Cirujano sentenciado quiere volver al negocio estético

En la clínica Steticus, aún promocionan al médico Patricio Toscano como un exitoso cirujano plástico, experto en rinoplastias y lipoesculturas. Difunden sus servicios, aunque desde el 2015 Toscano enfrenta dos juicios en los que fue sentenciado por mala práctica profesional, que desencadenó la muerte de Michelle Cobo y Yadira Cáceres. Hasta el 2019 se presentaron 577 denuncias de homicidio contra galenos.

Redacción Código Vidrio

Su nombre ha sido sinónimo de éxito en las redes sociales y en algunos medios. Patricio Toscano, de 57 años, se había gando la fama de un respetado médico cirujano ecuatoriano, presidente y accionista mayoritario de la Clínica Steticus, fundada en 1997.

Obtener una cita con él no es fácil. Tiene un récord del cual se enorgullece de 25.000 operaciones con su equipo médico y otras miles de intervenciones en Operación Sonrisa.

Su agenda, hasta antes de la pandemia, estaba copada, por la gran demanda de consultas, como constatamos al requerir una cita en la clínica por teléfono, en marzo pasado.

La secretaria pidió que volviéramos a llamar luego de la emergencia sanitaria, para que Toscano hiciera una revisión médica del paciente que quería practicarse una cirugía en ese centro, pese a que ya fue retirado del registro público de la Agencia de Aseguramiento de la Calidad de los Servicios de Salud y Medicina Prepagada (ACESS).

Michelle hacía voluntariado con los “niños de cristal”

Los ojos negros de Michelle Cobo se apagaron. En 2016 tenía 20 años, estudiaba psicología en la universidad; le gustaba el canto. Incluso grabó un CD con cinco melodías, que reflejan su profunda espiritualidad cristiana.

Todas las semanas compartía su alegría juvenil con los más necesitados: los “niños de cristal” (trastorno genético por fragilidad en los huesos) eran sus consentidos, porque sus delicados cuerpos necesitan más cariño.

A medio año, Michelle se preocupó por un pequeño lipoma que apareció en su torso. Su padre Gabriel y su madre María Soledad la llevaron a un oncólogo para prevenir cualquier riesgo de un tumor. Las pruebas determinaron que era una inofensiva acumulación de grasa.

En agosto del 2016 la familia tenía previsto viajar a Estados Unidos para unas vacaciones. Pero Michelle quería que antes le retiraran el lipoma y que se le practicara una lipoescultura.

Con su madre acudieron a un médico conocido: Patricio Toscano, quien un año antes le había practicado una rinoplastia. En entrevista con este portal, el doctor dijo que tenía una relación amistosa con la familia, y que antes había operado a otros parientes de la joven.

El galeno recibió a Michelle y su madre en su consultorio. Les aseguró que no habría problemas en la cirugía, solo habría un cambio: la intervención ya no sería en Steticus sino en la clínica San Gabriel.

Ese cambio, de último momento, preocupó al padre, que estaba intranquilo porque la operación fue programada 15 días antes de su viaje, lo cual le daba poco tiempo para su recuperación.

También estaba preocupado porque el doctor no puso reparos al peso de su hija, de un poco más de 100 libras.

El vienes 15 de julio, ella ingresó al quirófano y luego de la operación sufrió un primer ataque cardíaco, que superó.

A las 10 de la mañana, Gabriel Cobo recibió una llamada de su esposa, quien desesperadamente le pedía que fuera a la clínica, pues su hija estaba grave.

Apresurado, abandonó su trabajo y se dirigió a la clínica. Su hija luchaba por sobrevivir. Su estado se complicaba minuto a minuto, pues en ese centro no tenían una sala de terapia intensiva para atenderla ante ese tipo de complicaciones.

El tiempo apremiaba. Intentaron en vano llevarla al Hospital Metropolitano, que estaba más cerca. Tres horas después (a las 13:00) la Novaclínica aceptó admitirla.

Los primeros exámenes revelaron la gravedad del cuadro. Michelle tenían 28.500 leucocitos por microlitro, que un par de horas llegaron a 29.000.

Los leucocitos son las células de la sangre que defienden al organismo de cualquier infección. Normalmente una persona tiene 5.000 leucocitos.

Amanecía. El 16 de julio, a las 06:45, Michelle murió por una septicemia (infección generalizada).

Abatidos por el dolor, sus familiares trataban de encontrar una explicación al súbito desenlace, en medio del secretismo de los médicos.

Con los meses, empezaron a tener más pruebas sobre las causas de la muerte y los antecedentes desconocidos de Toscano.

Entonces supieron que, precisamente, días antes de operar a Michelle, Toscano y dos médicos de su equipo habían sido sentenciados por homicidio culposo a ocho meses de prisión, por una cirugía de lipoescultura, practicada un año antes a Yadira Cáceres, de 39 años.

Ella había fallecido por una hemorragia y paro cardiorrespiratorio.

Toscano era la cabeza visible

La familia de Michelle también se enteró que Toscano no la operó, sino su colega Carlos Hurtado, quien no la había examinado antes.

Ese precisamente fue el principal argumento de defensa de Toscano, quien en su descargo aseguró que no estuvo en la sala de operaciones.

En junio de 2018, Patricio Toscano participó en una cirugía reconstructiva de pecho, practicada en la Clínica Steticus, en Quito. Antes ya había sido sentenciado por mala práctica profesional. Foto tomada de su página en Facebook.

No obstante, su ausencia, precisamente, atenta contra la relación paciente-médico: el paciente confía en el galeno que la examina, a quien contrató para una intervención.

Toscano defendía fervientemente esa relación paciente-médico en redes sociales, cuando se debatían las sanciones a la mala práctica profesional en el Código Integral Penal del 2014.

“La ley de mala práctica médica va a destruir la relación médico-paciente como ha sucedido en otros países. Esta relación cura al paciente”, escribía en en Twitter.

En el equipo de cirugía había personas sin especialización, que es un requisito obligatorio en el Código de Salud. Una de las asistentes no tenía título universitario.

La fiscal Verónica Murgueytio con las pruebas recabadas evidenció que en la cirugía de Michelle se violaron varios procedimientos. El primero: la joven y su familia confiaron en que el médico que la operaría sería Toscano; no Hurtado.

Por eso, las firmas de consentimiento entre la paciente y el médico no se hicieron al mismo tiempo. Hurtado las firmó cuando se enteró que iba a ser investigado.

Además, antes de la cirugía nadie revisó el equipo médico ni de los instrumentos esterilizados. Por eso, la fiscal señaló la responsabilidad de la clínica, ya que no contaba con los permisos para una cirugía especializada.

Carlos Pazmiño, abogado de Hurtado, en sus alegatos dijo que no existía un nexo causal directo para aseverar que su cliente tuvo responsabilidad en la muerte.

Alquiler de quirófanos sin suficientes equipos

Durante la investigación, también se supo que la clínica San Gabriel alquilaba su sala de operaciones a médicos externos, sin contar con los equipos necesarios, en caso de una emergencia, que requiriera terapia intensiva.

La clínica Steticus promociona a Toscano en su página Web y en Facebook. El médico dice que ya vendió ese centro. Foto tomada de su página en Facebook.

El alquiler de quirófanos es una práctica que no está prohibida y es común el país.

El presidente del Colegio de Médicos de Pichincha, Víctor Álvarez, explica que hay dos tipos de atención en las clínicas privadas.

Unas, abiertas en las que los médicos usan sus instalaciones para realizar cirugías con un acuerdo previo, y otras, cerradas, con acceso solo a sus socios.

En el primer caso, Álvarez aclara que es responsabilidad de los representantes legales de las clínicas contar con las instalaciones y equipamientos adecuados para una operación.

También se comprobó que mientras Michelle era intervenida, otro quirófano era usado para colocarle implantes mamarios a otra paciente.

Precisamente, ese 16 de julio las operaciones estéticas estaban planificadas en seguidilla, una tras otra, en el tiempo justo, como una línea de fábrica.

El organismo de Michelle fue tomado por la bacteria conocida como “come carne”, la más letal de los estreptococos.

Cuando entró en shock, la paciente no pudo ser atendida en la clínica, que no contaba con sala de cuidados intensivos.

Clínica no tenía permisos para operaciones

En el juicio se probó que el centro tampoco tenía los permisos para practicar ese tipo de operaciones.

Por eso, la demanda judicial también fue contra la representante legal de la Clínica, María Eugenia Muñoz.

Su abogado, Pablo Encalada, dijo que existía una ilegalidad al acusar a su cliente con el artículo 146 del Código Penal, preconcebido para los médicos.

Además sostuvo que la clínica sí tenía los permisos necesarios para cirugías en sus instalaciones y que no se conoce con certeza que Michelle hubiera sido contagiada con la mortal bacteria. Ésta también es la tesis de Toscano, quien sostuvo que en ese centro realizaban intervenciones gástricas y ginecológicas.

Dos años después, tras acopiar evidencias y analizar detenidamente lo ocurrido, Toscano y su colega fueron llevados a juicio. El 3 de julio de 2018, se celebró la audicencia de juzgamiento, la Fiscalía se aprestaba a acusar a Toscano y Hurtado por homicido culposo

No era la primera ocasión que Toscano y Hurtado acudían a la sala de audiencias en la Corte Provincial de Pichincha, donde casi siempre salían victoriosos.

Ese día, la diligencia estaba a punto de suspenderse por pedido de los abogados de los galenos.

Toscano se veía despreocupado, confiado. Jugaba con el pañuelo que llevaba en la solapa de su traje.

Repentinamente, a la sala ingresó Andrés Paz, acompañado por dos policías que detuvieron a Toscano y Hurtado, para que cumplieran la sentencia por la muerte de Yadira Cáceres, ocurrida tres años antes.

Una sopresa trágica

Yadira buscaba darle una sorpresa a su esposo Andrés Paz. Corría el año 2015.

Alentada por consejos de algunas amigas, quiso mejorar su figura con una liposucción. Como de costumbre, la clínica de Toscano ofrecía una promoción: dos operaciones por el precio de una.

Su hermana Cristina le acompañó a sus primeras citas, donde fueron recibidas por el propio Toscano, quien confirmó que la primera cita fue en marzo de ese año y que solo regresó a la clínica en julio para la operación.

Yadira pasó todos los exámenes de rutina para someterse a la operación, pero decidió que era mejor no contarle sobre la intervención a su esposo.

La operación se programó para el 16 de julio del 2015, a las 10:00. Un día antes, las dos hermanas almorzaron. En ese momento Yadira recibió la llamada de la clínica para informarle que su operación se había adelantado para las 07:00. Su hermana no la podía acompañar y buscaron a su amiga Karina para que fueran juntas a la casa de salud.

La mañana del 16 de julio del 2015, Yadira, de 39 años, entró al quirófano. Su esposo Andrés no sabía nada, él salió desde su casa sin conocer que ella iba a entrar al quirófano.

Alrededor de las 10:00, sonó su celular, era Karina, la amiga de su cónyuge, quien le pedía que acudiera de urgencia a la clínica, pues Yadira habría sufrido un “accidente”.


Los accionistas y administradores de la Clínica Steticus, que funciona en Quito


Andrés Paz entró al centro estético y le dijeron que su esposa había muerto. No sabía lo que pasaba y miró a su cuñada Cristina, que estaba demolida. Ella llegó primero a Steticus y se encontró personalmente con el doctor Toscano, quien supuestamente le dijo: “yo no estuve en la cirugía, verás que yo no estuve ahí”. Su respuesta, que consta en el proceso penal, dice “él (Toscano) le ofreció a su hermana que iba a estar en la cirugía”. Andrés no sabía qué hacer…

Sintió que el mundo se le venía encima. No sabía cómo contarle a su hija Andrea, que tenía 9 años, que nunca más volvería a ver a su madre.

Se puso en contacto con su abogado y junto con varios policías acudieron a la clínica de Toscano, donde retiraron los videos de la operación y los partes médicos, que luego serían evidencias fundamentales en el juicio.

Los médicos que entraron al quirófano con Yadira Cáceres fueron Carlos Hurtado y Ricardo Cevallos, amigos y socios de Toscano. Solo Hurtado tenía un título de cuarto nivel de cirujano plástico. Cevallos no tenía esa especialidad, mientras Toscano dice que legalizó su formación de cuarto nivel, en 2018. Ocho años antes obtuvo una certificación de “Maestro en Cirugía estética”, en México.

Según la ley, para este tipo de intervenciones se requiere la especialización de cirujano plástico, no una especialización cosmética. Es decir que cuando se realizó la intervención no tenía título de cirujano.

Antonio Toro, amigo de Paz, que lo acompañó durante el juicio, aseguró que todo lo que ocurrió en el quirófano evidencia la negligencia que provocó la muerte de la paciente.

Los médicos jugaban en plena cirugía

En un video que tienen en su poder se observa a Hurtado y Cevallos, jugando y bromeando, durante la cirugía. Por eso, no se percataron cuando una de las cánulas (un tubo plástico usado para evacuar o introducir líquidos en el cuerpo) se llenaba de sangre.

Según un peritaje realizado en el juicio, la cánula perforó cinco centímetros el hígado de Yadira; una lesión fatal que le causó la muerte en la mesa de operaciones.

Toscano asegura que el video prueba que no estuvo en la operación. “Solo entré al quirófano pocos minutos para verificar como iba la paciente”.

Paz enjuició a Toscano, Hurtado y Cevallos. El proceso fue tortuoso. Cuatro meses después, perdió a su madre. Luego su socio lo traicionó y le obligó a liquidar la empresa que había levantado desde su juventud.

Muchas ocasiones pensó en quitarse la vida o hacer justicia con sus manos, porque Toscano parecía intocable.

Debió asumir cuantiosos gastos, que lo llevaron por los sinuosos laberintos de corrupción de los operadores de justicia, que le exigían pagos por todo tipo de trámites, que van desde el transporte para los policías, peritos u otros delegados, gastos de las fotocopias de documentos…

Estima que gastó unos 90 mil dólares en el proceso, sumado a las cientos de horas que dedicó para agilizar personalmente las acciones judiciales.

