) -No amigo no haga eso, estamos trabajando.

(Guacho) -Entonces para cuando me tiene la liberación de ellos. No sé ustedes por qué no quieren negociar.

(Negociador) -Tenga paciencia.

(Guacho) -A mí me da lo mismo tenerlos vivos o matarlos.

(Negociador) -Usted los tiene a ellos, tenga paciencia.

(Guacho) -Dígale a ese ministrillo del Interior que lo tengo en la mira. Y mis ataques y bombas van a continuar…

El captor perdía la paciencia. Pedía filmaciones que mostraran a sus tres colaboradores, imágenes de vídeo en las cuales ellos confirmaran que se encontraban bien. En el fondo era una treta. Uno de los detenidos (Cuco) mantenía un celular en la celda de la cárcel de Latacunga, y se comunicaba con el líder de la disidencia. El aparato recién le fue confiscado el 12 de abril de 2018. Cuco (Patrocinio Cortez) se rehusaba aparecer en los vídeos, a pesar de la insistencia de los negociadores ecuatorianos que viajaron durante dos horas desde Quito para intentar convencerlo.

Cuco, afrodescendiente igual que Guacho, nació en Esmeraldas en 1983 y era su lugarteniente en Mataje. En este poblado vivía la familia materna del líder de las disidencias.

Walther Patricio Arízala Vernaza es la verdadera identidad de Guacho. Nació en Limones (Esmeraldas, en Ecuador) en 1989 y desde su adolescencia vistió el uniforme militar de las FARC de Colombia. Como muchos afrodescendientes de la frontera norte, no encontró oportunidades de estudio ni de empleo en su tierra. Por eso abrazó la causa guerrillera.

Fue explosivista, mando medio, recibió formación política y capacitación en manejo de masas. Intentó, pero no por mucho tiempo, acogerse al pacto de paz con el Gobierno de Colombia. Esto ocurrió en 2016, cuando inclusive tramitó un documento que lo acredita como ciudadano colombiano (con el nombre de Luis Alfredo Pai Jiménez). Pero volvió a las andanzas, porque era más lucrativo vigilar el «submarino» que llevaba el cargamento de droga por el océano Pacífico. Con el nombre del frente Oliver Sinisterra, la organización narcodelictiva coordinaba acciones con carteles mexicanos, entre ellos, Sinaloa. Temido, odiado y amado con igual intensidad, Guacho practicaba brujería y mataba sin piedad. En el chat anunciaba ese 7 de abril que se había acabado su paciencia y el destino de los rehenes ya estaba escrito con sangre.

(Guacho) -Los liberan o no. Dígame de una vez o si no para matar a estos manes.

(Negociador) -Estamos trabajando. Usted está viendo los resultados.

(Guacho) -Vea gonorrea. Hoy a las 3 le mando el vídeo de uno de ellos muerto. Ok.

(Negociador) -No amigo, no haga eso, estamos negociando bien y transparente.

(Guacho) -Pero usted no me dice nada concreto y eso no me sirve, entonces así quedamos.

(Negociador) -Amigo le estoy demostrando lo que estamos haciendo.

(Guacho) -Le quedó grande, a mí eso no me sirve.

(Negociador) -Amigo es lo que Ud. nos está pidiendo.

(Guacho) -No sea mal parido. Lo que digo es la liberación de ellos.

(Negociador) -Sí, estamos trabando para eso, paciencia.

(Guacho) -¿Paciencia? Usted dice eso cuando su gente está encadenada y dice que paciencia? Cuando usted se muera va a descansar Hpta.

Ese fue el último mensaje de Guacho. Las palabras del negociador quedaron sin respuesta.

(Negociador) -Créame amigo estamos haciendo todo por conseguir la mejor solución para todos. Estamos hablando con la verdad, sabemos lo delicado que es esto y queremos lo mejor y si Dios quiere tranquilidad para lado y lado.

