Internautas: ¿consumidores o productos?

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Facebook,  Instagram, Twitter, Youtube y otras plataformas saben más de ti de lo que te imaginas. Por las interacciones en redes se genera muchísima información de los usuarios, que en varios casos ha sido empleada para buscar más ganancias para los anunciantes. El documental “The Social Dilemma” nos muestra una mirada multidimencional de este fenómeno. Cuenta la experiencia de ex directivos de esas empresas, especialistas y académicos, quienes denuncian que las redes están perfilando un comportamiento individual y colectivo, en sociedades cada vez más polarizadas e intolerantes.

Redacción Código Vidrio

En el mundo virtual, Facebook,  Instagram, Twitter o Youtube  saben más de ti de lo que te imaginas. Los algoritmos que mueven a esas redes sociales y a las plataformas de contenidos, como Netflix, están configurados, no solo para conectarnos y ser canales de difusión, sino también para recopilar información de cada uno de nosotros, conocer nuestras costumbres, gustos, deseos más ocultos, necesidades y carencias.

Si bien su intención esencial es brindar una experiencia más cercana a cada persona que tiene en un click el contenido que le interesa de amigos y anuncios. Sin embargo, este beneficio es cuestionado porque es vulnerable y ha conseguido, en ciertos casos, moldear la conducta individual y las interacciones sociales de los internautas.

El documental The Social Dilemma pone el dedo en la llaga:  nos muestra una mirada multidimensional de este fenómeno. En resumen cuenta la experiencia de exdirectivos y  extrabajadores de esas empresas y académicos, quienes denuncian que las redes están perfilando el comportamiento individual y colectivo en sociedades cada vez más atrapadas y dependientes. Con un factor más preocupante sobre la dependencia acelerada, sobre todo de adolescentes y jóvenes, de todo el planeta, aunque el estudio s enfoca en Estados Unidos.

Tres problemas fueron detectados: un síndrome de dependencia de los usuarios, que supuestamente están súper informados y conectados con el mundo, pero que han creado una burbuja donde solo aceptan lo que les gusta y atacan al que piense distinto.  Según los creadores del documental, esta tendencia  decantó en una sociedad más polarizada, conflictiva y peligrosa para la democracia.

Otro peligro latente es que los creadores de información falsa, especialmente política, continuamente tratan de burlar todo el sistema de seguridad de Facebook para impulsar campañas de desprestigio y apoyo para determinados personajes.

¿Una involución en la comunicación personal?

Ecuador no está alejado a esta realidad. Nuestro país tiene 13 millones de personas conectadas a las redes sociales, según el estudio de la empresa Mentino, de enero de este año. De ellas, el 33% de está en Quito y Guayaquil. La mayoría, con un 63%, tiene más de 24 años.

El 92% de usuarios en redes sociales ingresa e interactúa a través de sus dispositivos móviles. Las redes preferidas son Facebook, con 12 millones de cuentas activas; le sigue Instagram, que superó los cuatro millones; luego Linkelind, con 2,5 millones; Tik Tok, con 1,4 millones y Twitter con 900.000.

Los psicólogos Belizabeth Montilla y  Santiago Vinelli coinciden en que los adolescentes y los jóvenes reciben el mayor impacto de las redes. “Mientras más likes tienes más popular eres”, dijo Vinelli.

Ella compara la formación de la personalidad de los jóvenes con la construcción de un edificio. “Estamos hablando de un proceso de acuerdo al entorno social que se desarrolla (familiar, colegial, personal). Todos los ejes van a sumar para que la personalidad se vaya cimentando de una forma correcta o incorrecta”.

El peligro aparece cuando existen vacíos en esos entornos y los jóvenes asumen conductas distorsionadas, como el consumismo, adicciones, sexualización, discriminación, incitación al suicidio, al placer, a poner en riesgo su integridad a cambio de ser más popular en las redes sociales. También incidir en su comportamiento frente a la sociedad y en la vida política nacional.

Para Montilla, sí aparecen cambios conductuales, aunque aún se debe investigar más a fondo este fenómeno. “Hoy es más común que se terminen relaciones personales por redes sociales que en persona. El bloqueo es un sinónimo de ya no va más”.

Ella es terapeuta de familias y sostiene que las redes están cambiando la forma de comunicación en el hogar. “Hoy vivimos una involución en la comunicación. Regresamos a las sesiones para enseñarles a las parejas que dejen de interpretar, que dejen de asumir y empiecen a conversar”.