También afrontó el hostigamiento de los abogados de Toscano, que trataban de llegar a un acuerdo extrajudicial. Le ofrecieron un departamento en el edificio del Centro Comercial Naciones Unidas, pero no aceptó. Luego le propusieron entregarle otro departamento en el sector del Quito Tennis, un barrio exclusivo de la capital, y, por último, 120 mil dólares, que serían cancelados en varias cuotas.

Toscano ratificó que solo trataban de obtener un acuerdo amistoso con él, lo cual fue una inciativa de sus colegas.

Pero para Paz la muerte de su esposa no era negociable ni tenía un precio. Su único propósito era que los responsables fueran condenados. Los jueces condenaron a Toscano y Hurtado. Cevallos murió meses antes, por una fuga de gas en su domicilio.

Toscano y Hurtado fueron encarcelados, pero solo cumplieron ocho meses en prisión. Salieron en libertad y siguieron realizando cirugías estéticas, hasta marzo del año pasado, según Toscano, cuando se oficializó su suspensión.

En ese mismo mes, pidió la revisión del fallo de la Corte, que aún no se resuelve.

Esa sentencia fue la primera por mala práctica profesional, bajo las normas del Código Integral Penal, aprobado en 2014.


Hasta el 2019 se presentaron 577 denuncias de homicidio culposo por mala práctica profesional en general. Pero, a la Función Judicial solo ingresaron 68 casos. La mayoría está en indagación, uno de los principales problemas es la falta de peritos especializados para llevar los casos.


Luego de salir de prisión, Toscano siguió en su negocio de cirugías estéticas. En la Superintendencia de Compañías aparece como el socio mayoritario de Steticus y de una importadora.

En este período precisamente ocurrió la operación y muerte de Michelle Cobo, que Toscano y sus colegas también trataron de arreglar económicamente con su familia.

Gabriel Cobo recordó que recibió una propuesta para desistir del juicio a cambio de una tentadora compensación económica. Pero tampoco aceptó el arreglo.

Avanzó con el juicio, agobiado por el sufrimiento de la pérdida de su primera hija, que sumió a su familia en depresión y ansiedad. “Vivimos con ese vacío, con ese dolor indescriptible, solo esperamos que se haga justicia”, dice Cobo, quien es abogado y notario.

Para él, la muerte de su hija le obligó a adentrarse en el lado sombrío de las cirugías estéticas, “que es una mina de oro para algunos médicos inescrupulosos, que operan sin ningún control de las autoridades de salud”.

“Solo busco que la muerte de mi hija no sea en vano, quiero evitar, en lo posible, que otras familias sufran el infierno que hemos vivido”.

Durante el proceso se evidenció que la clínica no contaba con los equipos médicos y profesionales adecuados. «Por eso también se demandó a la gerente de la clínica”, dijo José Molina, abogado de Cobo.

En la legislación ecuatoriana no se contempla el delito de mala práctica médica, sino el de mala práctica profesional. “Como gerente, no podía permitir que se practique una cirugía electiva de la forma en que se hizo, que no tenía la autorización del Ministerio de Salud, sin profesionales. Imposible».

Pablo Encalada, abogado de María Muñoz, representante legal de la Clínica, dijo que ella recibió injustamente el coletazo de la demanda contra Toscano y Hurtado.

Seis años de prisión por reincidentes

En febrero de 2019, el tribunal penal de Pichincha confirmó que “el edema pulmonar que afectó a Michelle Cobo se debió a la contaminación sistémica producida por estreptococo, luego de la operación”.

El Tribunal destacó que en la clínica no se podían realizar este tipo de cirugías, ya que solo tenía un certificado de hospital básico. Y que la joven entró en “perfecto estado de salud”, antes de ser operada.


Las autoridades judiciales embargaron algunos bienes de los médicos sentenciados en Quito


Los jueces Henry Cáliz, Leonardo Barriga y Patricio Vaca sentenciaron a seis años y ocho meses de cárcel a Toscano, Carlos Hurtado y Edwin Cevallos, a quienes impusieron un año de suspensión del ejercicio profesional. También condenaron a tres años de cárcel a Muñoz y dispusieron el cierre de la clínica.

El fallo de los jueces fue confirmado en las dos instancias superiores y llegó a la Corte Nacional de Justicia. Los ministros Iván Saquicela, Wilman Terán Carrillo (encargado), y Dilza Muñoz negaron el recurso de casación de los condenados, en diciembre del año pasado.

Han pasado seis meses, pero el pronunciamiento de la Corte Nacional aún no está en firme. En la redacción de la resolución se escribió incorrectamente el nombre de la gerente; se puso María Verónica en lugar de María Eugenia.

El error fue advertido por las partes que pidieron que fuera corregido. El reponsable de enmendar es Saquicela, quien fue uno de los jueces que sentenció el caso sobornos donde está acusado el ex presidente Rafael Correa, pero hasta el momento no lo ha hecho.

Molina ha presentado cinco pedidos para que cambien el nombre, sin ninguna respuesta.

La demora preocupa a Cobo porque desde entonces “nuevos y poderosos actores judiciales entraron en el caso, a través de otros abogados, para trabajar a favor de uno de los sentenciados”.

Mientras tanto, las autoridades judiciales embargaron los bienes de los sentenciados. Fueron notificados de esa resolución en sus casas, negocios y clínicas, que, son embargo, aún están abiertas, a pesar de las sentencias.

“Seguiremos trabajando”

En Steticus y su compañía importadora, Toscano invirtió seis millones de dólares. Las dos empresas, según la Superintendencia de Compañías, entraron en liquidación desde septiembre pasado.

“Tuvimos que vender a precio de gallina enferma la clínica, con todos sus aparatos. Por eso se inició la liquidación, pero seguiremos trabajando como un grupo de médicos”, afirma Toscano, convencido de su reputación de hábil cirujano.

Toscano dice que ha realizado 25.000 operaciones con su equipo médico y otras miles de intervenciones en Operación Sonrisa. Foto tomada de su página en Facebook.

Lo entrevistamos el jueves 11 de junio en la clínica, un lujoso edificio al norte de Quito, en la Eloy Alfaro y Portugal.

Vestía informalmente. No admitió ninguna responsabilidad. Insistía en que sus líos judiciales eran producto de una retaliación, luego de que denunciara que un fiscal intentó sobornarlo, exigiéndole el pago de 30 mil dólares para dejarlo fuera de la investigación.

Otra mujer reclama indemnización

Toscano no solo ha sido enjuiciado por las muertes de Cáceres y Cobo. En agosto del 2016, un mes después de la muerte de Michelle, Valeria Burneo fue operada por los colegas de Toscano para agrandar sus senos en la Clínica San Gabriel, que pese a la sentencia seguía funcionando sin contratiempos.

La mujer explicó a los jueces que unas semanas después de la cirugía su dolor aumentaba y la piel de sus mamas se había oscurrecido.

El implante de su seno izquierdo podía verse claramente por una herida que apareció a su cuerpo. Urgentemente volvió donde Toscano para que le ayudara.

Según la demandante, el médico le “cogió ocho puntos en un seno y aproximadamente diez puntos en otro”, lo cual agravó el caso.

Entonces, viajó a Colombia donde la operaron de emergencia: perdió el pezón de su seno derecho y una parte del pezón izquierdo.  Hoy ella reclama una reparación económica a Toscano.

Por su parte, el médico anunció que llevará su caso hasta la Corte Constitucional, porque al sentenciarlo por la muerte de Michelle Cobo se violaron sus derechos humanos. El mismo recurso planteará la gerente de la clínica.

Isspol pagó $26 millones por predios avaluados en 3 millones

Entre 2014 y 2015, las autoridades del Instituto de Seguridad Social de la Policía (Isspol) compraron terrenos en Pichincha y Guayas para proyectos de vivienda que aún no se han construido. Por los predios se cancelaron 25,6 millones de dólares, aunque el avalúo catastral fue de 2,9 millones. Estas operaciones fueron denunciadas el miércoles pasado a la fiscal Diana Salazar, quien abrió una investigación previa. El director del Instituto de esa época, general (r) Enrique Espinosa, dijo que esas compras fueron calificadas por el Consejo Directivo y cumplieron las normas internas y leyes vigentes.

Redacción Código Vidrio

“Praderas de Uyumbicho. Siente el placer de vivir”.  Así publicitaba el Instituto de Seguridad Social de la Policía (Isspol) el proyecto inmobiliario que debía construirse en un predio por el cual pagó 14 millones de dólares, aunque estaba avaluado en 500 mil.

Ésa y dos adquisiciones más están bajo la lupa de la Fiscalía, que investiga supuestos delitos penales, denunciados esta semana por la ministra de Gobierno, María Paula Romo, y las autoridades del Isspol.

El bien se compró para construir 1.293 casas en la hacienda Anchamaza, una propiedad rodeada por bosques, montañas y lagunas, en Uyumbicho, una parroquia del cantón Mejía, cercana a Quito. La propiedad tiene 671 lotes, en una superficie de 257.522 metros cuadrados.

Éste fue uno de los proyectos emblemáticos del Isspol el 2015, que no pudo concretarse.


El Isspol cubre beneficios médicos y sociales de 50.000 policías en servicio activo y las pensiones de 20.000 retirados. Para financiar sus actividades recibe fondos de los uniformados en servicio activo, del Gobierno, de sus inversiones en compra de acciones de empresas, de bonos del estado y de otros negocios.


Las supuestas anomalías en el manejo de los recursos del Instituto empezaron a salir a la luz en agosto pasado. Revista Vistazo denunció que el organismo realizó inversiones de riesgo, muchas de ellas sin garantías, que fueron señaladas en un informe de la Superintendencia de Bancos. En ese reporte se estableció que el Isspol perdió más de $43 millones en las operaciones, denominadas “Pacto de recompra cesión de derechos fiduciarios”, que generaban intereses del 9%. Y se realizaron entre enero el 2016 y el  2018.

Jorge Villarroel dirige el Isspol desde agosto pasado. Desde su llegada se han realizado investigaciones internas sobre las inversiones del Instituto, que antes fueron observadas por la Superintendencia de Bancos. Foto Isspol.

El informe fue cuestionado por el entonces director del Instituto, general David Proaño, quien en una carta enviada al ministro de Finanzas, Richard Martínez, dijo que este tipo de inversiones se hacía desde el 2015 y que buscaban apoyar al sector productivo, de construcción y comercial del país. Tras las denuncias, Proaño fue reemplazado por el ex comandante de la Policía Jorge Villarroel, actual director, por decisión del Consejo, presidido por Romo.

Desde entonces, el Directorio revisó todo su portafolio de inversiones, detectando cuentas presuntamente opacas y lesivas a las finanzas de la entidad, en distintas operaciones.

Una de las principales irregularidades bajo investigación es la compra de predios. Según el certificado catastral al que accedió este sitio, el avalúo de la hacienda Anchamaza, al 12 de junio de 2015, cuando se concretó la compra, fue de $500.375.

La escritura pública fue celebrada entre los propietarios y el director del Isspol, Enrique Espinosa. El negocio se concretó, según destaca la denuncia, sin contar con un informe de riesgos del Isspol, pero sí tuvo el aval de los directores jurídico, económico, financiero y de riesgos.

Para las actuales autoridades, los costos de la compraventa “fueron exorbitantes”.

El Isspol compró la hacienda Anchamaza en 2015 para construir 1.293 casas para policías.

Sin embargo, el Consejo Directivo aprobó la compra-venta del predio, pero no pudo avanzar en la construcción del plan de vivienda.

Cinco lotes con supuestos sobreprecios en Chongón

La Fiscalía también investiga la adquisición de otros cinco lotes en el proyecto urbanístico Ciudad Olimpo, previsto para la construcción de 923 viviendas para los uniformados. Esos terrenos están ubicados en Chongón, junto a la autopista Guayaquil-Salinas, en Guayas.

El negocio se realizó en mayo de 2015 con la compra de los lotes en 8,5 millones de dólares a la empresa Ambiensa, de Breston Ramírez Vanegas.

El avalúo catastral de esos terrenos a la fecha fue de $1.6 millones. El lote cinco, con un costo calificado de $419.294; el seis, $379.282; el siete, $266.950; el ocho, con $394.631, y el nueve, con $241.656.

La operación, según informes del Isspol, se realizó sin la aprobación de la Comisión de Inversiones, un requisito que era obligatorio.

Tampoco fue aprobado por el Consejo Directivo del Isspol, “sino que fueron decisiones unilaterales del Director general”, indica la demanda.

“El valor de realización de los bienes inmuebles en un comparativo entre el avalúo catastral y el pagado, es por lo menos ocho veces superior”.

Un terreno para galpones, que no se construyeron

Un tercer caso investigado es el de “Mapreco”. Implicó la compra de un terreno industrial en Pascuales, Guayaquil, en 2015.

El Isspol aceptó una oferta de venta de la empresa Mapreco, gerenciada por Enma Borja Alvear de un predio de 35.620 metros cuadrados.

Para la compra contó con un informe favorable de la Dirección de Riesgos, que determinó que el Instituto “recibiría mayores rendimientos, mejoraría el precio de venta de las soluciones habitacionales ofertadas por AMBIENSA S.A”.

El objetivo de la compra era construir galpones que el Isspol luego proyectaba alquilar en $40.000 mensuales.

No obstante, luego no se pudieron levantar los galpones, en vista de que el terreno tenía una falla que dificltaba la construcción y por problemas legales en la delimitación de sus linderos, lo cual no fue alertado oportunamente.

Por esos terrenos el Isspol pagó $3,1 millones, pese a que el avalúo catastral a la fecha era de $796.472. En este caso tampoco se contó con la aprobación de la Comisión de Inversiones ni del Consejo Directivo.  “El valor de compra del terreno, frente al valor del avalúo catastral, es por menos superior en cuatro veces”.

Espinosa de los Monteros defiende legalidad de las compras

El general (r) Enrique Espinosa de los Monteros aseguró que todavía no conocía los detalles la denuncia que investiga la Fiscalía, por lo cual no podía explicar en detalle lo ocurrido en cada caso. No obstante, aseguró que las inversiones fueron calificadas por el Consejo Directivo del Isspol y cumplieron con todas las normas internas y leyes vigentes.

