Las redes nos encierran en una burbuja

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Con las redes sociales aumentó la polarización. Si vemos solo noticias de odio, estas nos incitan a manifestarnos con violencia. El peligro en un entorno digital cada vez más intolerante es que dos tipos de pensamientos predominan: los duros y líquidos. Las personas en las que predominan los primeros defenderán a raja tabla su posición; los segundos son fácilmente influenciables, especialmente cuando buscan una aprobación del resto.

Redacción Código Vidrio

Corrían los primeros días de octubre del 2019. El paro indígena se sentía con fuerza en Quito. Muchas familias, como la de Daniel Benavidez, decidieron permanecer en su casa hasta que todo volviera a la calma.

En su casa empezaron conversaciones sobre la protesta. Daniel criticaba a los manifestantes, mientras que María, quien trabajaba con algunos fe ellos, los defendía con vehemencia.

¿Qué estaba sucediendo?  Daniel recibía en sus redes sociales principalmente información que hablaba de los saqueos y violencia de los protestantes. Mientras que a María le llegaban todo tipo de mensajes sobre las violaciones a los derechos humanos que sufrían quienes estaban en las calles.

Dos criterios muy distantes, que en cualquier momento podrían chocar.

Para la psicóloga clínica Erika Andrade este jemplo evidencia la forma en que las redes condicionan nuestros comportamientos, de acuerdo a nuestras empatías o antipatías.

“Con las redes sociales aumentó la polarización. No todos vemos las mismas cosas. Ni las personas que están en un mismo espacio físico (…). Si yo veo solo noticias de odio, estas me incitan a manifestarme con violencia porque nos sentimos omnipotentes y omnipresentes”, dice Andrade.

Las redes emergieron como una promesa del salto hacia la era de la superinformación. Sin embargo, cada vez hay más estudios que prueban la teoría de la búrbuja que nos está atrapando, ahí nos alimenta con datos que nos gustan y repele los pensamientos contrarios, de quienes piensan distinto.

Duros, líquidos y flexibles

A corto plazo esto afecta a la empatía necesaria para vivir en comunidad. El psicólogo Santiago Vinelli explica que hay tres tipos de personas, según sus pensamientos  dominantes. Unos llamados duros, que son aquellos que defenderán a raja tabla su posición; los segundos son los líquidos, que son fácilmente influenciables, especialmente cuando buscan una aprobación del resto. Por último, están los flexibles que son los tolerantes, que  aceptan otras posiciones sin rechazarlas o anularlas de plano.

El peligro de las redes es que solo dos tipos de pensamientos dominan: los duros y los líquidos. En ese punto, para Vinelli, está el verdadero conflicto: no escuchamos al otro, nos encerramos en una burbuja.

 

 

El documental The Social Dilemma trabaja con esta hipótesis y asegura que la polarización que vive la sociedad a escala mundial podrá afectar las raíces de la democracia y de la convivencia pacífica. Esto ocurre no solo porque los algoritmos envuelven a los usuarios en información ideal para cada persona, sino también por la proliferación de noticias falsas vinculadas, principalmente, a posicionar un pensamiento o partido político.

El sociólogo y analista político Jacobo García mira el problema de la polarización de la sociedad en doble vía. Una que se aprovecha las redes sociales, cuando ya existe una división de criterios marcada en una sociedad.

“Lo hacen porque es un terreno que abona fácilmente para hacer un campo de batalla para hacer que los ejércitos de un lado y otro se enfrente. Por las ventajas que tiene de inmediatez, del anonimato y los trolls”.

Y por otro lado, cuando hay sectores poblacionales que no están dentro de estos ejércitos, encuentran cosas en tono negativo, ataques, Fake News, hasta cosas más emocionales y viscerales. “Eso provocará que el ciudadano que no está contaminado finalmente sea más proclive de entrar a la pelea y no a una discusión tranquila con juicio y respeto”.

Esos dos caminos hacen que se refuerce la forma visceral y emocional de tratar los asuntos políticos, de la cosa pública.

Una guerra de tres bandos

Las redes sociales son un campo de batalla en la política ecuatoriana. Hay tres ejércitos visibles: los guerreros digitales, los lanceros digitales y las tropas anticorreístas. Los dos primeros son orgánicos y trabajan bajo una estrategia. Mientras que los terceros disparan ante cualquier movimiento, y provienen de distintos sectores.

Los guerreros digitales nacieron con la Revolución Ciudadana, de la mano de la Secretaría de Comunicación liderada por Fernando Alvarado. La técnica preferida para su combate es llamada “individual targeting”, que se trata de identificar a un crítico para que los soldados digitales lo silencien en grupo.

