El uso repetido de una atunera en Manta, para envíos masivos de cocaína a Europa, revela uno de los métodos favoritos de los carteles de los Balcanes

Una compañía de Manta estuvo involucrada, entre 2020 y 2025, en dos ocasiones consecutivas, en el envío de 11 toneladas de cocaína a Europa. Dos bandas de narcotraficantes, una de ellas liderada por el serbio Jezdimir Srdan, utilizaron su planta de producción y sus camiones para transportar la droga en distintos años, según informes antidrogas. Ambos grupos fueron investigados en los casos Gibraltar y Finisterra. En esta última causa hay nueve acusados, con el serbio Srdan a la cabeza. Cinco están prófugos. Este sábado 22 de agosto estaba previsto el inicio de la audiencia para conocer la sentencia en su contra por delincuencia organizada.

Investigación Código Vidrio con el apoyo de Resilience Collaborative

Se adaptan constantemente. El uso de una empresa exportadora de atún en Manta revela los mecanismos de los capos de los Balcanes, para ajustar los engranajes del tráfico de cocaína, a gran escala, hacia Europa. El esquema tiene cuatro componentes claves. El empleo sistemático de las mismas compañías exportadoras; las modalidades cambiantes de contaminación; el cierre y apertura de firmas y, la participación de la misma red de colaboradores en los puertos.

Esta investigación descubrió este patrón, tras revisar durante casi un año los expedientes de los casos Finisterra y Gibraltar. Ambos tienen un mismo hilo conductor: una atunera que venía operando en Manta y fue utilizada por dos organizaciones criminales para el envío de 11 toneladas de cocaína hacia España, Bélgica y Países Bajos, en períodos distintos, entre 2020 y 2025.

En ese período, integrantes de las dos bandas ocultaron la cocaína tanto en la planta de esa exportadora de productos de mar, como en los contenedores que transportaban la carga hacia el puerto de Guayaquil, según informes policiales incluidos en los procesos. Según informes de los agentes antinarcóticos, un directivo de la atunera supuestamente colaboró para facilitar el embalaje y transporte de la droga en el caso por delincuencia organizada.

En septiembre de 2024 ocurrió un primer desenlace con el desmantelamiento del grupo liderado por el serbio Jezdimir Srdan y ocho personas más, incluidos otro serbio, un albanés, varios ecuatorianos y un colombiano. Varios están detenidos, acusados por lavado de activos. El juicio por delincuencia organizada para narcotráfico se desarrolla por cuerda separada y está por terminar.

Aunque las organizaciones que enviaron la droga en cargamentos de atún operaron en períodos distintos, por separado, tienen un punto convergente: fueron estructuradas y financiadas por clanes de los Balcanes, integrados por serbios, albaneses y de otras nacionalidades. Controlan toda la línea logística del narcotráfico, desde la producción, en Colombia, hasta la salida de terminales marítimas en Ecuador y la entrega de la cocaína refinada en puertos europeos y de otros continentes.

A partir de la pandemia del Covid-19, las transnacionales balcánicas, además de los carteles mexicanos, transformaron a Ecuador en un corredor estratégico, un santuario de negocios del crimen organizado, para sacar por sus puertos un 70% de las 3.000 toneladas de cocaína que produce Colombia, según informes de la ONU https://theconversation.com/colombia-is-producing-more-cocaine-than-ever-and-more-is-reaching-australian-shores-261745. Es decir que a este país ingresan 2.100 toneladas, valoradas en 4.200 millones de dólares.

Si bien los clanes balcánicos despegaron hace seis años en el contexto de la explosión global en la industria de la cocaína desde Europa, sus robustas estructuras echaron raíces en Ecuador una década antes. Un caso emblemático que mostró la dimensión de lo que estaba por venir ocurrió el 17 de junio de 2019 en Filadelfia, Estados Unidos. Ese día, el buque “MSC Gayane” hizo escala en ese puerto, tras zarpar de Freeport, Bahamas. Al atracar, las autoridades inspeccionaron la embarcación y, casi por accidente, descubrieron 16,5 toneladas de cocaína, la mayor incautación marítima en la historia de EE.UU. La tripulación era de nacionalidad montenegrina y estaba encabezada por Vladimir Penda, quien se declaró culpable de narcotráfico.

Entre 2020 y 2025, la empresa atunera y sus camiones de transporte fueron contaminados, indistintamente, por dos estructuras criminales, desmanteladas en operativos internacionales, en los casos Gibraltar y Finisterra. En este último caso es procesado el serbio Jezdimir Srdan y ocho personas más, de varias nacionalidades detenidos en septiembre pasado.

En una investigación del caso a petición del gobierno estadounidense, la consultora IBI Consultants descubrió que la coca se cargó en un buque frente a las costas de Ecuador, utilizando unas ocho lanchas rápidas que salieron desde el puerto de Manta. Los tripulantes de Montenegro tenían una vasta experiencia en el transporte de cocaína y aceptaron el encargo a cambio del pago de 50.000 dólares para cada uno. El buque, que navegó al Atlántico por el canal de Panamá, realizaba la travesía desde Filadelfia hasta el puerto de Rotterdam (Países Bajos), donde se tenía previsto descargar y vender cerca del 60 % del cargamento. En esta megaoperación se asociaron narcos de El Salvador, Nicaragua, Colombia, Ecuador y Montenegro.

⇒Precisamente, el grupo liderado por el serbio Srdan en Ecuador estaba compuesto por integrantes de varias nacionalidades y había realizado grandes envíos de cocaína, que seguían un esquema muy similar al caso Gayane: los buques eran contaminados, no solo en los puertos, sino en alta mar, con lanchas rápidas, que salían desde las costas de Ecuador y Colombia. En el intercambio de mensajes de esa banda se detallan destinos distantes como Rusia, Asia y Australia. Tenían la intención de comprar un buque para exportar frutas desde Ecuador.

8.688 latas rellenas con 1,5 toneladas de coca

En el caso Finisterra por delincuencia organizada, cuyo proceso judicial fue revisado por este medio en la Fiscalía, la empresa exportadora fue investigada por el envío de 1,5 toneladas de cocaína ocultas en latas de atún, embaladas en su planta de producción, según los informes de la Policía, enviados a los fiscales que han dirigido la investigación: Galiano Balcázar y Janeth Cueva.

Este grupo empleaba la aplicación de mensajería SKYECC, pagada por suscripción. Por pedido de la Fiscalía, a través de una asistencia penal internacional, la Policía de Francia interceptó el flujo de comunicación de 70.000 usuarios y descifró un millón de mensajes de sus integrantes, desde 2020. Entre los textos, además de identificar a alias “Brate” (Srdan), se ubicó a “Odín” (Danny William Naula, ya detenido y procesado, quien era el brazo ejecutor y dinamizador económico del grupo), y a alias Negro, Flaco, Hermano, Colo y Tío.

El serbio llegó a Ecuador antes de 2013, como parte de la oleada de ciudadanos de países balcánicos, con los albaneses a la cabeza. Empezaron a arribar tras la vigencia de la Ciudadanía Universal, desde 2009. Esta garantía, que se ha ido restringiendo progresivamente, por quejas de la comunidad internacional, permite el ingreso de cualquier extranjero al Ecuador, sin la necesidad de una visa ni la obligación de entregar su pasado judicial.

En 2014, Srdan fue detenido y sentenciado a 17 años y 4 meses de prisión por narcotráfico. No obstante, fue liberado en 2019, gracias a fallos ilegales de jueces, que luego fueron enjuiciados y destituidos por corrupción. Entonces viajó con su pareja Alexandra Fernández a Serbia, donde permaneció cerca de un año. Cuando las aguas se calmaron volvió a Ecuador, con otra identidad. Armó estructuras para el envío de cocaína y un conglomerado empresarial, para lavar el dinero fruto del narcotráfico. Multiplicó sus operaciones delictivas aprovechando el encierro por la pandemia y la drástica reducción de controles de policías y militares, que estaban dedicados a enfrentar las secuelas letales del virus, cuyo epicentro fue Guayaquil.

Entre abril de 2020 y febrero de 2021, Srdan traficó 5 toneladas de cocaína hacia Bélgica y Holanda. En Ecuador fueron incautados 7 despachos de 3,4 toneladas. La más grande, de 1.523.200 gramos del estupefaciente, fue descubierta el 3 de octubre de 2020 por la Policía en un contenedor transportado en un camión Kenwort, por el conductor José A. Él salió con la carga desde la empresa atunera, ubicada en Manta. La droga estaba oculta en 8.688 latas de atún.

En las fotos halladas en el celular de Srdan se registran reuniones de los miembros de la banda con uniformados, para la coordinación de los envíos y compra de información, incluido personal de la Armada. 

El conductor declaró que luego de abandonar la empresa fue interceptado por varias personas que lo obligaron a bajar del vehículo y lo retuvieron. “Regresaron después de 40 minutos con el carro y me dijeron ‘tú dale, colabora que no pasa nada’. Yo me subí al carro, seguí mi ruta hacia Guayaquil y luego de pasar Montecristi, un patrullero de la Policía me detuvo y encontró las latas con la droga”, declaró el chofer, que estuvo preso tres meses y fue liberado. “Yo salí al mes de ese trabajo, me di cuenta de lo que estaba pasando: el dueño de la empresa de transporte Transmot, Alfredo Abad, era de esas personas que le gustaba ensuciar a los conductores. Ocho meses después lo mataron con su esposa, por narcotráfico”.

Mensajes y fotos desencriptados 

La versión del conductor contrasta con los mensajes que Srdan enviaba desde su celular a Naula, para coordinar la operación de embalaje de la cocaína en los enlatados, en la planta de la firma atunera. De eso quedó constancia en miles de mensajes que el narco serbio intercambió con Naula y otros miembros de la estructura.

El 6 de febrero de 2020, el serbio Uros Kolakovic, brazo derecho de Srdan, tuvo conversaciones desde su celular con Lucio Burbano, alias “Negro”, también vinculado al proceso. En varios mensajes -que este medio revisó- le envió imágenes del área de producción de la empresa.

Según el informe criminalístico de un agente del caso, esas fotografías les permitieron a los investigadores conocer el nivel en la cadena logística que tenía la red delictiva. En este caso, los cabecillas pudieron acceder, “a través de colaboradores directos de la empresa”, a las especificaciones técnicas y las características de sus productos de exportación: las latas de atún y su etiquetado. Además, la forma en que eran preparadas.

En otros chats, entre el 12 y 13 de febrero de ese 2020, el mismo Srdan envió imágenes del área de producción de la atunera, según concuerdan los análisis policiales. Cuatro días después, Kolakovic se comunicó con otro interlocutor, al pin 4DF575. Se trata del narco colombiano Dionisio de Jesús Vera Olmos, alias el “El Flaco”, que también se había asociado con la red de Srdan y tenía conexiones con el Cartel del Golfo. “Flaco, están haciendo un problema donde no lo hay, acá se está trabajando exclusivamente para ti y tu grupo, no hay más ofrecimientos ni coqueteos con nadie, ya los propios dueños te han dado la palabra y compromiso; a más de eso está el viejo de por medio y con él hay una relación de amistad de años con esta gente”.

A eso se suma una cadena de notas, enviadas entre febrero y marzo, por Kolakovic a otros miembros de la banda, adjuntando una serie de imágenes sobre el proceso de elaboración de cocaína compactada, con tamaños similares a los de una lata de atún. Esto -para los analistas de la UIACE- era un indicio más de que esta organización no solo contaba con la línea de logística para el envío, sino con la línea de producción.

Un grupo de mujeres en el empacado

Tras este período de pruebas y verificaciones, la primera semana de junio un grupo de mujeres llegó a la planta para empacar la droga en las latas, pegar las etiquetas y sellar los recipientes, con prensas mecánicas. Para esta logística Kolakovik pidió que le entregaran 70 mil dólares. “Ya llegó la primera tanda de las chicas”, escribió uno de los colaboradores a Kolakovik, el 9 de junio en un texto, al que adjuntó varias fotografías. Ahí aparece un pequeño grupo de mujeres trigueñas, de mediana edad. Una de ellas, en primer plano, lleva gorra y viste una camiseta blanca y un jean. En otras imágenes se observa decenas de paquetes de droga, envueltos con una cinta de embalaje rojiza. Y a fines de julio alias Príncipe, identificado por la Policía como líder de una red delictiva, asesinado en 2022, le envió a Kolakovic fotos del procesamiento de clorhidrato de cocaína en lo que los analistas presumen era un laboratorio.

La primera semana de junio de 2020, en plena pandemia, un grupo de mujeres llegó a la planta de la atunera para empacar la droga en las latas, pegar las etiquetas y sellar los recipientes, con prensas mecánicas. Y luego fueron embaladas con cintas plásticas. Las fotos se hallaron en los celulares de los detenidos. Fotocomposición de imágenes que están en el proceso

Para apresurar el empaquetamiento de la droga luego llegó otro grupo de hombres, también ajenos a la empresa, que se encargaron de completar de forma artesanal el rellenado de las 8.688 latas con el alcaloide. Uno de los colaboradores que estaba vigilando esas actividades le envió a Kolakovic fotos de los individuos y de las prensas de sellado, y le escribió un texto. Le explicaba que luego de que las latas fueron selladas les rociaron un componente químico para inhibir el olor de la sustancia, para que no fuera detectada por lo canes en las inspecciones antinarcóticos, una vez que la carga llegara a uno de los puertos en Guayaquil. Por esos mismos días, alias “Cuencano”, identificado como Wellington Córdova, le informó al serbio sobre las coordinaciones que realizaba sobre las fechas de ingreso del camión con el contenedor “preñado” al puerto. “El transportista nuestro está cuadrando para que esos viajes, para donde necesitamos, los asignen a él”. Este mensaje, según los analistas del caso, implicaba la colaboración activa del conductor del contenedor José A.

El 3 y 4 de octubre Lucio Burbano, alias Negro, envió Kolakovic fotos de la captura del camión y la detención del chofer así como las noticias que se publicaron al día siguiente en varios medios.

⇒Durante la pandemia se establecieron severas restricciones a la circulación de vehículos. Para sortear esas limitaciones los integrantes de la banda, con Srdan y Kolakovic a la cabeza,  obtuvieron 61 salvoconductos de la Subsecretaría de Gobierno. Y el ejecutivo de la empresa consiguió 17 permisos, en 2020, según informes del Ministerio de Telecomunicaciones.

Los agentes consiguen más evidencias

En el cuerpo Nro 39 del proceso se incluye la transcripción de un audio que uno de los integrantes le envió al narco Dionisio de Jesús Vera, alias “El Flaco”.  “Flaco me dice M. que es el sobrino que ya te respondió y te dio toda la seguridad del caso y te lo digo yo, de nuevo hablé con Rodrigo y hablé con M. hace 20 minutos. Me dieron toda la seguridad de que no tienen ningún otro compromiso y que el compromiso adquirido contigo y con tu gente es para largo, a ellos no les interesa solamente trabajar una vez. Quieren trabajar de largo, ya todo está en tus manos y se lo dije también al viejo. Y te repito hay tres mil cajas hechas, solamente falta poner etiqueta, tu gente no ha contestado los correos, tu gente no ha mandado el diseño de la etiqueta de ellos, porque tiene que ir con la etiqueta de ellos…”. El audio fue grabado el 17 de febrero de 2020. Cinco años después, en febrero del 2025, “El Flaco” fue asesinado en Guayaquil. Su cuerpo fue encontrado desmembrado y abandonado dentro de tres  costales en la vía Perimetral. Para entonces las unidades especiales de Ecuador y Europa ya habían entrado de lleno en la etapa final de seguimientos a la estructura de Srdan, que fue capturado en noviembre de 2024. Vera cobró notoriedad por ser parte del Clan del Golfo, también conocido como Autodefensas Gaitanistas de Colombia, es la organización armada ilegal más grande y poderosa de ese país. Cuenta con cerca de 10.000 integrantes y opera en unos 23 departamentos, controlando el narcotráfico transnacional, la minería ilegal y las extorsiones.

Luego de liquidar la empresa atunera en 2023, el ejecutivo que fue excluido del proceso constituyó otra compañía. Esa firma opera en las mismas instalaciones, en las afueras de Manta. Foto Código Vidrio

En el análisis de las conversaciones en la plataforma SKYECC, incluido en el proceso, los investigadores indicaron que el ejecutivo supuestamente sería identificado con los seudónimos: “Rafa, Ratón y Speedy”. Según se desprende de esos diálogos “El ciudadano participó en el hecho material en el cual se le atribuye el rol de colaborador”, indica el reporte enviado a la Fiscalía.

El 29 de septiembre de 2020, 4 días antes de que el cargamento saliera con las latas de atún contaminadas, un miembro de la banda le envió un audio a Kolakovic. Esta es la transcripción “…Amigo ya está confirmado el booking ya lo tiene la secretaria de ratón el problema es que ratón hoy anda con gente del fideicomiso y todo el día (ha) andado fuera de oficina. Él no puede coger y pedir que pasen un booking a una persona diferente. Él tiene que llegar a la oficina, entiéndeme ya está confirmado, solamente hay que pasarlo. Me dijo que si alcanzaba a llegar a su oficina me lo pasaba enseguida y si no mañana a primera hora, sin falta, lo tenía pero que ya está confirmado el booking, ya está confirmado…”.

En tres audios más los miembros de la organización también mencionan a “Ratón”, coordinando diferentes trámites administrativos dentro y fuera de la empresa, para concretar el despacho de las latas contaminadas con droga.

Relevo de fiscales en la Unidot

Esa cadena de mensajes y audios descifrados, así como varios informes criminalísticos, fueron suficientes evidencias para que, en diciembre de 2025, la fiscal Janeth Cueva pidiera la vinculación del ejecutivo de la empresa, que fue detenido en Manta junto a seis implicados más.

La indagación del caso Finisterra fue impulsada inicialmente por el fiscal Galiano Balcázar. Hasta fines de noviembre del 2025 él era uno de los fiscales más experimentados de la Unidad Nacional Especializada de Investigación contra la Delincuencia Organizada Transnacional (Unidot).

Esta entidad se creó en 2018, en medio del avance hasta ese momento silencioso de estructuras delictivas internacionales en Ecuador. Fue un proyecto que se apuntaló con una selección rigurosa de fiscales y una capacitación sistemática en técnicas investigativas con el apoyo de varios países, especialmente de Estados Unidos y la Unión Europea.

Otro puntal de esa estrategia fue la creación de la Unidad Judicial Especializada para el Juzgamiento de Delitos de Corrupción y Crimen Organizado, con sede en Quito, que comenzó a operar en diciembre de 2022. Está compuesta por más de 20 magistrados especializados en juzgamiento de crímenes complejos y transnacionales de gran envergadura. Todos ingresaron a través de un concurso con apoyo financiero de agencias internacionales.