Uno de los vocales del Consejo fue el comandante de la Policía de la época, general Marcelo Suárez.

El general (r) Enrique Espinosa de los Monteros salió de la Policía el año pasado. Luego acudió a la Comisión de Fiscalización para explicar el uso de un helicóptero en el que viajaba con su esposa y se accidentó, en Quito. Foto Asamblea. 

“Todas las inversiones están fundamentadas debidamente. Todo está en los archivos. Si van a investigarlo deben hacerlo bien”, dijo Espinosa, quien dejó la Policía el año pasado.

Aseguró que en su gestión el patrimonio del Isspol creció en un 40 por ciento (de 700 a 1.300 millones de dólares).  “Sin echarme flores, pienso que mi administración fue una de las mejores en la historia del Instituto”. Por eso, recordó que incluso fue felicitado por el Ministerio del Interior, que en el 2016 era dirigido por el actual asambleísta gobiernista José Serrano, quien presidía el Consejo directivo.

El oficial (r) dijo que por esa gestión efectiva y transparente superó sin contratiempos los controles de la Superintendencia de Bancos y de la Contraloría. “Mi conciencia está tranquila, ojalá esta denuncia no sea una cortina de humo para tapar las irregularidades que empiezan a salir”.

No obstante, para la ministra María Paula Romo estos manejos podrían tener implicaciones penales. “El manejo del Isspol es un asunto tremendamente delicado (…). Llevamos meses poniendo la casa en orden, revisando su portafolio y en estas investigaciones vemos algunas irregularidades, vinculadas a inversiones de papeles (bonos) y otras a inversiones en inmuebles”, sostuvo el miércoles pasado al anunciar la formalización de las denuncias en una rueda de prensa con la fiscal Diana Salazar.

En mayo pasado, Espinosa de los Monteros fue destituido por María Fernanda Tamayo, Inspectora de la institución a la época. El entonces general fue señalado como responsable de una falta administrativa grave por el uso del helicóptero policial que se accidentó el 4 de marzo de 2019 en la base de Aeropolicial, en el parque Bicentenario (norte de Quito).

Tras su destitución, Espinosa de los Monteros denunció en la Comisión de Fiscalización de la Asamblea que la ministra Romo cometió “un abuso de poder” al realizar viajes en el avión ambulancia de la Policía, para trasladarse con su esposo Iván Granda y sus hijos de Salinas a Esmeladas, en el feriado de Carnaval.

Romo justificó que esos viajes fueron incluidos en sus rutas de traslados oficiales durante la visita de Juan Guaidó, presidente interino de Venezuela, lo cual no fue ilegal, según un examen de la Contraloría.

Rasquiña espera ser liberado con base en polémico fallo

Jorge Luis Zambrano, líder de “Los Choneros”, esperaba a mediados de abril pasado que el juez de Latacunga, Manuel Santamaría, aceptara el pedido de sus abogados de acogerse al régimen semiabierto (excarcelamiento). Alegaba que ya cumplió el 60% de su sentencia, que purga por su participación en un asesinato. Pedía ser excarcelado con base en el fallo de un juez que redujo su condena de 20 a 8 años, pese a que no tenía competencia para hacerlo. Por ese motivo, el juez fue destituido y enfrenta una investigación de la Fiscalía. Hoy 5 de junio Alzira Benítez Tello, que asumió el conocimiento del recurso, le acaba de conceder la prelibertad.

 Redacción Código Vidrio

Jorge Luis Zambrano, “Rasquiña”, está a punto de salir libre. Desde hace meses, cavó un túnel seguro para salir libre, pero no por debajo de la prisión de Latacunga donde estaba preso, sino por la vía judicial.

Hoy, la jueza Alzira Benítez Tello le concedió el régimen abierto, basándose en una fall0 que redujo su condena ilegalmente de 20 a ocho años de prisión. Incluso, el juez que había expedido  ese pronunciamiento fue destituido y es investigado por la Fiscalía.

Rasquiña deberá presentarse semanalmente a la cárcel del Rodeo, en Portoviejo.

La presidenta del Consejo de la Judicatura, María del Carmen Maldonado, no se ha pronunciado sobre este caso, en medio de graves cuestionamientos y alertas de la ministra de Gobierno,  María Paula Romo, sobre las intenciones de liberar a Rasquiña, desde hace varios meses.

Este portal hizo  un detenido análisis de los expedientes judiciales en torno a Zambrano, considerado por la policía el líder de la banda de “Los Choneros”, uno de los brazos operativos en Ecuador del cartel de Sinaloa

Antes de que su pedido fuera conocido por la jueza Benítez, “Rasquiña” esperaba que el juez de Latacunga, Manuel Santamaría, aceptara el pedido de su abogado de poder acogerse al régimen semiabierto, pues alegaba que ya habría cumplido el 60% de su sentencia, que purga por asesinato.

El abogado de Zambrano es Harrison Salcedo, también defensor del ex vicepresidente Jorge Glas.

La decisión judicial aún no es notificada a las autoridades de la cárcel de Latacunga, según conoció este medio.

El régimen semiabierto es un beneficio que contempla el Código Integral Penal, desde 2014. Consiste en liberar a un sentenciado bajo ciertas condiciones impuestas por el juez, como el uso de un dispositivo electrónico, presentación periódica, prohibición de salida del país, entre otras.

En 2014 “Rasquiña” fue setenciado en primera instancia a 8 años de prisión como cómplice del asesinato de Roddy Figueroa, ocurrido tres años antes en Manta. Tras la apelación del abogado de Zambrano y de la Fiscalía, el Tribunal Penal amplió la condena a 20 años, lo cual fue corroborado en última instancia por la Corte Nacional y se ejecutorió en marzo de 2018.


Sentencia contra Zambrano, así como su récord delictivo y boleta de excarcelación expedida en caso de tenencia de armas.


En mayo, el caso 09285-2018-01049 pasó a conocimiento del juez Wilson Castillo (ya fallecido), del juzgado penal de Guayaquil, para que aplique la sentencia y resuelva sobre las garantías penitenciarias, invocadas por los abogados del condenado, buscando que le rebajaran la pena.

“Considerando que el sentenciado Zambrano Jorge Luis fue detenido el 7 de septiembre del 2011, resuelvo que la pena impuesta se cumple el 18 de junio del 2032, ya que se fugó del centro carcelario durante nueve meses once días”, escribió el juez en su fallo. La decisión fue notificada a las autoridades en agosto del 2018 para su aplicación.

Cuatro meses después los abogados del condenado insistieron en que le rebajaran la pena. La petición llegó a manos del juez penal de Guayas José Tamayo, quien aceptó conocer la solicitud, pese a que ninguna autoridad le había trasladado la competencia del juicio, según los registros procesales.

Tamayo debió inhibirse de conocer ese pedido, según la ley. No obstante, en febrero de 2019 rebajó la pena a ocho años de prisión a Zambrano. Por esa decisión, el Consejo de la Judicatura le abrió un expediente disciplinario “por faltas gravísimas a su conducta como juez”.

El sumario en su contra implicó su destitución, el 4 de febrero pasado, y el inicio de la indagación 090101819076044 en la Fiscalía de Guayas, por un supuesto prevaricato, al actuar con dolo.


Documentos del expediente que establece la destitución del juez Tamayo 


Con base en ese fallo, la defensa de Zambrano pidió que el juez de Latacunga, Manuel Santamaría, lo liberara. El juez requirió que las autoridades del Centro penitenciario de Cotopaxi, donde está preso, le remitieran un informe de evaluación, que fue favorable a la rebaja por buena conducta.

El informe del  Departamento de Diagnóstico y Evaluación del Centro se realizó con base a la sentencia del juez Tamayo, que redujo la condena a ocho años. Pero no tomó en cuenta la resolución de Castillo, que ratificó la pena de 20 años.

La crisis desatada desde marzo por el coronavirus pospuso la resolución de los jueces. Mientras tanto, los abogados de Rasquiña habían logrado que otro juez expidiera una boleta de libertad en otro juicio por tenencia ilegal de armas.

En febrero pasado, este portal publicó un audio de una conversación telefónica que mantuvieron María Sol Larrea, excoordinadora del IESS sentenciada por enriquecimiento ilícito, y  Zambrano, el año anterior, mientras ambos estaban detenidos en la cárcel de Latacunga. En el diálogo se evidencia la relación estrecha, de extrema confianza y cercanía, entre ambos. También que Larrea planificaba con Zambrano, la forma de intimidar a una guía penitenciaria y de impedir su traslado hacia otro pabellón.

Cuatro bandas libran una guerra sin cuartel

En la cárcel de Guayaquil integrantes de Los Choneros pintaron el año pasado este grafitti, simbolizando la guerra contra Los Lagartos.

 

“Rasquiña” era uno de los sospechosos de generar violencia y delitos dentro y fuera de las cárceles.

Por eso, las muertes violentas en las cárceles (la última fue la matanza en Cuenca, donde fallecieron seis personas) no son eventos aislados, según informes de Rehabilitación.

Rasquiña lideraba “Los Choneros”, tras la muerte Jorge Veliz España, alias “Teniente España”, abatido en el 2007, en un enfrentamiento con otra banda, que se hacía llamar  “Los Queseros”.

Desde entonces, “Los Choneros” trataron de ejercer dominio. Cuatro años más tarde, en el 2011, se los calificó como la organización delincuencial más peligrosa del país y su captura fue considerada una prioridad. En ese año fueron apresados “Rasquiña” y sus lugartenientes: Ronald  Javier  Macías  Villamar,  alias  “Javi”; Manuel  Cornejo,  alias  “Manuco”;  José  Adolfo Macías  Villamar,  alias  “Fito”; Eder Proaño Pazmiño,  alias  “Narizón”; Maximiliano  López,  alias  “Vieja  Maxi” y  Luis Alberto Ferrín Loor.

Todos han sido condenados por asesinato.  Zambrano debía cumplir su sentencia en La Roca, un complejo penitenciario de Guayaquil. Pero en febrero del 2013, “Rasquiña” y cuatro de sus compañeros evadieron las seguridades y escaparon,  con ayuda de funcionarios penitenciarios.

“Rasquiña” fue el último chonero recapturado por el bloque de búsqueda de la Policía; durante nueve meses estuvo en Colombia y fue detenido en un trabajo conjunto entre las policías de Ecuador y Colombia, gracias a las pistas que dejó su pareja sentimental. “Los Choneros” nuevamente regresaron a prisión, pero eso no ha impedido sigan mandando, dentro y fuera de las prisiones.

Los últimos años, distintas bandas han librado una guerra para controlar las cárceles y el crimen organizado en las calles. Estos enfrentamientos dejaron 32 personas privadas de libertad asesinadas, en el 2019, mientras en 2018 hubo 20 crímenes.

También hay denuncias de torturas y extorsiones en las prisiones, que cuentan con pocos guías penitenciarios y sin políticas de rehabilitación social efectivas.

La crisis del sistema de rehabilitación se evidencia en la sobrepoblación que llega a 44.000 internos, que viven en hacinamiento. El presupuesto del 2019 fue de 95 millones de dólares, siete menos que el año pasado.

“Los Cubanos” y “Los Gorras” se unieron el año pasado para retar el poder de “Rasquiña” y sus cómplices. Crearon la banda “Los Lagartos”, que opera en la Penitenciaría del Litoral, el centro más grande y, presuntamente, más seguro del país.

La disputa empezó el 30 de mayo del año pasado, con el asesinato de Ricardo Iván Mantilla Ceballos, hermano de Geovanny Mantilla, cabeza de “Los Gorras”. En represalia a esta muerte cinco presos que eran parte de “Los Choneros” fueron ejecutados en la Penitenciaría. Fueron abatidos a tiros, y sus verdugos intentaron incinerarlos, quemando colchones sobre sus cuerpos.

Años atrás, “Los Choneros” asesinaron a los cabecillas de “Los Cubanos”, los hermanos Kleber (“Metralla”) y Walter (“Caimán”), y Darwin Corozo (“Negro Jessy”). Sin embargo, su golpe más contundente ocurrió en junio del 2019, cuando asesinaron y decapitaron a William Poveda Salazar,“Cubano”.

Este crimen no aplacó la guerra, las muertes siguieron. “Los Lagartos” tienen como jefe a Geovanny Mantilla, de “Los Gorras”. Inteligencia de la Policía afirma que esta organización se dedica al narcotráfico,  a  través  del  envío  de  droga  al  exterior; al microtráfico, sicariato, robos, entre otros delitos.

Otra organización delictiva, de menor escala, es liderada por Alexander Roldán, “Junior”. Están dedicados al microtráfico en los centros; mientras que en las calles se dedican al robo, cobro de deudas, secuestro, extorsión, sicariato…

Su principal zona de influencia está entre los cantones del Triunfo y la Troncal, en Guayas.

En esa misma línea está la banda de “Pipo”, encabezada por Wilmer Chavarría, cercano a “Rasquiña”. Los informes de Inteligencia aseguran que ambos se unieron para asesinar a Henry Vera, en el 2015, en la Penitenciaría del Litoral.

Desde entonces, la gente de “Pipo” se dedica al microtráfico, extorsión, robo y sicariato. También a este grupo acude “Rasquiña” cuando necesita realizar alguna actividad ilícita en el sector que maneja esta organización.

Anomalías en 71% de entidades por contratos de emergencia

El 71% de 227 entidades que analizamos por contratos de emergencia ha sido observado por incumplimientos. Bajo este régimen, las últimas semanas se han establecido decenas casos que amparan prácticas supuestamente corruptas, que son investigadas por la Fiscalía y la Contraloría. Solo el 29% de las instituciones publicó la información establecida en la normativa de contratación pública. Uno de los últimos casos que evidenciarían el abusos de esta modalidad de contratación es el del prefecto del Guayas Carlos Luis Morales (foto), acusado de tráfico de influencias y negociados en la compra de insumos médicos. Estas prácticas se institucionalizaron desde el gobierno de Rafael Correa.

Redacción Código Vidrio

El secretismo, la discrecionalidad y la opacidad son recurrentes en las contrataciones de emergencia en todo el sector público, en la crisis sanitaria por el coronavirus, desde marzo pasado. El 71% de 227 entidades analizadas por este portal ha sido observado por diferentes anomalías e incumplimientos para contratar bajo este régimen, que en decenas de casos ampara prácticas supuestamente corruptas, que son investigadas por la Fiscalía y la Contraloría.