Esa noche de sábado llovía en la selva de Los Cocos, en Colombia. Los hombres de Guacho, según la Fiscalía colombiana y dos testigos, asesinaron a los tres cautivos. Recién dos días más tarde, el Gobierno ecuatoriano decidía formalmente canjear los rehenes por los tres hombres de Guacho. Era demasiado tarde.

La decisión tardía

César Navas (izquierda) estuvo al frente de la negociación para liberar a los secuestrados.

El Gobierno ecuatoriano desconocía cómo actuar en una situación de este tipo: un secuestro sin una petición económica de por medio, según el entonces ministro del Interior, César Navas y otros funcionarios consultados. Su par colombiano aconsejaba no negociar con una organización narcoterrorista. El vocero de esa tesis era el propio ministro de Defensa de la época: Luis Carlos Villegas, cuya hija había permanecido tres meses secuestrada por el frente 53 de las FARC, pero fue liberada en el Caquetá, con vida. Esta versión la confirmamos con fuentes oficiales colombianas.

Al inicio del secuestro el Estado ecuatoriano conformó un comité de crisis, cuya primera sugerencia hacia los familiares resultó nefasta: les pidió no difundir los nombres de los rehenes, para precautelar su seguridad. Durante casi una semana muchas voces pusieron en duda la veracidad del hecho.

Las autoridades ocultaron la primera prueba de vida, enviada por los captores. Frente a la inacción, los secuestradores enviaron un video del equipo periodístico, con cadenas en el cuello, a la prensa colombiana para que los difundiera. Esto ocurrió el lunes 2 de abril.

Dos días después, ya era el 4 de abril, el presidente Moreno pidió confidencialmente al comité de crisis trabajar en varios escenarios. César Navas, por entonces ministro del Interior, presentó las siguientes probabilidades:

-Negociar el canje

-Incursión para intentar liberarlos

-Liberación voluntaria

-Asesinato del equipo periodístico

El secuestro de Javier, Paúl y Efraín ocurrió en Mataje, el 26 de marzo de 2018.

Monseñor Eugenio Arellano, presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, se reunió con los familiares de los periodistas, pidió públicamente al Gobierno considerar el canje como una opción y anunció su apoyo. Había trabajado como misionero en San Lorenzo; conoció a Guacho en su infancia.

El sábado 7 de abril, en la tarde, Navas convocó a una reunión informal a los familiares. Les habló de cuatro escenarios (no los describió) y les aseguró que los tres rehenes estaban bien, según testimonios que recogimos. Sin embargo, ese sábado, el representante del Ministerio del Interior ante el comité de crisis dejó de pertenecer a esa instancia. Pocos días después se enrolaba en la Secretaría de Inteligencia, de acuerdo con reportes a los que accedimos.

En el curso de varias entrevistas que mantuvimos, Navas nos aseguró insistentemente que no conoció que la muerte de los rehenes ocurrió el sábado 7 de abril.

No obstante, el lunes 9 de abril Navas reveló ante la prensa que “No estamos en ningún proceso de negociación” y se refirió a un perímetro de seguridad alrededor de los secuestrados, afirmando que estaban en el lado colombiano de la frontera. Mencionó que se realizaba una “operación técnica policial para garantizar la vida de los secuestrados”.

La noche de ese lunes 9 de abril, con la autorización de su agrupación política que a la fecha tenía mayoría en el Legislativo, el Gobierno de Lenín Moreno tomó la decisión formal del canje. El martes 10 de abril Navas convocó al viceministro del Interior, al comandante de la Policía, al director de Inteligencia y al jefe de la Unidad Antisecuestros para informarles de la resolución. Documentos oficiales que recabamos en el curso de esta reportería confirman todas esas fechas.

A las seis de la tarde del miércoles 11 de abril, en un centro de retiros espirituales, los agentes de la Unidad Antisecuestros se reunieron en forma reservada con Monseñor Arellano para pedirle su intermediación. Los detalles de esa reunión los documentamos en esta reportería.