Entre los jueces seleccionados estuvo Carlos Serrano. El 20 de noviembre del 2025 él sentenció a Jezdimir Srdan a diez años de prisión por lavado de activos, con lo cual el riesgo contra su vida aumentó, según un reporte de la Policía. Sin embargo, los días siguientes el comandante de la Policía, general Pablo Dávila, ordenó que le retiraran la protección que le daban dos agentes, como parte del protocolo de protección para los jueces de esa unidad. Semanas antes, Serrano fue presionado por el entonces director del Consejo de la Judicatura, Henry Gaibor (hoy enjuiciado penalmente), para fallar a favor del serbio. A mediados de diciembre, al verse en total indefensión, Serrano abandonó el país y renunció al cargo, denunciando públicamente la zozobra que había vivido en esos días, en los que tuvo que movilizarse solo, cambiando de rutinas y horarios todos los días.

El 20 de noviembre del 2025 el entonces juez anticorrupción Carlos Serrano sentenció Jezdimir Srdan a diez años de prisión por lavado de activos. El serbio enfrenta otro juicio por delincuencia organizada y narcotráfico. Serrano abandonó el país en diciembre cuando la Policía le retiró su cápsula de vigilancia, pese a que su nivel de riesgo aumentó. Foto de archivo

En octubre de ese año llegó al cargo de fiscal general encargado, Leonardo Alarcón.  En una de sus primeras decisiones importantes, a nivel administrativo, cambió a la mayoría de los fiscales de la Unidot, incluido Wilson Toainga, que fue su antecesor y el mentalizador de la creación de esa unidad. Alarcón justificó su decisión argumentando que los relevos eran necesarios para oxigenar la institución y para que los fiscales más experimentados pudieran aportar con sus conocimientos en otras unidades del país. En ese contexto, la fiscal Cueva reemplazó a Balcázar.

El 26 de febrero pasado, Cueva emitió un dictamen abstentivo a favor de siete de los 16 procesados, incluido el ejecutivo de la atunera. Cuando pidió su vinculación expuso ante el juez 23 elementos de convicción en su contra, recabados por los analistas antidrogas de la Policía. Entrevistada por este medio, días después de emitir ese dictamen, la Fiscal enfatizó que revisó prolijamente el expediente y que no encontró evidencias sólidas que probaran la participación del directivo de la atunera y los seis implicados restantes, de forma reiterativa y permanente, en cada uno de los once hechos delictivos que dieron origen a este caso.

Sobre el ejecutivo de la empresa la Fiscal dijo que en ningún chat, informe o versión, se identifica su participación con su identidad, nombres y apellidos completos. “Solo se interpreta que corresponde a un alias o sobrenombre, lo cual no es suficiente para atribuirle su participación en este delito”, apuntó Cueva.

⇒El juicio por delincuencia organizada y narcotráfico en el caso Finisterra entró en su recta final. Para este sábado, 22 de agosto, estaba previsto el inicio de la audiencia de juzgamiento para dictar la sentencia en contra de los acusados Jezdimir Srdan, José Eduardo Acebo, Jilson Murillo la Rosay Carlos Zambrano Salazar. Los cinco procesados restantes no podrán ser condenados porque están prófugos. El fallo será dado a conocer por la jueza ponente del Tribunal Anticorrupción, Edith Arévalo. La pena máxima por este delito es diez años de prisión.  

La misma empresa empleada por dos redes

Agentes antidrogas dijeron que no era la primera vez que la misma empresa era utilizada para el tráfico de cocaína. Entre 2023 y 2024, en contenedores de esa firma atunera otra organización criminal envió 9 toneladas de cocaína a España y Países Bajos. Esta vez utilizaron el mecanismo del “gancho ciego”. Bajo esta modalidad, los containers que transportaban los atunes enlatados fueron contaminados con bultos dentro y fuera de la planta de la empresa.

¿Qué papel jugó la atunera en el caso Gibraltar?  El 10 de noviembre de 2023 el capitán de policía Franklin S. emitió un parte policial, dando a conocer la intención de la posible organización delictiva de realizar el envío de varios contenedores a España. Detalló el código de reserva SZLU 920 7120. En el teléfono del coronel (sp) Julio César Miño del Hierro se encontró un chat que decía: “La caja ‘preñada’ nuestra es la que termina en 7120, ésa hay que cuidar”. La reserva se realizó el 9 de noviembre.

Al siguiente día la empresa envió el contenedor con las siglas TCNU 3511 885, y al realizar el preembarque se encontraron 558 kilogramos de cocaína ingresados mediante el método “gancho ciego”.

Entonces la Fiscalía requirió información a la firma. En su respuesta, “dio a conocer no solo pormenores del primer envío del contenedor” que tenía asignado el código TCNU 3511 885, “sino además detalló datos del movimiento del la caja que tenía como destino España, que terminaba en los cuatro últimos dígitos 7120”.

Por intercambio de información con agencias policiales de ese país europeo, supieron que era una de las incautaciones más grandes realizadas en ese país. “La sustancia fue contaminada en el interior del producto”. En las cajas se encontraban siete toneladas de clohidrato de cocaína.

La incautación generó un problema dentro de la estructura, ya que Sapo o Rana reclamaba que fue engañado pues solo le habían pagado por el transporte de 800 kilos. Cuando supo que fueron 7 toneladas amenazó de muerte a dos de los integrantes del grupo delictivo.

El 3 de abril de 2024 fue incautado un contenedor con dos toneladas 770 kilos de cocaína “bajo la misma modalidad de la caja enviada con destino a España. Es decir en el interior del producto lícito que eran lomos precocidos de atún”. Esto fue detectado en Rotterdam.

La decisión de enviar el primer despacho de la droga, a través de esta empresa, se tomó el 31 de octubre de 2023, según las imágenes periciadas encontradas en el celular de Miño.

Cuando el fiscal le preguntó a ese exoficial -sentenciado el año pasado por narcotráfico y delincuencia organizada- qué rol jugaba la empresa atunera dijo: “Entiendo que el rol de esta empresa es la que conseguía los cupos en el puerto y enviaba el manejo de cargas. Normalmente las empresas facilitan los números o las reservas que ellos hacen para que quienes van a enviar contenedores tengan los cupos y la ecompañía coordina esos permisos. Cuando a mí me llegaba la información que decía que la empresa va a ser la que envía, mandaban a que se verifique si esa firma tenía algún problema legal, el historial, en su trayectoria, si no ha tenido problemas de droga o de caer contenedores. Sobre alias La Rana, decía que la empresa estaba limpia”.

 Carlos Zambrano, líder de la banda que envió la droga a España, sentenciado en el caso Gibraltar, también ratificó que la contaminación se hacía dentro de la empresa. Aclaró que no conocía detalles, pero que de eso estaba al tanto el sargento Edwin Coque, quien escuchó que “el jefe de planta y otros colaboradores sabían sobre esas operaciones”.

En el segundo envío “me doy cuenta de que la contaminación es en la misma empresa y me dicen: ‘no hay problema porque lo hacen ahí dentro”, relató Zambrano en su versión.

Autoridades policiales presentaron una queja en contra de la Fiscal en la Dirección Provincial de Pichincha del Consejo de la Judicatura porque no estaban de acuerdo con los argumentos del dictamen abstentivo, especialmente por los elementos que pesaban en contra del ejecutivo de la empresa. En el ámbito disciplinario, la investigación se abrió formalmente en la Judicatura el 12 de marzo de 2026. Sin embargo, no prosperó porque las siguientes semanas se emitió un informe disponiendo el archivo de la denuncia, con lo cual no se dio paso a un sumario disciplinario en contra de la funcionaria.

El directivo de la atunera es oriundo de Manta, Manabí, una de las provincias más peligrosas del país, donde nació la banda de Los Choneros, socios históricos del cartel de Sinaloa. Es considerado un punto estratégico de la salida de lanchas y barcos pesqueros con cocaína hacia Centroamérica y EE.UU., por más de dos décadas.

Según análisis de Inteligencia financiera antidrogas, esta provincia, particularmente Manta y Portoviejo, se consolida como uno de los principales focos del lavado de activos en Ecuador, impulsado principalmente por el narcotráfico a gran escala. La Unidad de Análisis Financiero y Económico (UAFE) identifica a esta como una zona de máxima amenaza de contaminación financiera. 

En su versión en el caso Finisterra, el ejecutivo negó cualquier participación o conocimiento sobre los presuntos delitos por los cuales inicialmente fue detenido. Recordó que en 2019 un contenedor de la planta de la atunera ya fue contaminado con cocaína. El camión con la carga -según su versión- fue desviado de un convoy, del que también eran parte otros dos vehículos, que llevaban atún enlatado hacia el puerto. Eran custodiados por dos automóviles encargados de la seguridad. Después de varias horas el camión reapareció, pero había sido contaminado con cajas de atún con droga, que no fueron empacadas en la empresa. No tenían la misma etiqueta.

“En ninguna parte del expediente existe una participación mía en estas operaciones. Existen fotos internas de la compañía, también se habla de una aplicación que en mi vida la he escuchado o he visto”, enfatizó. “En mi puesto no tengo nada que ver con la comercialización o exportación. Mi trabajo es netamente producción y calidad, supervisión de los trabajadores y limpieza. En el expediente hay conversaciones sobre las cuales no tengo idea a lo que se refieren. También hay una captura de pantalla donde están las iniciales  de las cuales no conozco”.

Luego de liquidar esa empresa atunera en 2023, el directivo constituyó otra compañía. Esa firma opera en las mismas instalaciones a las afueras de Manta, según pudo constatar un equipo de esta alianza en una visita a mediados de junio pasado.

Desde 2023, él está casado con una manabita que es accionista y administradora en siete empresas de productos del mar, alimentos y repuestos. La familia de ella tiene una gran influencia por muchos años en el sector empresarial, especialmente pesquero. Incluso ha concretado alianzas de entidades gremiales, donde ocupan cargos directivos, con una entidad gubernamental. Y han apoyado eventos benéficos de la Gobernación de Manabí. 

Una red narco tejió contactos con altos oficiales y reclutó policías antidrogas: las relaciones secretas al descubierto

EXCLUSIVA-CV/ Esta investigación revela los mecanismos de reclutamiento y la magnitud de la infiltración narco en las filas policiales. ¿Hasta dónde llegaron los contactos de los integrantes de un grupo criminal que, entre 2023 y 2024, traficó 9 toneladas de cocaína desde Ecuador a Europa? El cerebro de esta estrategia fue el narcotraficante sentenciado Carlos Zambrano, quien mantuvo su red de colaboradores y amigos por más de dos décadas con una fachada de empresario, para obtener información privilegiada y beneficios. Eso le permitió conocer a políticos y autoridades. Por su alto perfil, habría sido reclutado como intermediario por un cartel de los Balcanes.

Investigación de Código Vidrio, con el apoyo de Resilience Collaborative     

Una estructura narcodelictiva con conexiones en actividades de minería ilegal fue desmantelada a fines de 2024 en el operativo transnacional Gibraltar. Lo que no se conocía y hoy revelamos son los intrincados hilos de los contactos de dos cabecillas de esa organización que llegaron a altas filas de la Policía y otras entidades públicas y privadas, así como autoridades gubernamentales. Además esta reportería destapa los niveles de penetración que alcanzó el grupo criminal para contar con la colaboración de decenas de uniformados de unidades antidrogas en varios puertos de Guayaquil, algunos de los cuales siguen en servicio activo, bajo investigación. Y pone al descubierto las relaciones de subordinación con un cartel de los Balcanes.

Cuatro figuras fueron cruciales para el envío de la cocaína hacia Europa. El empresario Carlos Zambrano es uno de ellos. Además, tres miembros de la Policía, en servicio pasivo, eran fundamentales en la organización: el coronel (sp) Julio Miño del Hierro, exjefe de la Policía Judicial y de la Unidad de Lucha contra el Crimen Organizado (ULCO). También, el sargento Edwin Coque, quien trabajó en la Unidad de investigación de Puertos y Aeropuertos (UIPA), y el exagente Carlos S., alias “Sapo” o “Rana”.

Con Zambrano a la cabeza, fueron procesados y sentenciados, en 2025, por delincuencia organizada para narcotráfico, Miño, Coque, Geovanny Cruz, Laureano Alvear y José Bersoza. En este caso también estuvo procesado Galo Litardo, capitán de Corbeta de la Marina, quien fue absuelto.

Para documentar el mecanismo de penetración y reclutamiento, este equipo periodístico revisó, durante seis meses en la Fiscalía, miles de documentos, que incluyen informes periciales, versiones, análisis criminalísticos, asistencias penales internacionales, reportes de la UAFE, contratos. Los cotejó con entrevistas a decenas de fuentes. Revisó la causa judicial foliada en carpetas, tras pedidos de acceso en la Fiscalía. Descubrió que la información más significativa y relevante de este caso no consta en el expediente publicado en el Sistema de Trámite Judicial (SATJE), de libre acceso. Luego, contrastó los datos con fuentes en España y Serbia.

Una de las piezas claves fue el celular de Zambrano, un Iphone 6, que escondía muchas sorpresas. Entre otras, cientos de fotos y videos con uniformados de distintos rangos y civiles en reuniones sociales. En otras imágenes aparece junto con empresarios procesados por corrupción en la adquisición de insumos durante la pandemia, y también con políticos, como Rafael Correa, cuando aún era presidente en 2017.

Las grabaciones de las escuchas telefónicas, autorizadas por un juez dentro del proceso, revelan los alcances de Zambrano. Organizaba reuniones sociales en su lujosa residencia, con la asistencia de oficiales de la policía. Varios de ellos rindieron versiones ante el fiscal del caso. Algunos coincidieron en que el general de la policía César Zapata estuvo entre los invitados, en un asado, en 2021. Por eso, el oficial, hoy en servicio pasivo, fue llamado a declarar en la Fiscalía, donde admitió haber conversado con el empresario pero negó haber sido su amigo. Este medio pidió su pronunciamiento, pero no accedió a conceder una entrevista.

Las escuchas también captaron conversaciones de Zambrano quien menciona que le regaló chaquetas de estilo italiano al general en Guayaquil. El oficial fue Comandante de la Policía entre octubre de 2023 y agosto de 2024.


ENGRANAJE DE LA ORGANIZACIÓN LIDERADA POR ZAMBRANO

 

Diagrama de policías que operan en los puertos y cooperaron con el grupo de Carlos Zambrano para el envío de cocaína a Europa. El parte está incluido en el juicio.

El nexo con el clan de los Balcanes

Entre 2023 y 2024 el grupo liderado por Zambrano envió a España y Países Bajos 8,7 toneladas de cocaína, descubiertas en el destino final por las autoridades, ocultas en bultos en contenedores con latas de atún, exportados por una empresa alimenticia, con sede en Manta, Manabí. Otro cargamento, de 664 kilos, fue incautado en Guayaquil. Estas capturas detonaron investigaciones transnacionales y el desmantelamiento de la organización en 2024. Nuevas indagaciones surgieron para determinar quiénes son los líderes.

En una de ellas, agentes de la Unidad Nacional de Investigación Antidrogas con Coordinación Europea (UIACE) han recabado indicios y siguen la pista, con apoyo de policías españoles, del cartel balcánico que financiaba las operaciones hasta el envío desde Guayaquil. Los documentos revelan que Zambrano armó la red local.

Pero sus actividades relacionadas con hechos criminales empezaron décadas atrás. En 2002, estuvo enjuiciado en un caso de narcotráfico. Se ordenó su captura y estuvo prófugo hasta que el proceso en su contra se diluyó. Entonces ya se conocieron sus estrechas relaciones con altos oficiales y jefes de la Policía, de la época, que lo cuidaban y transportaban en vehículos oficiales en Guayaquil y Quito.

Precisamente por ese alto perfil, habría sido reclutado como intermediario de un cartel de los Balcanes, para los envíos desde Ecuador hacia Europa, indicaron agentes que trabajan con la Unión Europea. llevan adelante una investigación multinacional.

“Esta organización balcánica controla toda la línea logística del narcotráfico, desde la compra de la cocaína en Colombia, hasta la salida por los puertos de Guayaquil y su llegada a Europa”, explicó el funcionario antidrogas. Los clanes de los Balcanes (incluidos los albaneses, serbios y montenegrinos) se convirtieron en menos de diez años, en los principales protagonistas de la expansión del negocio de la cocaína hacia Europa. Despegaron en el crimen transnacional desde Ecuador por varios factores. El principal es que la demanda de cocaína se disparó en Europa con la llegada de la pandemia del Covid-19.

El grupo liderado por Zambrano, alias “Carlitos”, despuntó después de la pandemia. Siguiendo esa pista esta alianza documentó cómo la estructura penetró en las filas policiales, corrompiendo, esta vez, a unos 40 uniformados en unidades especiales en varios puertos, así como varios militares y trabajadores. Los uniformados cumplen todavía diferentes funciones en las terminales, según un oficial Antinarcóticos. El diagrama que identifica a estos cooperantes y su papel específico para la contaminación de los contenedores en puertos de Guayaquil está incluido en el proceso.

Los policías hoy están bajo la lupa, en una investigación previa que se derivó del caso Gibraltar. Según agentes antidrogas, esta estructura operaría indistintamente para cualquier organización que requiera sus servicios en los puertos. En 2024 una denuncia, revisada por Código Vidrio, llegó al Ministerio del Interior. En ese documento de cuatro páginas se describen las relaciones que mantienen varios oficiales de la Policía con miembros de grupos delictivos. La última radiografía de las conexiones de uniformados con el crimen apareció en el caso Metástasis, en 2022. En este proceso la Fiscalía comprobó la operación de una estructura de delincuencia organizada, liderada desde la cárcel por el narcotraficante Leandro Norero (+). Entre sus operadores tenía jueces, fiscales, policías y funcionarios públicos, que fueron sentenciados.

La Policía refuerza medidas de confianza

El Inspector general de la Policía, Víctor Herrera, explica que ante las alertas que han recibido sobre la participación de uniformados en redes delictivas en los puertos para el envío de cocaína la institución ha reforzado las medidas de control interno y contrainteligencia para fortalecer la autodepuración.

En particular al general Herrera le preocupa la contaminación detectada entre uniformados de la Unidad de investigación de Puertos y Aeropuertos (UIPA) y el Centro Regional de Adiestramiento Canino (CRAC).

“Hay un esquema que estamos aplicando de rotación continua. Los policías que están en unidades sensibles de control antidrogas no pueden quedarse más de un año en un solo puesto. Además deben someterse, en ese mismo período, a pruebas de confianza como el polígrafo. Si no pasan son separados de la unidad”, destaca Herrera.

También alerta que un problema de fondo es la restitución a unidades especiales de policías que han sido dados de baja por cometer delitos. “Es muy grave que uniformados sancionados vuelvan a la institución por fallos de los jueces, que estamos obligados a cumplir. Entonces vemos que los niveles de influencia y contaminación de las organizaciones criminales no solo afectan a la Policía, sino a Fuerzas Armadas, a la justicia y la Fiscalía. Todo esto alienta la impunidad”.

