Los israelíes Shy Dahan y Oren Sheinman no improvisaron. Llegaron al país con una fachada de exitosos empresarios. Negociaron la venta de mascarillas y pruebas rápidas. En Guayaquil vendieron 21 mil kits de tests rápidos a la familia Bucaram, en el pico de la pandemia. Un video inédito grabado el 18 de mayo por Dahan, que hoy revelamos, muestra las cajas de pruebas que entregó ese día. Son idénticas a las que se encontraron en la casa del exmandatario, durante el allanamiento a su domicilio, a inicios de junio. Y corresponden a las que se hallaron en bodegas del hospital Teodoro Maldonado Carbo, de la seguridad social. Desde el 27 de julio los abogados de ambos extranjeros, detenidos por falsificar documentos, dijeron que querían proporcionar pruebas relevantes que involucraban a más personas. Luego llegaron las amenazas y el asesinato de Dahan en la cárcel. Aquí los detalles de la organización que armaron los extranjeros, el clímax y desenlace de la operación.
Redacción Código Vidrio
“Sujeto de riesgo, armado y peligroso. Buscado por robo en el casino Clark County (Nevada)”. Así identifican las autoridades estadounidenses al israelí Shy Dahan, quien empleaba indistintamente 11 identidades para evadir a la justicia en varios países. Como Golan Shay era requerido en Estados Unidos por el robo de 562 mil dólares.
Tenía seis pasaportes con los que viajaba por España, Reino Unido, Canadá, México, Argentina, Colombia y Panamá. Cambiaba de nombre constantemente, ese era un patrón sistemático. En Canadá fue acusado de falsificación y fraude, mientras que en Inglaterra estuvo implicado en una estafa.
Hace unos siete años, Dahan, que luego apareció bajo el nombre de Shai Golan, fue detenido en México con un grupo de sospechosos. Tenían pistolas, binoculares de visión nocturna y armas destinadas solo para uso militar. Entonces la Interpol lo puso en la mira.
En Panamá era considerado un fugitivo de la justicia. En ese país incursionó, desde 2015, en los negocios inmobiliarios. De hecho, fue acusado por estafar a una pareja en 640 mil dólares, por lo cual fue juzgado y encarcelado, tras ser detenido en Barcelona. Estuvo recluido entre enero de 2017 y junio de 2018, cuando escapó de la cárcel de la Joyita, con la complicidad de policías, a quienes sobornó pagando un millón de dólares, según registros de la Interpol. Varios políticos de ese país pedían su cabeza porque tenía pruebas de la corrupción en altas esferas del poder.
En Panamá vivió el ex presidente Abdalá Bucaram, asilado desde 1997 cuando fue depuesto del poder, hasta su retorno a Ecuador, en junio de 2017. Reportes de la prensa local establecen que Dahan era un exagente de inteligencia israelí, que con su ingenio y audacia se había dedicado a los negocios y al contraespionaje.
En el verano de 2019, Shai Golan estuvo en Argentina y se asoció con la comunidad ortodoxa. Durante al menos un par de meses verificó la comida kosher (que cumple estándares de la comunidad judía) en supermercados y restaurantes.
A Ecuador llegó a fines de noviembre de 2019 con la identidad de Tomer Sheinman. En febrero de 2020, se ingenió para viajar nuevamente hacia Panamá, como un tripulante de vuelo. Eso lo muestran los registros migratorios que revisamos, en los que empleó esa identidad.
En Quito construyó hábilmente la fachada de un acaudalado empresario. Bordeaba los 40. Alto, calvo, de contextura gruesa y ojos de color castaño. Hablaba inglés, hebreo y español.

Chef aficionado, con la faceta de un generoso anfitrión se acercó a los vecinos del exclusivo edificio Yoo, en la avenida González Suárez, una de las zonas más caras de la capital. Vivió en el piso 14, junto con su novia peruana Isabel Marengo, a quien doblaba en edad. También compartía el departamento con su compatriota, el experto informático Oren Sheinman, apodado Tarzán por su melena y figura atlética. Sheinman es australiano e israelí y tenía cinco identidades. Era tal la cercanía entre ambos, que Shy Dahan adoptó el nombre del hermano de Oren. Por eso, a Shy lo conocían como Tomer Sheinman en Ecuador.
