El fraude millonario de la chatarra de Progen desnuda la fiscalización a la carta en la Asamblea     

Nuevos documentos y un audio de la exministra Inés Manzano revelados en el fraude de los generadores chatarra vendidos por Progen, así como las actuaciones sesgadas de fiscalización en la Asamblea, controlada por el oficialismo, evidenciarían coordinaciones entre el Legislativo y el Ejecutivo para que no prosperen investigaciones de casos de corrupción. Por su lado, el ministro Roberto Luque marcó distancia. Aseguró que no tuvo ninguna participación en la etapa precontractual y contractual de los equipos ni contacto alguno para favorecer a la empresa estadounidense, mientras estuvo a cargo del Ministerio entre abril y julio de 2024. Dijo que se limitó a elaborar el plan de acción que debían seguir las autoridades de CELEC para las contrataciones y a visitar en EE.UU. posibles empresas interesadas en proveer energía.  

Redacción Codigo Vidrio

“Irán presos los culpables, no los que la oposición quiere culpar”, dijo el presidente Daniel Noboa el pasado 21 de mayo, sobre la estafa de los generadores eléctricos de Progen. Hasta ese momento, la Fiscalía pidió la vinculación de 21 personas que considera como parte de la trama por el delito de peculado, en la que el gobierno descartó de plano cualquier participación corporativa, minimizando las irregularidades y presunta corrupción que se conocieron por denuncias de la prensa.

Los últimos días se han difundido nuevos documentos, videos que alertaban sobre equipos chatarra, y un audio que comprometería a la exministra Inés Manzano, quien enfrenta un nuevo proceso de juicio político en la Asamblea, socavada por denuncias de una fiscalización selectiva y sesgada del partido de gobierno, que ha tratado a toda costa de ocultar sus trapos sucios, según legisladores de la oposición y analistas.

La exministra de Energía, Inés Manzano, enfrenta un nuevo proceso de enjuiciamiento político en la Asamblea. Foto de archivo

El caso Progen sería precisamente el ejemplo del sesgo en el control político por parte de la Asamblea, con mayoría oficialista. En diciembre de 2025, la Comisión de Transparencia, liderada por la legisladora de ADN, Diana Jácome, presentó un informe que no estableció responsabilidades políticas de la exministra Inés Manzano, tras seis meses de investigación. La conclusión fue que le correspondía a Fiscalía y Contraloría determinar responsabilidades. La oposición calificó ese resultado como un “lavado de manos” respecto al incumplimiento de funciones por irregularidades en contratos eléctricos de la hoy exfuncionaria.

Esa mecha volvió a encenderse este último martes 2 de junio. Ese día Ecuavisa reveló un audio y un correo electrónico. En el audio la exmnistra de Energía, Inés Manzano, le dice a Fabián Calero, entonces gerente de Celec, quien firmó los contratos con Progen, que habló con la legisladora Diana Jácome para ejecutar una “movida” y evitar que prospere el primer pedido de juicio político en su contra, que el correísmo trataba de impulsar en julio de 2025 en el Legislativo.

En la grabación, difundida en el noticiero Contacto Directo, la exfuncionaria le instruye a Calero, uno de los principales implicados en el caso Apagón (Progen) , que debía ser “escueto” en sus declaraciones y que “no vaya a ahondar más en el problema”. El audio habría sido enviado días antes de su comparecencia a la Comisión de Transparencia.

Fabián Calero, quien como gerente de Celec firmó los contratos con Progen, acudió a la Comisión de Transparencia para explicar el proceso de contratación. Foto de archivo

También se difundió un chat entre Manzano y el CEO de Progen, John Manning, en el cual ella negocia los tiempos de entrega de los generadores y la firma de modificaciones en el contrato.

Contactamos a la exministra Manzano a su celular, pero ante nuestro pedido de un pronunciamiento no dio ninguna erspuesta.

Quien sí se pronunció sobre el supuesto acuerdo para que la fiscalización no prosperará fue la legisladora Jácome. En rueda de prensa ella rechazó cualquier acuerdo de encubrimiento con Manzano.

Aseguró que no existía ningún audio suyo, o mensaje de texto en el que se establezca una coordinación o se revele su participación en tratar de cubrir o hacer algo incorrecto. “El audio alude a una responsabilidad que a mí no me corresponde”, afirmó.

Llamó «delincuentes» a los opositores y los emplazó a recordar lo que hicieron durante diez años: “Tuvieron un contralor que hoy la justicia de Estados Unidos lo tiene tras las rejas, mientras ustedes lo alababan porque él cubría todos sus actos de corrupción, salvaron a Wilman Terán, fiscales, ministros, asambleístas prófugos”, dijo.

Este medio pidió una entrevista con Jácome, pero no respondió nuestra solicitud.