“Los más peligroso -advierte Herrera- es que muchos grupos delictivos también son integrados por expolicías, que conocen bien cómo opera la institución y se encargan de reclutar a personal en servicio activo. El último mes (julio) nueve policías han sido asesinados por sicarios en Manabí. Los investigadores estiman que seis tenían vínculos con bandas. Cinco fueron dados de baja y eran parte de unidades antidrogas.

En diciembre de 2023, fueron incautadas más de 7 toneladas de cocaína en España enviadas por la banda de Zambrano, provenientes de Ecuador. Foto de archivo

Contratos con la Casa Militar

La organización liderada por Zambrano combinaba actividades de narcotráfico y lavaba sus recursos en otras empresas, incluida Goldenminerals, dedicada a la minería ilegal, según reveló Código Vidrio https://www.codigovidrio.com/code/la-minera-goldenminerals-es-el-eslabon-que-revela-como-operan-las-narcomafias-del-oro-en-ecuador/. Miembros del grupo también consiguieron contratos con el Estado, aprovechando sus influencias políticas. El que se encargó de cuajar esos negocios en el sector público fue Geovanny Cruz, dueño de un taller de reparación de autos. Entre 2023 y 2024, su principal cliente fue la Casa Militar Presidencial, a cargo de la seguridad del Primer Mandatario. Esta entidad le pagó en ese lapso más de 722 mil dólares por servicios de mecánica automotriz. También tuvo como cliente al Agrupamiento de Comunicaciones y Guerra Electrónica de la Fuerza Terrestre, por más de siete mil dólares.

La trayectoria del empresario

Zambrano, de 63 años, se educó en Quito en un colegio privado regentado por la orden salesiana y viajó a Estados Unidos en la adolescencia. Volvió para graduarse de la secundaria. Su familia tenía una buena posición económica.

En su juventud, a mediados de los 90s, llegó al sector camaronero en Cojimíes, al norte de Manabí. Por esos años conoció a altos oficiales de varias unidades especiales, en especial del Grupo de Intervención y Rescate (GIR). Quien le presentó a algunos de los oficiales de esa unidad fue un médico guayaquileño que practicaba tiro. Al percatarse de que las condiciones de la unidad eran modestas y rudimentarias, Zambrano hizo una importante donación económica para mejoras en las instalaciones, con lo cual se ganó el aprecio y reconocimiento de los uniformados, según recordó un exoficial de esa Unidad.

Sus relaciones salieron a la luz en 2002, en un informe del entonces inspector de la Policía, general Édgar Vaca (+), quien dirigió una investigación interna recabando testimonios de policías en torno al narcotraficante Carlos Hong Mayorga. La Fiscalía también investigó el caso que se judicializó estableciendo que el general Abraham Correa y otros oficiales visitaban el taller de Hong y supuestamente tuvieron reuniones con él.

En 2002 Hong fue sentenciado a seis años de prisión por narcotráfico. Lideraba una banda que operaba en Colombia, Ecuador y Estados Unidos. Fue detenido en una mecánica de pintura de vehículos, al norte de Quito, donde se encontraron 122 kilos de cocaína. Tres meses después el general Correa y su ayudante, un capitán, fueron procesados y sobreseídos por la Corte Superior, que descartó su participación en algún ilícito. Zambrano también fue absuelto. Correa dejó la Policía.

Encuentro informal con Correa

Cuando el remezón pasó, los siguientes años Zambrano retomó su actividad empresarial e incluso se convirtió en el representante local de dos firmas panameñas. De a poco retomó sus contactos con sus amigos en la Policía y en otras entidades públicas y privadas. Para ponerlos de su lado, apeló al mismo mecanismo. Les entregaba obsequios caros como relojes Rólex, prendas de diseñador, entre otros. Los invitaba a reuniones donde bebían whisky y deliciosa comida.

En su celular, Zambrano guardó cientos de fotos y videos de sus encuentros, algunos fortuitos, con distintas figuras públicas y privadas, con oficiales en servicio activo y pasivo, con uniforme y de civil. En una de ellas aparece con Xavier Jordán, quien está enjuiciado como uno de los autores intelectuales del magnicidio del candidato presidencial Fernando Villavicencio.

El 7 de marzo de 2017, a las 20:00, en la cámara de su celular registró en vídeo y una fotografía de un encuentro informal con el entonces presidente en funciones Rafael Correa, quien vestía una camisa blanca de lino. Sonrientes, ambos saludan afectuosamente, cruzan unas palabras y se abrazan, luego posan para la cámara de Zambrano. Otros dos acompañantes, hombres, no identificados, se encuentran en el grupo. A sus espaldas, una pantalla muestra un partido de fútbol y el espacio parece ser un bar restaurante, que los analistas no pudieron identificar. Las paredes están llenas de nombres de personas, escritas con marcador con distintas caligrafías. Esas imágenes, con la fecha en que fueron tomadas, forman parte del proceso judicial. En su declaración, al ser procesado, Zambrano no fue interrogado sobre este hecho. Tampoco se encontraron evidencias de otros contactos o nexos con el exmandatario.

Carlos Zambrano (Primero desde la derecha) tenía en su celular una fotografía y un video, registrados el 7 de marzo de 2017, donde aparecen un encuentro informal con el entonces presidente en funciones Rafael Correa. Esos registros están en el proceso.

Solicitamos una entrevista con el expresidente Correa, a través del equipo de comunicación de su movimiento en Quito, pero no obtuvimos una respuesta hasta la publicaciòn de esta historia. Correa estuvo en el poder hasta mayo de 2017. Luego abandonó el país y viajó a Bélgica. En Ecuador tiene un sentencia en firme de ocho años de prisión por el delito de cohecho

El tráfico se disparó en plena pandemia

Entre 2019 y 2020, el empresario contactó al entonces coronel de la policía Julio Miño del Hierro. El oficial ejercía por esos años el cargo de director de la Policía Judicial de Guayas. En esas funciones pudo haber borrado el pasado judicial por narcotráfico de Zambrano, según se desprende de la investigación interna en las filas, recogida en un informe policial adjuntado al proceso del caso Gibraltar.

En 2022, en un taller mecánico, Zambrano conoció al sargento de la policía, en servicio pasivo, Edwin Coque. Su cuñada estaba enferma y la esposa de Zambrano le dio apoyo espiritual. Coque se dedicaba a la venta de carros chocados. La relación de amistad se hizo cada vez más cercana. El sargento retirado, quien salió de la entidad en 2020, le comentó que era amigo de uniformados que trabajaban en la UIPA de la Policía

De esta manera, Zambrano, empezó a coordinar con los dos exmiembros policiales, el coronel y el sargento, que darían la logística indispensable para el envío de cargamentos de droga.

Para ello usaron teléfonos celulares específicos, con la aplicación encriptada Zangi, de origen armenio que era usada por el Tren de Aragua, por sus altos niveles de hermetismo, y que la mafia rosarina había adoptado para sus comunicaciones. Para ocultar sus actividades Zambrano y Miño del Hierro adoptaron las identidades de dos generales de la Policía y con esos nombres registraron sus contactos en sus teléfonos celulares. El sargento Coque era el contacto con los policías de la UIPA.

Miño del Hierro se encargaba de la logística relacionada con el envío, para lo cual reservaba un cupo para exportación de contenedores. Cada cupo (booking) tiene un código alfanumérico.

En el proceso judicial salió a la luz que Miño del Hierro, además, ‘manejaba’ dos grupos de policías en puestos estratégicos. El primero estaba liderado por un teniente coronel, con ocho subordinados a su servicio. Y el segundo estaba dirigido por un mayor, con ocho policías a su cargo.

Así se armaba el rompecabezas en el puerto

La modalidad de revisión en puertos consiste en que dos de cada tres contenedores son abiertos, dependiendo de la información de perfilamiento que reciben los policías. Así los agentes confirman con inspecciones apoyadas con canes si existe o no una contaminación con droga, con base en datos sobre cargas reportadas con mayor riesgo.

Miño informaba cuál era el contenedor contaminado (la jerga que usaban es ‘el preñado’), luego de comprobar que la empresa exportadora escogida para el envío era la adecuada. La caja “preñada” no era revisada, gracias al direccionamiento que recibía uno de los ofiociales reclutados, a cargo del control.

Los policías en puertos se encargaban de abrir los dos contenedores limpios y no inspeccionaban el que contenía la cocaína, ubicado en el primer piso, por orden del uniformado, también cooperante de la banda. Era fundamental coordinar los envíos con los turnos de los policías que colaboraban.

El valor negociado que recibían los encargados de ocultar la droga en los cargueros era 700 dólares por kilo. Se pagaban una vez que el barco estuviera en alta mar, ya que la organización consideraba que en ese punto terminaba su responsabilidad con los clientes finales en Europa.

“La caja preñada nuestra es la que termina en 7120”. Este mensaje aparecía en el celular del excoronel Miño del Hierro. Se refería al cargamento de cocaína que el grupo envió a fines de diciembre de 2023 hacia España.

El cargamento fue detectado en España. Esto motivó un desacuerdo entre los miembros de la organización: ellos creían haber enviado 700 kilogramos de cocaína, pero fueron descubiertas más de seis toneladas.

Operadores criminales en empresas de servicios

En Guayquil operan dos puertos concesionados y ocho terminales portuarias privadas, que no tienen las mismas exigencias legales que los concesionados. Manejan en conjunto el 92% del comercio exterior de Ecuador. Las terminales concesionadas son Posorja DP-World y Contecom, que tienen contratos con el Estado, el cual regula sus operaciones de seguridad y establece obligaciones para el control. Estas facilidades concentran los envíos más grandes de carga al exterior, especialmente frutas y productos del mar. Entre los puertos privados más importantes destacan: TPG (Terminal Portuario de Guayaquil), Naportec (Bananapuerto), Fertisa y Trinipuerto. Aunque en todos hay presencia de unidades antinarcóticos, solo las terminales concesionadas tienen obligaciones contractuales para cumplir exigencias legales, el resto se rige por actos administrativos de la Autoridad Portuaria.

Fuentes de Antinarcóticos indicaron que  hay casos de contaminación en la mayoría de puertos, tanto concesionados como privados, donde el problema es recurrente: en varias terminales se han detectado cooperantes internos, reclutados por organizaciones del narcotráfico.

En especial -según coinciden un oficial de la Policía y dos jefes de seguridad portuaria- un grave problema son las empresas privadas de seguridad y de servicios como alimentación que también han sido infiltradas o pertenecen a cabecillas de alguna banda que usan testaferros. El personal es reclutado para facilitar la contaminación con droga. En junio pasado, en uno de los puertos fueron despedidos 20 trabajadores identificados como operadores delictivos, según fuentes portuarias. Este mecanismo se consolidó en el contexto del incremento de la producción y demanda de cocaína a escala global. Ecuador se volvió un eslabón en esa cadena por sus características únicas: la ubicación geográfica de este país, entre Colombia y Perú, los más grandes productores de esa droga; y, una economía dolarizada desde el año 2000, que facilitó el flujo y lavado de dinero del narcotráfico en la economía formal.

Cuando era teniente coronel, Julio Miño del Hierro, fue jefe del Centro Regional de Capacitación Antidrogas. Foto de archivo

Las conversaciones con el General

El empresario vivía en la urbanización Bonaire, Samborondón, con su esposa María Auxiliadora. Ambos se casaron muy jóvenes: de eso hace más de 43 años. Ella revelaría, en el juicio por delincuencia organizada que fue víctima de maltrato psicológico. Sufría de depresión y estaba medicada.

Daba terapias de sanación para familiares de policías con enfermedades crónicas. El empresario aprovechó esta práctica para estrechar vínculos con los uniformados.

Otro método de enganche eran las invitaciones a reuniones y fiestas en su residencia. Allí acudían policías de distintas jerarquías, incluidos coroneles y generales, vestidos de uniforme y también de civil.

Uno de los conocidos de Zambrano era el entonces general de la Policía César Zapata Correa. Fue ascendido al cargo de comandante de la Policía el siete de octubre de 2023. Estuvo en funciones hasta agosto de 2024, en los gobiernos de Guillermo Lasso y Daniel Noboa.

En el curso de la investigación fiscal se determinó que Zambrano habló varias ocasiones con el general Zapata. “A veces hablábamos, comíamos, nos reuníamos. Nos reíamos”, declaró Zambrano, al ser interrogado por el fiscal Fernando Guerrero.

En una llamada telefónica, que fue interceptada en el caso, Zambrano fue grabado mientras conversaba con alguien, a quien le menciona que “sería bueno llevarle unas levas (chaquetas a Zapata) porque sale seguido en televisión”.

Cuando el empresario fue interrogado sobre esta conversación, por el fiscal, mencionó que tenía amistad con el dueño de un establecimiento de ropa de caballero, y que le facilitó al oficial unas chaquetas, “como cortesía, por amistad”. Aclaró en su versión que el general no tenía ropa de civil. En esa declaración, afirmó que Zapata recibió las chaquetas y que no necesitaron arreglo alguno, pues le quedaron a la perfección. El exclusivo almacén confecciona ropa a la medida, con líneas diseño italiano en Guayaquil.

El oficial negó relación alguna con el empresario

Zapata fue llamado a declarar en Fiscalía. Negó una relación de amistad con el empresario. De hecho, afirmó que bloqueó su contacto, para no recibir sus llamadas. Aclaró que su trayectoria policial de más de 35 años fue limpia y nunca tuvo relaciones comerciales, ni de otro tipo, con él.

Pero Zambrano contradijo al excomandante. A fines de enero de 2024 –cuando Zapata era comandante de la Policía- mantuvieron una conversación telefónica, que también fue interceptada y motivó varias preguntas del Fiscal.

De acuerdo con el empresario, un mayor de la Policía le pidió concretar el pase de una uniformada, de una provincia a otra, ya que se trataba de una colega embarazada, que además es hija única, y que fue trasladada a un sitio distante. Para lograrlo, Zambrano dijo que habló con Zapata, personalmente, en el almacén italiano de ropa de caballeros, donde se reunieron.

“Él hizo el pedido, habló por teléfono, no sé si con el director de Personal, o alguien más. A los 20 minutos recibió la respuesta de que el cambio no era posible, porque esa uniformada tenía dos alertas críticas en la Unidad Antinarcóticos. Había pertenecido a la UIPA”. Ésta es la Unidad antidrogas de Puertos y Aeropuertos.

El general Zapata fue comandante de la Policía diez meses, entre 2023 y 2024, en los dos últimos gobiernos. Foto de archivo

Zapata afirmó que en su “larga y reconocida trayectoria mantuvo tratos amables con muchas personas”, por cuanto “mi trato cotidiano fue cordial, amable y gentil”.

Reconoció haber conversado con Zambrano, el 25 de enero de 2024, cuando estaba al frente de la Policía. Insistió que se trataba del pedido para otorgar seguridad y protección a una autoridad pública. Citó el nombre de Hugo González, quien por esas fechas presidía la Corte de Justicia de Guayas. Meses más tarde el servidor judicial fue destituido por colaborar con el crimen organizado, del cual recibió favores y hasta ‘panes de pascua’. No obstante, el oficial negó haber conocido a González y aclaró que no recibió petición alguna para concretar el pase de la uniformado a la UIPA.

Con Zambrano -dijo Zapata- “mantuve conversaciones triviales, como cualquier otro conocido me pudo haber llamado, y dichas conversaciones nunca se llegaron a plasmar”.

La parrillada en Bonaire

Durante el juicio un Oficial de la Policía pidió rendir su versión sobre las circunstancias en las cuales conoció al empresario Zambrano.

En 2021 el uniformado fue trasladado a Guayaquil para realizar el curso de ascenso. “Durante el minuto cívico me dieron la disposición de dar un discurso sobre redes sociales y la injerencia en la Policía”, explicó.

Al término de evento le dijeron que Zapata, entonces jefe de la Zona 8 de Guayaquil, Durán y Samborondón, quería plasmar ese discurso en un proyecto ejecutable para ese distrito. Con ese fin debía trasladarse al Cuartel Modelo para concretar una reunión. Sin embargo, la cita se postergó por la agenda apretada del jefe policial.

Luego de las seis de la tarde, tras esperar en vano, el Oficial recibió la orden de dirigirse a un domicilio particular, en la urbanización Bonaire, según declaró el Oficial.

Llegó a la ubicación que le enviaron. “Allí estaban otros ciudadanos, creería que son oficiales en servicio pasivo, muy antiguos para mí (…). Fui recibido por el dueño de la casa que posteriormente conocí que se llamaba Carlos Zambrano. Estaban el ayudante de mi general (Zapata), su secretario, otros oficiales, mi persona y su seguridad; habían preparado una parrillada”.

“Después de conversar varios temas en los que yo no participaba, políticos, deportivos, jocosos, el general (Zapata) me manifestó: ‘Explíqueme cómo es el tema y discúlpeme la informalidad, aquí estamos entre amigos’”.

Dijo que detalló su proyecto durante aproximadamente 30 minutos y se retiró de esa residencia.

Reconoció que luego, en el transcurso de varios años, se encontró con Zambrano tres veces más en eventos deportivos y sociales en Guayaquil, Manabí y Quito.

También mencionó que tuvo un encuentro fortuito con el excoronel Miño en el mismo restaurante en el centro norte de Quito, donde coincidieron. Mencionó que acostumbra visitar ése y otros sitios con su grupo de amigos.

Cuando el fiscal le preguntó a Zapata por qué le presentó al mayor a Zambrano, respondió: “Yo no le presenté al mayor al señor Carlos Zambrano, yo no le presenté”.

A continuación, el abogado del excomandante interrumpió el interrogatorio. Dijo que su defendido ya no respondería más preguntas del fiscal, ni de ninguna de las partes. La diligencia terminó ese momento intempestivamente.

Actualmente el mecanismo de mayor incidencia es la contaminación con cocaína en las zonas fluviales, en el río y en alta mar, después de que los buques que transportan contenedores dejan los puertos de Guayaquil. La Marina realiza patrullajes constantes en esas zonas. Foto Código Vidrio.

Contactamos a Zapata para saber cómo conoció a Zambrano, sobre los regalos y la reunión en su domicilio. “Lo que conocía lo dije. No puedo atender su entrevista. Gracias”, respondió en un mensaje escrito desde su celular.

Otros uniformados de distintas jerarquías fueron llamados por fiscalía a declarar. Uno de ellos, perteneciente al GIR, afirmó que Zambrano le fue presentado en 2021 por dos de sus superiores en servicio pasivo. Dijo que conversó varias veces con él, quien tenía preocupación por temas de seguridad. Zambrano se enteró que el jefe directo de este uniformado intentaba lograr un traslado al exterior y se ofreció para conseguir el cambio, sin éxito. El policía afirmó que el empresario lo invitó a su cumpleaños, que empezaría desde la tarde, pero recién llegó en la noche, por sus obligaciones laborales. Detalló que en el festejo encontró a varios oficiales de la Policía, que vestían de civil. Uno de ellos era el entonces general Zapata.