 

 

Sus blancos pueden ser un político, un medio, periodista o cualquier ciudadano. Responden de forma inmediata y masiva. Según el ex Secretario de Comunicación, ellos nacieron para luchar contra la desinformación en las redes sociales, empujada por los grupos críticos de los abusos del correísmo, pero con el tiempo tomaron vida propia y se articulan ellos mismos.

Otro ejército pertenece a la Confederación de Nacionalidades Indígenas (Conaie), específicamente a su ala amazónica. Son los lanceros digitales que aglutinan a por lo menos 150 comunicadores, que están listos para difundir las actividades del movimiento indígena, ir a la guerra mediática, si el caso lo amerita, como ocurrió en el paro de octubre pasado.

Su creación dependió en buena parte del apoyo de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Central, que emprendió la capacitación a jóvenes indígenas en comunicación y manejo de las redes sociales. Esto ocurrió gracias a una alianza con las organizaciones indígenas.

Los anticorrea no tienen una célula ni trabajan orgánicamente, pero son tan radicales como los adversarios de la Revolución Ciudadana.

Para García esta polarización puede ser llevadera si existe entre los bandos un “reconocimiento entre los actores sociales y si hay la voluntad de llegar a acuerdos en las instituciones”.

El especialista recalcó que si existe ese reconocimiento y la voluntad de pactar la polarización es algo normal y llevadera. En cambio, si todos ven a la política como la suma de ceros (yo me llevo todo y el otro nada) se destada lo que actualmente sucede en Ecuador, Venezuela y en Bolivia.

Facebook responde a las críticas

Facebook es la red social más grande del planeta y en Ecuador no es la excepción. En el país tiene 13,8 millones de cuentas activas.  Estos números la convieten en el blanco más grande para las críticas por la vulnerabilidad de la seguridad de sus usuarios y las consecuencias de su expansión.

“Los algoritmos y el aprendizaje automático mejoran nuestros servicios. Por ejemplo, en Facebook los usamos para mostrar contenido que es más relevante en lo que las personas están interesadas, ya sean publicaciones de amigos o anuncios”, sostuvo en un comunicado público.

Además, recalcó que no comercializa la  información de las personas. Y mantiene políticas que prohíben el envío datos confidenciales sobre las personas, por ejemplo sobre la salud de los usuarios o números de seguro social.

“La polarización y el populismo existen desde mucho antes del auge de las redes sociales. Sin embargo, hay intolerancia, porlarización, racismo, xenofobia, que buscamos frenar”.

La mayoría del contenido que la gente ve en Facebook no es polarizante ni político, es contenido cotidiano de amigos y familia. Si bien algunas publicaciones de fuentes de noticias más polarizadoras reciben mucha interacciones, me gusta o comentarios, este contenido es un pequeño porcentaje de lo que la mayoría de la gente ve en Facebook.

 

 

Erika Andrade cree que el primer paso para salir de la burbuja virtual es entender que no existe una verdad absoluta ni única. “La vida no es blanco o negro, hay contrastes. Lo que para mí puede ser una verdad, para mi vecino no lo es”.

La especialista dice que es necesario volver a debatir y reflexionar, aunque nos disguste. Esta es una tarea para lpara tener un encuentro entre los bandos.

Para la terapista de familia Belizabeth Montilla, en el círculo familiar también hay que  luchar contra la dependencia de las redes sociales. “El teléfono celular se convirtió en un disipador de la atención familiar”.

Por eso, recomienda que las reglas en el hogar sean claras y consensuadas. Por ejemplo, recomienda que no se permita a los menores de 13 años tener un perfil virtual. Que luego, los padres acompañen a sus hijos adolescentes en la apertura de cuentas, que un simbolismo de una nueva etapa de vida.

En sus terapias le ha dado resultado que los padres se involucren en esta actividad, porque a muchos chicos no les interesó tener una cuenta en una red social para no tener en sus espaldas vigilancia de sus mayores. “Obviamente son un grupo pequeño, pero también es la oportunidad”.

Es fundamental que los padres se involucren en el manejo de las redes de sus hijos, para precautelar su cuidado personal, promover espacios comunes, evitar el aislamiento, pero sobretodo sugiere que los adultos también regulen uso de los dispositivos y redes sociales. “Hay que hablar con el ejemplo. Mientras más me conecto a mi celular, menos atención doy a mi entorno familiar”.

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