Para la especialista, ninguna persona menor a los 13 años debería tener una red social. Luego de esa edad, lo más aconsejable es que los padres acompañen a sus hijos a la creación de sus cuentas personales, monitoreen sus actividades y no pasen más de dos horas diarias en el uso de esta tecnología.

“No podemos satanizar a las redes sociales, debemos saber usarlas. En este tiempo de pandemia se convirtieron en un vínculo afectivo y de comunicación. Pero no podemos perder la libertad frente a ellas”.

 

Las redes sociales están mermando el sentimiento de exploración, de investigación entre las personas, según Vinelli. Para él, se recibe información resumida, mucha veces banal y que fue colocada en la red para obtener una determinada respuesta.

“Internet ha generado una función para  encontrar fácilmente información resumida, para  escuchar y ver lo que creen necesitan, pero eso está afectado nuestras capacidades”, recalcó el psicólogo y docente.

Ese momento es aprovechado para la divulgación de información falsa. Para el especialista uno de los principales actores de esta propagación son los adultos mayores. Hace esta reflexión desde su experiencia en los grupos de vecinos, donde la mayoría de mensajes de remedios milagrosos para el Covid-19 llegan desde ese sector.

Él piensa que la difusión de estos mensajes nació desde una costumbre arraigada en la población, con las “cadenas” que antes eran por carta, luego por correo, pero que a través de las redes potencian su difusión.

5.000 millones de multa

Facebook, el gigante de las redes sociales, se comprometió en abril de este año a pagar una multa de 5.000 millones de dólares y a modificar su sistema para proteger la información de sus seguidores.

La sanción la impuso la Comisión Federal del Comercio de Estados Unidos, luego de verificar que la consultora inglesa Cambridge Analytica aprovechó los algoritmos de Facebook para recopilar datos y fabricar perfiles psicológicos de los votantes para las elecciones que, en 2016, llevaron a Donald Trump a la presidencia.

 

 

La Comisión recalcó que se “rompió” la ley cuando se permitió que terceros usaran esa información sin el permiso de los usuarios. Además, de la multa y la promesa de mejorar el sistema, la sanción incluye también al resto de redes del conglomerado de Mark Zuckerberg: Whatssap, Instagram y Facebook Messenger.

La compañía aseguró que ha modificado su sistema para dar más seguridad a sus seguidores, precautelar su bienestar mental y frenar la divulgación de noticias falsas. En un comunicado de la  compañía se destacó que desde el 2018 prioriza las interacciones sociales, en lugar de los videos virales, por ejemplo.

Esto, según la compañía, provocó una disminución de 50 millones de horas diarias en el tiempo que dedican las personas a la red social.

Además, dijo que ha emprendido junto con expertos en salud mental, organizaciones y académicos, una investigación para investigar el impacto que las redes sociales tienen en el bienestar de las personas.

“Queremos que las personas controlen cómo usan nuestros productos, por eso proporcionamos herramientas de gestión del tiempo como un panel de actividades, un diario recordatorio y formas de limitar las notificaciones”.

Michel Protti, director de privacidad de Facebook, explicó que se acordó a ejecutar cambios radicales en su forma de trabajar, en la creación de nuevos productos y tecnologías y cómo manejan la información de las personas.

 

El sistema de reconocimientos y valoraciones, de autoestima, está moldeado fuertemente desde las redes sociales, especialmente entre los niños, jóvenes y adolescentes.

 

La intención de la compañía es pensar en la seguridad permanente y horizontalmente. Se inicia desde que un nuevo trabajador se incorpora a su equipo y converge en los más altos ejecutivos. “Hemos cambiado el proceso mediante el cual incorporamos a cada nuevo empleado en Facebook para asegurarnos de que piensen en su función a través de una lente de privacidad, diseñen teniendo en cuenta la privacidad desde el principio y trabajen de manera proactiva para identificar posibles riesgos de privacidad para que se puedan implementar mitigaciones. Todos los empleados nuevos y existentes deben completar una capacitación anual sobre privacidad”.

Estas acciones están vigiladas desde un comité que conforman los más altos ejecutivos de la empresa y directores independientes. Ellos evaluarán trimestralmente los cambios y presentarán un informe anual ante la Comisión Federal de Comercio de EE.UU. sobre la seguridad de los usuarios de Facebook.

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