 Sentenciados con penas reducidas en el caso Gibraltar

 El ex policía Carlos S. C., quien era conocido como ‘Rana’ o ‘Sapo’, no fue vinculado al proceso. Cuando el cargamento de más de seis toneladas fue descubierto en España, los miembros del grupo dieron señales de alarma. Uno de ellos afirmó que había recibido amenazas de muerte por parte de ‘Sapo’, quien se sintió traicionado, al enterarse que la cantidad de droga enviada era diez veces más grande de lo que él conocía. Surgieron dudas de que alguien del grupo estaba coordinando a espaldas del resto otros envíos de cocaína. No fue procesado, por razones de tiempo, pues las pruebas en su contra aparecieron en la última etapa del juicio.

El primer desenlace del caso Gibraltar ocurrió en diciembre de 2025. Siete de los implicados fueron sentenciados. Dos de los principales responsables recibieron penas reducidas, bajo el argumento de que en la fase crucial de la investigación fiscal revelaron información trascendental para esclarecer el caso. Se trata de Zambrano, condenado a dos años y cuatro meses de prisión, “aplicando el principio de favorabilidad y el atenuante trascendental”, y de Julio César Miño, que también recibió una pena de dos años y cuatro meses, por su cooperación con datos que abrieron otras líneas de investigación.

Bajo esas mismas consideraciones atenuantes, el resto de implicados: Laureano Alvear, Geovanny Cruz y Edwin Coque, fueron sentenciados a 20 meses de cárcel, mientras José Berzosa y Juan Pablo Calle recibieron las penas más altas, de cinco años, aunque su papel en la estructura criminal fue más bien secundario, como operadores. Pese a la magnitud de esta operación transnacional la Fiscalía aún no ha abierto una investigación de lavado de activos, con la base de un delito precedente de narcotráfico, para tratar de recuperar las ganancias que tuvo la red, destacaron los agentes antidrogas.

Zambrano, según informes del sistema financiero, registra 20 propiedades, adquiridas en Samborondón, Pedernales, Buena Fe y Quito. Entre 2020 y 2024 tuvo ingresos por $311.410. El coronel Miño ha seguido recibiendo su pensión de oficial retirado de la Policía. Entre 2020 y 2025 recibió pagos de la institución por $257.584. En sus cuentas tuvo ingresos por $408.122.

La radiografía de esta estructura y sus mecanismos de penetración revela la importancia que los últimos años han cobrado los intermediarios con alto perfil empresarial o político para los clanes de los Balcanes. Sobre todo, después de que se impusiera el requisto de un visado para los albaneses desde 2022, y del fortalecimiento y coordinación de operaciones transnacionales entre la Policía de Ecuador, Europol y otras agencias internacionales antidrogas.


* Esta Investigación tuvo el apoyo de Resiliencie Collaborative, una ONG sin fines de lucro

Así fue la operación encubierta de la CIA para atacar tres barcos pesqueros cerca a Galápagos

Los ataques con drones que los primeros meses de este año sufrieron tres barcos pesqueros ecuatorianos cerca a Galápagos fueron parte de un programa encubierto de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), según una investigación del Washington Post. Un jet con alta tecnología de vigilancia voló desde El Salvador antes y durante los incidentes contra los barcos Fiorella, Negra Francisca  Duarte III y Don Maca, entre enero y marzo pasados. 

Redacción Código Vidrio

Aunque muchos detalles sobre la participación de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) aún no están claros, una fuente que conoció el plan afirmó que los ataques formaban parte de un programa de «acción encubierta”. Se trata de un plan secreto en el extranjero que tuvo el consentimiento del Presidente Donald Trump, pero en la que no se reconoce públicamente el papel de su gobierno. La fuente pidió no revelar su identidad debido a la sensibilidad del tema.

Ninguna agencia ni gobierno ha reivindicado la autoría de los incidentes, incluida la desaparición en enero de un barco pesquero y sus ocho tripulantes. Estos ecuatorianos viajaban a bordo del “Fiorella”, un barco de pesca con palangre de 52 pies de eslora. Todos los pescadores que iban en las dos embarcaciones atacadas en marzo (“Negra Francisca Duarte II” “Don Maca”) sobrevivieron, indica el reportaje de los periodistas Ellen Nakashima, Samantha Schmidt, Samuel Oakford, Warren P. Strobel, Alex Horton y Aaron Schafer, con la colaboración de Arturo Torres, desde Ecuador,

La participación de la CIA, según la investigación del Post, añade una dimensión nueva y secreta a la campaña de la administración de Trump contra presuntos narcotraficantes en alta mar. Aún no se ha podido esclarecer si participaron en estos operativos otros actores, como contratistas privados o autoridades de otros países, precisa el reportaje.

La CIA declinó hacer comentarios para este informe. Varios miembros de los comités de inteligencia del Congreso contactados por el Post tampoco hicieron comentarios. En Ecuador, la Cancillería ni las Fuerzas Armadas respondieron ante los pedidos de un pronunciamiento.

Estos ataques son distintos de la campaña del Pentágono contra presuntas embarcaciones de narcotraficantes iniciada el año pasado, con el Comando Sur a la cabeza. Estas intervenciones han sido duramente criticadas por grupos de derechos humanos y algunos legisladores demócratas, que las califican de ejecuciones extrajudiciales. La administración de Trump ha justificado los ataques equiparando a los «narcoterroristas» con militantes que atacan a Estados Unidos.

Los barcos pesqueros «Fiorella», “Negra Francisca Duarte II” y “Don Maca” fueron atacados con drones entre enero y marzo pasados. Ocho tripulantes de la primera nave desaparecieron luego del bombardeo. Fotocomposición Código Vidrio

Entrevistados por el Post, los sobrevivientes ecuatorianos relataron que pequeños drones de cuatro hélices (cuadricópteros) lanzaban municiones sobre las embarcaciones o detonaban al chocar contra ellas. Los tripulantes contaron que luego de los ataques fueron trasladados a un barco cercano, donde hombres armados les pusieron capuchas y esposas. Después los llevados a El Salvador, para ser devueltos a Ecuador sin ninguna explicación.

Un jet voló desde El Salvador hacia donde navegaban los pesqueros

En cada uno de los incidentes, un jet ejecutivo de alta gama, equipado con tecnología de vigilancia especializada, voló desde El Salvador hacia los barcos pesqueros, tanto el día de los ataques como en los días previos, según datos de seguimiento de vuelos y embarcaciones recabados por el Post.

Los detalles sobre la aeronave y el patrón de sus vuelos antes de los incidentes sugieren que estaría vinculada al programa secreto de la CIA.

Las comunicaciones por radio y los datos de seguimiento de vuelos revisados ​​por el Post evidencian que el avión, un Cessna Citation Longitude, llegó a El Salvador procedente de Tennessee, con una tripulación de seis personas en noviembre.

Según las transmisiones de radio, voló con una matrícula estadounidense y, tras aterrizar, se dirigió a una sección militar del aeropuerto, indica el reporte del diario estadounidense. Los documentos de la Administración Federal de Aviación (FAA) no muestran ninguna aeronave registrada con esa matrícula.

La FAA exige que todas las aeronaves en servicio estén registradas ante la agencia, con excepciones que incluyen periodos de transferencia de propiedad y «aeronaves de las fuerzas de defensa nacional de los EE.UU.», según la ley federal.

Ese número de matrícula había sido reservado por una empresa que no tiene un sitio web visible y cuya dirección figura como un apartado postal en una tienda de UPS en Virginia, según los registros a los que accedió el medio estadounidense.

Las fotos muestran que el avión está equipado con tecnología de vigilancia, incluyendo un radomo ventral, una estructura en la parte inferior para proteger el equipo de radar. The New York Times informó sobre el avión el miércoles. El avión operaba desde el Aeropuerto Internacional de Ilopango, un pequeño aeropuerto que fue centro de operaciones encubiertas respaldadas por EE.UU. en Nicaragua durante la década de 1980. El aeropuerto, ubicado en las afueras de San Salvador, es independiente del principal aeropuerto internacional de El Salvador, donde el ejército estadounidense mantiene una base oficial.

El 20 de enero, día en que desapareció el Fiorella, las comunicaciones con la torre de control registraron el despegue del avión poco antes del amanecer. “FENIX 701”, dijo el piloto en inglés con acento estadounidense, “despegando de la pista tres-tres”.

Los tres incidentes han alarmado a las organizaciones de derechos humanos, impulsaron una investigación de un fiscal en Ecuador y han llevado a algunos legisladores demócratas en Washington a exigir respuestas. En contestación a las preguntas del Washington Post, el ejército estadounidense negó tener conocimiento de los incidentes.

El jet de espionaje aéreo FENIX 701 aparece en el hangar del aeropuerto Ilopango en El Salvador. Foto cortesía

El gobierno salvadoreño tampoco contestó a las solicitudes de comentarios. Tras el ataque al buque Negra Francisca Duarte II, la Armada de El Salvador informó haber llevado a cabo una operación humanitaria para transportar a 16 supervivientes del naufragio, todos ellos ecuatorianos. Dos de ellos resultaron heridos, uno con quemaduras en la espalda, y fueron trasladados a un hospital.

Una campaña clandestina sin relación directa con el Pentágono

Los ataques contra el Don Maca y el Negra Francisca Duarte II guardan pocas similitudes con la campaña que el Pentágono mantiene contra presuntos narcotraficantes en el Caribe y el Pacífico oriental. Estos ataques, que han causado la muerte de 221 personas desde septiembre, han tenido como objetivo lanchas rápidas y semisumergibles. El ejército estadounidense ha llevado a cabo los ataques abiertamente, utilizando una combinación de drones y aeronaves tripuladas, incluido el avión de ataque AC-130J, el preferido por los comandos. Según informó previamente El Post, también se han destruido embarcaciones con bombas guiadas por láser y misiles de precisión.

La administración no ha presentado pruebas de narcotráfico en relación con estos ataques y ha divulgado pocos detalles sobre dónde y cómo se atacaron las embarcaciones. Se ha negado a las peticiones bipartidistas del Congreso para que se publique un vídeo que muestra un ataque militar estadounidense en el que mueren dos náufragos que sobrevivieron a un ataque inicial contra su embarcación. Pero mientras los críticos exigen mayor transparencia sobre estos ataques, el programa de la CIA apunta a una fase completamente secreta de la campaña de ataques contra embarcaciones.

Los parientes de los pescadores han realizado varias vigilias en los exteriores de la Capitanía del Puerto de Manta en busca de explicaciones sobre los ataques y la desaparición de los ocho pescadores del Fiorella. Foto de archivo

No está claro por qué, mientras la administración Trump alardea de sus ataques militares contra supuestas embarcaciones de narcotraficantes, se involucraría en una operación clandestina separada dirigida contra buques, según exfuncionarios estadounidenses que trabajaron en la región.

“Esto plantea la pregunta de por qué sería necesario hacer esto”, dijo uno de los exfuncionarios. “¿Cuál sería el propósito de tanto secretismo?”.

El presidente Trump otorgó a la CIA nuevas facultades para combatir el narcotráfico, firmando una autorización para acciones encubiertas destinadas a contrarrestar organizaciones criminales transnacionales, incluso mediante el uso de la fuerza letal, según informó el Post.

La Agencia ha incrementado sus recursos y personal en América Latina. En Venezuela, agentes de la CIA en el terreno ayudaron a localizar y rastrear al entonces presidente Nicolás Maduro, quien fue capturado en enero por las Fuerzas de Operaciones Especiales de EE.UU. y detenido bajo cargos de narcoterrorismo. La agencia también ha expandido sus operaciones en el Caribe y México, donde dos oficiales de la CIA murieron en un accidente automovilístico en abril cuando regresaban del lugar de una redada antidrogas con funcionarios de seguridad mexicanos.

Si bien la última ubicación conocida del Fiorella fue a 300 millas de las costas de Ecuador en aguas internacionales, el Negra Francisca Duarte II se encontraba dentro de la zona económica exclusiva de Ecuador que rodea las Islas Galápagos. El Don Maca estaba justo fuera de la zona económica.

En lo profundidad de los bosques de Ecuador, los narcos convirtieron al oro sucio en un jugoso negocio

La minería ilegal del oro alimenta la violencia, la corrupción y la devastación ecológica, que están asolando Ecuador, según publicó el medio británico The Sunday Times. El Ejército intenta contener el avance, pero los focos de explotación se riegan como un virus, incontrolable. La ausencia de acciones efectivas desde la Agencia de Regulación y Control Minero (Arcom), plagada de denuncias sistemáticas de extorsiones a operadores mineros legales y trámites irregulares por años, que también involucran a jueces y fiscales, tienen atados de manos a los militares. Los uniformados están frustrados por la ausencia de intervenciones complementarias de otras instituciones para una verdadera recuperación del territorio. Esta madrugada del 29 de junio en las afueras de la Arcom en Quito estallaron dos cargas explosivas.    

Por Louise Callaham, corresponsal del Sunday Times en Estados Unidos
Con información adicional y actualizada de Arturo Torres 

El salto que los carteles, especialmente de los países de los balcanes, han dado en Ecuador para multiplicar sus ingresos a través de la explotación y exportación global del oro, que está causando severos daños ambientales en la Amazonia, es retratado en un reportaje publicado este domingo 28 de junio por Louise Callaham, corresponsal senior del Sunday Times.

“La camioneta se tambaleaba por el camino polvoriento de la selva hacia las puertas coronadas con alambre de púas. Hombres enmascarados con rifles automáticos comprobaron nuestros nombres con una lista, se comunicaron por radio para confirmar y nos hicieron pasar a la mina”, describe el arranque de este informe.

“En esta mina de oro, en lo profundo del bosque, en Camilo Ponce Enríquez, un solo error puede ser fatal. Las bandas de narcotraficantes están invadiendo la zona, apoderándose de minas legales como esta —amenazando y extorsionando a los propietarios— o excavando en las laderas de un verde intenso en yacimientos ilegales que se extienden por kilómetros a lo largo de las montañas, destruyendo árboles y ríos en busca de pepitas de oro en el lodo. Estas bandas amasaron su fortuna traficando cocaína desde Colombia hasta la costa del Pacífico ecuatoriano y de allí a barcos con destino a Europa y Norteamérica. En el oro han encontrado una industria más lucrativa, una que les permite extraer una fortuna de la tierra y venderla legalmente en cualquier parte del mundo. Les genera millones de dólares al año.

Luis, el jefe de seguridad de la mina”, dijo el jefe de seguridad a The Times: “Aquí, en estas montañas, son los grupos criminales, no el Estado, quienes mandan”. Luis se negó a pagar sobornos a las bandas o a colaborar con ellas. Unas semanas después de conocerlo, le tendieron una emboscada y le dispararon cinco veces. Sobrevivió.


EN CONTEXTO. La mina asediada por miembros de una banda criminal está concesionada a una empresa legal, que opera en el poblado de Camilo Ponce Enríquez, en Azuay, considerado un santuario de la minería ilegal. Aquí confluyen una serie de actores criminales, que actúan en contubernio con autoridades locales de organismos de control gubernamentales y estatales, incluidos jueces, fiscales, policías y militares. Una señal clara del poder que tienen estas organizaciones se evidenció la madrugada de este lunes 29 de junio en Quito, en las afueras de la Agencia de Regulación y Control Minero (Arcom). La sede sufrió un atentado con la explosión de dos cargas de alto poder, que dejaron un guardia de seguridad herido por la onda expansiva, además de importantes daños materiales en las instalaciones y en edificios aledaños. Los autores del ataque dejaron un panfleto en el que se mencionan nombres de funcionarios supuestamente involucrados en corrupción. 


Ecuador solía ser uno de los países más seguros de Latinoamérica. Ahora es el más violento, destaca la publicación. Hace aproximadamente una década, los narcotraficantes de los vecinos Colombia y Perú —que producen la mayor parte de la coca del mundo, la planta que constituye el ingrediente base de la cocaína— comenzaron a traficar la droga a gran escala a través de Ecuador hacia la costa, y de allí a Estados Unidos y Europa, en lugar de enviarla por tierra a través de Centroamérica. Esa ruta, conocida como la «superautopista de la cocaína», es hoy el corredor de narcotráfico más lucrativo del mundo. Más del 70% de la cocaína mundial pasa por Ecuador cada año en su camino hacia los consumidores occidentales.

Junto a la mina a la que ingresó el equipo del Sunday Times funciona la Planta de Beneficio, donde se procesa el material mineralizado hasta convertirlo en oro puro. Fotos Arturo Torres.
El precio del oro casi se cuadruplicó, entre 2014 y 2025, pasando de 41.000 a 111.000 dólares por kilo, mientras el costo de la cocaína se desplomó, lo cual explica porque los carteles se volcaron hacia la explotación criminal de este mineral. 

Las bandas criminales ganaban miles de millones con el narcotráfico, pero no era suficiente. En enero de 2024 estalló la guerra cuando un conocido jefe de pandillas (José Macías, alias Fito) escapó de prisión en la ciudad portuaria de Guayaquil. Se produjeron atentados con coches bomba en todo el país y miembros de pandillas irrumpieron en una transmisión televisiva en directo. Daniel Noboa, presidente y aliado de Trump , declaró el estado de conflicto armado interno y desplegó al ejército para sofocar la violencia.

Los asesinatos continuaron, al igual que el narcotráfico. Noboa ha declarado que los grupos criminales trafican anualmente con drogas, armas y otros bienes ilícitos por un valor superior a los 30.000 millones de dólares, lo que representa aproximadamente una cuarta parte del PIB de Ecuador, indica el reportaje. Los analistas comparan la situación actual en Ecuador con la de Colombia durante el apogeo del régimen de Pablo Escobar en la década de 1980. Las bandas, colmadas de dinero y armas, libran guerras abiertas en las calles, causando miles de muertes.

Ahora están expandiendo su poder a través del comercio de oro. Al principio, las bandas utilizaban la minería de oro para blanquear las ganancias del contrabando de cocaína, invirtiéndolas en equipos mineros y vendiendo el oro, pero luego se dieron cuenta de que la minería les proporcionaba una fuente de ingresos mucho más lucrativa y estable.

Julia Yansura, directora de programas de la Coalición FACT, que lucha contra las finanzas ilícitas y el blanqueo de capitales, declaró a The Sunday Times: “El oro es un producto aparentemente legal. Resulta bastante difícil para las autoridades demostrar que su origen es ilegal”.

“Para estos grupos, se ha convertido en una economía ilícita de bajo riesgo y alta rentabilidad”, añadió.

El cambio se produjo en parte debido a la economía global de la venta de cocaína. El mundo está en medio de un auge de la cocaína. Más de 25 millones de personas consumieron la droga en 2023, según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), y los productores en Colombia y Perú han aumentado la producción en respuesta. Entre 2019 y 2023, la cantidad de cocaína incautada a nivel mundial aumentó un 68 por ciento. El exceso de oferta ha provocado una caída de los precios. De 2014 a 2025, el precio de la cocaína en Europa bajó de 52.000 a 16.000 dólares por kilo, según la UNODC.