Lo cierto es que los dos israelíes aprovecharon también la pandemia para hacer buenos negocios. Vendieron mascarillas y pruebas rápidas Covid-19. Falsificaron documentos y fueron detenidos y encarcelados en Santa Elena.
La trama era más o menos conocida hasta hace pocos días, cuando este portal reveló que Dahan, desde la prisión, conversó por teléfono con el expresidente Abdalá Bucaram. El audio, de siete minutos, muestra que Bucaram se dirige en tono coloquial a «Tom». Es el diminutivo de Tomer. Bucaram trataba de calmarlo y le ofreció mover sus influencias “en el tribunal”, con la ayuda de una funcionaria de la Judicatura de Santa Elena para liberarlo de los cargos. Le ofreció la visita de su abogado, Walter Vallejo, a la cárcel donde ambos israelíes guardaban prisión.
Del diálogo se desprende que el israelí temía por su vida, que le preocupaba que el exmandatario quisiera únicamente ayudar a su hijo (Jacobo), investigado por su posible participación en los negociados de insumos médicos en hospitales públicos. Su miedo estaba plenamente justificado. Dahan fue asesinado a inicios de agosto en la cárcel.
Después de la publicación en nuestro portal del diálogo, el exmandatario fue vinculado por la Fiscalía al proceso por delincuencia organizada.
Los negocios con los Bucaram
Nueva evidencia, que ahora presentamos, revela que en el pico de la pandemia (mayo de 2020) los israelíes intermediaron en la venta de 21 mil kits de pruebas rápidas Covid-19. Compraron estos insumos a un vecino de su lujoso edificio, a quien estafaron pues nunca le pagaron los valores pactados. A su vez, los extranjeros vendieron los tests en Guayaquil a la familia Bucaram.
Por primera vez sale a la luz la ruta de las pruebas rápidas, adquiridas a la velocidad del rayo en plena pandemia, con dinero en efectivo; embodegadas en un hospital público. Una parte quedó guardada en el domicilio del exmandatario. Las pruebas rápidas, como también reveló este medio, tuvieron venta libre y sin control, durante la crisis sanitaria. No solo son ineficaces para diagnosticar el coronavirus, también pueden conducir a un diagnóstico equivocado (falso negativo). Por eso, la Organización Mundial de la Salud (OMS) desaconsejó su uso en abril. La política, a partir de entonces, debió tender a usar las pruebas moleculares (PCR) junto con la valoración médica, para diagnosticar un cuadro positivo.
El lunes 18 de mayo, a las 07:26 de la mañana, Dahan filmó con su celular las cajas con las pruebas rápidas que estaba a punto de transportar en su vehículo BMW-X5, de color blanco, hacia Guayaquil. En la filmación, de 22 segundos, se observan las cajas blancas con franjas de color rojo, con las inscripciones TestSeaLab y Check, y se escucha al israelí relatar que las pruebas están “listas para entregar” y que la negociación será “solo con efectivo”.
Dos semanas después, el miércoles 3 de junio, la Fiscalía allanó la casa de Abdalá Bucaram en la Kennedy Norte, en la investigación por peculado en la compra de insumos médicos. Los agentes encontraron en la residencia cajas con dos mil pruebas rápidas.
La fiscal Diana Salazar explicó, luego del allanamiento, que se detuvo a Bucaram porque las pruebas requisadas coinciden con las halladas en las bodegas del hospital Teodoro Maldonado. El video que hoy revelamos muestra que son idénticas a las cajas de tests que Dahan llevó desde Quito. A continuación revelamos los detalles de la organización que estructuraron los israelíes.
Una estructura de fachada
Fue una operación de relojería. Los extranjeros tenían todo bien planificado, al parecer, con meses de anterioridad. La organización también estaba integrada por la peruana Orietta Isabel Marengo Pita y tres agentes metropolitanos de tránsito, a quienes reclutaron de filas de la escolta vicepresidencial, a inicios de la pandemia.
La peruana, de 22 años, alquiló el departamento 141 en el lujoso edificio. El intermediario de la transacción fue un corredor de bienes raíces, encargado de manejar las propiedades del futbolista Antonio Valencia. En la misma edificación por esa temporada vivía el entonces vicepresidente Otto Sonnenholzner. Él aclaró que no tuvo relación alguna con los implicados, lo cual fue corroborado por el abogado de Dahan, Hernán Ulloa.