Accedimos a los registros de los contratos del Sevicio de Contratación de Obras Púbicas (Sercop) y pudimos stablecer que solo el 29%  (66 entidades) publicó la información establecida en la ley de Contratación Pública, mientras que el 71% (161 entidades) tuvo, al menos, una observación en procesos por emergencia, que se concretaron sin un concurso público.

Las entidades del sector público incumplieron las normativas para contratar durante la crisis por la pandemia, según los reportes de las contrataciones desde marzo hasta el 18 de mayo.


Los contratos de emergencia durante la pandemia


Durante la crisis, por denuncias de la prensa, la Fiscalía abrió 45 investigaciones por supuestos casos de corrupción en sobreprecios de compras en hospitales y gobiernos seccionales de Guayas, Pichincha, Los Ríos, Manabí, Chimborazo. Los últimos escándalos se conocieron esta semana por compras de pruebas para el Covid-19 con supuestos negociados en la Alcaldía de Quito, y por adquisiciones de insumos médicos en la Prefectura del Guayas, tras lo cual fueron detenidos el prefecto Carlos Luis Morales y funcionarios del Municipio capitalino. Esta mañana ambos fueron liberados y se les dictó medidas sustitutivas como la prohibición de salir del país, y el uso de dispositivos de vigilancia.

“Durante la emergencia, las entidades están obligadas a publicar los procesos, una vez que se haya firmado el contrato”, dijo la directora del Sercop, Silvana Vallejo. Más de 1.100 entidades se declararon en emergencia, pero un 40% aún no ha contratado, sobre todo luego de las denuncias de sobreprecios, agregó. 

 

 

Desde el inicio de la emergencia, un equipo del Sercop analiza las contrataciones en busca de anomalías que todas las semanas se reportan a la Contraloría y la Fiscalía.

Esta clase de contratos no entran en la planificación institucional ni están presupuestados, son una respuesta para solucionar adquisiciones de forma rápida, urgente, lo cual amplía el riesgo de que se cometan negociados. 

Hasta este 3 de junio se han contratado 188 millones de dólares por emergencia, que es un proceso establecido por la ley, que concede atribuciones excepcionales de compras directas a las principales autoridades de cada institución. Desde abril, 858 entidades han reportado 5.047 contrataciones a dedo, sin un concurso público.

 

 

La mayoría de adquisiciones se realizó desde el sistema de salud pública, con $38 millones, seguido por el Municipio de Guayaquil, con $20 millones. En total, los gobiernos seccionales, alcaldías y prefecturas, realizaron 3.000 contrataciones, mientras los organismo de salud 1.547. Organismos de Pichincha (86) y Guayas (81) concentraron buena parte de los convenios.

Las entidades contratantes están obligadas a publicar en el Portal de Compras Públicas los convenios y la información que respalde cada proceso, en máximo dos días, luego de la firma; los informes periódicos y parciales, cada 10 días; y el informe final general, una vez superada la emergencia.

No obstante, establecimos que 84 entidades no publicaron los informes parciales y 51 tampoco difundieron las contrataciones o las mostraron de manera incompleta.

 

Tipos de incumplimientos Las entidades
No publicó informes parciales o se observó su contenido 84
No publicó informes y contrataciones o lo hizo de manera incompleta 51
No publicó contrataciones o se observaron las mismas 11
No publicó correctamente la resolución, no publicó contrataciones e informes parciales 10
Difiere el valor registrado en el sistema con aquel que consta en el documento publicado 5
Total 161

 

Las emergencias se institucionalizaron desde 2012

Las contrataciones de emergencia se volvieron una práctica sistemática desde el anterior gobierno, que la aplicó, en buena parte de los casos, sin justificación, para beneficiar a empresas privadas que pagaban sobornos, y estaban relacionadas o fueron constituidas por testaferros, familiares o amigos de distintas autoridades.

El esquema y responsabilidades de estos negociados en las emergencias fueron detallados en la sentencia que la Corte Nacional de Justicia dictó en el caso Sobornos 2012-2016, contra el ex presidente Rafael Correa, y otros 20 de sus colaboradores.  El ex mandatario, prófugo en Bélgica, fue hallado culpable, en el grado de autor mediato, por instigación, del delito de cohecho pasivo propio agravado. Fue condenado a ocho años de cárcel.

 

El procesado Rafael Correa ejerció sus funciones como Presidente con un poder total concentrado en sus manos, a manera de un ‘autócrata’, controlando las cinco funciones del Estado ecuatoriano (Ejecutiva, Legislativa, Judicial, Electoral y Transparencia).

En el sector de obras públicas se volvió sistemática la contratación por emergencia. La entonces ministra María de los Ángeles Duarte era una de las artífices del esquema de corrupción, con el ex presidente Rafael Corea a la cabeza, según la sentencia del caso Sobornos. Foto Presidencia.

Para los jueces,  la estructura de corrupción era tan bien planificada que la recepción de dinero ilícito, era reportada a Correa y su entonces vicepresidente Jorge Glas, quienes dirigían el sistema de contratación pública en Ecuador. Varios de los contratos adjudicados a empresas corruptoras, fueron otorgados bajo régimen de emergencia, con base a decretos ejecutivos, elaborados por el procesado Alexis Mera y suscritos por el ex Presidente, configurándose así el rol jerárquico superior de dirección que este último mantuvo, dentro de tal estructura.

Lo anotado -agrega el fallo- se evidenció sobre todo entre el 2012 y el 2016, en donde el emprendimiento de gestión y ejecución del Gobierno, en sectores estratégicos como el petrolero y la construcción vial, se concentró en las manos del procesado Correa, a través de personas de su entera confianza, como María Duarte y Walter Solís, en el Ministerio de Transporte y Obras Públicas y la Secretaría Nacional del Agua.

Cuentas con patrones anómalos apoyan a Moreno en redes

ENTREVISTA. Alfredo Velazco dirige Usuarios Digitales, una organización sin fines de lucro, que trabaja por el ejercicio de la libertad de expresión en Internet. Desde marzo monitorean las tendencias en redes sociales, especialmente en Twitter. Entre otros temas, identifican la operación de trollcenters, tanto del gobierno como de otros grupos como el correísmo.

Redacción Código Vidrio

Ustedes, desde Usuarios Digitales, están monitoreando tendencias de temas en redes sociales y han publicado que la página de Facebook de la Presidencia de la República se maneja también desde México.  ¿Cómo saltó este dato?
Cuando haces una revisión de la transparencia de las páginas, en todas existe un espacio donde se puede detectar dónde están los administradores. En este caso la cuenta de la Secretaría de Comunicación, si mal no recuerdo, tenía 17 administradores en Ecuador y dos en México.

¿Cuándo detectaron esto?
Lo había visto antes, especialmente desde el informe que dio Andersson Boscan de La Posta, sobre el tema de los ataques y todo eso, y dijo que había unos ataques desde México. Nos pareció interesante que sea el mismo país desde el cual nosotros tenemos administradores de la cuenta de Comunicación. No sé si haya alguna relación.

Pero también hay antecedentes de contratación de empresas mexicanas para la comunicación en redes sociales durante el gobierno de Rafael Correa.
Habría que preguntar a la Secretaría de Comunicación. No es un delito ni nada por el estilo, pero sería interesante conocer qué tipo de servicios tienen en México.

¿Cómo se están marcando las tendencias en Ecuador desde que empezaron a realizar este análisis?
Nosotros hacemos el análisis desde el 18 de marzo, a partir de la pandemia. Lo que hemos visto como tendencias en la tiutósfera criolla son tres temas importantes: política y economía, deportes y farándula.

¿Y a partir de indetificar las tendencias qué hacen?
Revisamos cuáles con las cuentas más grandes con cantidad de followers (seguidores), quienes utilizaron esa etiqueta, cuáles son las palabras que más se emplearon y empezamos a revisar patrones.

¿Qué patrones?
Estos patrones tienen que ver si son cuentas nuevas, con cero seguidores, si son creadas en bloque, si están usando exactamente el mismo tuit de manera recurrente; si contestan únicamente a una persona; si los comentarios son positivos o negativos. En base a eso sacamos un programa Trend Troll que es semanal y analizamos solo lo que tiene que ver con una tendencia política. Buscamos detectar si es organizada la etiqueta u orgánica. Organizada tiene que ver si fue planificada por un grupo de personas, para hacer el famoso tuitazo a una hora y fecha determinada. Entonces, como se captura la data de ese tuit se va viendo cómo crece y se diluye. También si se está convirtiendo en orgánico, con cuentas pequeñas, creadas, por ejemplo, en mayo del 2020 y tiene cero seguidores. Eso, obviamente, levanta unas alertas tremendas, porque es clarísimo que han creado unas cuentas falsas para apoyar ese tipo de etiquetas.

¿Y cuáles fueron las etiquetas donde más se crearon este tipo de cuentas?
De manera reciente, lo vimos ConMiFamiliaNO, que fueron unas 300 cuentas creadas en el 2020, muchas no tenían seguidores. Entonces, es demasiado obvio ese patrón. De ahí hemos visto, sobre todo, cuando son respuestas al presidente Lenín Moreno. Por ejemplo, durante la cadena que decía medidas económicas, presentaba la ley humanitaria y todo lo demás, había muchas cuentas creadas recientemente, que aplaudían las medidas tomadas y las iniciativas del gobierno.

Nos parece extraño que muchas de esas cuentas tengan una buena cantidad de seguidores. Unos 300 o más, pero la mayoría se sigue entre ellos y tienen los mismo tuits genéricos de frases de apoyo, chistes, fútbol. ¿Eso es un trollcenter’
Yo no me atrevería decir que es un trollcenter, porque realmente no llega hasta ahí nuestro análisis y no tenemos evidencia sobre aquello. Tampoco si les pagan, no tengo ninguna factura que diga por servicios de trollcenter. Eso sería la única evidencia para nosotros de que hay esos servicios.

Pero por ejemplo en la investigación de patrones, cómo pueden vulnerar las seguridades de Twtter, que exige un correo y un número de teléfono. ¿Es fácil violar las seguridades de Twtter para crear cuentas genéricas y programarlas para que tuiteen cada cierto tiempo. Puede hacerlo cualquier persona o se necesita un equipo especializado?
Lo puede hacer cualquier persona, pero obviamente hay que ver las cuentas creadas durante el correato y las cuentas que fueron creadas en este gobierno. Porque aquí hay un par de aguas bastante interesantes, en dónde Twtter creó esta limitación que debes atar tú cuenta con un número de teléfono. Entonces, la situación se puso más complicada. Obviamente quien está creando en bloque de estas nuevas cuentas demuestra que tienen tiempo; dos, que tienen muchos recursos, porque deben atar la cuenta a números de teléfono distinto. Esto quiere decir que están comprando chips y están cambiando a cada rato para manejar distintas cuentas, que me generen este código de validación. Y lo ingresan. Así, con todas las cuentas se necesita recursos y tiempo. Ahora es más complicado.

Claro durante el anterior gobierno era común que una persona manejara hasta 12 cuentas, para  hacerlas dinámicas y que no parezcan trolls.
En el tema de creación existe la limitación de que cada cuenta se ata a un número de teléfono. Otra cosa es administrarlas, yo personalmente manejo dos cuentas: una personal y otra de usuarios digitales. La administración es mucho más sencilla que la creación de cuentas, pero obviamente cuando estamos hablando de administrar doce o quince cuentas y darle a cada una como una personalidad es bastante complicado. Es como tener bastantes personalidades dentro.

¿No las manejaban con robots?
Claro, tú puedes generar que una cuenta, que sé yo, que le dé retuits cada vez que un equipo de fútbol, por ejemplo el Barcelona de España o el Barcelona de acá, publique un tuit y automáticamente le dé un retuit. Pero cuando es un tema de crear contenidos y de dar una respuesta distinta a cada tuit, obviamente es más complicado y es más fácil detectarlos como un  comportamientos anómalo, una simulación.

¿Qué otros patrones analizaron ahora?
Algo interesante que encontramos en horarios es que la tendencia ConMiFamiliaNO, se dio un pico. Tú ves que las tendencias no son orgánicas y son organizadas cuando de cero saltan a la primera o segunda tendencia en Ecuador. De una tiene un pico tremendo, empezaron a las 12 y las seis se apagaron. O sea se apagó este hashtag. Ocurrió lo mismo con el Informe a la Nación, tuvieron el pico desde las 11:00 hasta 17:30. Es interesante ver este tipo de patrones de etiquetas gubernamentales que se hacen a partir del mediodía hasta la tarde, prácticamente en un horario de trabajo. No te podría confirmar que son así, porque la hemos encontrado en dos tendencias ConMiFamiliaNo y con el Informe a la nación, pero es bastante extraño y cómico también, porque parece que marcan tarjeta hasta las seis de la tarde y chao, ahí queda tu tendencia.

Entonces hablemos de diferencias. ¿Cuál es la diferencia de las tendencias contra Moreno y del correismo?
Yo agruparía las tendencias contra Moreno. Por ejemplo, en el tema presupuestario de las universidades salieron tres tipos de etiquetas. Una apoyada por gente de izquierda, Vargas, la Conaie, el ex MPD; por otro lado teníamos un híbrido de correístas y de izquierda, gente que parecía estar en la universidad pero a la vez habían sido correístas. Un mix extraño. Y, finalmente una tercera tendencia, sobre ese mismo tema, de correístas acérrimos. Por ejemplo, Glas, Hernández, personajes así.  Las protestas tienen estos tres grupos principales: Izquierda, intelectuales y correísmo. En cuanto a tendencias propias del gobierno tienes las que son apoyadas por las cuentas institucionales, que son inmensas, por eso se les hace muy fácil posicionar cualquier etiqueta, pero no logran mantener una tendencia al pasar del tiempo. O sea no logran que con esas etiquetas las personas puedan interiorizar y hacerlas propias.