El precio del oro casi se cuadruplicó durante el mismo período, pasando de 41.000 a 111.000 dólares.

Ecuador es oficialmente un exportador de oro de nivel medio, con un valor de exportación de aproximadamente 2.000 millones de dólares en 2024, pero es probable que esto represente solo una fracción de su comercio total. Su producción ilegal, que según estimaciones de las autoridades constituye más del 77% del total, se encuentra entre las más importantes de América Latina, agrega la nota.

Según una estimación publicada en El Universo, Los Choneros, una de las bandas más poderosas del país, ganan más de un millón de dólares al mes con el comercio de oro.

Según expertos y funcionarios, pronto los grupos criminales del país obtendrán más ganancias de la minería de oro que de la venta de cocaína. Marcena Hunter, directora de industrias extractivas de la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional, afirmó: “Es rentable por sí solo, además de ser un excelente medio para el lavado de dinero”.

Grupos armados reclutan a la fuerza a los mineros 

En el cementerio de Guayaquil, donde entre dos y tres personas son asesinadas diariamente a causa de la violencia relacionada con el narcotráfico, conocimos a Diego, quien lleva años trabajando con las bandas. Nos explicó cómo funciona el sistema: grupos delictivos armados se infiltran en zonas pobres y remotas del país y amenazan a los mineros locales para que trabajen para ellos o los obligan a comenzar a extraer minerales ilegalmente.

“Dicen: ‘Tienes que hacer esto, esto y esto o tu familia pagará las consecuencias’”, nos contó, y añadió: “Es como lo que decía Pablo Escobar: plata o plomo”.

En el cementerio de Guayaquil, ciudad donde entre dos y tres personas son asesinadas diariamente a causa de la violencia relacionada con el narcotráfico, entrevistamos a Diego, quien lleva años trabajando con las bandas y nos explicó cómo funciona el sistema criminal en la explotación ilegal de oro. Fotos Arturo Torres

También toman el control de las operaciones mineras legítimas ya existentes. Diego afirmó a The Sunday Times que la ‘Ndrangheta, la mafia italiana, también había establecido operaciones en la costa ecuatoriana, junto con grupos del crimen organizado albanés, traficando drogas desde Sudamérica a Europa.

El impacto es devastador. Desde Guayaquil viajamos a lo profundo de la Amazonía hasta Napo, donde los mineros han invadido áreas que deberían ser protegidas y administradas por comunidades indígenas. Y pese a que toda actividad minera está suspendida desde febrero pasado.

Óscar, un defensor de la minería formal, nos llevó a una zona de la selva dominada por la minería ilegal. A lo largo de los caminos de tierra, las excavadoras cavaban en las riberas de los ríos o usaban mangueras para remover el lodo, buscando pepitas de oro y utilizando mercurio para separarlas. En el punto donde confluyen dos ríos, Oscar nos mostró cómo el agua había sido envenenada por los residuos químicos de la minería: a un lado, había agua limpia, y al otro, desechos turbios.

“Los sedimentos, la contaminación por metales pesados, afectan la salud de las personas”, dijo al medio británico. “La gente contrae enfermedades catastróficas. Cáncer, por ejemplo, que se produce por el mercurio”.

Linda Germania Tapuy Papa, lideresa de la comunidad Capirona en Napo. Foto AT

A pocos kilómetros de distancia -destaca la publicación-  Linda Germania Tapuy Papa, líder comunitaria, contuvo las lágrimas al relatar cómo los vertidos químicos habían causado la muerte de un niño de 18 meses y una joven en su aldea. Antes de la llegada de los mineros hace unos años, el río Punino, que pasa junto a su aldea, era limpio. Ahora apesta a productos químicos y enferma a cualquiera que nade en él o beba de él.

“Nunca imaginamos que nos encontraríamos en esta situación”, dijo a The Sunday Times. Añadió que en todas partes se habían estado instalando bandas de mineros ilegales en la zona, excavando las riberas del río y envenenando el agua.

También habían intentado entrar en su aldea. Tapuy Papa y otros miembros de la comunidad se armaron con lanzas y les dijeron a las bandas que no eran bienvenidos. Los delincuentes se mantuvieron alejados, pero los residuos de la minería, río arriba, seguían contaminando a la comunidad.

La minería ilegal de oro deja aguas contaminadas con minerales pesados (incluido mercurio) en las comunidades de las provincias amazónicas. Foto AT

Una vez que las bandas extraen el oro, lo venden. Si bien Ecuador cuenta con legislación para regular las exportaciones de oro, en la práctica, una vez vendido, se oculta su origen, se blanquea el producto y se puede comercializar legalmente en casi cualquier parte del mundo. En las zonas productoras de oro, donde predomina la minería ilegal, las tiendas y las refinerías de pequeña escala compran a cualquiera que se les acerque. Las bandas también operan a gran escala vendiendo oro en el extranjero. El año pasado, Ecuador exportó gran parte de su oro a Suiza, India, Estados Unidos y los Emiratos Árabes Unidos, cuyas refinerías y comerciantes venden a minoristas en el Reino Unido. El oro suele sacarse de Ecuador de contrabando en maletas llenas de lingotes o transformándolo en grandes piezas de joyería rudimentaria. También puede enviarse como concentrado de oro, una arena triturada semiprocesada que contiene oro y que posteriormente se refina.

“Los países que compran este oro o blanquean las ganancias también contribuyen a lo que sucede en un país como Ecuador… [es] el precio que pagamos por tener grandes cantidades de oro sin regular entrando a los países occidentales”, dijo Yansura.

El Estado ecuatoriano y las fuerzas armadas han intentado frenar a los mineros, pero la corrupción, sumada a la falta de recursos y voluntad política, ha permitido, según al menos media docena de fuentes consultadas, que el negocio prospere. Las medidas adoptadas por las autoridades son insuficientes. En Napo encontramos decenas de excavadoras confiscadas e incautadas. Las bandas simplemente compraban otras nuevas. Unas semanas después se prohibió la minería en la zona, pero activistas locales nos informaron de que había continuado sin cesar.

El coronel Miguel Iturralde es el comandante de la Brigada de Selva Napo 19. Foto AT

Detener la minería ilegal en estas zonas remotas es un reto casi imposible. Sobrevolando por los cielos sobre la selva, a pocas horas del pueblo de Tapuy Papa, el coronel Miguel Iturralde, jefe de la Brigada 19 de  Selva en Napo, intentó mostrarnos la magnitud del problema desde el aire. Abajo se extendían kilómetros y kilómetros de lo que alguna vez fue bosque virgen y ahora son ríos devastados por los mineros. Largas cicatrices de agua y lodo de color beige apagado y rojo se abrían paso entre la vegetación.

“El color del río es diferente aquí porque está contaminado”, gritó por encima del zumbido de las aspas del helicóptero Iturralde. Él sabe mejor que nadie lo peligrosas que son estas bandas. El año pasado, soldados de la Brigada Napo murieron durante una operación contra estos grupos en la zona.

“Su fallecimiento no hace sino profundizar y ampliar nuestro compromiso, nuestra dedicación y nuestra entrega para llevar a cabo la misión”, dijo.

El gobierno de Noboa ha lanzado ataques conjuntos con Estados Unidos contra lo que ellos llaman «narcoterroristas».

Pablo Izurieta, entonces director de Arcom, el organismo regulador de la minería en Ecuador, afirmó que el aumento del precio del oro y la facilidad con la que se puede vender lo convertían en un buen negocio para las bandas criminales. Callaham le preguntó si esto era posible gracias a la complicidad de funcionarios corruptos.

“Hemos tenido casos en los que hemos decidido destituir a funcionarios que, a nuestro juicio, no ejercen una supervisión eficaz”, afirmó. “No nos cabe la menor duda de que si existe alguna actitud, actividad o procedimiento que no se ajuste al marco y las normas del organismo de control minero, ese funcionario sabe que será despedido”, respondió.

Semanas después, en abril pasado, presentó su dimisión en medio de denuncias de corrupción de funcionarios de las regionales de Arcom, especialmente de Azuay. Él negó haber cometido irregularidad alguna.

Desde 2024, en el gobierno de Noboa, la Arcom ha tenido tres directores, lo cual evidencia una inestabilidad constante en sus funciones de control y regulación. Esto se agrava por la falta de personal para las inspecciones en el territorio, donde están las concesiones, buena parte de las cuales son acechadas por grupos delictivos y sableros, para extraer el mineral de las minas, cueste lo que cueste.

Un polaco y un albanés, cabecillas de un clan balcánico en Ecuador, traficaron 7,5 toneladas de coca a Europa

Una estructura narcodelictiva, liderada por clanes de la mafia albanesa-polaca, asociada con disidencias de las FARC y grupos delictivos locales, fue desmantelada la madrugada de este jueves 9 de julio por la Policía bajo la dirección de la Fiscalía. La organización tenía incidencia en operaciones a gran escala de narcotráfico en Esmeraldas, Guayas, Azuay, El Oro, así como en la frontera colombo-ecuatoriano. Esta estructura tendría relación directa con la incautación de aproximadamente 7, 5 toneladas de cocaína, decomisados en diferentes operativos, entre 2020 y 2021. La droga está valorada en 225 millones de dólares al mercado ilícito internacional.

Redacción Código Vidrio

En la operación transnacional fue detenido el líder de la organización Jakimiec Tomasz, de nacionalidad polaca, quien registra una difusión roja de Interpol emitida por Polonia que lo buscaba por narcotráfico. Tomasz fue detenido en la operación “VARSOVIA”, el 9 de junio pasado, por el delito de tráfico de armas de fuego. En el operativo salió a la luz el lujoso estilo de vida que mantenía: era dueño de un inmueble de alta plusvalía en un sector exclusivo de la provincia de Santa Elena y varios vehículos de alta gama. Los agentes antidrogas también identificaron a Daci Pellumb, otro de los cabecillas de ese grupo criminal quien tiene doble nacionalidad: albanesa y ecuatoriana. desempeñaba un rol estratégico como emisario de la mafia albanesa en territorio ecuatoriano. Era un enlace clave para la expansión y consolidación de las operaciones criminales transnacionales, destaca la investigación coordinada por la Unidad Nacional de Investigación Antidrogas con Coordinación Europea.

Esta estructura tendría relación directa con la incautación de aproximadamente 7, 5 toneladas de cocaína, decomisados en diferentes operativos, entre 2020 y 2021. La droga está valorada en 225 millones de dólares al mercado ilícito internacional.

Según la investigación en la que participó también la Dirección de Nacional de Investigación Antidrogas, en el caso denominado  “Gran Fénix- Azkabán, esta estructura se dedicaba al envío de grandes cantidades de cocaína a Europa, principalmente a Países Bajos, Bélgica, Alemania, Italia, Dinamarca y Polonia.

En la operación fue detenido Daci Pellumb, que tiene doble nacionalidad albanesa y ecuatoriana.Foto cortesía Policía

La organización, que venía operando desde 2019, tenía una estructurada jerárquica, con roles y funciones específicas para cada uno de sus integrantes, que utilizaban dispositivos electrónicos encriptados, para mantener comunicaciones seguras con usuarios distribuidos en diferentes partes del mundo.

Operaban desde Ecuador, con la finalidad de acceder, coordinar y controlar diferentes fases de la cadena delictiva, desde la producción hasta el transporte, acopio, custodia y seguridad del alcaloide. La sustancia era abastecida desde laboratorios ubicados en la frontera con Colombia. Luego era transportada a través de corredores terrestres del país, hasta ser trasladada a los puertos en contenedores contaminados de varias empresas exportadoras de productos como banano, café, mariscos, madera, enlatados, entre otros.

Los líderes de la organización criminal constituyeron empresas de fachada para facilitar el envío de importantes cantidades de alcaloide por vía marítima hasta los países europeos, donde otros miembros de la organización tomaban la posta: se encargaban de la extracción, distribución y comercialización de la sustancia.

En la operación fueron capturados 18 sospechosos de narcotráfico, 16 de ellos son ecuatorianos.

Los casos identificados

  1. Fecha: 06 de junio de 2020
    Guayaquil-Puerto Contecon
    Droga Incautada: 2 toneladas de cocaína
  2. Fecha: 22 de junio de 2020
    Alta mar
    Droga incautada: 992,2 kg de cocaína.
  1. Fecha: 27 de junio de 2020
    Azuay- Parroquia Chiquita
    Droga incautada: 912 kg de cocaína
  1. Fecha: 4 de agosto de 2020
    Los Rios-Quevedo
    Droga incautada: 359,6 kg de cocaína
  2. Fecha: 27 de febrero de 2021
    Guayas-Daule- Villa Club Urbanización Cosmos
    Droga incautada: 1 tonelada de cocaína
  3. Fecha: 17 de diciembre de 2020
    El Oro-Machala
    Droga incautada: 663,404 kg de cocaína
  4. Fecha: 19 de diciembre de 2021
    Guayas-Guayaquil-Zona Cuarentena
    Droga incautada: 928,140 kg de de cocaína

Periodistas de Código Vidrio y Vistazo entre los tres finalistas del Premio Gabo 2026

La serie periodística “Autopistas de depredación”, en la que participaron los periodistas María Belén Arroyo, Arturo Torres y Adrián Álvarez, de Ecuador, con reportajes publicados en Código Vidrio y Revista Vistazo, es una de las tres finalistas del premio Gabo-2026, en la Categoría Cobertura. Este trabajo incluyó historias difundidas por 11 periodistas más de cuatro medios de Colombia, Perú, Brasil y Bolivía.

Redacción Código Vidrio

La investigación transnacional fue liderada por Santiago Wills y tuvo la colaboración de los periodistas João Felipe Serrão Ferreira, Nayra Wladimila, Marcos Colón, Raúl Zea Bianca Padró Ocasio, Aramís Castro, Gianfranco Huamán, Iván Paredes, de los medios Caasa Macondo, Ojo Público ojopublico, revista Nómadas y revista Amazonia Latitude.

Esta fue la hoja de ruta de Autopistas de depredación. Durante cerca de un año, periodistas de seis medios de Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Brasil investigamos el tráfico de especies en la Amazonía. El equipo envió más de medio centenar de solicitudes de información, interpuso más de una decena de demandas y finalmente analizó cientos de miles de registros de decomisos realizados por autoridades sudamericanas.

Los resultados muestran que, entre 2010 y 2025, las autoridades de Colombia, Brasil, Bolivia, Ecuador y Perú incautaron o recibieron más de 46 millones de animales, un promedio cercano a los 3 millones por año: más de una vez y media los registros con los que cuentan las Naciones Unidas para todo el mundo. A partir de ese análisis —presentado en un artículo introductorio— se produjeron seis crónicas y reportajes sobre aspectos particulares del tráfico de especies en cada país.

En la Amazonía colombiana, Santiago Wills, de CasaMacondo, acompañó a un grupo de pescadores de peces ornamentales, el animal más traficado según los datos obtenidos de las autoridades. En Perú, Bianca Padró y el equipo de OjoPúblico investigaron el contrabando de tortugas taricayas y el rol que juegan los zoocriaderos en el “lavado” o “blanqueo” de animales extraídos del medio silvestre. En Bolivia, Iván Paredes, de Revista Nómadas, viajó a una comunidad amazónica donde cada año se extraen millones de huevos de tartaruga, la especie de tortuga de río más grande de Sudamérica.

En Ecuador, los equipos de Revista Vistazo y Código Vidrio, integrados por María Belén Arroyo, Arturo Torres y Adrián Álvarez, encontraron puntos clave de conexión entre el tráfico de fauna y los grupos criminales que desde hace algunos años asolan el país. En Brasil, periodistas de Amazônia Latitude elaboraron una radiografía sobre cómo se mueve el contrabando de aves y otros animales provenientes de la Amazonía.

De acuerdo con diversos estudios, el tráfico de fauna silvestre mueve cada año entre 7.000 y 23.000 millones de dólares. En su límite superior, equivale a casi 1,75 veces el tamaño anual del mercado de cocaína en Europa. Incluso en su límite inferior, representa casi el doble del producto interno bruto de un país como Belice.

En Ecuador, los equipos de Revista Vistazo y Código Vidrio encontraron puntos clave de conexión entre el tráfico de fauna y los grupos criminales que desde hace algunos años asolan el país.

Según organizaciones como TRAFFIC y Wildlife Conservation Society, una parte significativa de la fauna que compone este mercado ilegal es capturada y extraída de la Amazonía. Sin embargo, debido a la geografía fragmentada del bioma, su enorme extensión y la porosidad de las fronteras de los nueve países donde aún persisten sus bosques, no existen estudios ni estimaciones recientes que den cuenta del verdadero alcance del tráfico de especies en la región. Esto ha impedido que el problema reciba la atención necesaria y que las autoridades destinen suficientes recursos para combatirlo.

Autopistas de depredación muestra que el tráfico de especies en la Amazonía —y en el resto del mundo— es mucho mayor de lo que sugieren los informes publicados por ONG, periodistas y organismos multilaterales como las Naciones Unidas. Ver trabajo.

Concepto del jurado

Este trabajo fue seleccionado como finalista por un jurado conformado por Rosental Alves (Brasil), Emilia Díaz-Struck (Venezuela) y Paula Bolívar (Colombia).

“Uno de los principales aciertos de la investigación está en su ambición y alcance. Aunque el tráfico de especies es un problema grave para la Amazonía, no todos los trabajos periodísticos son tan completos y reveladores sobre su funcionamiento, rutas e impactos”.

Sobre los autores

Santiago Wills. Escritor y periodista colombiano. Estudió Filosofía en la Universidad Nacional de Colombia e hizo una maestría en Periodismo en la Universidad de Columbia, en Nueva York, y una maestría en Escritura Creativa en Español en la Universidad de Nueva York, con una Beca Fulbright. Ha sido ganador de tres Premios de Periodismo Simón Bolívar, tres veces nominado al Premio Gabo, en la categoría Texto, y dos veces finalista del True Story Award. Desde 2021, trabaja en un libro de crónicas sobre el jaguar y su relación con América gracias a la Beca Michael Jacobs de Periodismo de Viajes de la Fundación Gabo y el Hay Festival. Jaguar, su primera novela, publicada por Literatura Random House, en Colombia, y Vísceras Editorial, en Chile, fue semifinalista del Premio Herralde en 2020.

María Belén Arroyo. Periodista y editora política de Revista Vistazo en Quito, medio en el cual colabora desde 2005. Se especializó en investigación de temas relacionados con crimen organizado, delitos de cuello blanco y protección de DD.HH., en particular de los pueblos en aislamiento de la Amazonía. En 2019 publicó el libro Rehenes, ¿Por qué ejecutaron a los periodistas del Diario El Comercio?, en coautoría con Arturo Torres. Este trabajo anticipó la infiltración del narcotráfico en esferas políticas y públicas, al intentar explicar las razones del secuestro de Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra. En 2025 publicó una serie de artículos, como parte de la investigación Chna Targets, con el aval del ICIJ, que recibió en 2026 el premio Overseas Press Club of America, por el mejor reportaje de DD.HH. Hace poco incursionó en investigación histórica con una serie llamada “Antonio José de Sucre, los secretos del triple entierro en Quito del mariscal que liberó a tres naciones sudamericanas”.