El alcalde de Quito, Jorge Yunda, explicó que por una normativa vigente 16 policías metropolitanos cumplen el rol de escoltas de autoridades nacionales, aunque ni siquiera él accede a ese tipo de protección. El jefe de seguridad del edificio es un exoficial de la Policía, quien aportó con información importante para esclarecer el caso.

Marengo, morena y delgada, cumplía funciones de logística. Compró un vehículo Ford Explorer azul, en aproximadamente 40 mil dólares en un patio de carros de lujo, ubicado en el norte de Quito, sobre la avenida 6 de Diciembre, cuyo administrador nos confirmó la venta, pero pidió el anonimato. El auto es similar a uno que pertenece a la embajada de Estados Unidos y es utilizado por agentes de la Oficina Antidrogas (DEA).
De esto se habrían percatado, semanas antes, dos de los uniformados que colaboraban con esta organización. Simulando un operativo de control de documentos, interceptaron un vehículo azul, Ford Explorer, que circulaba por el norte de Quito, en el que viajaban dos agentes de la DEA. Les pidieron las credenciales y caminaron hacia la parte posterior para revisar el vehículo, momento que aprovecharon para fotografiar los papeles y el auto, según observaron los funcionarios estadounidenses por sus retrovisores. De esta manera, luego clonaron los documentos. Esto fue corroborado por fuentes

de la Embajada de EE.UU.
Después de la compra, Marengo extendió un poder a uno de los agentes, quien retiró el Ford Explorer. Por lo regular, los extranjeros se movían en el BMW blanco, que circulaba con escolta, libremente por las calles de Quito, en plena cuarentena, contó el exoficial al frente de la seguridad del edificio.
Los negocios y pruebas rápidas
En el departamento 141 del piso 14 se concretaron los negocios, según la bitácora de accesos del portero del edificio. Se reunían los israelíes, Isabel y los agentes metropolitanos, frecuentes comensales. También empezó a compartir su mesa la pareja de quiteños que vivía en el departamento contiguo. Se conocieron desde el 16 de marzo, cuando empezó la pandemia, ya que coincidían en el balcón mientras realizaban ejercicios físicos.
“Durante la cuarentena pasé mucho tiempo con Tarzán, debido a que venía a mi balcón para hacer ejercicio juntos. Estas personas se ganaron mi confianza, nos traían comida porque Tom siempre cocinaba mucho y daba alimentos a todos los guardias del edificio”, relató Bryan, un joven emprendedor a Código Vidrio.
Mientras tanto, algunos de los propietarios y arrendatarios del complejo empezaron a exteriorizar su preocupación por la entrada y salida de extraños que trabajaban con los israelíes. Sobre todo, les llamaba la atención la llegada constante de camiones grandes que se estacionaban al ingreso del inmueble, con decenas de cajas de insumos médicos comercializados por los extranjeros, en medio de la restricción de circulación por la pandemia.



Se volvieron muy buenos amigos de Bryan y su esposa, se ganaron su confianza, y en una cena al calor de los vinos concretaron la venta de dos mil mascarillas. El negocio fue exitoso y enseguida pactaron otra transacción por diez mil más. A continuación, la propuesta creció: se trataba de colocar cien mil tapabocas en el mercado, pero debían entregar efectivo y venderlas en un tiempo limitado. Al final de cuentas, Bryan les entregó 44.600 dólares, en efectivo. Cuando no recibió la mercadería, se preocupó; en respuesta y para tranquilizarlo, Dahan le envió imágenes de una hacienda en Cotacachi, a donde había viajado para cobrar 600 mil dólares por la venta de insumos a un “político guayaquileño”, cuyo nombre no precisó.
Bryan insistió en recibir las mascarillas o el dinero, alegando que debía pagar a un amigo de infancia, cuyo padre acababa de importar 20 mil pruebas rápidas Covid-19. Dahan le comentó que tenía un comprador asegurado en Guayaquil para esas pruebas. Y nombró a Jacobo Bucaram.
Dahan, jugador empedernido de poker, compartió partidas con Jacobo en Miami, según le contó el mismo israelí a Bryan, en una de las reuniones previas. Por eso, no le extrañó enterarse que el hijo del exmandatario era su contraparte en la venta de las pruebas rápidas.