⇒Lo cierto es que la fiscalización ha sido una de las principales falencias de la Asamblea en lo que va de su período 2025-2029. En fiscalización, el primer año de gestión se presentaron 7 pedidos de juicio político, pero 5 de ellos fueron archivados antes de su debate en el Pleno. Además, se registraron 5866 pedidos de información, aunque cerca del 20% sigue sin respuesta por parte de las entidades requeridas⇐

Es claro que no ha existido un actuación firme del Legislativo en el caso denominado “Progen” o por el desabastecimiento en los hospitales, según un informe sobre la gestión legislativa de la Fundación Ciudadanía y Desarrollo (FCD).

Para Mauricio Alarcón, director de FCD, más allá de mayorías, la Asamblea Nacional no debe perder de vista que representa al país, no a una organización política. El tener una mayoría no puede ni debe ser la razón para dejar en impunidad política cosas y casos que saltan a la vista y están permanentemente en la opinión pública. «Lo que estamos viendo ahora es más de lo mismo, más de aquello que ya vivimos en una época específica – período 2013 – 2017».

«Hablábamos entonces de una Comisión de Archivo y de impunidad. No es necesario hablar en los mismos términos ahora? La fiscalización jamás debe ser simplemente un arma para proteger a los tuyos y perseguir a los otros, llegando incluso al absurdo de querer fiscalizar a gobiernos locales opositores, sin tener siquiera competencia para ello».

Informe de la Fundación Ciudadanía y Desarrollo

La legisladora Diana Jácome dirige la Comisión de Transparencia. Foto de archivo

Luque trazó el Plan de Acción 

En mayo pasado, Roberto Luque, explicó en un comunicado que no tuvo ninguna participación en la parte precontractual o contractual de la empresa Progen, mientras estuvo encargado del Ministerio de Energía, entre el 16 de abril y el 2 de julio de 2024, para enfrentar la primera etapa de la crisis por los apagones. Ayer, 3 de junio, en una entrevista en el programa ‘A Primera Hora’, de radio Sonorama, reiteró que Progen es una empresa corrupta, cuyos directivos están enjuiciados en Ecuador y Estados Unidos por pedido del gobierno.

Destacó que su papel se limitó a elaborar un Plan de Acción urgente, en medio de los apagones por la crisis del sistema energético a causa de la severa sequía que sufrió el país en 2024. Lo primero que hizo al llegar a ese puesto -dijo- fue firmar un acuerdo ministerial para declarar la emergencia eléctrica para agilitar las contrataciones que estarían a cargo de Celec, que es una entidad autónoma.

Recalcó que el Ministerio es como un “director técnico” que emite el plan de acción o la estrategia, pero las empresas públicas y sus autoridades ejecutan las acciones, que en este caso fueron las contrataciones de las empresas.

En mayo, Luque viajó a Estados Unidos y Costa Rica, «para levantar información sobre posibles proveedores». Después de ese recorrido el gobierno recibió unas 30 propuestas de empresas interesadas en la provisión de equipos, que luego fueron conocidas y estudiadas por las autoridades y técnicos de Celec. Ellos eran los responsables -según Luque- de evaluar las propuestas, supervisar los equipos que se ofertaban, elaborar los términos de referencia, y dar paso a las etapas precontractuales, con las verificaciones correspondientes de su funcionamiento, antes de formalizar las contrataciones y los pagos de anticipos, que llegaron al 70%. En este contexto, la visita que hizo como Ministro a las instalaciones de Progen en Florida no implicó ningún compromiso ni acuerdo, recalcó al tiempo de admitir que fue un desplazamiento atípico que se explica en el contexto de una situación crítica.

Recordó que el gobierno puso denuncias en Ecuador y Estados Unidos bajo la Ley RICO. De hecho, reveló que los abogados contratados ya han conseguido que la ruta del dinero recibido por Progen sea pública.

En EE.UU. hay cinco compañías más implicadas en el caso, entre las cuales hubo una a la que Progen compró los motores viejos, otra donde mandaron a pintarlos y una tercera que se encargó del ensamblaje.

Roberto Luque es el actual Ministro de Infraestructura y Transporte y Sociedad de la Información. Estuvo a cargo de Energía tres meses, durante la primera etapa de la crisis energética por la sequía en 2024. Foto de archivo

El 23 de abril Celec presentó la demanda ampliada ante un tribunal estadounidense contra 11 empresas y tres personas: John y Wade Manning, y Andrew Williamson, dueños de Progen. Según la denuncia, acusan a empresa de “invitar y recibir a funcionarios del gobierno ecuatoriano en la supuesta ‘fábrica’ de Progen, en Tampa, en mayo de 2024 (viaje al que fue Luque), donde Progen declaró falsamente que había fabricado nuevos generadores eléctricos”, entre otras acusaciones, como la entrega de informes dolosos.


El perjuicio económico directo al Estado por los contratos con Progen supera los 100 millones de dólares, sobre un contrato global de 149 millones. La empresa no entregó los generadores operativos prometidos, sino usados, inservibles.