5 millones de mascarillas no llegaron al Min. de Salud

El Ministerio de Salud dejó sin efecto el contrato por 4,5 millones de dólares para la adquisición de esos insumos médicos con Pedro Chicaiza. El proveedor no entregó todos los insumos en el tiempo estipulado, lo cual había sido advertido por los importadores, por cuanto ninguna empresa está en condiciones de tener esa cantidad en stock. La Asociación de Importadores ha alertado en varias ocasiones a esta secretaría de Estado el riesgo que implica contratar personas naturales, que no cuentan con el permiso de Arcsa para importar y comercializar productos médicos. 

Redacción Código Vidrio

Pedro Chicaiza no pudo cumplir su contrato con el Ministerio de Salud. Él había ganado en abril pasado un convenio para entregar 6,9 millones de mascarillas quirúrgicas para personal médico que combate al Covid-19 en los hospitales públicos.

La semana pasada, Código Vidrio reveló que Chicaiza obtuvo cinco contratos por 5,3 millones de dólares, a través del régimen de emergencia, sin concurso, para la adquisición de mascarillas, guantes, batas, sábanas y láminas.

Desde le 12 de mayo pedimos un pronunciamiento sobre la contratación a esa secretaría de Estado porque Chicaiza se convirtió en su principal proveedor durante la emergencia por el Covid-19.

El 14 de mayo pasado, Xavier Cuadros, abogado de Pedro Chicaiza, le dijo a este portal que todas las mascarillas ya habían sido entregadas al Ministerio. “Todos los productos y las cantidades de despacho inmediato fueron entregados, tal y como está establecido en los términos y plazos del contrato suscrito con el MSP (Ministerio de Salud Pública)”.

Según Salud, la fecha límite para entregar todos los insumos se cumplió el pasado 17 de mayo. Un día antes, el Ministerio y el proveedor llegaron a un acuerdo para dar por terminado el contrato de las mascarillas por $4,5 millones.

Chicaiza y su esposa Katty Ortega son asiduos contratistas del Estado en salud: la última década los dos ganaron $32 millones en convenios. Ambos también son los representantes y propietarios de las empresas PG Medical e Improhosfar. En el pasado fueron descalificados por participar simultáneamente con sus compañías para un m mismo contrato, por cuerda separada.

Según el Ministerio, en el contrato de las mascarillas, “el proveedor realizó la entrega parcial de los dispositivos”. Solo entregó 1,4 millones de mascarillas con tira elástica y 70.000 con tiras de tela. Es decir, no se recibieron 4.930.000 de esos dispositivos. Chicaiza informó que no podría cubrir con la totalidad de los insumos por “fuerza mayor”.

Por el incumplimiento, los administradores del contrato le impusieron una multa al proveedor por $35.100, que deberán ser cancelados de forma inmediata.

Desde abril pasado, el personal médico de varios hospitales públicos del país ha realizado plantones y protestas exigiendo la entrega de equipos de protección. En este caso, el Ministerio analizaría si cabe abrir una nueva compra de mascarillas.

La decisión de contratar un solo proveedor fue un error del Ministerio, según la presidenta de la Asociación de Distribuidores e Importadores de Insumos Médicos del Ecuador, Cristina Murgueitio.

Precisamente, antes de que se conociera la decisión de la suspensión del contrato, Murgueitio se preguntaba: “¿qué pasaría si ese único proveedor fallaba? Todo el sistema iba quedarse sin abastecimiento”.

Por eso -agregó- en una emergencia sanitaria no se puede entregar todos los contratos a un solo proveedor. “Se tenía que adjudicar a varios, para asegurar la cadena de abastecimiento”.

433 proveedores de salud no tienen permisos de funcionamiento de la Agencia de Control Sanitario

ENTREVISTA. La directora ejecutiva de la Asociación Ecuatoriana de Importadores y Distribuidores de Productos Médicos (Asedim), Cristina Murgueitio, está preocupada por la falta de controles de los insumos que se han contratado en el Ministerio de Salud y en los hospitales por emergencia, con pocos proveedores. Asedim hizo un análisis y estableció que de 898 vendedores que recibieron contratos para proveer insumos médicos 433 no tienen permisos de la Agencia de Control y Regulación Sanitaria. Sobre la contratación de 6,9 millones de mascarillas a una persona natural, dice que ninguna empresa en el país está en capacidad de fabricar esos productos o mantenerlos en stock para concursar.

Redacción Código Vidrio

La Asociación de Importadores hizo un pronunciamiento público sobre el sistema de contratación de la red pública de salud. ¿Han detectado problemas en las contratciones durante la pandemia por el Covid?
Desarrollamos alertas a las autoridades en los dos últimos años. Hemos entregado información al Ministerio de Salud, a la Agencia Nacional de Regulación, Control y Vigilancia Sanitaria (Arcsa) y al Servicio de Contrataciones Públicas, para que se mejoren los controles en las contrataciones. Para comercializar insumos médicos se debe cumplir un requisito mínimo: el permiso de funcionamiento como establecimiento farmacéutico, otorgado por el Arcsa. La Ley de Salud es muy clara: indica que solo los establecimientos farmacéuticos podrán comercializar medicamentos e insumos médicos.

¿Pero esto no está ocurriendo?
Hicimos un análisis de proveedores adjudicados de la base del Sercop del 2016 al 2018. Revisamos proveedores de dispositivos médicos y nos dio un total de 898 adjudicados; eso cruzamos con los permisos de funcionamiento del Arcsa y se evidenció que 433 no tenían dicho permiso. Es decir casi la mitad de proveedores adjudicados no cumplió con ese requisito mínimo. De ahí nacen varias preocupaciones porque han entrado nuevos actores al mercado, con un modus operandi, para decirlo de una manera interesante.

¿Cómo es ese modus operandi?
Para que usted pueda ser proveedor del Estado solo debe contar con el Registro Único de Proveedores y para conseguirlo debe calificarse en el Sercop, solo presentando una copia de ese documento y el RUC. No se valida ni se coteja si ese RUC está vigente o enrolado en el giro de negocio en el que va a participar. Las personas naturales o jurídicas escogen el tipo de negocio en el que quieren ser proveedor, sin que exista ninguna verificación. Eso pese a que la Ley de Contratación especifica que debe comprobar técnica y legalmente el giro de negocio, pero esto no se está exigiendo.

¿Esto desde cuándo ocurre?
En los 10 últimos años. Nosotros hicimos un informe del 2009 al 2016 y nos arrojó un número similar al del rango 2016 y 2018. También hay que considerar que existe la disposición de las autoridades de comprar mediante subasta inversa para ahorrar, lo cual no es lo adecuado. Los dispositivos médicos, en su gran mayoría, el 99%, es importado.


Si las instituciones públicas no controlan mediante subasta inversa pueden ganar personas que no entregan productos certificados. Por ejemplo, el hospital Docente de Ambato que adquirió pruebas para diabetes falsificadas o se entregaron electrobisturis que ingresaron por contrabando.


¿Qué son los dispositivos médicos, qué productos abarca?
Son todos los elementos, aparatos, instrumentos, equipos que permiten tratar, diagnosticar o rehabilitar a un paciente. Estamos hablando desde cosas sumamente básicas como gasas o baja lenguas, hasta tecnología de avanzada, como un tomógrafo o un neuronavegador. El 99% es importado; solo se producen 130 productos en el país.

¿No se puede certificar la calidad de esos insumos?
Hemos trabajado con las autoridades para más controles. Por ejemplo, está en vigencia un manual de buenas prácticas de almacenamiento, que los proveedores estaban obligados a tener desde el 2017. La norma está perfeccionada y vigente desde marzo de este año y ahí se generará un control adicional. El Servicio de Contratación envió una directriz a las unidades médicas para que se exija este requisito obligatoriamente. La ley es muy clara y las instituciones deben cumplirla. No se puede poner en riesgo la salud de los pacientes, imagínese tener productos falsos.

¿Qué pasa con la contratación de personas naturales como proveedores?
Pueden participar, siempre y cuando cumplan con la ley. Deben contar con los certificados de funcionamiento, certificación de buen almacenamiento y el patrimonio para sustentar el proceso. Nuestra preocupación es que el problema continúa, no solo en los procesos de emergencia, sino en los habituales que debe realizar el sistema de salud pública.

¿Cuándo entregaron estas alertas a las autoridades?
No es una alerta de este momento por la emergencia. El año pasado, entre octubre y noviembre, entregamos varias alertas. Hay muchos casos como el de una empresa de servicios legales que ganó el concurso para entregar reactivos de laboratorio al Hospital del IESS del Sur. Está el contrato de $10 millones, para la adquisición de dispositivos médicos en el IESS a una empresa que tenía como giro de negocio la venta de comida. Cuando se la investigó se descubrió que la dirección de la oficina registrada funcionaba, pero para servicios de impuestos. Casi el 100% de dispositivos médicos es importando; eso quiere decir que los proveedores deben contar con espacios adecuados para mantenerlos.

¿Eso ocurre en el país?
El almacenamiento adecuado es indispensable, se deben seguir las recomendaciones del fabricante, de cómo almacenar para garantizar que el dispositivo no tenga fallas y cumpla con sus objetivos. Si los proveedores que ganan los concursos no cumplen con esos requisitos, cómo pueden garantizar el producto

¿Durante esta crisis hay alguna empresa que puede dotar al Ministerio de Salud con casi 7 millones de mascarillas?
Nadie. De hecho, en enero nosotros hicimos observaciones al Comité de Emergencia y a la ex ministra de Salud, Catalina Andramuño, para que se abastezca al país de manera adecuada y planificada.


En emergencia no se pueden entregar todos los contratos a un solo proveedor, se tenía que adjudicar a varios para asegurar la cadena de abastecimiento. ¿Qué pasaba si ese único proveedor fallaba? Todo el sistema quedaría desabastecido, cuando hay proveedores que pueden garantizar la entrega planificada del producto.


¿Entonces, en marzo las importaciones se multiplicaron para traer los insumos médicos?
El estado compra el 80% de lo que hay en el mercado y generalmente el proveedor, cuando se adjudica el contrato, realiza esa importación. Había muy poco producto en stock antes de la emergencia

¿Tener 7 millones de mascarillas en stock es posible?
Es imposible porque no se sabía si se iba adjudicar o no. De hecho muchos de los procesos de contratación que realizó el Ministerio de Salud en febrero se cayeron porque ya existía el incremento de precios en el mercado internacional. Los importadores dejaron de traerlos porque era imposible ingresar a subasta inversa un producto que había triplicado su precio desde la fábrica.

¿Qué le solicitaron a la ex ministra Andramuño?
Recibimos un pedido del Ministerio de Salud para que confirmemos el stock de dispositivos médicos. El 30 de enero contestamos que apenas había el 10% en stock, por eso solicitamos que se abastezca lo antes posible, dado el proceso de importación que se debía realizar.

¿Solo había 10% de stock?
Era lo mínimo. Nos remitieron un listado de productos que debían verificar cuánto había en el país y contestamos que de acuerdo con nuestros asociados había un 10%. Estamos hablando de mascarillas, respiradores y otros insumos que requería el Estado.

¿Entonces, en febrero y marzo hubo grandes importaciones de esos insumos?
Existieron importaciones, pero compras grandes no se dieron, hasta que se declaró la emergencia. Nuestra sugerencia fue que se abrieran los concursos y se centralizaran las cantidades para que puedan realizar esas adjudicaciones especiales. Antes de la emergencia no lo había hecho y ahora se sigue comprando parcialmente.

En la crisis todos compraron insumos médicos desde el cuerpo de bomberos de un cantón pequeño, hasta el Ministerio de Salud. ¿Se garantizan esos productos?
Esa también es la alerta que emitimos. Todas estas entidades se siguen abasteciendo durante la emergencia y también el sector privado, pero deben tomar en cuenta todos los requisitos para esa compra. Que se compre a los proveedores calificados por la Ley.

Por ejemplo, muchos hospitales aseguraron que compraron mascarillas N95 de fabricación nacional. ¿El país produce esos productos?
No existe la validación de la N95 en el país. Adicionalmente no existe la ISO-13485, que certifica la idoneidad de un dispositivo médico. Esa norma es una ISO internacional que todavía no existe aquí. Nosotros dimos la alerta y tenemos una reunión pendiente con el Arcsa para que emita las directrices al respecto. No podemos poner en riesgo a las personas cuando decimos que le estamos dando una N95 hecha en el país. Si se quiere promover la fabricación de mascarillas nacionales hay que hacer varias regulaciones. No me atrevería a llamarlas mascarillas, sino cubrebocas, porque una mascarilla tiene un proceso de fabricación más técnico. Pero si se quiere impulsar esos cubrebocas hay que informarle al usuario que no puede realizar varias actividades con esos productos. Por ejemplo, ir a hospitales o visitar a un paciente. No puedes decir que es una mascarilla y dar una falsa sensación de seguridad.

¿Las mascarillas es el uno de los insumos más importantes para la pandemia, cómo garantizar su efectividad?
Este es un reto para todos, tenemos que regular las ventas que se están dando en redes sociales. Tenemos que generar esos controles, quienes deberían únicamente comercializar dispositivos médicos en la web deben ser los establecimientos farmacéuticos. Estamos en reuniones con las autoridades para solicitar esa regulación, porque se está poniendo en riesgo a las personas.

¿Cómo cambiar estos problemas en el sistema de compras públicas?
Debemos ponderar la calidad del dispositivo médico que queremos adquirir. Muchos de estos productos están atados a tecnología que tiene que ser evaluada de manera adecuada y que no puede entrar a una puja en la subasta inversa.

¿Qué la calidad del producto esté por encima del precio?
Este es el punto que más discutimos con las autoridades, que eso también sea evaluado con los recursos que ya tiene la Ley. Hay una instrucción para que se compre todo mediante subasta y mediante un catálogo. Esto no va a proveer al sistema público del dispositivo adecuado, para garantizar la salud del paciente y el tratamiento que está recibiendo.