En su afán por recuperar la plata de las mascarillas y asegurar la venta de las pruebas, Bryan recibió las 20 mil pruebas rápidas de su amigo, y agregó mil más de otro conocido. Pactó verbalmente el precio de 18 dólares por cada una; no hubo contrato de por medio. Cada test lo recibió a 10,5 dólares; la ganancia proyectada era 7,50 por unidad. El emprendedor quiteño dijo que desconocía que los tests tenían como destino final un hospital público.
Dahan le informó que transportarían las pruebas hacia Guayaquil, donde se encontraba el comprador. Esto ocurrió el lunes 18 de mayo, justamente cuando filmó el video que hoy presentamos. Para cerciorarse de que el negocio se cerrara y recibir su dinero, Bryan también viajó en su carro con su esposa y su amigo.
Video grabado el 18 de mayo por Dahan, antes de salir desde Quito a Guayaquil
Los extranjeros insistieron en que por tener protección y escolta uniformada -cuyo pago de $3.000 asumió el propio Bryan- era más seguro que embarcaran los tests en su vehículo. La escolta los acompañó hasta la salida suroriente de Quito.
Al llegar a la gasolinera Primax de Santo Domingo -a tres horas de Quito- perdieron de vista al BMW. La pareja quiteña y su amigo no volvieron a verlos, aunque avanzaron hacia Guayaquil, según lo planificado. Dahan les llamó y les pidió no permanecer en esa ciudad porque era inseguro. Con el pasar de las horas recibieron todo tipo de mensajes, amenazas e intimidaciones. Permanecieron en esa ciudad dos días y luego regresaron a Quito.
El 23 de mayo, Bryan formalizó su demanda ante la Fiscalía, por estafa: denunciaba haber perdido más de 400 mil dólares, que reunió de familiares y amigos en su intento por concretar los negocios.
El abogado de los agentes metropolitanos, Harrison Salcedo, insinuó que una alta autoridad tenía la capacidad de generar las credenciales falsas. “Yo estoy diciendo que el exvicepresidente Otto Sonnenholzner sabía y los presentó como amigos… ¿Quién más puede generar este tipo de cosas?”. Salcedo es a la vez abogado del exvicepresidente Jorge Glas. Los tres uniformados hoy están acusados por delincuencia organizada, junto a Abdalá Bucaram y el israelí Sheinman.
“Que continúen las investigaciones y se sancione a quienes corresponda. No conozco ni tengo ningún tipo de relación con las personas en mención y espero que ninguno de estos actos delictivos quede en la impunidad. Tengo claro que existen personas que a toda costa insisten en la calumnia, esa es la forma en la que siempre han hecho política y eso es algo que la gente de bien debemos de luchar por cambiar”, respondió Sonnenholzner, al tiempo de anunciar que analiza iniciar acciones legales contra quienes lo relacionaron con los uniformados.

“El libro de Salmos nos salvó la vida”
A partir de entonces, los extranjeros ya no volvieron al departamento 141, en la capital. Se radicaron en Chipipe (Santa Elena, cerca a la playa), en el penthouse de un lujoso condominio que también rentó la peruana. Ella se había afincado por primera vez en Ecuador en 2015, pero hacía constantes viajes hacia Francia, España y Perú, según sus registros migratorios.
El lunes primero de junio, los israelíes circulaban en el Ford Explorer azul por la vía La Libertad – Salinas. Debieron detener el vehículo con vidrios polarizados en un puesto de control policial, donde dijeron ser agentes de la DEA y presentaron sus credenciales. Al cruzar la información con funcionarios estadounidenses, los policías confirmaron que los documentos eran falsos y detuvieron a los extranjeros, que llevaban 100 mil dólares en efectivo.
Luego, los policías fueron al apartamento en Chipipe, donde encontraron 212 mil dólares, 385 euros y dos vehículos de alta gama. Entre ellos, el auto BMW.
Se les imputaron cargos por falsificación y uso doloso de documentos, además de enriquecimiento ilícito privado. En su versión, los dos relataron cómo vendieron las pruebas a Jacobo Bucaram, quien les pagó en efectivo. “Entramos en la casa (de los Bucaram), frente a las canchas de tenis, al lado de la piscina. Nosotros cerramos en 15 dólares por paquete y él (Jacobo) fue a buscar el dinero, la cantidad total era 321.600 dólares. Trajo una maleta que estaba con mucho, mucho dinero, y contamos 321 mil dólares que era nuestra cantidad, él sonrió y me peguntó dónde está tu maleta. Le dije que no tenía y me trajo un cartón para poner el dinero…”, relató Dahan.