Arturo Torres Ramírez. Periodista y director del portal de investigación Código Vidrio. Es coautor de los libros El Juego del Camaleón, los contactos de las FARC en Ecuador, y Rehenes, ¿Por qué ejecutaron a los periodistas de El Comercio?, que investigó junto con María Belén Arroyo. Es miembro del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ). Participó en la investigación de los Panamá Papers, que obtuvo el premio Pulitzer, y China Targets, que ganó el premio del Overseas Press Club of America, por el mejor reportaje de DD.HH. con María B. Arroyo. Torres es colaborador del Washington Post y del Times de Inglaterra en proyectos de investigación. Fue ganador del concurso a la mejor investigación de un caso de corrupción en Latinoamérica, organizado por Ipys y Transparencia Internacional.

Adrián Álvarez. Hijo de padres agricultores a mucha honra. Lleva más de tres décadas viviendo en la Amazonía ecuatoriana. Es Licenciado en Comunicación. Desde muy joven empezó a trabajar en temas de comunicación. Trabaja desde hace 17 años en una fundación defensora de los derechos humanos de los pueblos indígenas.

Marcos Colón. Periodista, documentalista e investigador, además de profesor de Medios y Comunidades Indígenas en la Walter Cronkite School of Journalism and Mass Communication de la Universidad Estatal de Arizona (ASU). Su trabajo se centra en la Amazonía, los pueblos indígenas, los conflictos socioambientales y las relaciones entre cultura, territorio y naturaleza. Sus reportajes y ensayos han sido publicados en medios como Folha de S. Paulo, Revista Piauí, El País, Le Club de Mediapart y Harvard Review of Latin America. Es fundador y editor de Amazônia Latitude, una revista digital independiente dedicada al periodismo ambiental y a las perspectivas culturales de la Amazonía. Ha dirigido los largometrajes documentales Beyond Fordlândia (2018) y Pisar Suavemente sobre la Tierra (2022), este último reconocido en festivales internacionales de cine documental. Es autor de La Amazonía en tiempos de guerra (Planeta, 2025) y editor de Utopias Amazônicas (Ateliê Editorial, 2025).

Nayra Wladimila. Periodista nacida en el corazón de la Amazonía brasileña. Lleva ocho dedicada a producir y difundir historias que exploran la riqueza y complejidad de su región. Aunque ha vivido y viajado por distintos países, siempre ha mantenido un fuerte vínculo con sus orígenes. A lo largo de su trayectoria, Nayra ha colaborado con instituciones de renombre como Amazônia Latitude, Amazônia Real, Mongabay, Visión Mundial y Senac. En 2015, fue recibió el premio Sebrae Pará.

João Felipe Serrão. Reportero de la Amazonía. Nació Itacoatiara, en el interior de Amazonas, y reside actualmente en Manaus. Se dedica a la investigación de los desafíos ambientales y socioculturales que caracterizan la región amazónica. Su trabajo periodístico combina métodos de investigación rigurosos con la contextualización histórica, y abodar el debate sobre la preservación del medio ambiente y los derechos de los pueblos indígenas.

Bianca Padró Ocasio. Periodista puertorriqueña con más de nueve años de experiencia en medios de comunicación en Estados Unidos y Perú. Se interesa por historias de medioambiente, salud y derechos humanos. Participó en “Las rutas del oro sucio”, la serie de investigación regional de OjoPúblico sobre los nuevos destinos del oro extraído ilegalmente en la Amazonía, que fue finalista en los Premios Sigma 2025. Coprodujo el cortometraje documental Fronteras del Contacto, sobre el conflicto entre una empresa maderera en la Amazonía peruana y una comunidad indígena aislada. Desde Lima, colabora con el New York Times, el Washington Post, Refinery29 y Argus Media. Anteriormente, fue corresponsal política del Miami Herald y reportera del Orlando Sentinel y Politico.

Aramís Castro. Periodista peruano especializado en la cobertura de temas ambientales, las industrias extractivas y los conflictos sociales. Desde 2018, Castro trabaja en periodismo de investigación en OjoPúblico. Anteriormente colaboró ​​con Convoca.pe y Corresponsales.pe. Ha participado en proyectos de investigación internacionales como Swiss Leaks, Panamá Papers y trabajos transfronterizos relacionados con el crimen organizado en la Amazonía, las cadenas de suministro de aceite de palma, carbón y cacao, el tráfico de mercurio y madera, entre otros. Castro también imparte talleres sobre periodismo de datos en universidades peruanas y extranjeras. Es licenciado en periodismo de la Universidad Nacional Federico Villarreal (Lima).

Gianfranco Huamán. Periodista especializado en análisis de datos, investigación y tecnología aplicada al periodismo. Desde 2017 es parte del equipo del medio peruano OjoPúblico. Sus trabajos han sido reconocidos con premios globales como el Sigma Awards (2020). En 2021, fue finalista en los Premios Gabo en 2021. Su trabajo combina programación en R y Python, así como herramientas de inteligencia artificial, para apoyar investigaciones periodísticas y proyectos de innovación. Ha participado en investigaciones colaborativas y transfronterizas, desarrollando metodologías para el análisis de grandes bases de datos, la automatización de procesos de recolección y procesamiento de información, y la creación de visualizaciones. Fue parte del programa de periodismo e inteligencia artificial de la London School of Economics en 2021. Es egresado de la facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Iván Paredes. Es un periodista boliviano con trayectoria de 20 años en medios escritos de su país y del exterior. Actualmente trabaja en Mongabay Latam y se desenvuelve en el periodismo de investigación. Sea ha especializado en temas de medio ambiente y delitos transnacionales. Fue parte del equipo Tierra de Resistentes, que con un trabajo colaborativo llegó a ser finalista del Premio Gabo en 2021 por un reportaje que muestra los ataques que sufren líderes indígenas maltratados en sus propios territorios. En 2024, en Bolivia, recibió el Premio al Periodismo de Investigación ‘Franz Tamayo’. También recibió una Mención de Honor del Premio Nacional de Periodismo en Bolivia en 2020.

Raúl Zea. Tiene 15 años de experiencia en diseño editorial, branding y diseño front-end. Actualmente es Director de Diseño en Rey Naranjo Editores y Profesor de Tipografía y Diseño de Información en LCI Bogotá. Es uno de los fundadores de la librería Santo & Seña.

Roberto Navia. Periodista de investigación y documentalista. Fundador y director de Revista Nómadas.  Desde hace más de dos décadas transita por el mundo para intentar elevar a los anónimos del planeta al foco de lo visible. Sus crónicas emblemáticas: Tribus de la inquisición y Los Colmillos de la Mafia le han permitido ganar dos veces el Premio Rey de España (2014 y 2017); Esclavos Made in Bolivia, el premio Ortega y Gasset (2007); el documental Tribus de la Inquisición, la nominación a los Premios Goya (2018), Flechas contra el Asfalto y Los Piratas de la Madera desangran el Amboró, dos veces ganadores del Premio de Conservación Internacional, entre otros galardones nacionales e internacionales. Es docente universitario de postgrado, la cabeza de la Secretaría de Libertad de Expresión de la Asociación de Periodistas de Santa Cruz, miembro del Tribunal de Ética de la Asociación Nacional de la Prensa de Bolivia y de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).

Stasiek Czaplicki Cabezas. Periodista de datos de Revista Nómadas. Economista ambiental especializado en cadenas de valor agropecuarias y forestales, con más de 10 años de experiencia. Investigador y activista boliviano enfocado en deforestación y en investigación corporativa y financiera. Cuenta con una amplia trayectoria en ONG nacionales e internacionales, organismos multilaterales y think tanks globales (WWF, FAO, Climate Focus, Oxfam, CIPCA). Actualmente forma parte del equipo de Revista Nómadas donde además de realizar investigaciones periodísticas, ejerce como gerente de proyectos y asesor técnico. Stasiek Czaplicki, junto a Iván Paredes, ha sido galardonado con el Premio al Periodismo de Investigación Franz Tamayo 2024 por el reportaje Bolivia no se baja del podio de países que más monte pierden en el mundo, en el que abordó la alarmante pérdida de bosques en Bolivia durante el 2023.

Los otros dos equipos finalistas del Premio

La Política de bala

  • País: Brasil
  • Medio: Metrópoles

Serie que muestra cómo el gobierno de São Paulo ha estimulado la violencia policial y provocado un aumento de la letalidad, con casos de personas desarmadas asesinadas incluso con disparos por la espalda.

Sanidad, policía, prisiones: la investigación que abrió los algoritmos del Estado español

  • País: España
  • Medio: Civio

Algoritmos opacos deciden en España quién recibe ayudas públicas, quién es considerado sospechoso y quién recibe permisos para salir de prisión. Esta cobertura los investigó, los destapó y obligó al Tribunal Supremo a revelar su funcionamiento.

Niños y adolescentes en la vida delictual: el primer frente de batalla del Estado

ANÁLISIS. La batalla crucial contra el narcotráfico y el crimen organizado se debe dar en las aulas y no en las calles, para ser capaces de ofrecer un horizonte de esperanza a miles de niños y jóvenes. Con la transnacionalización delictiva, las bandas locales, en la mayoría de países de la región, han extendido su perímetro de reclutamiento hacia las poblaciones etáreas más vulnerables, por su imputabilidad penal y sus vulnerabilidades en entornos familiares desestructurados, en barrios populosos, donde el Estado no está presente. Ese es un terreno fértil donde impera la gobernanza criminal.  

Por Pablo Zeballos. Experto en crimen organizado y consultor internacional en materias de seguridad.

Un niño de catorce años murió de un balazo mientras participaba en el asalto rebautizado mediáticamente como “turbazo” a la casa del expresidente del Tribunal Constitucional Iván Aróstica. A la hora en que debía estar preparando su mochila para ir al liceo, integraba una banda armada que irrumpió en un domicilio de San Miguel, en Chile. La imagen condensa, con una crudeza difícil de soslayar, el fenómeno que debiera ocuparnos: la creciente incorporación temprana de niños y adolescentes a la vida delictual y, sobre todo, el valor cultural que esa incorporación ha adquirido en Chile.

No es un caso aislado. Días después, cuatro menores de edad participaron en el atroz asesinato de Isabel Contreras, una mujer de 65 años, en Coronel. Y durante el verano, una banda de adolescentes que se desplazaba en autos de alta gama asaltó a mano armada un local de telefonía en el sector sur de Santiago; en lugar de procurar la huida y el silencio, se dedicaron a jactarse del golpe en videos de redes sociales.

Esa conducta –difundir el delito en vez de ocultarlo– no es un factor anecdótico, es la punta visible de un cambio cultural profundo.

¿Por qué jóvenes y precoces asaltantes valoran más el reconocimiento social en redes que proteger su propia libertad? Responder bien esa pregunta es de la más alta importancia si queremos comprender las dinámicas actuales de la criminalidad y diseñar políticas de Estado que prevengan carreras delictuales y abran un mejor horizonte a la niñez y la juventud, lejos de la cultura de la cárcel y la muerte.

Hace algunas semanas, el sociólogo Carlos Álvarez Sanhueza, en una excelente columna, describió con acierto cómo la cultura de lo ilícito se ha enquistado en sectores de la sociedad, potenciada por las redes sociales, y subrayó la variable cultural que hoy tiene la criminalidad. Sobre esa base, es recomendable aportar algunos elementos complementarios desde la mirada del trabajo de campo en América Latina.

El primero: la cultura delictual está en expansión y se ha vuelto hegemónica en sectores juveniles populares. El lenguaje del hampa ha permeado incluso el debate político en redes. Términos del habla carcelaria como “perkin” o “perro” circulan con naturalidad entre los jóvenes, aparecen en discusiones y se leen como consignas en los rayados callejeros. Está a la vista de todos e, incluso, la hemos visto en discusiones de nuestros representantes políticos.

Por eso, conviene dimensionar lo que está en juego. La cultura criminal es uno de los mayores desafíos que enfrenta el estado y quizá la fuerza con mayor capacidad de erosionar el Estado de derecho desde abajo: tiene anclaje social en los sectores populares juveniles, un poder material creciente y armado, y una notable capacidad de mutar y adaptarse, sostenida por un sistema de valores, códigos y símbolos de aceptación social en aumento. El componente cultural, por tanto, no puede quedar fuera del diseño de las políticas de prevención. Esta es una constante en varios países de la región, donde la criminalidad ha ganado espacio aceleradamente.


EN CONTEXTO⇒ En Ecuador muchos niños, niñas y jóvenes se vinculan voluntariamente a las organizaciones delictivas, impulsados por un “sentimiento de pertenencia, lealtad y protección en ambientes de precariedad económica, exclusión educativa y falta de oportunidades”. Ese es uno de los principales hallazgos de un estudio del Observatorio del Crimen Organizado, de la Fundación Panamericana para el Desarrollo PADF. El informe se basó en encuestas a 3.000 niños y jóvenes de nueve ciudades costeras; el ocho por ciento de entrevistados admitió pertenecer a un grupo criminal.


Y aquí llegamos al punto central. Uno de los rasgos definitorios de esta cultura es la valoración del involucramiento delictual a temprana edad. Conviene precisar: no se trata solo de que delincuentes adultos utilicen a menores –aunque eso también ocurre–, sino de que “ser de menor”, la jerga que se utiliza y que involucra tempranas pasadas por el sistema judicial y penal, constituye en sí mismo un valor dentro de la carrera del delincuente.

Y no es un valor caprichoso: responde a una lógica. La inimputabilidad o la responsabilidad penal atenuada del menor es un recurso. En la cadena de valor del delito, ese estatus legal opera como una ventaja explotable –un verdadero arbitraje de la impunidad– que quienes organizan y administran las rutas criminales incorporan de manera deliberada. El joven que “cae de menor” y regresa pronto a la calle no acumula un estigma, al contrario: en muchos casos es una credencial. “Ser de menor” es, por eso, un factor de reproducción de la cultura criminal.

Esto obliga a mirar con cuidado un reflejo recurrente. Cada vez que un delito cometido por niños o adolescentes provoca conmoción pública, reaparece la propuesta de bajar la edad de imputabilidad penal. Desde la perspectiva de lo observado en la región, al plantearla, no se calibra bien la presión que impone a un sistema penal ya sobrecargado, ni el hecho de que con ella prácticamente aseguramos la carrera criminal de esos jóvenes.

Pero hay algo más sutil y más grave: una medida así puede terminar potenciando aquello que dice combatir, al elevar todavía más el “valor” de la pasada penal temprana dentro de la cultura criminal. Las políticas frente al delito no pueden limitarse a sonar bien en la galería: requieren sustento técnico y deben evitar que terminemos amplificando el problema que pretendíamos enfrentar.

Queda una variable de enorme complejidad, que exige una respuesta de Estado y un compromiso de toda la sociedad: la expansión de la cultura delictual ha ido de la mano con la pérdida de la valoración social de la educación como vía de movilidad. Nuestro sistema educativo, deteriorado, se ha mostrado incapaz de retener a los jóvenes y de ofrecerles un futuro deseable a través del estudio y el esfuerzo, frente al éxito inmediato, el dinero y la ostentación que promete el delito.


A partir de 2019, en Ecuador nacieron nuevas bandas criminales que han incrementado progresivamente su poder mediante el control territorial, la violencia, la extorsión, el tráfico de drogas y el secuestro, especialmente en ciudades costeras. La expansión se produjo en el marco del deterioro de indicadores sociales y de desarrollo del país. Cita el dato según el cual unos 500 mil jóvenes de entre 15 y 24 años no estudian ni trabajan. En este contexto, las organizaciones criminales han ocupado los espacios abandonados por el sistema educativo, que ha excluido a más de 250 mil jóvenes. De ellos, más de la mitad, de entre 15 y 17 años, no expresan interés en reincorporarse al sistema formal, según datos de UNICEF, de 2021.


Y así se cierra la pregunta del comienzo. El adolescente que difunde su asalto en redes no actúa de manera irracional, pues la verdad es que muchas veces actúa conforme a una jerarquía de valores en la que el reconocimiento dentro de su mundo –el prestigio, el estatus, la pertenencia– pesa más que el riesgo de perder una libertad que, además, el propio sistema le devuelve pronto. No exhibe el delito a pesar de la cultura criminal, sino gracias a ella. Mientras esa jerarquía permanezca intacta, ningún endurecimiento penal, por sí solo, la modificará.

Ahora que parece haber consenso en que lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado debe abordarse con perspectiva de Estado, más allá de los gobiernos de turno, vale subrayar estos elementos para el diseño de políticas preventivas orientadas a cortar tempranamente las carreras criminales.

Como lo plantee en mi libro Un Virus entre sombras, estoy cada vez más convencido de que la batalla crucial contra el narcotráfico y el crimen organizado se debe dar en las aulas y no en las calles, para ser capaces de ofrecer un horizonte de esperanza a miles de niños y jóvenes, y evitar que su futuro se malogre entre las balas, las drogas y la cárcel.

1.300 policías destituidos por delitos y faltas graves volvieron a las filas por orden de los jueces

Solo entre 2021 y 2025, 653 policías separados volvieron a la institución policial por decisiones de jueces que torpedean los intentos de depuración interna. El caso de los 8 policías que intentaban ayudar al narcotraficante Óscar Caranqui a salir del exPenal en 2006 es paradigmático. Dos de ellos, incluido un oficial, están de vuelta en esas filas. En los últimos diez años, 1.300 oficiales y clases han sido reincorporados a la Policía amparados por cuestionados fallos judiciales, pese a que fueron separados por delitos y otras actuaciones reñidas con la ley. La solución a este fenómeno no pasa únicamente por intensificar el control disciplinario sobre jueces y fiscales, sino por replantear integralmente el modelo disciplinario policial.

Por María Belén Arroyo y Arturo Torres
Alianza Código Vidrio – Vistazo

Al atardecer del sábado 11 de noviembre de 2006, Óscar Caranqui jugó voleibol con sus compañeros de prisión. Por una molestia en una de sus rodillas, se acostó temprano. Esa noche había bullicio en los corredores del exPenal García Moreno. En la celda número uno del último piso, frente a la que ocupaba Caranqui, había una competencia de baile entre un teniente y un interno. Apostaban y el premio era licor. Eso es, al menos, lo que luego relató Caranqui. Él estaba preso por narcotráfico.

Hacia las diez y cuarto de la noche, algunos policías irrumpieron en su celda, la número 11 del exPenal. Uno de los uniformados le enseñó un documento, una especie de salvoconducto para que Caranqui saliera con ‘fines investigativos’.

Ésa era solo una fachada. En realidad, el preso más famoso por delitos de narcotráfico de la época había salido ya en otras ocho ocasiones del exPenal para irse de farra, en compañía de varios policías.