El Gobierno declara la emergencia

La historia de este fiasco empezó en abril de 2024, cuando Noboa declaró la emergencia eléctrica por un verano que afectaría las hidroeléctricas en los siguientes meses y la falta de mantenimiento de las termoeléctricas. En ese escenario aterrizó la empresa norteamericana Progen, que firmó dos contratos para las termoeléctricas de Salitral, por 99,4 millones de dólares, y Quevedo, por cerca de 49,7 millones. Tras pericias en Estados Unidos, por parte de una demanda de Ecuador ante la justicia norteamericana, hoy se sabe que 21 de 29 generadores que debían ser entregados en Salitral, Progen los compró a otra empresa a 425 mil dólares cada uno, los pintó y los vendió a Ecuador a un valor casi 10 veces mayor.

Otro contrato por 20 millones se lo llevó Progen para la central de Catamayo, Loja. Y otros 90 millones se lo adjudicó la compañía uruguaya Austral para la termoeléctrica Esmeraldas. Todos fueron un fracaso. A pesar de que la prensa empezó a cuestionar los contratos a finales de 2024 cuando ya se había incumplido ciertos plazos para la puesta en marcha de los equipos en Ecuador, el gobierno los defendía y garantizaba que pondrían a funcionar los generadores.

En julio de 2025, la Fiscalía hizo varios allanamientos y lo bautizó como “Caso Apagón”, pero solo investiga los contratos de Salitral y Quevedo. Fueron 104 millones de dólares entregados a Progen sin que se generara un solo megavatio. Ese dinero fue el anticipo del 70 por ciento de los contratos.

Instalaciones de la empresa Progen en Florida, Estados Unidos, que hoy enfrenta demandas por peculado en ese país y Ecuador. Foto archivo

Fiscalía puso en la mira al exministro de Energía, Antonio Goncalves, y a Fabián Calero, ex gerente de la Corporación Eléctrica del Ecuador (Celec), dos exfuncionarios a los que el oficialismo abandonó a su suerte porque estuvieron al frente de la crisis durante las etapas precontractuales y contractuales.

No obstante, la justicia no vinculó, por falta de evidencias, a los ministros Roberto Luque, quien estuvo encargado cuatro meses del Ministerio cuando se declaró la emergencia del sector eléctrico por los prolongados apagones del 2024, ni a la exministra Inés Manzano, que estuvo en Energía cuando debían entregarse los generadores. La defensa de ambos es que en sus administraciones no se firmaron los contratos con las empresas para proveer los equipos generadores de energía.

Las alertas al viento

Uno de los involucrados en el Caso Apagón es Byron Orozco, gerente de Termopichincha, quien firmó el contrato con Progen. Su defensa dice que hay mandos superiores que tienen responsabilidad y no están vinculados. Según su argumento, el 27 de junio de 2024 Orozco pidió a la Secretaría de Integridad Pública que se organice una veeduría para la licitación de los contratos de Salitral y Quevedo, teniendo en cuenta que ya había alertas del contrato de Progen en Catamayo. La Secretaría, a cargo de José Julio Neira, respondió que no tenía las competencias.

Pero una de las alertas que más llaman la atención es la advertencia de Abraham Zambrano, gerente de la Empresa Resource Power Group. Un asambleísta le requirió información el 22 de junio de 2024 y Zambrano, desde México, respondió que su empresa era la única representante de generadores EMD para Ecuador, y no Progen. Incluso señaló que los últimos motores EMD fueron construidos en 2015, cuando Progen ofertaba modelos 2023. Para ese entonces, Progen ya había firmado el contrato para la termoeléctrica Catamayo, y a nadie le importó o nadie quiso ver las alertas.

Tanto en el contrato de Catamayo, como Salitral y Quevedo, la Contraloría halló numerosas inconsistencias, entre ellas, que los generadores no eran nuevos, que no tenían las condiciones técnicas para acoplarse a la red eléctrica de Ecuador, a más de otras irregularidades en los procesos de contratación. Pero, ¿nadie constató el estado de los generadores?

Funcionarios de Celec inspeccionan los equipos que llegaron a Ecuador. Todos eran usados, inservibles, y nunca operaron. Foto de archivo

Técnicos alertaron fallas y denunciaron amenazas

La Fiscalía acusa a los técnicos de Celec por la estafa de Progen, pero a finales de mayo de 2026 se filtró un video en el que un grupo de técnicos de la entidad estatal alertó sobre irregularidades en los equipos que se planeaba adquirir.

“No es lo que nosotros alguna vez recomendamos”, mencionaron tres hombres identificados como Nelson Castro, Celso Sánchez y Paúl Flores, quienes viajaron a las instalaciones de la empresa estadounidense el 19 de septiembre de 2024 para verificar los artículos. Además, los técnicos recalcaron que los equipos “no sirven” y que recibieron amenazas de muerte. “Nos da miedo por nuestras vidas e integridad”, manifestaron.