Sin embargo, desde esa mañana ya circulaba un comunicado, firmado en las montañas de Colombia y atribuido al Frente Oliver Sinisterra con el logo de las FARC-EP. El escueto texto revelaba que por desembarcos “en varios puntos donde estaban los señores retenidos” se produjo la muerte de los periodistas y el conductor.

A través del chat de comunicaciones con Guacho, los negociadores le preguntaron la veracidad de ese documento. No hubo respuesta, porque él ya había roto la línea de contacto. También le informaron que ya estaba resuelto el canje y por primera vez en dos semanas de cautiverio le proporcionaban un dato concreto: el Obispo de Esmeraldas iba a ser el intermediario del canje.

El desenlace trágico fue el sábado 7 de abril

Varios elementos confirman la fecha de la muerte de los periodistas, que a través de este portal revelamos.

  1. El testimonio de un disidente que, detenido en Colombia, menciona que el asesinato ocurrió un sábado por la noche cuando llovía. El vídeo que los muestra encadenados fue filmado el lunes 2 de abril, por lo que el sábado previo aún estaban con vida.
  2. El sábado 7 de abril se rompen las negociaciones por chat entre el interlocutor oficial y Guacho. Eso es tan cierto que dos días más tarde el entonces ministro del Interior, César Navas, afirma que no hay negociación.
  3. El delegado del Ministerio del Interior ante el comité de crisis de desvincula de esta instancia el mismo sábado 7 de abril.
  4. El lunes 9 de abril, en conferencia con medios de prensa extranjeros, Navas explica vagamente sobre un perímetro alrededor de los secuestrados, estableciendo que están en territorio colombiano. Y advierte que hay una operación técnica policial para garantizar su vida, dejando entrever que sí conocían su ubicación.

El Gobierno ecuatoriano aceleró las gestiones desde el 9 de abril de 2018

Repentinamente, a partir del lunes 9 de abril el Gobierno ecuatoriano empezó a dar señales aceleradas de preocupación. Realizó una serie de reuniones con directores de medios de comunicación, representantes diplomáticos, gremios empresariales, cúpula de la Iglesia… Por primera vez, el martes 10 de abril, el Presidente Moreno se reunió con los familiares de los cautivos.

En las citas reapareció un personaje que estuvo ausente durante los días previos, la entonces canciller María Fernanda Espinosa. Desde el 26 de marzo se mantuvo ajena, dedicada de lleno a promocionar su candidatura a un cargo en la ONU que a la larga obtuvo.

César Navas, a la época ministro del Interior, sorprendió a los medios el lunes 9 de abril, al declarar que no había negociaciones con los captores. Sin embargo, esa noche, el buró de Alianza PAÍS resolvió formalmente iniciar el canje de los tres de Guacho por los rehenes.

Dos días después empezó a circular por redes sociales el comunicado del frente Sinisterra, en el cual anunciaba las muertes de los cautivos. Y horas más tarde los disidentes difundieron las fotos de sus cuerpos sin vida.

Ante la contundencia de las evidencias, el 13 de abril el presidente Moreno confirmó la ejecución del equipo periodístico y anunció que se levantaría la reserva de toda la información sobre la negociación para liberarlos. Ese ofrecimiento aún no se ha cumplido.

Militares vendían municiones y armas a disidentes de las FARC, al mando de Guacho

Siete militares activos y un funcionario del Ministerio de Defensa, así como seis civiles más, eran los principales eslabones de la cadena que servía para supuestamente abastecer de municiones y armas al grupo de Guacho que sembró terror en la frontera norte, desde enero pasado. Varias unidades de la Policía encabezaron las operaciones reservadas con la Fiscalía y allanaron siete dependencias militares, incluida la Comandancia General del Ejército. La investigación tomó nueves meses en cinco provincias. El ministro de Defensa, general Oswaldo Jarrín, detalló que hasta el momento solo se ha detectado la sustracción  de munciones.

Arturo Torres R.

Era un secreto a voces que tomó cuerpo en julio de este año, a partir del revelador testimonio de un disidente de la organización narcoterrorista del Guacho. La red de abastecimiento del Frente Oliver Sinisterra se aprovisiona del arsenal de Fuerzas Armadas, a través de la colaboración de uniformados ecuatorianos y civiles, incluido un funcionario del Ministerio de Defensa.