¿La subasta inversa es mala a pesar de que los productos cumplan con todos los parámetros técnicos?
Lo que sucede es que en la subasta inversa solo se piden los requisitos mínimos de un producto. No se consideran las características adicionales y mejores. Estos buenos insumos no podrán ingresar porque siempre le va a ganar el mínimo. La subasta inversa es una tendencia que se está aplicando durante 10 años y ha ido aumentado considerablemente. Ahora se pide que se compre por subasta inversa y catálogo de productos, pero en el caso de dispositivos médicos no es conveniente. La subasta no elimina la corrupción. Hay que trabajar en conjunto: los proveedores de dispositivos médicos, importadores y distribuidores somos socios estratégicos del sistema nacional de salud. Hasta ahora tenemos una cartera vencida, pendiente de pago, de $32 millones.

Esposos ganaron $32 millones en contratos de Salud

Cinco contratos por $5,3 millones fueron entregados directamente a Pedro Chicaiza, para la adquisición de mascarillas, guantes, batas, sábanas y láminas, durante la emergencia por el covid-19. Él ha recibido $16,3 millones en contratos desde 2010, mientras su esposa, Katty Ortega, obtuvo convenios en el área de Salud pública por otros $16 millones, para proveer insumos médicos, con su empresa Improhosfar. Chicaiza es presidente de esa misma firma, pero, por cuerda separada, como persona natural, es el principal proveedor del Ministerio de Salud: obtuvo más del 30% de sus recursos por contrataciones, desde marzo pasado. En total, en esta emergencia la entidad hizo compras por $16,4 millones, hasta el 17 de mayo. Las autoridades de esa cartera de estado no han respondido a nuestros pedidos de entrevista.

Redacción Código Vidrio 

Los contratos con el Ministerio de Salud fueron una lotería para Pedro Chicaiza. Él es el principal contratista de esta entidad para enfrentar el coronavirus, a través del régimen de emergencia. Y ha sido un proveedor muy afortunado: desde 2011 ha recibido $16,3 millones por contrataciones.

A partir de abril, esta cartera registra cinco contratos a su nombre para adquirir mascarillas, guantes, batas, sábanas y láminas, que suman $5,3 millones. En total, la entidad hizo compras por $16,4 millones, entre marzo y el 17 de mayo, de forma directa. Por acuerdos de emergencia se gastaron más de $111 millones, en todo el sector público. 

Salud es el segundo mayor contratante durante esta pandemia. El primero es la Municipalidad de Guayaquil, con más de $17 millones.

Chicaiza es el principal proveedor de esa cartera: obtuvo más del 30% de sus recursos por convenios en régimen de emergencia.

Su esposa Katty Ortega también es una asidua proveedora, con su empresa Improhosfar, importadora y comercializadora de dispositivos médicos. Desde 2009 recibió $16 millones por compras de insumos médicos, la mayoría a través del régimen de subasta inversa. Esta firma fue creada por Chicaiza, quien es su actual presidente. Su pareja es la gerente y accionista mayoritaria.


Chicaiza es el principal contratista del Ministerio de Salud en esta emergencia

Chicaiza ha enfrentado seis procesos judiciales, desde el 2011. Ninguno llegó a sentencia ni sanción. Además, la Fiscalía lo indagó por una supuesta defraudación tributaria, pero el caso se aclaró y no se emprendió un proceso jurídico. Sin embargo, tuvo un impedimento de salida del país como consecuencia de un proceso coactivo de Aduanas del Ecuador, que estuvo vigente entre julio del 2017  y febrero de 2018.

En el portal de la entidad estatal no se puede acceder a detalles del proceso; pero, según Xavier Cuadros, abogado de Chicaiza, este caso se inició por una deuda que calificó como caducada y parte de un «proceso improcedente». “El problema es que mi cliente nunca fue notificado legalmente para defenderse en el proceso de conocimiento, sino que se enteró en el momento que le activaron la coactiva”.

Vinculación de empresas de los esposos fue advertida por el Sercop

El Servicio Nacional de Contratación Pública (Sercop) advirtió de la vinculación entre las empresas de los esposos Chicaiza-Ortega. Esto ocurrió en el 2017 durante una subasta inversa para dotar de lencería quirúrgica estéril al hospital San Francisco de Quito, del Seguro Social.  En el concurso, Pedro Chicaiza participó a nombre de su empresa Tecmed, mientras que su cónyuge, Katty Ortega, por Improhosfar.

En la puja, Tecmed presentó la propuesta más económica para adquirir el contrato equivalente a $64.000. Improhosfar ofertó $76.000. No obstante, el equipo del Sercop detectó su vinculación y redactó un informe que detalla: “El representante legal Katty Ortega, del proveedor Improhosfar, es accionista mayoritario absoluto (50%) del proveedor Tecmed (…). El representante legal de Tecmed es Pedro Chicaiza Alvarado, accionista mayoritario absoluto (50.02 %) de Improhosfar”.

Y concluye: “los proveedores Improhosfar y Tecmed comparten el mismo accionista mayoritario absoluto Pedro Chicaiza Alvarado”. En 2019, para no tener ese impedimento, Chicaiza traspasó todas sus acciones de Improhosfar, que preside, pero siguió contratando a su nombre.

Al final del concurso, la empresa Famedic fue la ganadora. Según el Sercop fue escogida, a pesar de que no presentó la propuesta más económica, pero el análisis de vinculación eliminó a las compañías de Chicaiza.


Katty Ortega es la gerente de Improhosfar, que recibió $16 millones en contratos del Ministerio de Salud. Su esposo, Pedro Chicaiza, es el presidente de la firma. Como persona natural él ganó $16 millones más, para otras contrataciones de equipos en esa misma cartera.


Según los registros de Migración, ha realizado más de 50 viajes al exterior, en la última década, especialmente a Estados Unidos, Brasil, Perú y México. En los registros de la Agencia de Tránsito tiene 29 vehículos a su nombre.

Su abogado dice que en la empresa PG Medical su cliente mantiene a 100 empleados, no obstante las contrataciones en el Ministerio son con Chicaiza como persona natural, no con su compañía.

Los archivos de la Superintendencia de Compañías indican que posee acciones en dos empresas: PG Medical, creada en 2014, y Tecmed, que opera desde 2003. Y también fue accionista de Improhosfar, la compañía de su cónyuge.

“Es importante aclarar que el nombre Pedro Giovanny Chicaiza Alvarado / PG Medical es el nombre comercial que he usado desde el inicio de mis actividades comerciales, con mi RUC (Registro Único de Contribuyentes) de persona natural”, resalta.


Los esposos Chicaiza-Ortega crearon sus empresas en Guayaquil, donde residen

 


El RUC de Chicaiza es 0911729457001 y el de PG Medical, constiuida el 2014, tiene el número 0992862424001. Los estados financieros de la empresa no registran ninguna operación de ingresos o egresos económicos, hasta el 2018, último año descrito en los archivos de la Superintendencia.

Las tres son compañías familiares, creadas con la participación, especialmente de Ortega y otros parientes, en la rama de insumos médicos.

Las ganancias de Chicaiza crecieron en los últimos siete años. Según informes del Servicio de Rentas Internas, desde el 2002 al 2008, él pagó un máximo de $168 por Impuesto a la renta; luego subió a $94.000, en el 2012; un año después declaró $167.776, su más alta tributación. El año pasado declaró más de $139.000. “Soy uno de los mayores contribuyentes  de impuesto a la renta, a título personal y empresarial”.

Su centro de operaciones está ubicado en la avenida Domingo Comín, en Guayaquil. Su portafolio de productos  incluye rollos y compresas de gasas; ropa y lencería quirúrgica descartable, mallas de prolipopileno.


Detalle de todos los contratos adjudicados a Pedro Chicaiza y su esposa en Salud, por subasta inversa y régimen de emergencia, desde 2009. Fuente Sercop


Chicaiza aseguró a este portal que todavía no ha recibido ningún pago del Ministerio, aunque ya entregó todos los insumos comprometidos. Los contratos fueron firmados en abril pasado: cuatro se concretaron en los primeros 14 días del mes.

Con la declaratoria de la emergencia en marzo, el Ministerio de Salud estaba apremiado por adquirir todo tipo de insumos y abrió adquisiciones directas para comprar mascarillas, guantes, batas, sábanas y telas empañadas de alcohol, sin consurso.

En todos participó Chicaiza. El más importante fue la venta de 6,9 millones de mascarillas quirúrgicas, por $4,5 millones. El valor unitario por cada producto fue de 0,65 centavos, superior al que pagaron otros hospitales públicos, como el de Otavalo y de Azogues, de 0,45 y 0,50 centavos, respectivamente.

En estas cantidades, cada centavo puede hacer un gran diferencia. A un costo de 0,50 centavos, el Ministerio se habría ahorrado cerca de un millón de dólares. Habría pagado $3,4 millones.

Este portal consultó a la Asociación Ecuatoriana de Importadores y Distribuidores de Productos Médicos (Asedim) si conocía la trayectoria de Chicaiza. Respondieron que no era parte de la Asociación y que tampoco lo conocen. Este gremio se mostró preocupado porque personas naturales y jurídicas, que no cumplen con los requisitos, ganaron los concursos para dotar de insumos a las casas de salud públicas durante esta pandemia. Este problema no es nuevo. Según la Asedim, el año pasado entregaron un listado a la ex ministra de Salud, Catalina Andramuño, para alertarle sobre la entrega de contratos a personas y empresas que no cuentan con permisos de la Agencia de Regulación y Control Sanitario (Arcsa).

Se estrecha el cerco a los proveedores únicos

Silvana Vallejo, directora del Sercop, impulsa el proyecto de Datos Abiertos para que cualquier persona pueda acceder a la información de todas las contrataciones en el sector público.

Uno de los principales problemas en las adquisiciones de emergencia, detectados por el Servicio de Contratación Pública (Sercop), ha sido precisamente el de proveedores únicos. Hasta el 2019 se ubicaron 680 proveedores únicos de productos específicos; la mayoría ha sido eliminado, para fomentar la participación de más empresas y personas naturales, con una puja, que reduzca los costos, dijo Silvana Vallejo, directora del Sercop.

Hasta el año anterior, el 73% de los contratos tenía proveedores únicos. Hoy el 63% de procesos cuenta con más de dos oferentes. Esto ha significado para el estado un ahorro de 390 millones, según Vallejo. 

“Cada centavo es importante. Un ejemplo es un contrato que realizó la Agencia Nacional de Tránsito para adquirir placas”. Se identificó que había un solo oferente, pero al invitar a más participantes se logró una rebaja de unos pocos centavos, que al final representaron un ahorro de 700 mil dólares.   

Un comité analizó 16 propuestas 

16 empresas hicieron ofertas para las mascarillas en el Ministerio de Salud. Sus propuestas fueron analizadas por un comité conformado por Alexandra Campoverde, Jacob Flores y María Santillán, funcionarios de esa entidad.  El 2 de abril pasado entregaron su informe y justificaron que el precio de las mascarillas fue superior al establecido en la proforma porque la demanda de los insumos elevó su precio por la pandemia.

Pedro Chicaiza fundó Improhosfar en el 2002. Hoy su esposa es la principal accionista y gerente, mientras él preside la compañía, que es proveedora del Ministerio de Salud.

El comité recomendó la adjudicación a Chicaiza, ya que en su propuesta aseguró que entregaría inmediatamente más de dos millones de mascarillas. El primer paquete fue de 1,4 millones con elástico para ajustar al rostro y 70.000 con tiras de tela. El resto lo entregaría cada semana, hasta completar los seis millones.

Este plazo terminó viernes 14 de mayo, un mes después de la firma del contrato. Chicaiza aseguró que cumplió lo acordado y entregó todos los productos. Sobre el costo unitario de las mascarillas dijo que no se  puede realizar una comparación superficial. “Hay que conocer los productos y sus características para hacer las comparaciones”.

“Respecto a las mascarillas quirúrgicas es importante determinar si los filtros y tipos de tela cumplen con los estándares de calidad que aseguren una protección adecuada para proteger en esta emergencia sanitaria”, recalcó mientras explicaba que todas sus mascarillas, que son importadas, tienen tres capas y filtro de protección, y que sus precios son menores al mercado actual.

Desde la semana pasada (martes 12 de mayo), las autoridades del Ministerio de Salud no han respondido a nuestro pedido de información sobre el cumplimiento de este convenio y por qué adjudicaron el millonario contrato a una persona natural relacionada, a su vez, con otras empresas, que también han obtenido contratos por subasta inversa. Pedimos una entrevista con el ministro Juan Carlos Zevallos, pero su equipo de comunicación dijo que una comisión técnica contestaría.

A los trabajadores de salud les faltan insumos de protección

Los presidentes de los colegios médicos de Guayas y Pichincha se sorprendieron con la información de la cantidad de mascarillas adquiridas por el Ministerio.

Según Víctor Álvarez, de Pichincha, aún persisten las quejas de los trabajadores de la salud por la falta de insumos para su protección. Aseguró que existen hospitales que ordenaron que se use la mascarilla de tela durante toda la jornada laboral, cuando la norma internacional dispone un máximo de 4 horas y luego debe ser desechada.

A fines de abril, el personal médico del hospital Eugenio Espejo, realizó protestas para exigir equipos de protección para enfrentar la pandemia.

Wilson Tenorio, presidente del Colegio de Guayas, dijo que uno de los principales problemas que afrontan los profesionales de la salud es la falta de implementos para su protección. Por eso el Colegio de Guayas pidió a las autoridades que hasta que no se complete la dotación de estos insumos no se levante el semáforo rojo de la cuarentena.

Sin embargo, el ministro Zeballos, en una cadena el 13 de mayo, expresó que durante los dos próximos meses está garantizada la dotación de equipos de protección a médicos y enfermeras. Especialmente en Pichincha, donde el pico de contagios está elevándose.

La fórmula ganadora de Chicaiza

Para los otros cuatro contratos, Chicaiza tuvo una fórmula ganadora: garantizar la entrega inmediata de los productos y en la cantidad que pida el Ministerio. Eso ocurrió con el acuerdo para entregar 4,2 millones de guantes (de examinación de látex, quirúrgicos y de examinación de nitrilo).  Chicaiza dijo que entregó todos los insumos inmediatamente.

El contrato fue por $526.759. La comisión técnica también explicó que los precios del producto se elevaron de sus promedios históricos por la falta de stock en el país y en el extranjero.

Lo mismo sucedió con la dotación de batas para protección de los trabajadores de la salud y de sábanas para los hospitales del país.  En el primero debió entregar 23.719 batas de talla grande a un valor unitario de $2,99, un dólar más del presupuesto referencial que el propio Ministerio elevó por la crisis del coronavirus.