Sin embargo, ese video no forma parte de la investigación de la Fiscalía e incluso esos tres técnicos recibieron prisión preventiva por el presunto delito de peculado tras la audiencia de formulación de cargos contra 21 personas.

Por su parte, el Ministerio Público indicó que posee 150 elementos de convicción que sustentan la acusación y confirmó que el material audiovisual no está dentro del expediente ni constituye un elemento de convicción. ¿Por qué? Nadie ha podido explicarlo. Las defensas de los técnicos dicen que se quiere proteger a los altos mandos y cargarles la responsabilidad del fraude a ellos.

La Batalla de Pichincha fue el nudo de la campaña libertaria liderada por Sucre, que se apretó en Guayaquil y se desató en Perú

Pese a que la Batalla de Pichincha fue crucial para sellar la independencia, el general Antonio José de Sucre debió liderar  los meses siguientes duros combates con fuerzas rebeldes, todavía leales a España, especialmente en Pasto, Colombia, y en Perú, que el libertador San Martín no pudo someter, tras lo cual dimitió ante el Congreso, encomendando el cierre del capítulo final de  las luchas contra las fuerzas realistas a Simón Bolívar. Pese a que las condiciones eran adversas, Bolívar no dio su brazo a torcer y avanzó confiando plenamente en Sucre. El Mariscal no lo defraudó: su liderazgo ejemplar amalgamó las tropas libertarias que eran multinacionales y multirraciales. Estaban integradas por mestizos,  afrodescendientes, indígenas, criollos y europeos, especialmente británicos.     

Por Galo Cruz, coronel (SP) del Ejército y académico

Luego del difuso éxito en el combate de Bomboná (abril 1822) y de la decisiva victoria en la batalla de Pichincha (mayo 1822), la guerra por la independencia suramericana cambiaba favorablemente para las fuerzas independentistas. Simón Bolívar, después del triunfo de Pichincha, y previo a la reunión con José de San Martín, se dirigió inmediatamente a Guayaquil, ciudad a la que entró el 11 de julio, con aproximadamente 1.500 efectivos, con el propósito de convencer a la población para que se incorporen a Colombia.

El 26 de julio de 1822 se reunieron en Guayaquil los dos líderes de la Independencia suramericana, el libertador Simón Bolívar y el Protector José de San Martín. Después de esta entrevista reservada, la situación estratégica cambió radicalmente en la región; el Protector salió de la escena y el Libertador asumió el liderazgo de la guerra.

El libertador de las repúblicas del sur, San Martín, dimitió en septiembre del 2022 y le comunicó su decisión a Bolívar, en una carta firmada desde Lima: “He convocado al Congreso para presentar ante él mi renuncia y retirrame a la vida privada con la satisfacción de haber puesto a la causa de la libertad toda la honradez de mi espíritu y la convicción de mi patriotismo. Dios, los hombres y la historia juzgarán mis actos públicos”.

Encuentro de José de San Martín y Simón Bolívar en Guayaquil. Pintura: Archivo Histórico Riva-Agüero, Lima.

Los teatros de Guerra

Luego de la batalla de Pichincha, en la guerra de Independencia se identificaron dos teatros de guerra: el Teatro de Guerra del “Perú – Pacífico” y el Teatro “Atlántico – Caribeño” (Maita, 2022). En el primero actuaban las fuerzas de Colombia, Chile y del Río de la Plata, con el objetivo principal de apoyar a la campaña del Perú. En el Teatro “Atlántico – Caribeño”, en cambio, la actuación de la escuadra española extendió el conflicto, toda vez que sus fuerzas mantenían una presencia importante en esos territorios, promovieron rebeliones, especialmente en Puerto Cabello y Maracaibo. Esta última ciudad fue la base de operaciones del general español Francisco Tomás Morales. Con la caída de estos dos últimos bastiones españoles del norte, cambió el escenario de la guerra.

En el Teatro de Guerra Perú-Pacífico Sur, en el Perú de 1823 regían dos gobiernos: una República con sede en Lima y que dominaba el norte y el Virreinato que, con el virrey La Serna, tenía su capital en el Cuzco y en el que regía la Constitución de Cádiz de 1812 y los principios del Trienio Liberal español.

A comienzos de 1823, los resultados de las operaciones militares eran favorables para el Ejército Real del Perú; en cambio, la situación política peruana era afectada por las disputas por el poder central y la excesiva ambición de sus caudillos, lo que generaba un ambiente de polarización político-social. La primera Junta Gubernativa del Perú fue cesada en febrero, por un pronunciamiento militar y el Congreso peruano designó el 28 de febrero a José de la Riva– Agüero como primer presidente.

Para Simón Bolívar, la situación del Perú era muy crítica, ya que si las fuerzas realistas tomaban Lima y el Callao, era probable que la mayor parte de la población apoyara a la monarquía y desde el puerto y base del Callao afectaran a Colombia, convirtiendo al distrito del Sur en el teatro de guerra principal.