Un operativo sorpresa a primeras horas de hoy miércoles 17 de octubre, denominado Camaleón, y realizado simultáneamente en Esmeraldas, Santo Domingo, Loja, Pichincha y Guayas, capturó a los principales miembros de la estructura.

En la operación se detuvo a Leonardo M., a quien se identificó como el vínculo entre los miembros del grupo de Guacho y “militares en servicio, activo, pasivo y civiles encargados de conseguir municiones”, según el informe de la investigación, encabezada por la Dirección Nacional de la Policía Judicial (DNPJ).

Las actividades de inteligencia detectaron que una mujer, de apellido Quiñónez, es la encargada de la parte financiera y del suministro del arsenal. A través de Leonardo M. y de otro ciudadano, de apellido Angulo, hacían contacto con militares en servicio activo. Ellos recolectaban el arsenal y lo entregaban a tres miembros del frente Oliver Solarte, identificados hasta ahora con sus alias, David, don Plaza y Pata. El sitio de enlace era Borbón, en Esmeraldas. Luego el material se llevaba a Colombia.

La investigación estuvo a cargo de varias unidades policiales, y puso bajo la lupa de Inteligencia a militares en servicio activo y pasivo. Los resultados fueron expuestos el miércoles por la Ministra del Interior, María Paula Romo, ante la prensa.

Siete militares en servicio activo y un funcionario civil del Ministerio de Defensa fueron detenidos en la operación Camaleón. Además, seis civiles que apoyaban al frente delictivo de Guacho.

Los involucrados vendían el arsenal a los narcoterroristas, que vestían uniforme como una fachada.

Como antecedentes, a fines de julio, la Policía capturó en el operativo Borbón I material explosivo: 275 Cartuchos calibre 16, 146 cartuchos calibre 38 largo, 150 cartuchos calibre 38 corto, 1000 fulminantes, 21/2 libras de perdigones, 180 fulminantes para dinamita, 60 tacos de dinamita, 6m de mecha lenta, 20 gramos de pólvora. Dos personas, hoy detenidas, almacenaban el arsenal en un local comercial.

En Esmeraldas, la Fiscalía formuló cargos contra 13 involucrados, acusados de delincuencia organizada y tráfico de armamento.

En septiembre, un ciudadano ingresó en el cuartel Cabo Minacho de Loja, y se embarcó en un bus hacia Cuenca: llevaba 5.040 municiones calibre 5,56 mm en una maleta.

En octubre, a la salida de Quinindé, se encontró en un taxi Kia Río, de color amarillo, un cargamento de dos quintales de arroz, que en realidad escondían 2.500 municiones, calibre 9 mm. Cinco personas fueron detenidas y se identificó que el arsenal iba para el grupo de Guacho.

Los militares en servicio activo acopiaban el material bélico. Con la ayuda del funcionario civil del Ministerio de Defensa, quien era Analista de Información 2 en esa cartera de Estado, manipulaban el sistema de inventarios logísticos de las Fuerzas Armadas.

De esta manera, se confirma que las municiones, y explosivos en poder del frente disidente Oliver Sinisterra provenían del arsenal del Ejército ecuatoriano.

La organización narcoterrorista empezó a sembrar el terror en ambos lados de la frontera, a partir de fines de enero de este año. La detonación de un coche bomba en el cuartel de policía en San Lorenzo fue el primero de sus actos de violencia. Posteriormente hubo, al menos, siete incidentes de magnitud, entre ellos, la explosión de un tanque en Mataje que cobró la vida de cuatro marinos.

El momento más trágico en esta escalada de violencia fue la captura, secuestro y muerte de tres periodistas de diario El Comercio, por parte del grupo de Guacho. Además, dos civiles –Óscar Villacís y Katty Velasco- fueron retenidos en Puerto Rico y asesinados luego de torturas.