Este convenio costó $70.913 y la ropa de protección fue entregada. Sin embargo, el Ministerio tuvo que realizar otro proceso de adjudicación para dotar de 60.000 batas de talla mediana. Este fue entregado a Pedro Quimis, por $216.000.

La dotación de 25.473 sábanas de una plaza y plaza y media también fue adjudicada a Chicaiza. El costo de este convenio fue de 57.710 dólares. Él aseguró que entregó ese material al Ministerio de Salud, pero que aún no recibe los pagos por ninguno.

El último contrato fue para dotar de 3.464.909 láminas impregnadas de alcohol. Este convenio fue suscrito el 30 de abril por $225.219.  En este proceso, Chicaiza presentó la oferta de 0,65 centavos por unidad.

Cuatro días después de la firma de este convenio, el Ministerio suscribió otro para recibir medio millón de láminas. El precio por unidad fue de 0,55, es decir más económico que el firmado con Chicaiza.

Aumentos de hasta el 681% en mascarillas, trajes y fundas de cadáveres

La discrecionalidad y el despilfarro fueron una constante en las compras de insumos médicos durante la emergencia por el coronavirus en Ecuador. Mientras por una mascarilla N95 las autoridades de hospitales e instituciones públicas de distintas provincias pagaron valores que oscilaron entre 2 y 12 dólares, por un traje de protección gastaron entre $12 y $80, y por una funda para embalar cadáveres entre $22 y $150. No hubo parámetros ni costos referenciales. Hay aumentos de hasta el 681% en los precios. Se realizaron compras a dedo por $92,8 millones, hasta el 10 de mayo. 

Redacción Código Vidrio

Los costos de las mascarillas, trajes de protección y fundas de cadáveres, comprados durante la emergencia por el coronavirus, tienen incrementos que llegan al 681%. Hubo discrecionalidad y despilfarro, con millones de dólares de fondos públicos.

Código Vidrio revisó decenas de contrataciones en el portal del Servicio de Compras Públicas (Sercop) y estableció variaciones significativas en los precios de compra de esos insumos. Entre marzo y el 10 de mayo, las instituciones del sector público, especialmente en Salud, realizaron compras por 92,8 millones de dólares, a través del régimen de emergencia, sin concursos. A dedo.  

La mayoría de autoridades de hospitales y centros médicos, así como los municipios y prefecturas y otras entidades compró esos productos sin tomar en un cuenta una guía referencial ni comparación de precios. Tampoco las recomendaciones constantes en este período de buenas prácticas del Servicio Nacional de Contratación Pública (Sercop), que incluían la posibilidad de publicar en su página las necesidades de cada entidad, para así contar con un mayor número de proveedores y escoger el precio más conveniente. 

Pero el ahorro de recursos no fue una prioridad. El objetivo principal de las autoridades era comprar insumos a como dé lugar, lo antes posible, a cualquier proveedor, incluidas personas naturales y jurídicas. Esta discrecionalidad fue aprovechada, precisamente, por empresarios y contratistas inescrupulosos para negociados, que hoy son investigados por la Fiscalía y la Contraloría. 

Silvana Vallejo, directora del Sercop, dice que de todas las entidades que se acogieron al sistema de emergencia 537 realizaron contrataciones, que son monitoreadas constantemente por funcionarios de la entidad. “Desde el 16 de marzo, cuando se decretó oficialmente el estado de emergencia, enviamos a la Contraloría y a la Fiscalía decenas de casos que consideramos sospechosos de irregularidades”, subraya Vallejo, quien la semana pasada anunció que todos los datos de contrataciones de emergencia son públicos y pueden ser revisados por cualquier persona, a través del sistema de Datos Abiertos.


Las cifras de la emergencia por el Covid-19 hasta este domingo 10 de mayo (Sercop)


Un carrusel de precios

Mientras por una mascarilla N95 las autoridades pagaron precios que oscilaron entre 2 y 12 dólares, por un traje de protección gastaron entre $12 y $80, y por una funda para embalar cadáveres entre $22 y $150. Es decir que hay aumentos del 500% al 681%

Al hacer una búsqueda entre proveedores en Internet, las mascarillas N95 se ofertan en $2, los trajes $20 y las fundas $25, en promedio. Durante los días más críticos de la pandemia, entre marzo y abril, las autoridades justificaron las compras a costos más elevados por la excesiva demanda.

En la revisión por muestreo de los contratos detectamos que la variación de costos no dependió estrictamente de la calidad, confección o especificidad técnica de los insumos. Se basó, sobre todo, en el criterio y discrecionalidad de cada autoridad, en algunos casos apremiada por adquirir el producto a cualquier costo. 

Esta facultad está definida en la ley de Contratación. Establece que la máxima autoridad podrá contratar de manera directa y bajo su responsabilidad las obras, bienes o servicios, incluidos los de consultoría, que se requieran para superar la emergencia. “Podrá, inclusive, contratar con empresas extranjeras sin requerir los requisitos previos de domiciliación ni de presentación de garantías”.

Así, con la emergencia se eliminaron todos los filtros que establece la ley para régimen común y especial, como estudios de factibilidad, necesidad y convocatoria a presentación de ofertas, un concurso público…

Precisamente, Víctor Álvarez, presidente del Colegio de Médicos de Pichincha, destaca que el decreto de emergencia abrió las puertas de par en par a la corrupción en todo el sistema de salud. Lo más grave, apunta, es que los negociados “ponen en peligro la atención a los pacientes”, con el agravante de mantener al frente de casas de salud a “personas sin competencia”.


Contrato para la compra de mascarillas en el IESS, valoradas, cada una, en 12 dólares. Se preveía gastar $1,5 millones.


Incluso -agrega- las donaciones que ha recibido el país aún no llegan a los trabajadores hospitalarios, que no cuentan son insumos de protección. «Tenemos miedo de contagiar a nuestras familias y comunidad; las palabras de aliento no son suficientes cuando no tenemos las garantías necesarias para ejercer nuestro trabajo».

Mascarillas costaron entre 2 y 12 dólares

Las mascarillas se volvieron indispensables, en medio del temor generalizado al contagio, que ya ha causado 1.800 muertes.

La primera alerta de los supuestos negociados en la compra de mascarillas salió a la luz, a fines de marzo pasado. Entonces se supo que el IESS había concretado un convenio para adquirir insumos médicos por $10 millones, a través de un proceso de emergencia. El contrato incluyó la compra de mascarillas a $12 por unidad. El caso, que es investigado en la justicia, causó un remezón en el Gobierno y detonó la destitución del director general del Seguro Social, Angel Llanos, y luego la renuncia de Paúl Granda, cabeza del Consejo Directivo.

Al revisar otras contrataciones, constatamos que ese no sería el único caso de posibles sobreprecios.

Por ejemplo, las autoridades del hospital de la Policía en Guayaquil pagaron por una mascarilla N95, fundamental para el trabajo de los galenos y enfermeras, $10 la unidad. Entre tanto, otras casas de salud, como el hospital Isidro Ayora, de Loja, la adquirieron en $ 2,34. Esta entidad compró 1.000 mascarillas; luego adquirió 500 más, pero con una válvula o filtro adicional, que elevó su preció a $3,20.

La variación de costos ha sido una constante, los últimos tres meses. Por ejemplo, el Hospital pediátrico Alfonso Villagómez de Riobamba pagó 3,23 dólares por mascarilla, que incluía  una válvula unidireccional, para mejorar su seguridad.


Mascarillas, fundas para cadáveres y trajes de protección fueron de los insumos más demandados


El precio se elevó en el Instituto de Seguridad Social de Ibarra. Esta dependencia canceló $3,70 por el respirador, pero en su contrato no se exigió una válvula central; en cambio permitió que ese producto sea KN95, el equivalente chino a la calificación N95, que entregan las autoridades sanitaria de Estados Unidos.

El hospital de Manta también pagó $3,70 por cada mascarilla sin válvula. Compró 10.000 asegurando que tenían una efectividad del 95% de filtración de agentes biológicos y patógenos.

En el resto de hospitales del IESS, Ministerio de Salud, Fuerzas Armadas y Policía se adquirió el producto a precios más elevados. 

El hospital docente de Ambato ejecutó dos contratos. En el primero pagó $4,40 y en el segundo $3,98, por el mismo producto. En ambos se compraron 10.000 mascarillas KN95 de China. Los convenios se concretaron entre el 2 y el 14 de abril pasado.

El Hospital Básico de la IV División de Ejército las adquirió a $4,30 con un proveedor nacional. En la misma provincia el Hospital General pagó $4,50 por cada mascarilla. Pasaron la barrera de los cinco dólares el hospital militar de Riobamba, que adquirió 402 unidades. El hospital Básico de Pastaza pagó $5,25. 


El Ministerio de Salud es el principal comprador de insumos médicos por emergencia. Pagó 15 millones, seguido por el Municipio de Quito, con 5 millones; el Municipio de Guayaquil, 5 millones, el Hospital del Guasmo Sur, 4 millones, y el Hospital de los Ceibos, 3,5 millones (Sercop). 


Mientras el Pablo Arturo Suárez de Quito canceló $5,50 por mascarilla con válvula, el hospital Militar de Loja pagó $6. En el Marco Vinicio Iza, de Sucumbíos, se pagó $6,16 dólares, pero del tipo KN95, importadas de China.  

En el hospital del IESS de Machala pagaron $7,50 por cada unidad, al igual que el hospital obstétrico Angela Loayza y el hospital General de El Oro. 

En Cuenca, el Vicente Corral de Cuenca compró 300 mascarillas, a $8.50 cada una, sin filtro. El hospital Gustavo Domínguez de Santo Domingo firmó un contrato por $8,65 por mascarilla reutilizable, con una válvula.

En la Dirección Distrital de Salud de Santa Elena y de Morona Santiago pagaron $8,60 por cada producto.  

Uno de los precios más altos, que pudimos detectar se pagó en el Cuerpo de Bomberos de Pastaza. Sus autoridades abonaron $9.50 por mascarilla. En el contrato indicaron que hicieron un estudio de mercado y la propuesta de la empresa Extinfie “fue la más económica para las finanzas de la entidad”.  

Precios dispares en trajes de protección

Si en las mascarillas los precios variaron en todo el país, lo mismo sucedió con los trajes de protección de bioseguridad. Desde marzo, cuando empezó la emergencia por el Covid-19, una de las principales adquisiciones fue la de trajes.

A fines de marzo se conoció la compra de mascarillas con sobreprecio en el IESS. El caso, que es investigado en la justicia, causó un remezón en el Gobierno. Desencadenó la destitución del director general del Seguro Social, Angel Llanos, y la posterior renuncia de Paúl Granda, cabeza del Consejo Directivo de la entidad.

En este caso, los costos por cada prenda variaron, de acuerdo al proveedor y a la cantidad. Los precios oscilan entre 12 y 80 dólares.

Los valores más económicos en este caso se contrataron en la Corporación Eléctrica del Ecuador, que adquirió 500 trajes a $12, cada uno.  

No obstante, la  Corporación Nacional de Electricidad Cnel-Ep compró 4.000 trajes en $35, cada uno, a la empresa Lifepharma.

El Cuerpo de Bomberos de Guayaquil compró trajes de bioseguridad en $88, mientras el Municipio Antonio Ante y el Cuerpo de Bomberos de Santa Elena pagaron $50 por cada prenda, y el Cuerpo de Bomberos de Salitre los compró en $43.

Entre los proveedores hay personas naturales y empresas privadas. En ese caso, precisamente se encuentra el Municipio de Quito, que compró a Ana Lucía Peralta 13.500 trajes de protección en $23, cada uno. El monto total fue de $310.500. Esta misma entidad realizó otra adquisición de trajes a otro proveedor (Carlos Cedeño). Le compró 10.000 trajes, pero a un precio inferior: $17,6. El contrato fue de $176.000.

En el hospital Guasmo Sur adquirieron 5.000 prendas a Patricio Mosquera Arroyo; le pagaron $34,5 por unidad.  El precio se incrementó en el docente de Ambato, que canceló $39.9 por traje, lo cual es auditado por la Contraloría. 


Algunos de los contratos para adquisición de insumos médicos durante la emergencia (Sercop)


Compras de fundas para cadáveres sin especificaciones

Otra variación de precios considerable se evidencia en la compra de bolsas para proteger a los cadáveres de contagiados con el covid-19, en Guayaquil. 

Las adquisiciones más cuantiosas se reportan en los hospitales Los Ceibos y Guasmo Sur de Guayaquil, la ciudad más golpeada por la pandemia. Ambas casas de salud gastaron más de $7 millones, en contratos de emergencia.

Los funcionarios de los dos centros son indagados por supuestas compras con sobreprecios. El caso de Los Ceibos fue el primero en conocerse.

Jorge Wated, director del IESS, informó en su cuenta en Twitter que las fundas adquiridas en $12 para embalar cadáveres eran de manufactura artesanal y tenían un evidente sobreprecio.

En el convenio que revisamos no hay ningún detalle técnico para recibir el producto, solamente se estableció que sea “para adultos”. Así dejaron abierta la posibilidad de que tuvieran cualquier material.  

Sus autoridades firmaron un contrato para adquirir 4.000 bolsas para cadáveres por $594.000, que representa un precio unitario de $148,50.

El director del Seguro Social, Jorge Wated, aseguró que esos insumos evidentemente son de fabricación artesanal, y no podrían tener ese valor.

El contrato se firmó el 13 de abril pasado por la gerente de Los Ceibos, Susana Mera, y por Sandra Ortega, quien es representante de la firma ganadora, Silverti Medical Group. Ambas son investigadas por la Fiscalía.

Édgar Molina, abogado de la compañía privada, dijo que el precio de las fundas se debe a sus cualidades y especificaciones técnicas. Sin embargo, en ninguna parte del convenio que consta en el portal de Compras Públicas están esos detalles

No fue el único caso. Algo similar ocurrió en el Hospital del Guasmo Sur, donde no se definió ninguna especificación técnica para las adquisiciones de fundas. 