Los preparativos para la campaña armada del Perú fueron rápidos y demandaron importantes recursos. “Así fue como los departamentos de Ecuador, Azuay y Guayaquil, hicieron en aquellas circunstancias grandes y dolorosos sacrificios, […] El más rico por su comercio y producciones agrícolas, el de Guayaquil, proporcionó al Libertador un empréstito de cien mil pesos para hacer frente a los gastos; los otros dos contribuyeron con igual suma, fuera de los víveres y vestuarios que dieran, según archivos históricos de 1858.

Los teatros de Guerra en Suramérica en 1823 Fuentes: Cruz, (2023), adaptado de Lynch (2009) y Maita (2022).

El 14 de abril de 1823 el general Sucre partió hacia Perú para hacerse cargo de las tropas colombianas, que encontró en un estado deplorable. A mediados de junio de 1823, el gobierno peruano dispuso la evacuación de su capital Lima. El general español José de Canterac, ocupaba Lima el 18 de junio, mientras que Sucre, como comandante del Ejército Unido, se retiraba al Callao.

En el Ejército Real del Perú, bajo la autoridad del virrey José de la Serna, las fuerzas militares estaban divididas en dos bandos: los que eran favorables a la Constitución de Cádiz y quienes eran seguidores de Fernando VII y que se agrupaban en torno al general Pedro de Olañeta, quien desconoció la autoridad del virrey.

Habitantes de Pasto enfrentan a fuerzas libertarias

Mientras tanto, en el norte del actual territorio ecuatoriano las fuerzas libertarias enfrentaban a la oposición de Pasto, cuyos habitantes no aceptaban la separación de España, manifestando su aversión hacia Bogotá y Quito. A finales de 1822, en la región de Pasto sucedió un importante levantamiento liderado por el teniente coronel español Benito Boves, quien proclamó su lealtad al rey Fernando VII. Esta insurrección incidía en la campaña para la resolución de la guerra de la independencia. Comprometía las líneas de comunicaciones con Bogotá y representaba un seguro efecto multiplicador para quienes se oponían a la causa libertaria.

El Libertador, desde Quito, envió a pacificar Pasto al general Sucre, con el batallón Rifles y los escuadrones Guías, Dragones de la Guardia y Cazadores montados, a las que posteriormente, se sumó el batallón Bogotá. Las fuerzas pastusas fueron derrotadas y cuando Sucre entró en Pasto, sus habitantes habían huido hacia las montañas. La venganza fue inmediata y Pasto fue saqueada por las tropas de Sucre. Posteriormente, con la llegada de Bolívar en enero de 1823, las imposiciones fueron drásticas: “Bolívar impuso a los pueblos rebeldes del cantón una contribución forzada de treinta mil pesos (…). Hizo que se reclutaran todos los hombres hábiles para las armas y a los más inquietos que sean llevados en calidad de presos. Mandó a confiscar los bienes de todos aquellos que participaron en la rebelión o que no se habían presentado a Sucre en seis días (…). Casi todas las propiedades de los pastusos eran confiscadas y se mandaron a repartir entre los militares de la república. El castigo de los habitantes de Pasto dejó en sus corazones el resentimiento más profundo y duradero”, relató el historiador Restrepo en 1858.

Este antecedente es importante para tomar en cuenta lo que ocurrió ocho años más tarde, en 1830, cuando Sucre fue asesinado, en Berruecos. Esa zona queda 70 kilómetros al norte de Pasto, capital del departamento de Nariño. Cuando ocurrió el magnicidio los habitantes de esa región eran hostiles con las fuerzas que los reprimieron y en especial con quien las comandó.

Victoria pastusa a las fuerzas de Flores

Sin embargo, para el 12 de junio 1823, Agustín Agualongo, al frente de algunas partidas campesinas, se enfrentó a las fuerzas del coronel Juan José Flores, que tenía 600 hombres, la mayoría reclutas. La victoria pastusa fue impensada y contundente. Agualongo entró en Pasto y se proclamó comandante general a nombre de la monarquía española. Inmediatamente organizó sus fuerzas y avanzó al sur del río Guáitara, aumentando sus tropas insurrectas hasta 1.200 hombres. Además, cursaba comunicaciones a los otavaleños, para conseguir su apoyo.

Así era la difícil topografía de Pasto en el siglo XIX. Puente sobre el río Mayo. Dibujo de Riou Acevedo, de 1968.

El 21 de junio el Libertador escribía al general Sucre sobre la difícil situación en el norte de Quito, explicándole que las fuerzas de Flores fueron derrotadas y que entre Quito y Pasto solo había disponibles 150 soldados. Las comunicaciones con Bogotá fueron cortadas y, además, había sublevaciones en Barbacoas y Esmeraldas. Ante esto, Bolívar resolvió no enviar refuerzos urgentes al Perú.

El 17 y 18 de julio, el ejército conducido por Simón Bolívar derrotó a las fuerzas de Agualongo en la batalla de Ibarra. Sin embargo, todavía no se lograría pacificar la región de Pasto. Recién en 1824, con el fusilamiento de Agualongo, se disiparon los temores de una nueva rebelión pastusa.