En total, Jacobo contó 21.440 cajas de pruebas, q importadas a Quito y adquiridas inicialmente a un costo de $3,75. Compró cada prueba en $15 y revendió al hospital del Seguro Social a $ 68 cada test. Aunque a las pocas horas de su captura los detenidos aseguraron tener pruebas de sus negocios con los Bucaram, no recibieron una respuesta ágil de la justicia.
El lunes 27 de julio, sus abogados, Hernán Ulloa y Héctor Vanegas, firmaron una comunicación conjunta, dirigida a la Fiscal general, a la que accedimos. En ella denuncian que la fiscal del caso no atendió su pedido de entregar información “que posiblemente desencadene en la vinculación y el procesamiento de otras personas”.
Días después, Dahan tuvo la precaución de grabar las conversaciones telefónicas con el expresidente Abdalá Bucaram y con su hijo Jacobo. Presentamos este diálogo en días anteriores. El expresidente le pregunta si le da su palabra de que su vida no corre peligro. A Jacobo, le increpa disgustado porque no le ha respondido ni cumplido sus ofrecimientos. Entonces Abdalá le asegura que le visitará su abogado, el lunes siguiente (3 de agosto), insinuando que sus amigos en la Penitenciaría del Litoral “le pasarían a saludar”.


El director encargado de ese centro de detención autorizó el ingreso del abogado Vallejo. Ese primer lunes de agosto, un motín en el mismo centro penitenciario dejó 11 muertos y 26 heridos, por la supuesta pugna entre bandas rivales enfrentadas por el control del penal.
Para Dahan, ese motín encubría en realidad el intento por asesinarlos, a él y a Oren Sheinman.
A un rabino con el que chateaba, le escribió que temía por su vida, y que creía que todo era una operación de distracción. “Oren y yo estábamos sosteniendo un libro de Salmos y eso nos salvó”.
A insistencia de su defensa, el viernes 7 de agosto, el contenido del celular de Dahan fue sometido a una pericia para extraer la información. La madrugada del sábado 8 fue asesinado: uno de los presos, al parecer, lo mató golpeándole con una pesa en el cráneo.
Horas más tarde Oren, quien también fue golpeado pero sobrevivió, rindió su versión. En el hospital Abel Gilbert Pontón donde se recuperaba del ataque confirmó que vendieron las pruebas a Bucaram. Ratificó que recibieron amenazas de muerte, a través de llamadas y mensajes, de Abdalá y Jacobo Bucaram. Desconfiaba del director de la prisión, Héctor Reyna, quien le había contado que su cabeza tenía precio, e intentó extorsionarlo.
“Los últimos dos días hubo llamadas y mensajes de Jacobo Bucaram y Abdalá Bucaram, que si hablamos y mostramos evidencias nos van a matar, al igual que a nuestra familia, no importa que vivan en ‘otro mundo’… Bucaram quiere nuestras cabezas”.
Las autoridades judiciales decidieron un nuevo allanamiento a la casa del expresidente, el 12 de agosto, y lo detuvieron por segunda ocasión en dos meses. Las siguientes horas fue acusado formalmente de una supuesta delincuencia organizada, al igual que los tres agentes de tránsito Kléver Armijos, Johnny Solís y Leandro Berrones, que fueron trasladados a la cárcel de Latacunga.

Abdalá Bucaram y sus hijos negaron su participación en este entramado, y denunciaron violaciones a sus derechos durante el operativo, pues un camarógrafo de Teleamazonas ingresó con los policías y filmó su captura. Anunciaron acciones legales contra el Estado y el medio que difundió las imágenes.
El expresidente insiste en que se trata de una persecución política del gobierno que busca impedir que se candidatice a la Presidencia de la República. Su esposa Rosa Pulley va más allá y afirma que a “Abdalá lo quieren muerto”.
Los abogados de los uniformados enfatizan que son inocentes.
Los datos contenidos en el celular de Dahan y las evidencias que tiene Sheinman pudieran ser las piezas que faltan para completar este rompecabezas. Por lo pronto, los audios y videos que difundimos relacionan al exmandatario con este caso.
