En este hospital se firmaron tres contratos para tener este insumo. En el primero se determinó un costo de $145 por cada funda. Se firmó con la empresa Yanay, que incluía la entrega de otros 32 insumos. La adjudicación fue por $307.538. De ellos, $20.00 fueron para las bolsas.

Luego esa casa de salud decidió hacer contratos por separado, solo para las fundas. 

En el segundo convenio compró 600, a $131 cada una. Pagó $78.720 a Distribumedic, empresa dedicada a la venta al por mayor de insumos médicos desde el 2018.

El tercer contrato fue por 200 bolsas, a $140 cada una. En total, se canceló $18.816 a Denisse Córdova, quien se dedica a la venta al por mayor de insumos, desde el 2014.

Otra presunta compra irregular ocurrió en el hospital de la Policía, en Guayaquil. La ministra de Gobierno, María Paula Romo, denunció el caso y envió un oficio a la Fiscalía para que indague la compra de fundas impermeables a $130 cada una.

En el hospital de Puyo se firmó un contrato para comprar fundas por $78, cada una. El mismo precio se pagó en el Centro Clínico Ambulatorio de Santo Domingo de los Tsáchilas. Mientras que el hospital del Seguro Social de Ibarra pagó $75 dólares por los cobertores. 

En su contrato, firmado el 14 de abril, se detalló la compra de 200 de esos productos por $15.000.  El hospital geriátrico Bolívar Arguello también pagó $75 por cada unidad.

En el hospital de los Ceibos, en Guayaquil, se investigan varios casos de sobreprecios. Uno de los más difundidos es el de la compra de 4.000 bolsas para cadáveres, por $594.000. El precio de cada insumo es de $148.

Para Wated, pagar más de 70 dólares por ese producto también es escandaloso. Por eso, anunció dos medidas: conformar un equipo para que indague los contratos y llegar a un proceso de compras unificadas para el sistema. 

El Hospital Básico de Alausí pagó $75 por cada bolsa. En ese cantón de Chimborazo hay ocho casos de contagio por el Covid-19 confirmados. Mientras que Julius Dopefner, de Zamora, firmó un contrato por $70 por cada bolsa. En esa provincia amazónica han fallecido dos personas, según el último reporte de la emergencia.

Mientras tanto, el hospital Alfredo Noboa Montenegro de Guaranda firmó un contrato para adquirir 100 de esos implementos, a un costo unitario de $65. Este es el cantón más golpeado en Bolívar y registra 16 fallecidos hasta el 8 de mayo.

Los precios son inferiores en otras partes del país. El Hospital de Machala se canceló $60 por bolsa. Precisamente, el 9 de mayo, el director del IESS, David Ruales, pidió que la Fiscalía y la Contraloría investiguen un supuesto sobreprecio del convenio de emergencia por $60.000, firmado el 24 de abril con el proveedor Nabij López, para la adquisición de fundas de embalaje.  

Además, en el Sagrado Corazón de Jesús de Quevedo se pagó $48 por unidad.  Los Ríos es la sexta provincia con más fallecidos durante la pandemia.

Pero las diferencias de precios son abismales. Hay centros que pagaron $20 dólares por cada funda. Por ejemplo, el Teófilo Dávila  de Machala compró el producto en $22,30. En las órdenes de compra se detallaron los requisitos que debía tener cada bolsa. Por ejemplo, que tenga entre 400-600 micrones de grosor; 1,10 metros de largo y 2,25 de ancho; agarraderas resistentes a desgarros; un cierre en forma de U o central; que soporte ácidos y derramos de fluidos fisiológicos; resistente a la humedad, impermeable y autodegradable.

Estos mismos requisitos se exigieron en los hospitales María Lorena Serrano de El Oro y el General de Latacunga, donde se pagó $33 dólares por cada bolsa. En total fueron 200 unidades, que llegaron a costar más de $6.000. 

Así, la compra de insumos médicos por emergencia fue totalmente heterogenea y no tuvo ninguna directriz ni control desde el Gobierno.

Quienes lanzan fake news prenden la chispa para que todo arda

ENTREVISTA. La severa crisis que golpea al Ecuador por el coronavirus destapó las estrategias y campañas de distintos actores en redes sociales. La pandemia es un laboratorio preelectoral donde se desarrolla una guerra entre posibles candidatos y sus alfiles. Dos jugadores son protagónicos: el correísmo y el gobierno. Para entender lo que está ocurriendo conversamos con Héctor Daniel Galarza, consultor y estratega de tecnopolítica, con 15 años de experiencia en marketing y comunicación política.

Redacción Código Vidrio

¿Qué ocurre en las redes sociales, hay una guerra sucia con miras a posicionar o desprestigiar a ciertos políticos y funcionarios públicos, en un escenario preelectoral en Ecuador? 

Hay gente que necesita hacer dos cosas. Primero dañar la imagen de candidatos y figuras públicas claves; en este caso de Cynthia Viteri, alcaldesa del Partido Social Cristiano, con lo cual afectan a Jaime Nebot, potencial candidato presidencial. Y otros ataques sistemáticos son protagonizados por trolls del correísmo para debilitar al vicepresidente Otto Sonnenholzner y, así, terminar de agrietar la imagen del Presidente y su gobierno. En ese contexto, también es evidente que han contratado empresas para mejorar la imagen del Presidente.

¿Cómo ve usted el papel que el gobierno juega en redes?

El gobierno está tratando de contener un tsunami de ataques que es incontenible. En esta guerra hay varios grupos: uno es el correísmo, otros, que son más estratégicos y no son tan evidentes, y algunas autoridades de entidades gubernamentales, que siguen consejos consultores políticos, quienes contratan trollcenters para cambiar la percepción negativa o contrarrestar las arremetidas.

¿Y cómo operan?

Acuden a ministerios y dependencias públicas donde se promocionan diciéndoles que están atacando en redes a la cabeza de la institución, pero realmente en varios casos ellos mismos son los que generan esas arremetidas. Entonces simulan una necesidad y ofrecen defender a la autoridad con sus activistas digitales, a través del contrato de una campaña de comunicación. Nunca se deja sentado por escrito que se contrata un troll center. Luego, si se concreta la contratación, inmediatamente cesan los ataques.

¿Actualmente ocurre esta práctica en alguna entidad pública?

Así es. Varios están contratados en el sector público. Hubo alguien desde la época de Richard Espinosa, en el anterior gobierno, que ha manejado el Ministerio de Salud y el IESS, en el campo de la comunicación. Ahí contrataron una empresa para que se encargara del manejo de redes. Precisamente generaron la necesidad, es una estrategia muy bien pensada.


Hay medios de izquierda o iniciativas que se promocionan como ciudadanas. Tienen una agenda política oculta. En esa línea de desinformación hay medios o páginas como Ruta Kritika y el Observatorio de la Dolarización, generadores de contenidos del correísmo.


¿En la antesala de las elecciones cómo está la disputa en redes?

Hay varios jugadores. Nadie le está tocando a Guillermo Lasso porque se estima que tiene un techo y, al parecer, no crecerá más. A mi criterio el jugador más importante es el Vicepresidente, aunque ya anunció que no será candidato, por lo cual los ataques cesaron. Otro protagonista es el alcalde de Quito, Jorge Yunda. Las agresiones, las últimas semanas, fueron dirigidas hacia Otto y Viteri, que les dio material por sus errores. Es un juego de estrategias, con una guerra sucia de por medio. En este contexto hay medios de izquierda o iniciativas que se promocionan como ciudadanas. Tienen una agenda política oculta. En esa línea de desinformación hay medios y páginas como Ruta Kritika y el Observatorio de la Dolarización, generadores de contenidos del correísmo.

Pero hay forma, evidentemente, de saber cómo operan y se alinean en campañas de desinformación o desprestigio, porque el rastro queda en las redes.

Twitter tiene un algoritmo para identificar quiénes están relacionados, cómo se organizan las campañas de desinformación. Por ejemplo, le doy follow a La Colmena, y entre los usuarios que me sugiere para seguir aparecen Wambra Radio y Ruta Kritika, que son medios y cuentas de viralización. El último medio tiene actores importantes como Guillaume Long, Jacques Ramírez, Pabel Muñoz o Carol Murillo, que tienen muchos seguidores y generan información supuestamente seria. Sus contenidos son viralizados por gente que también valida mensajes falsos o sesgados. Por otro lado, hay medios o revistas en Facebook, como Mira La Plena, que no tienen un responsable que responda por su contenido, que incluye noticias falsas. Estos sitios no buscan los hechos ni la verdad sino afinidad emocional o política. Sobre la marcha, desde estas cuentas, se construyen noticias falsas que buscan desprestigiar a alguien, generan indignación entre sus seguidores. Mira la Plena difundió un audio trucado, teatralizado sobre el Vicepresidente, que supuestamente se confabulaba con otros funcionarios para un golpe de Estado. En Facebook eso tuvo 2.000 reacciones y 1.200 comentarios.

Pero la gente no repara en si una noticia es falsa o verdadera, solo replica, y este comportamiento tan humano no va a parar, la desinformación tampoco.

Así es. No va a parar.


Si una cuenta o una persona difunde una denuncia falsa, una difamación o fake news, Twitter no puede hacer nada porque proviene de una cuenta verificada, con muchos retuits, no la va a bajar. Es una pelea perdida.


¿Por qué no hay una respuesta más orgánica de la empresa Twitter, que recibe denuncias de ataques o desinformación de cuentas falsas manejadas por trolls?

Twitter es una plataforma mundial, con 1.000 millones de cuentas, tienen procesos en un 90% automatizados, casi no hay gente atrás. Si una cuenta o una persona difunde una denuncia falsa, una difamación o fake news, Twitter no puede hacer nada porque proviene de una cuenta verificada, con muchos retuits, no la va a bajar. Es una pelea perdida.

¿Por qué el correísmo tiene tanto peso en redes?

Porque funciona con células y grupos que hacen el trabajo sucio, pidiendo, por ejemplo, a sus seguidores que denuncien una cuenta para que la cierren. Pueden generar hasta 1.500 denuncias en un día, bajo la categoría «acoso». Durante el gobierno de Correa registraban en Ares Group todo el contenido que tenían como copy right. Cuando uno subía una foto para denunciar algo, era también denunciado por violación de copy right, y te daban de baja la cuenta. Así censuraban fácilmente los contenidos.

¿Ellos se han posicionado hace muchos años en redes, es difícil contrarrestar eso?

Totalmente, la única forma es crear una unidad para identificar estas maquinarias de fake news y denunciar penalmente a quienes generan desinformación.

Pero también se ha denunciado que el gobierno de Moreno tiene troll centers.

Así es, operan en algunas entidades. Para contratar estos servicios en el portal de compras públicas se camuflan productos de troll center como contratos de comunicación o relaciones públicas digitales, incluye está implícito el apoyo al director o ministro en redes.


No sé quien es el oficioso que les ha dicho a autoridades del gobierno que tener un troll center es positivo. Solo basta ver los seguidores y respuestas en redes de algunos funcionarios, varias cuentas fueron creadas en abril o en febrero para beneficiarlos con comentario


¿No se puede probar porque está bajo paraguas de comunicación?

Así es, pero cuándo ves la actividad en redes sabes que hay un servicio adicional.

¿Y usted ha podido identificar que eso ha ocurrido en el IESS y el Ministerio de Salud?

Claro. No sé quien es el oficioso que les ha dicho a autoridades del gobierno que tener un troll center es positivo. Solo basta ver los seguidores y respuestas en redes de algunos funcionarios, muchas cuentas fueron creadas en abril o en febrero para beneficiarlos con comentarios, no sé si esto lo conocen las cabezas. O solo lo hace una empresa contratada por pedido de funcionarios de comunicación, con usuarios reales o activistas. Eso también ocurre en la Presidencia.

¿En el caso del Consejo Nacional Electoral, qué pasa?

Hay estructura interna de socialización, ocurrió lo mismo en Ministerio de Trabajo. En el CNE hay algunos vocales que obligan a los empleados a tener cuentas en redes y publicar apoyos. Se pide que los funcionarios retuiteen todos los mensajes, mientras otra autoridad controla que lo hagan sino les imponen sanciones.

¿Cómo se puede identificar que algún personaje público tiene seguidores falsos?

Hay herramientas donde se pone el perfil del personaje y se puede conocer con exactitud su actividad, perfil de los seguidores y se puede detectar si son falsos o reales. Arroja porcentajes.

¿Qué pasa con cuentas de influencers y la difusión de fake news?

Hay muchas cuentas cluster, que tienen miles de seguidores en volumen, que  comparten y dimensionan las noticias  y fake news. Un caso sonado fue lo que pasó con el trabajo del Instituto de Tecnología de Masachusets (MIT), para verificar cómo se realizó el conteo de votos en las elecciones presidenciales de Bolivia. Se prestaron dos periodistas estadounidenses, que elaboraron un reportaje lleno de falsedades, pero como están en el blog del New York Times su artículo tenía credibilidad. En realidad se descubrió que era un publirreportaje coordinado con Guillaume Long, quien luego lo viralizó en sus redes. Se tergiversó el estudio de MIT.  Los medios RT (del gobierno ruso), Nodal, Página 12, Estrella de Galicia, replicaron la noticia que luego fue recogida por otros medios, que la reprodujeron sin mayor contrastación ni verificación; así se produce una cascada de viralización de información falsa o sesgada. Algo similar ocurrió cuando en las redes se difundieron videos trucados sobre la supuesta quema de cadáveres en las calles de Guayaquil. La noticia luego se publicó en medios internacionales como Telesur y se proyectó al mundo la imagen de una ciudad devastada. Así operan esos medios ancla y sus influenciadores: comparten información supuestamente verdadera y escandalosa, así prenden la chispa y esperan que todo arda.

Pero también hubo un problema grave en Guayaquil que no se puede desconocer. Descoordinaciones entre las autoridades a todo nivel, errores graves, respuestas lentas, un sistema de salud desbordado…

Totalmente. El sistema colapsó y el gobierno reaccionó muy tarde en el tema de los muertos y la atención, especialmente entre marzo y abril. El correísmo se ganó la lotería, para atacarlo por todas sus equivocaciones. Grupos cercanos al presidente Moreno también se desentendieron.