La victoria de las fuerzas del Libertador en Ibarra, consolidó los resultados de la Batalla de Pichincha y se libró a Quito de un probable saqueo; se abrió nuevamente las comunicaciones con Bogotá, concentrándose en la decisión de la campaña libertaria en el Perú. Bolívar, luego del triunfo, retornó presurosamente a Quito el 31 de julio y partió a Guayaquil. El 7 de agosto, por pedido del Congreso peruano, salía al Callao, para dirigir personalmente la campaña en el Perú. A su llegada, el 1 de septiembre, fue recibido por el presidente de Tagle y nombrado como autoridad suprema del Perú.

De Pichincha a Ayacucho se selló la independencia

1823 constituyó un puente entre la batalla de Pichincha de 1822, que desarticuló la presencia realista en el actual territorio ecuatoriano, cambiando el escenario de guerra por la independencia suramericana y la conclusión estratégica de diciembre de 1824, en la batalla de Ayacucho, en que se culminó exitosamente la guerra.

En el teatro de guerra “Perú – Pacífico Sur”, 1823 fue un año difícil para la guerra libertaria ya que la situación inestable y adversa, tanto en Pasto como en el Perú, puso en riesgo la campaña.

En el escenario de guerra “Atlántico-Caribeño”, 1823 fue un período favorable. Las victorias en Maracaibo y Puerto Cabello significaron la derrota de las tropas realistas en el norte suramericano, con lo que mejoraron las capacidades estratégicas y operativas para decidir la guerra.

Este 1823 fue particularmente difícil para los pueblos del Sur: Quito, Azuay y Guayaquil, ya que soportaron el paso de los ejércitos libertarios hacia el Perú. Esto aumentó la pobreza y provocó importantes e inmediatos efectos sociales y económicos.

Así, los logros militares de la guerra por la independencia suramericana daban paso a la constitución de las nuevas repúblicas en un período de asfixiante caudillismo, dejando abierto un espacio de peligrosa conflictividad futura.

En Contexto

Los ejércitos independentistas de Bolívar y San Martín eran fuerzas multinacionales y multiétnicas, formadas por criollos, mestizos, indígenas, afrodescendientes y europeos, en su mayoría ingleses. Su número variaba drásticamente, según la campaña, oscilando entre pequeños grupos de élite y ejércitos combinados que superaban los 5.000 hombres. 

  • Simón Bolívar lideró el Ejército Unido Libertador del Perú y las fuerzas de la Gran Colombia. Eran venezolanos, colombianos, ecuatorianos, peruanos, bolivianos y un destacado contingente de voluntarios europeos, principalmente británicos (Legión Británica).
  • Número de soldados. En 1819, al cruzar los Andes hacia Nueva Granada, comandó unos 2.500 hombres.
  • En 1822 para la Batalla de Pichincha, el ejército dirigido por Antonio José de Sucre contó con unos 3.000. hombres.
  • En 1824, para las batallas de Junín y Ayacucho, el ejército unido superaba los 5.700 efectivos. 
  • San Martín organizó el Ejército de los Andes en Argentina y posteriormente conformó el Ejército Unido Libertador del Perú, junto a las fuerzas chilenas. Estaban integrados por argentinos, chilenos, afrodescendientes (libres y esclavos), y oficiales europeos. Para el histórico Cruce de los Andes en 1817, San Martín comandó 5.200 hombres.
  • En 1820, para la Expedición Libertadora al Perú, la fuerza conjunta estuvo integrada por 4.200. combatientes.

La autenticidad de los restos del mariscal Antonio José de Sucre fue confirmada por una junta médica, en el gobierno del general Eloy Alfaro

Los restos del Mariscal estuvieron ocultos entre 1830 y 1900. Tres delegaciones de Bolivia y Venezuela llegaron a Quito, en el siglo XIX, para reclamarlos. Cuando se halló el cofre mortuorio una junta de expertos de la Facultad de Medicina, en el gobierno del general Eloy Alfaro, los analizó para confirmar su autenticidad. El sobrino nieto de uno de los médicos que participó en el examen es el autor de esta nota.

Por José Torres Bucheli
Alianza Código Vidrio-Vistazo

El asesinato de Antonio José de Sucre ocurrió el cuatro de junio de 1830. Recién empezaba el viaje final, que terminó en 1900, con el hallazgo de sus restos mortales. En esta cuarta y última entrega, revelamos cómo se confirmó que las reliquias fueron autentificadas científicamente.

La viuda de Sucre se encargó de que se preservaran. Cuando los restos fueron localizados, un médico ecuatoriano investigó las circunstancias del crimen. El doctor Manuel María Casares integró la comisión de expertos a cargo de la pericia. Él fue mi tío abuelo.