Y en todas había tenido apoyo de uniformados, que le prestaban uniformes para que él se  hiciera pasar por un miembro policial para dejar el presidio, ubicado en el centro colonial de Quito.

Desde la navidad de 2005 había salido de la cárcel para divertirse en centros nocturnos. Siempre retornaba antes de las 06h00, cuando se producía el cambio de guardia.

Ese 11 de noviembre, Caranqui pensó que era una de las salidas para una noche de diversión a las que ya se estaba acostumbrando. Solo que a diferencia de las anteriores, ésta no había sido planificada.

Mientras estuvo detenido en el penal García Moreno, cumpliendo una condena por narcotráfico, Oscar Caranqui, tenía a su servicio varios policías que le brindaban todo tipo de facilidades. Su celda tenía todas las comodidades. Incluso lo sacaban de prisión prestándole un uniforme para acudir a clubes nocturnos en las madrugadas. Fotos de archivo.

Pero esa noche era distinta. La salida fue frustrada. Algunos medios de comunicación esperaban afuera del entonces llamado Centro de Rehabilitación número 1. Constataron que Caranqui vestía el traje gris de la policía.

Al saber que había sido descubierto, él gritó que salía con ayuda de altos oficiales. La conmoción fue tal que la Comisión de Fiscalización del entonces Congreso Nacional convocó a una sesión extraordinaria.

El 21 de noviembre de ese 2006, vistiendo traje café oscuro, camisa blanca y corbata roja, Óscar Caranqui fue testigo de primera fila. Narró que no había sido un intento de fuga el que se había producido nueve días antes. Y relató que las salidas habían sido periódicas, siempre con apoyo de policías.

Ocho días más tarde, los jueces Alberto Moscoso, Patlova Guerra y Trajano Vargas, de la segunda sala de lo Penal de la Corte Superior de Quito ratificaron la sentencia de 16 años, en contra de Caranqui y su esposa, por tráfico de drogas. En 2010 él fue trasladado a La Roca. En 2013 fue asesinado en su celda. El libro que escribió, que documentaba relaciones con el poder político, no vio la luz por orden judicial.

En la institución policial empezó un proceso de purga interna lleno de complicaciones. La depuración de la policía enfrenta un gran obstáculo. Por órdenes de jueces, unos 1.300 miembros separados de la fuerza por actos de corrupción, delitos u otras irregularidadaes volvieron a la entidad por la puerta grande. Esto ocurrió en los últimos 10 años.  Lo revela a esta alianza el general Víctor Herrera, quien está a cargo de la Inspectoría General de la Policía.Ciertos jueces -dice Herrera- se convierten en instrumentos de la impunidad. No se puede depurar esa fuerza si operadores de justicia devuelven policías desvinculados con evidencias sólidas a nuestras filas, con el agravante de que el Consejo de la Judicatura tampoco ha intervenido para investigar y sancionar disciplinariamente a los jueces que emitieron esos fallos.

Según el inspector de la Policía Víctor Herrera, hay jueces que han resuelto hasta 20 casos de reincorporación a favor de policías destituidos por delitos o mala conducta profesional. En estos casos la Policía está con las manos atadas pues no pueden desacatar los fallos, aunque antes hayan probado porque sancionaron, enjuiciaron y destituyeron a los uniformados. Foto Código Vidrio

Los policías que habrían colaborado con Caranqui

La investigación interna en la policía detectó que Caranqui intentó abandonar el centro carcelario en complicidad con policías que se encontraban de guardia en esa jornada.

Los guías penitenciarios detectaron la irregularidad y se contactaron con la central de radio patrulla, que impidió la fuga. La noticia se filtró a los periodistas que estaban de turno, esa noche.

Ocho servidores policiales fueron involucrados y llamados a juicio. Cuatro subtenientes como autores directos. Además, un cabo segundo y tres policías como cómplices.

Todos fueron dados de baja en 2007. Ellos apelaron esa decisión. El Consejo de Generales firmó el 12 de diciembre de ese año la resolución que ratificaba la situación de la baja del grupo.

La justicia sentenció a ocho años de prisión a los autores directos. Y cuatro años para los cómplices. Sin embargo, apelaron a las sentencias.

Dos subtenientes, el cabo segundo y un policía lograron el sobreseimiento. De estos cuatro sobreseídos, tres han insistido en volver a la fuerza policial. Dos lo lograron.

Uno de los subtenientes fue dado de baja por primera vez el 9 de mayo de 2008. Por resolución del juez octavo de lo Civil de Pichincha, el 13 de junio de 2008, quedó insubsistente la baja. Sin embargo, el 6 de junio de 2013 fue dado de baja por segunda vez. El 22 de octubre de 2021, la unidad judicial del Distrito Metropolitano de Quito decidió su reincorporación. En diciembre de 2024 se dispuso nuevamente su salida de la entidad. En conclusión, salió en el tercer intento. Cuando salió ya ostentaba el rango de capitán.

En cambio, uno de los subtenientes y un policía, que ostentaban esas jerarquías en 2006 y que fueron sobreseídos, volvieron a la institución policial tras presentar sendos recursos judiciales.

El subteniente que recibió la baja en mayo de 2008 presentó una acción de protección. La primera sala de lo penal de la Corte de Justicia de Pichincha dejó insubsistente la baja en marzo de 2010. El 6 de junio de 2013 se decidió la baja por segunda ocasión. Pero en enero de 2022 fue reincorporado, gracias a una acción de protección. La tercera sala de lo penal, colusorio y tránsito de la Corte Provincial de Pichincha acogió su petición. Se  encuentra activo en las filas y presta sus servicios en Quito.

El policía que recibió la baja en marzo de 2008 fue reincorporado en septiembre de 2023. Esto, por efecto de la sentencia de la sala especializada de lo penal, penal militar, penal policial y tránsito de la corte provincial de Pichincha. Actualmente presta sus servicios en Quito. No obstante la Inspectoría apeló el fallo para que sea revisado por una instancia superior.

No son casos aislados

57 mil uniformados integran en la actualidad las filas policiales. Desde 2015, aproximadamente 1.300 policías separados de la institución, por distintas causas, volvieron a sus cargos por decisión de jueces, advierte el general Herrera, entrevistado por esta alianza.

El 24 de marzo de este 2026 ocho servidores policiales de la Dinased fueron detenidos en el distrito Pascuales, al norte de Guayaquil. Simulaban operativos para cometer delitos. Foto de archivo

“Estas acciones legales tienen un pie de firma, un juez responsable. Nos llama la atención que hay jueces que tienen hasta 15 a 20 casos de reincorporación. Son órdenes de jueces competentes y si no cumplimos estamos cayendo casi en el desacato e inclusive los reincorporados llegan con disposiciones de reparaciones económicas”, afirma.

Varias cartas de reclamo ha enviado la entidad al Consejo de Judicatura, para alertar de la magnitud del problema. La mayoría no han tenido una consecuencia ni una respuesta con acciones desde esa institución encargada de los procesos disciplinarios de los funcionarios judiciales.

De hecho, explica Herrera, hay una “falta de articulación”. “A veces le mandan al mismo servicio del que salieron con problemas, digamos que salieron de Antinarcóticos y tienen que regresar a Antinarcóticos”.

El mensaje de fondo, detrás de estas acciones legales recubiertas de aparente legitimidad, es la impunidad.

Solo entre 2021 y 2025, 653 policías destituidos se reincorporaron por decisiones jurídicas, con cobertura legal.

Sin embargo, para el abogado y experto en temas de seguridad Hugo Espín la solución, en este caso, no pasa únicamente por intensificar el control disciplinario sobre jueces y fiscales, sino por replantear integralmente el modelo disciplinario policial. “Esto implica fortalecer la tipificación de conductas, garantizar el respeto irrestricto del debido proceso administrativo, mejorar la calidad probatoria de los sumarios y establecer mecanismos de articulación efectiva con la justicia constitucional”.

Por tanto -agrega Espín- la reincorporación de servidores policiales destituidos no responde exclusivamente a decisiones judiciales cuestionables, sino a una problemática estructural en la que confluyen deficiencias del sistema disciplinario, el ejercicio legítimo de garantías constitucionales y la ausencia de una coordinación institucional efectiva. “La responsabilidad no puede ser atribuida de manera unilateral, sino entendida como una corresponsabilidad sistémica que exige reformas profundas y técnicamente fundamentadas”.

Cuáles son las unidades judiciales que reintegran policías destituidos

La Corte Provincial de Justicia de Santo Domingo en 2022 permitió 30 reincorporaciones; en 2023, dos y una más en 2024. Suman 33.

El Tribunal Contencioso Administrativo y Tributario, con sede en el cantón Portoviejo, viabilizó un reingreso en 2022. Pero en 2024 dio luz verde a 15 más y en 2025 favoreció a otra petición. En total: 17.

 

La Unidad Judicial Penal con sede en la parroquia Iñaquito, de Quito, permitió siete reincorporaciones entre 2021 y 2025. La Unidad Judicial Multicompetente con sede en la parroquia Valdez del cantón Eloy Alfaro: permitió seis reingresos en ese período. No son las únicas, pero sí las que más reincorporaciones han decidido en los últimos años.

Cómo se investiga la corrupción policial

Entre 2025 y lo que va de 2026, en la policía hubo 1.515 sumariados. De ese total, solo 509 casos llegaron a destitución. La causal principal, en el 61 por ciento de veces, es la ausencia injustificada del trabajo.

Esto tiene una explicación. Cuando el policía comete un delito, enfrenta dos procesos. Del penal se hace cargo la justicia. Del procedimiento administrativo disciplinario se hace cargo la entidad policial. Normalmente, al tercer día de ausencia injustificada el uniformado es separado de la entidad. Pero algunos encuentran todo tipo de argucias para justificar la falta, entre ellas, certificados médicos alterados.

“No estamos juzgando el presunto delito, estamos juzgando su ausencia y es ahí donde empiezan las argucias, como certificados médicos falsos, para conseguir órdenes de jueces competentes que piden su reincorporación. Ese bache con la justicia envía una señal de impunidad; hemos enviado varias cartas de queja a la Judicatura”, advierte Herrera.

Su mensaje es contundente. Si un policía irrespeta su uniforme y colabora con el crimen tiene dos caminos. Saldrá de las filas policiales. Y quedará a merced de las estructuras criminales. Esas, que consideran a todos sus colaboradores como seres desechables.

*En la causal «Ausentarse de forma injustificada de su trabajo», que es la de mayor incidencia, el motivo principal es porque los uniformados han sido detenidos por algún delito en flagrancia y no pueden asistir a laborar.

El fraude millonario de la chatarra de Progen desnuda la fiscalización a la carta en la Asamblea     

Nuevos documentos y un audio de la exministra Inés Manzano revelados en el fraude de los generadores chatarra vendidos por Progen, así como las actuaciones sesgadas de fiscalización en la Asamblea, controlada por el oficialismo, evidenciarían coordinaciones entre el Legislativo y el Ejecutivo para que no prosperen investigaciones de casos de corrupción. Por su lado, el ministro Roberto Luque marcó distancia. Aseguró que no tuvo ninguna participación en la etapa precontractual y contractual de los equipos ni contacto alguno para favorecer a la empresa estadounidense, mientras estuvo a cargo del Ministerio entre abril y julio de 2024. Dijo que se limitó a elaborar el plan de acción que debían seguir las autoridades de CELEC para las contrataciones y a visitar en EE.UU. posibles empresas interesadas en proveer energía.  

Redacción Codigo Vidrio

“Irán presos los culpables, no los que la oposición quiere culpar”, dijo el presidente Daniel Noboa el pasado 21 de mayo, sobre la estafa de los generadores eléctricos de Progen. Hasta ese momento, la Fiscalía pidió la vinculación de 21 personas que considera como parte de la trama por el delito de peculado, en la que el gobierno descartó de plano cualquier participación corporativa, minimizando las irregularidades y presunta corrupción que se conocieron por denuncias de la prensa.

Los últimos días se han difundido nuevos documentos, videos que alertaban sobre equipos chatarra, y un audio que comprometería a la exministra Inés Manzano, quien enfrenta un nuevo proceso de juicio político en la Asamblea, socavada por denuncias de una fiscalización selectiva y sesgada del partido de gobierno, que ha tratado a toda costa de ocultar sus trapos sucios, según legisladores de la oposición y analistas.

La exministra de Energía, Inés Manzano, enfrenta un nuevo proceso de enjuiciamiento político en la Asamblea. Foto de archivo

El caso Progen sería precisamente el ejemplo del sesgo en el control político por parte de la Asamblea, con mayoría oficialista. En diciembre de 2025, la Comisión de Transparencia, liderada por la legisladora de ADN, Diana Jácome, presentó un informe que no estableció responsabilidades políticas de la exministra Inés Manzano, tras seis meses de investigación. La conclusión fue que le correspondía a Fiscalía y Contraloría determinar responsabilidades. La oposición calificó ese resultado como un “lavado de manos” respecto al incumplimiento de funciones por irregularidades en contratos eléctricos de la hoy exfuncionaria.

Esa mecha volvió a encenderse este último martes 2 de junio. Ese día Ecuavisa reveló un audio y un correo electrónico. En el audio la exmnistra de Energía, Inés Manzano, le dice a Fabián Calero, entonces gerente de Celec, quien firmó los contratos con Progen, que habló con la legisladora Diana Jácome para ejecutar una “movida” y evitar que prospere el primer pedido de juicio político en su contra, que el correísmo trataba de impulsar en julio de 2025 en el Legislativo.

En la grabación, difundida en el noticiero Contacto Directo, la exfuncionaria le instruye a Calero, uno de los principales implicados en el caso Apagón (Progen) , que debía ser “escueto” en sus declaraciones y que “no vaya a ahondar más en el problema”. El audio habría sido enviado días antes de su comparecencia a la Comisión de Transparencia.

Fabián Calero, quien como gerente de Celec firmó los contratos con Progen, acudió a la Comisión de Transparencia para explicar el proceso de contratación. Foto de archivo

También se difundió un chat entre Manzano y el CEO de Progen, John Manning, en el cual ella negocia los tiempos de entrega de los generadores y la firma de modificaciones en el contrato.

Contactamos a la exministra Manzano a su celular, pero ante nuestro pedido de un pronunciamiento no dio ninguna erspuesta.

Quien sí se pronunció sobre el supuesto acuerdo para que la fiscalización no prosperará fue la legisladora Jácome. En rueda de prensa ella rechazó cualquier acuerdo de encubrimiento con Manzano.

Aseguró que no existía ningún audio suyo, o mensaje de texto en el que se establezca una coordinación o se revele su participación en tratar de cubrir o hacer algo incorrecto. “El audio alude a una responsabilidad que a mí no me corresponde”, afirmó.

Llamó «delincuentes» a los opositores y los emplazó a recordar lo que hicieron durante diez años: “Tuvieron un contralor que hoy la justicia de Estados Unidos lo tiene tras las rejas, mientras ustedes lo alababan porque él cubría todos sus actos de corrupción, salvaron a Wilman Terán, fiscales, ministros, asambleístas prófugos”, dijo.

Este medio pidió una entrevista con Jácome, pero no respondió nuestra solicitud.

⇒Lo cierto es que la fiscalización ha sido una de las principales falencias de la Asamblea en lo que va de su período 2025-2029. En fiscalización, el primer año de gestión se presentaron 7 pedidos de juicio político, pero 5 de ellos fueron archivados antes de su debate en el Pleno. Además, se registraron 5866 pedidos de información, aunque cerca del 20% sigue sin respuesta por parte de las entidades requeridas⇐

Es claro que no ha existido un actuación firme del Legislativo en el caso denominado “Progen” o por el desabastecimiento en los hospitales, según un informe sobre la gestión legislativa de la Fundación Ciudadanía y Desarrollo (FCD).

Para Mauricio Alarcón, director de FCD, más allá de mayorías, la Asamblea Nacional no debe perder de vista que representa al país, no a una organización política. El tener una mayoría no puede ni debe ser la razón para dejar en impunidad política cosas y casos que saltan a la vista y están permanentemente en la opinión pública. «Lo que estamos viendo ahora es más de lo mismo, más de aquello que ya vivimos en una época específica – período 2013 – 2017».

«Hablábamos entonces de una Comisión de Archivo y de impunidad. No es necesario hablar en los mismos términos ahora? La fiscalización jamás debe ser simplemente un arma para proteger a los tuyos y perseguir a los otros, llegando incluso al absurdo de querer fiscalizar a gobiernos locales opositores, sin tener siquiera competencia para ello».

Informe de la Fundación Ciudadanía y Desarrollo

La legisladora Diana Jácome dirige la Comisión de Transparencia. Foto de archivo

Luque trazó el Plan de Acción 

En mayo pasado, Roberto Luque, explicó en un comunicado que no tuvo ninguna participación en la parte precontractual o contractual de la empresa Progen, mientras estuvo encargado del Ministerio de Energía, entre el 16 de abril y el 2 de julio de 2024, para enfrentar la primera etapa de la crisis por los apagones. Ayer, 3 de junio, en una entrevista en el programa ‘A Primera Hora’, de radio Sonorama, reiteró que Progen es una empresa corrupta, cuyos directivos están enjuiciados en Ecuador y Estados Unidos por pedido del gobierno.

Destacó que su papel se limitó a elaborar un Plan de Acción urgente, en medio de los apagones por la crisis del sistema energético a causa de la severa sequía que sufrió el país en 2024. Lo primero que hizo al llegar a ese puesto -dijo- fue firmar un acuerdo ministerial para declarar la emergencia eléctrica para agilitar las contrataciones que estarían a cargo de Celec, que es una entidad autónoma.

Recalcó que el Ministerio es como un “director técnico” que emite el plan de acción o la estrategia, pero las empresas públicas y sus autoridades ejecutan las acciones, que en este caso fueron las contrataciones de las empresas.

En mayo, Luque viajó a Estados Unidos y Costa Rica, «para levantar información sobre posibles proveedores». Después de ese recorrido el gobierno recibió unas 30 propuestas de empresas interesadas en la provisión de equipos, que luego fueron conocidas y estudiadas por las autoridades y técnicos de Celec. Ellos eran los responsables -según Luque- de evaluar las propuestas, supervisar los equipos que se ofertaban, elaborar los términos de referencia, y dar paso a las etapas precontractuales, con las verificaciones correspondientes de su funcionamiento, antes de formalizar las contrataciones y los pagos de anticipos, que llegaron al 70%. En este contexto, la visita que hizo como Ministro a las instalaciones de Progen en Florida no implicó ningún compromiso ni acuerdo, recalcó al tiempo de admitir que fue un desplazamiento atípico que se explica en el contexto de una situación crítica.

Recordó que el gobierno puso denuncias en Ecuador y Estados Unidos bajo la Ley RICO. De hecho, reveló que los abogados contratados ya han conseguido que la ruta del dinero recibido por Progen sea pública.

En EE.UU. hay cinco compañías más implicadas en el caso, entre las cuales hubo una a la que Progen compró los motores viejos, otra donde mandaron a pintarlos y una tercera que se encargó del ensamblaje.