El pensamiento y las acciones distanciarían al mariscal de los líderes militares y políticos de la época. Por esta razón los historiadores concuerdan  en afirmar  que “las cualidades de Sucre prepararon el crimen”. ¡Qué paradoja!

Era evidente que su vida corría peligro. Varias personas leales trataron de disuadirle de que su viaje de retorno hacia Quito debía cambiar de ruta. Viajaba con un grupo pequeño de acompañantes.

La  larga y agotadora travesía, atravesando lo enmarañado de la montaña, obligaba a hacer escalas. Las dos inmediatas fueron los recintos El Salto de Mayo y Venta Quemada. En el primero poseía casa el guerrillero Erazo. Ahí fue una  primera parada de la caravana.

El plan para asesinar a Sucre tuvo como autor intelectual al general José María Obando, comandante general de Pasto. Tuvo dos ayudantes: Erazo y Apolinar Morillo; este último expulsado del ejército venezolano. A su paso por Pasto se entrevistó con Obando, que recibió el plan del crimen. Envió con él una carta a Erazo diciéndole: “Mi estimado Erazo, el dador de ésta le advertirá el negocio importante que es preciso que haga con él. El dirá a la vez todo, manos a la obra, siga todo lo que diga, y usted dirija el golpe”. Erazo aceptó y siguió la orden al pie de la letra, no pudo menos que asegurar hasta el fin su cometido; pues, en su casa de El Salto de Mayo, Sucre se alojó.

Al día siguiente Erazo, siguió a la caravana, y, tomando un atajo, se adelantó a Venta Quemada. Claro que Sucre se sorprendió de encontrarlo nuevamente. Erazo supo disimular, pero el verdadero propósito estaba cumplido; ubicar exactamente la posición del mariscal Sucre e informar a Morillo y otros asesinos. Una vez hecho esto, Erazo regreso junto a Sarria, otro cómplice, al recinto Salto de Mayo para esperar la noticia del asesinato y viajar a Popayán.

El asesinato de Sucre ha sido retratado por varios pintores latinoamericanos. Este cuadro es del colombiano Pedro José Figueroa. Esta firmada y fechada en 1836.

Los asesinos, dirigidos por Morillo, se apostaron en el sitio que los ocultaría. La caravana seguía lentamente, hasta llegar al estrecho sitio llamado Angostura de la Jacoba o del Cabuyal. Los asesinos acordaron llamar al general por su nombre, como en efecto ocurrió. Sonó un tiro; dos o tres más. ¡Ay balazo!, mencionó Sucre y cayó.

La caravana súbitamente se dispersó. Sucre fue asesinado de esta forma el cuatro de junio de 1830. Lorenzo Caicedo, asistente del general, buscó ayuda para sepultarlo.

El crimen en Berruecos generó indignación en Quito

La noticia en Quito causó sorpresa, indignación, temor. Se conoció que la familia coordinó el traslado del cadáver a la Iglesia de San Francisco, al mausoleo de los Solanda, en forma privada sin ningún ritual, sin honores militares.  Se guardó reserva y respeto.

Pasaron los años. Los países libres siguieron el curso de la vida republicana. Comenzaba entonces el furor por otorgar reconocimiento a los héroes en América.

Después de varias décadas no cabía hablar del cadáver de Sucre, lo que quedaría serían los restos.

El gobierno del Ecuador, en 1845, recibió la solicitud de Bolivia para trasladar a ese país los restos de Sucre, considerado el padre fundador de esa patria. La respuesta ecuatoriana fue negativa.

En 1875, Venezuela concluyó el Panteón Nacional en Caracas para honrar a los héroes. Solicitó al gobierno de Ecuador “permiso para exhumar y trasladar a Venezuela los restos del general Antonio José de Sucre”. Se realizó la búsqueda,  pero sin éxito.

En 1894, el sacerdote español Pablo Moreno aseguró haber encontrado los restos de Sucre. En representación de Venezuela llegó un pariente cercano  del general, el presbítero Antonio José de Sucre, quien realizó gestiones controvertidas que incomodaron a los religiosos de San Francisco y a las autoridades ecuatorianas.

Los quiteños se preguntaban: ¿Qué pasó realmente con el cadáver? ¿Por qué se guardaba un secreto al respecto?

Las misiones enviadas por los dos países no habían dado resultado positivo. Quedaba un sentimiento de vacío. Se convirtió en un duelo inconcluso, una deuda impaga. Crecía la nostalgia y un doble tormento: además del magnicidio, la desaparición del cadáver del mariscal.