Roberto Luque es el actual Ministro de Infraestructura y Transporte y Sociedad de la Información. Estuvo a cargo de Energía tres meses, durante la primera etapa de la crisis energética por la sequía en 2024. Foto de archivo

El 23 de abril Celec presentó la demanda ampliada ante un tribunal estadounidense contra 11 empresas y tres personas: John y Wade Manning, y Andrew Williamson, dueños de Progen. Según la denuncia, acusan a empresa de “invitar y recibir a funcionarios del gobierno ecuatoriano en la supuesta ‘fábrica’ de Progen, en Tampa, en mayo de 2024 (viaje al que fue Luque), donde Progen declaró falsamente que había fabricado nuevos generadores eléctricos”, entre otras acusaciones, como la entrega de informes dolosos.


El perjuicio económico directo al Estado por los contratos con Progen supera los 100 millones de dólares, sobre un contrato global de 149 millones. La empresa no entregó los generadores operativos prometidos, sino usados, inservibles.


El Gobierno declara la emergencia

La historia de este fiasco empezó en abril de 2024, cuando Noboa declaró la emergencia eléctrica por un verano que afectaría las hidroeléctricas en los siguientes meses y la falta de mantenimiento de las termoeléctricas. En ese escenario aterrizó la empresa norteamericana Progen, que firmó dos contratos para las termoeléctricas de Salitral, por 99,4 millones de dólares, y Quevedo, por cerca de 49,7 millones. Tras pericias en Estados Unidos, por parte de una demanda de Ecuador ante la justicia norteamericana, hoy se sabe que 21 de 29 generadores que debían ser entregados en Salitral, Progen los compró a otra empresa a 425 mil dólares cada uno, los pintó y los vendió a Ecuador a un valor casi 10 veces mayor.

Otro contrato por 20 millones se lo llevó Progen para la central de Catamayo, Loja. Y otros 90 millones se lo adjudicó la compañía uruguaya Austral para la termoeléctrica Esmeraldas. Todos fueron un fracaso. A pesar de que la prensa empezó a cuestionar los contratos a finales de 2024 cuando ya se había incumplido ciertos plazos para la puesta en marcha de los equipos en Ecuador, el gobierno los defendía y garantizaba que pondrían a funcionar los generadores.

En julio de 2025, la Fiscalía hizo varios allanamientos y lo bautizó como “Caso Apagón”, pero solo investiga los contratos de Salitral y Quevedo. Fueron 104 millones de dólares entregados a Progen sin que se generara un solo megavatio. Ese dinero fue el anticipo del 70 por ciento de los contratos.

Instalaciones de la empresa Progen en Florida, Estados Unidos, que hoy enfrenta demandas por peculado en ese país y Ecuador. Foto archivo

Fiscalía puso en la mira al exministro de Energía, Antonio Goncalves, y a Fabián Calero, ex gerente de la Corporación Eléctrica del Ecuador (Celec), dos exfuncionarios a los que el oficialismo abandonó a su suerte porque estuvieron al frente de la crisis durante las etapas precontractuales y contractuales.

No obstante, la justicia no vinculó, por falta de evidencias, a los ministros Roberto Luque, quien estuvo encargado cuatro meses del Ministerio cuando se declaró la emergencia del sector eléctrico por los prolongados apagones del 2024, ni a la exministra Inés Manzano, que estuvo en Energía cuando debían entregarse los generadores. La defensa de ambos es que en sus administraciones no se firmaron los contratos con las empresas para proveer los equipos generadores de energía.

Las alertas al viento

Uno de los involucrados en el Caso Apagón es Byron Orozco, gerente de Termopichincha, quien firmó el contrato con Progen. Su defensa dice que hay mandos superiores que tienen responsabilidad y no están vinculados. Según su argumento, el 27 de junio de 2024 Orozco pidió a la Secretaría de Integridad Pública que se organice una veeduría para la licitación de los contratos de Salitral y Quevedo, teniendo en cuenta que ya había alertas del contrato de Progen en Catamayo. La Secretaría, a cargo de José Julio Neira, respondió que no tenía las competencias.

Pero una de las alertas que más llaman la atención es la advertencia de Abraham Zambrano, gerente de la Empresa Resource Power Group. Un asambleísta le requirió información el 22 de junio de 2024 y Zambrano, desde México, respondió que su empresa era la única representante de generadores EMD para Ecuador, y no Progen. Incluso señaló que los últimos motores EMD fueron construidos en 2015, cuando Progen ofertaba modelos 2023. Para ese entonces, Progen ya había firmado el contrato para la termoeléctrica Catamayo, y a nadie le importó o nadie quiso ver las alertas.

Tanto en el contrato de Catamayo, como Salitral y Quevedo, la Contraloría halló numerosas inconsistencias, entre ellas, que los generadores no eran nuevos, que no tenían las condiciones técnicas para acoplarse a la red eléctrica de Ecuador, a más de otras irregularidades en los procesos de contratación. Pero, ¿nadie constató el estado de los generadores?

Funcionarios de Celec inspeccionan los equipos que llegaron a Ecuador. Todos eran usados, inservibles, y nunca operaron. Foto de archivo

Técnicos alertaron fallas y denunciaron amenazas

La Fiscalía acusa a los técnicos de Celec por la estafa de Progen, pero a finales de mayo de 2026 se filtró un video en el que un grupo de técnicos de la entidad estatal alertó sobre irregularidades en los equipos que se planeaba adquirir.

“No es lo que nosotros alguna vez recomendamos”, mencionaron tres hombres identificados como Nelson Castro, Celso Sánchez y Paúl Flores, quienes viajaron a las instalaciones de la empresa estadounidense el 19 de septiembre de 2024 para verificar los artículos. Además, los técnicos recalcaron que los equipos “no sirven” y que recibieron amenazas de muerte. “Nos da miedo por nuestras vidas e integridad”, manifestaron.

Sin embargo, ese video no forma parte de la investigación de la Fiscalía e incluso esos tres técnicos recibieron prisión preventiva por el presunto delito de peculado tras la audiencia de formulación de cargos contra 21 personas.

Por su parte, el Ministerio Público indicó que posee 150 elementos de convicción que sustentan la acusación y confirmó que el material audiovisual no está dentro del expediente ni constituye un elemento de convicción. ¿Por qué? Nadie ha podido explicarlo. Las defensas de los técnicos dicen que se quiere proteger a los altos mandos y cargarles la responsabilidad del fraude a ellos.

La Batalla de Pichincha fue el nudo de la campaña libertaria liderada por Sucre, que se apretó en Guayaquil y se desató en Perú

Pese a que la Batalla de Pichincha fue crucial para sellar la independencia, el general Antonio José de Sucre debió liderar  los meses siguientes duros combates con fuerzas rebeldes, todavía leales a España, especialmente en Pasto, Colombia, y en Perú, que el libertador San Martín no pudo someter, tras lo cual dimitió ante el Congreso, encomendando el cierre del capítulo final de  las luchas contra las fuerzas realistas a Simón Bolívar. Pese a que las condiciones eran adversas, Bolívar no dio su brazo a torcer y avanzó confiando plenamente en Sucre. El Mariscal no lo defraudó: su liderazgo ejemplar amalgamó las tropas libertarias que eran multinacionales y multirraciales. Estaban integradas por mestizos,  afrodescendientes, indígenas, criollos y europeos, especialmente británicos.     

Por Galo Cruz, coronel (SP) del Ejército y académico

Luego del difuso éxito en el combate de Bomboná (abril 1822) y de la decisiva victoria en la batalla de Pichincha (mayo 1822), la guerra por la independencia suramericana cambiaba favorablemente para las fuerzas independentistas. Simón Bolívar, después del triunfo de Pichincha, y previo a la reunión con José de San Martín, se dirigió inmediatamente a Guayaquil, ciudad a la que entró el 11 de julio, con aproximadamente 1.500 efectivos, con el propósito de convencer a la población para que se incorporen a Colombia.

El 26 de julio de 1822 se reunieron en Guayaquil los dos líderes de la Independencia suramericana, el libertador Simón Bolívar y el Protector José de San Martín. Después de esta entrevista reservada, la situación estratégica cambió radicalmente en la región; el Protector salió de la escena y el Libertador asumió el liderazgo de la guerra.

El libertador de las repúblicas del sur, San Martín, dimitió en septiembre del 2022 y le comunicó su decisión a Bolívar, en una carta firmada desde Lima: “He convocado al Congreso para presentar ante él mi renuncia y retirrame a la vida privada con la satisfacción de haber puesto a la causa de la libertad toda la honradez de mi espíritu y la convicción de mi patriotismo. Dios, los hombres y la historia juzgarán mis actos públicos”.

Encuentro de José de San Martín y Simón Bolívar en Guayaquil. Pintura: Archivo Histórico Riva-Agüero, Lima.

Los teatros de Guerra

Luego de la batalla de Pichincha, en la guerra de Independencia se identificaron dos teatros de guerra: el Teatro de Guerra del “Perú – Pacífico” y el Teatro “Atlántico – Caribeño” (Maita, 2022). En el primero actuaban las fuerzas de Colombia, Chile y del Río de la Plata, con el objetivo principal de apoyar a la campaña del Perú. En el Teatro “Atlántico – Caribeño”, en cambio, la actuación de la escuadra española extendió el conflicto, toda vez que sus fuerzas mantenían una presencia importante en esos territorios, promovieron rebeliones, especialmente en Puerto Cabello y Maracaibo. Esta última ciudad fue la base de operaciones del general español Francisco Tomás Morales. Con la caída de estos dos últimos bastiones españoles del norte, cambió el escenario de la guerra.

En el Teatro de Guerra Perú-Pacífico Sur, en el Perú de 1823 regían dos gobiernos: una República con sede en Lima y que dominaba el norte y el Virreinato que, con el virrey La Serna, tenía su capital en el Cuzco y en el que regía la Constitución de Cádiz de 1812 y los principios del Trienio Liberal español.

A comienzos de 1823, los resultados de las operaciones militares eran favorables para el Ejército Real del Perú; en cambio, la situación política peruana era afectada por las disputas por el poder central y la excesiva ambición de sus caudillos, lo que generaba un ambiente de polarización político-social. La primera Junta Gubernativa del Perú fue cesada en febrero, por un pronunciamiento militar y el Congreso peruano designó el 28 de febrero a José de la Riva– Agüero como primer presidente.

Para Simón Bolívar, la situación del Perú era muy crítica, ya que si las fuerzas realistas tomaban Lima y el Callao, era probable que la mayor parte de la población apoyara a la monarquía y desde el puerto y base del Callao afectaran a Colombia, convirtiendo al distrito del Sur en el teatro de guerra principal.

Los preparativos para la campaña armada del Perú fueron rápidos y demandaron importantes recursos. “Así fue como los departamentos de Ecuador, Azuay y Guayaquil, hicieron en aquellas circunstancias grandes y dolorosos sacrificios, […] El más rico por su comercio y producciones agrícolas, el de Guayaquil, proporcionó al Libertador un empréstito de cien mil pesos para hacer frente a los gastos; los otros dos contribuyeron con igual suma, fuera de los víveres y vestuarios que dieran, según archivos históricos de 1858.

Los teatros de Guerra en Suramérica en 1823 Fuentes: Cruz, (2023), adaptado de Lynch (2009) y Maita (2022).

El 14 de abril de 1823 el general Sucre partió hacia Perú para hacerse cargo de las tropas colombianas, que encontró en un estado deplorable. A mediados de junio de 1823, el gobierno peruano dispuso la evacuación de su capital Lima. El general español José de Canterac, ocupaba Lima el 18 de junio, mientras que Sucre, como comandante del Ejército Unido, se retiraba al Callao.

En el Ejército Real del Perú, bajo la autoridad del virrey José de la Serna, las fuerzas militares estaban divididas en dos bandos: los que eran favorables a la Constitución de Cádiz y quienes eran seguidores de Fernando VII y que se agrupaban en torno al general Pedro de Olañeta, quien desconoció la autoridad del virrey.

Habitantes de Pasto enfrentan a fuerzas libertarias

Mientras tanto, en el norte del actual territorio ecuatoriano las fuerzas libertarias enfrentaban a la oposición de Pasto, cuyos habitantes no aceptaban la separación de España, manifestando su aversión hacia Bogotá y Quito. A finales de 1822, en la región de Pasto sucedió un importante levantamiento liderado por el teniente coronel español Benito Boves, quien proclamó su lealtad al rey Fernando VII. Esta insurrección incidía en la campaña para la resolución de la guerra de la independencia. Comprometía las líneas de comunicaciones con Bogotá y representaba un seguro efecto multiplicador para quienes se oponían a la causa libertaria.

El Libertador, desde Quito, envió a pacificar Pasto al general Sucre, con el batallón Rifles y los escuadrones Guías, Dragones de la Guardia y Cazadores montados, a las que posteriormente, se sumó el batallón Bogotá. Las fuerzas pastusas fueron derrotadas y cuando Sucre entró en Pasto, sus habitantes habían huido hacia las montañas. La venganza fue inmediata y Pasto fue saqueada por las tropas de Sucre. Posteriormente, con la llegada de Bolívar en enero de 1823, las imposiciones fueron drásticas: “Bolívar impuso a los pueblos rebeldes del cantón una contribución forzada de treinta mil pesos (…). Hizo que se reclutaran todos los hombres hábiles para las armas y a los más inquietos que sean llevados en calidad de presos. Mandó a confiscar los bienes de todos aquellos que participaron en la rebelión o que no se habían presentado a Sucre en seis días (…). Casi todas las propiedades de los pastusos eran confiscadas y se mandaron a repartir entre los militares de la república. El castigo de los habitantes de Pasto dejó en sus corazones el resentimiento más profundo y duradero”, relató el historiador Restrepo en 1858.

Este antecedente es importante para tomar en cuenta lo que ocurrió ocho años más tarde, en 1830, cuando Sucre fue asesinado, en Berruecos. Esa zona queda 70 kilómetros al norte de Pasto, capital del departamento de Nariño. Cuando ocurrió el magnicidio los habitantes de esa región eran hostiles con las fuerzas que los reprimieron y en especial con quien las comandó.

Victoria pastusa a las fuerzas de Flores

Sin embargo, para el 12 de junio 1823, Agustín Agualongo, al frente de algunas partidas campesinas, se enfrentó a las fuerzas del coronel Juan José Flores, que tenía 600 hombres, la mayoría reclutas. La victoria pastusa fue impensada y contundente. Agualongo entró en Pasto y se proclamó comandante general a nombre de la monarquía española. Inmediatamente organizó sus fuerzas y avanzó al sur del río Guáitara, aumentando sus tropas insurrectas hasta 1.200 hombres. Además, cursaba comunicaciones a los otavaleños, para conseguir su apoyo.

Así era la difícil topografía de Pasto en el siglo XIX. Puente sobre el río Mayo. Dibujo de Riou Acevedo, de 1968.

El 21 de junio el Libertador escribía al general Sucre sobre la difícil situación en el norte de Quito, explicándole que las fuerzas de Flores fueron derrotadas y que entre Quito y Pasto solo había disponibles 150 soldados. Las comunicaciones con Bogotá fueron cortadas y, además, había sublevaciones en Barbacoas y Esmeraldas. Ante esto, Bolívar resolvió no enviar refuerzos urgentes al Perú.

El 17 y 18 de julio, el ejército conducido por Simón Bolívar derrotó a las fuerzas de Agualongo en la batalla de Ibarra. Sin embargo, todavía no se lograría pacificar la región de Pasto. Recién en 1824, con el fusilamiento de Agualongo, se disiparon los temores de una nueva rebelión pastusa.

La victoria de las fuerzas del Libertador en Ibarra, consolidó los resultados de la Batalla de Pichincha y se libró a Quito de un probable saqueo; se abrió nuevamente las comunicaciones con Bogotá, concentrándose en la decisión de la campaña libertaria en el Perú. Bolívar, luego del triunfo, retornó presurosamente a Quito el 31 de julio y partió a Guayaquil. El 7 de agosto, por pedido del Congreso peruano, salía al Callao, para dirigir personalmente la campaña en el Perú. A su llegada, el 1 de septiembre, fue recibido por el presidente de Tagle y nombrado como autoridad suprema del Perú.

De Pichincha a Ayacucho se selló la independencia

1823 constituyó un puente entre la batalla de Pichincha de 1822, que desarticuló la presencia realista en el actual territorio ecuatoriano, cambiando el escenario de guerra por la independencia suramericana y la conclusión estratégica de diciembre de 1824, en la batalla de Ayacucho, en que se culminó exitosamente la guerra.

En el teatro de guerra “Perú – Pacífico Sur”, 1823 fue un año difícil para la guerra libertaria ya que la situación inestable y adversa, tanto en Pasto como en el Perú, puso en riesgo la campaña.

En el escenario de guerra “Atlántico-Caribeño”, 1823 fue un período favorable. Las victorias en Maracaibo y Puerto Cabello significaron la derrota de las tropas realistas en el norte suramericano, con lo que mejoraron las capacidades estratégicas y operativas para decidir la guerra.

Este 1823 fue particularmente difícil para los pueblos del Sur: Quito, Azuay y Guayaquil, ya que soportaron el paso de los ejércitos libertarios hacia el Perú. Esto aumentó la pobreza y provocó importantes e inmediatos efectos sociales y económicos.

Así, los logros militares de la guerra por la independencia suramericana daban paso a la constitución de las nuevas repúblicas en un período de asfixiante caudillismo, dejando abierto un espacio de peligrosa conflictividad futura.

En Contexto

Los ejércitos independentistas de Bolívar y San Martín eran fuerzas multinacionales y multiétnicas, formadas por criollos, mestizos, indígenas, afrodescendientes y europeos, en su mayoría ingleses. Su número variaba drásticamente, según la campaña, oscilando entre pequeños grupos de élite y ejércitos combinados que superaban los 5.000 hombres. 

  • Simón Bolívar lideró el Ejército Unido Libertador del Perú y las fuerzas de la Gran Colombia. Eran venezolanos, colombianos, ecuatorianos, peruanos, bolivianos y un destacado contingente de voluntarios europeos, principalmente británicos (Legión Británica).
  • Número de soldados. En 1819, al cruzar los Andes hacia Nueva Granada, comandó unos 2.500 hombres.
  • En 1822 para la Batalla de Pichincha, el ejército dirigido por Antonio José de Sucre contó con unos 3.000. hombres.
  • En 1824, para las batallas de Junín y Ayacucho, el ejército unido superaba los 5.700 efectivos. 
  • San Martín organizó el Ejército de los Andes en Argentina y posteriormente conformó el Ejército Unido Libertador del Perú, junto a las fuerzas chilenas. Estaban integrados por argentinos, chilenos, afrodescendientes (libres y esclavos), y oficiales europeos. Para el histórico Cruce de los Andes en 1817, San Martín comandó 5.200 hombres.
  • En 1820, para la Expedición Libertadora al Perú, la fuerza conjunta estuvo integrada por 4.200. combatientes.