Mariana Carcelén dispuso que los restos de Sucre fueran trasladados desde la hacienda el Dean, fuera de Quito, al monasterio del Carmen Bajo, hacia 1841, junto con los de su hija Teresita, fallecida en 1833. La abadesa Manuela Valdivieso (pariente de Carcelén) y las monjas del claustro mantuvieron este acontecimiento en secreto hasta 1900. Fotos Código Vidrio

El deseo de Mariana Carcelén fue ocultar el sitio de la sepultura

Mariana Carcelén, marquesa de Solanda, falleció el 15 de diciembre de 1861.  No hizo público el lugar donde sepultó a su esposo.  Entre las personas que presenciaron lo ocurrido, estaban los mayordomos de la hacienda ‘El Deán’. La esposa del mayordomo, anciana y enferma, confió el secreto a una amiga de la familia Solanda, Rosario Rivadeneira. Narró todos los detalles. Bajo el oratorio de la iglesia permaneció hasta que Mariana decidió ponerlo en otro sitio que consideraba seguro. Para entones había fallecido su hija Teresita Sucre, quien estaba enterrada en el mausoleo de los Solanda, en el convento de San Francisco.

Esposa y madre, Mariana Carcelén, decidió sacar el cadáver de su hija y juntarlo con su padre en el mismo cofre mortuorio, para el descanso final. En el fondo de la caja se pondría  una tela de tisú y en un gesto íntimo se envolvieron los restos de ambos con un traje de la marquesa.

En todo esto le ayudaron sus fieles asistentes Isidoro Arauz y su esposa Francisca. Ellos entregaron la caja a Manuela Valdivieso, pariente de los Carcelén y abadesa del monasterio del Carmen Bajo. El misterio fue conservado por las religiosas de clausura, en un gesto de respeto por los despojos mortales de un héroe y de su hija, y para cumplir la voluntad de Mariana Carcelén.

El descubrimiento de los restos del general Antonio José de Sucre ocurrió el 24 de abril de 1900.

Tras confirmarse que se trataba de los restos de Sucre, se realizó un traslado masivo del cofre desde El Carmen Bajo a la Catedral en la plaza de la Independencia, donde reposan actualmente en un mausoleo solemne. Fotos de archivo

Por ese tiempo, los habitantes constituían la segunda generación de nacidos después de la independencia. La referencia común en esa época era: “Mi abuelo pagaba tributos a la corona española; mis padres ya eran ciudadanos que tributaban al pueblo libre del Ecuador”.

En 1900 la ciudad de Quito tenía alrededor de 60.000 habitantes. Las calles eran empedradas.

Rosario Rivadeneira comunicó el secreto a Alejandro Melo, quien lo compartió a César Portilla. Las autoridades, civiles y eclesiales, permitieron el inicio de trabajos en la iglesia del monasterio ubicado en el centro de Quito.

Habían pasado siete décadas del asesinato, dos generaciones de ecuatorianos recordaban los hechos, pero no la versión desde los poderes, sino la versión contada en familia donde la verdad se transparenta.

Un evento sorprendente: los restos de Sucre fueron llevados a la Catedral

Una vez comunicado oficialmente el hallazgo, el presidente de la república, general Eloy Alfaro, llegó al lugar del encuentro, el comulgatorio de la iglesia del Carmen Bajo, con los ministros de estado. Inmediatamente se entregaron las reliquias encontradas a la facultad de Medicina de Quito para realizar el estudio forense con el propósito de verificar su autenticidad.

Alejandro Melo y César Portilla comunicaron en 1900 al gobierno de Eloy Alfaro que los restos del Mariscal estaban en el Carmen Bajo. De inmediato empezaron las excavaciones en el convento.

El siete de mayo de 1900, la facultad de Medicina confirmó que los restos hallados pertenecían al mariscal de Ayacucho.

El gobierno del general Alfaro decretó que el cuatro de junio, aniversario del crimen de Berruecos, el país debía rendir honras fúnebres.

El tres de junio a las cinco de la tarde se inició el traslado desde el convento del Carmen hasta la Catedral metropolitana de Quito para su descanso final.

Se dispuso la formación de comités para la organización del acontecimiento histórico, dando la oportunidad a una participación múltiple, en el desfile mortuorio; con coronas de flores. En las casas se adornaron los balcones, calles y plazas al paso del cortejo. Fue notable el discurso pronunciado por el obispo de Ibarra, monseñor Federico González Suárez.

Las dudas y polémica sobre la autenticidad 

Durante siete décadas se había especulado sobre el paradero de los restos. La noticia del hallazgo tuvo el principal detractor en un eminente cuencano, Alberto Muñoz Vernaza, quien declaró a la prensa su posición.

La facultad de Medicina de Quito designó para responder las inquietudes al experto Manuel María Casares, profesor de medicina, con notable participación durante el estudio forense que identificó los restos.  En los periódicos de la época, ambos personajes mantuvieron discusiones.

Manuel María Casares, a más de su conocimiento sobre el informe médico forense, investigó todo lo relativo al asesinato. Viajó a Pasto, en búsqueda de  los informes concernientes, como el  sumario que Francisco María Lozano, gobernador de Pasto, levantó el cinco de junio de 1830. Además revisó el cuestionado informe de Alejandro Floot, médico que practicó el reconocimiento del cadáver el seis de junio a las cinco de la tarde. Tomó en cuenta testimonios presenciales que se conservaron como el caso de Lorenzo Caicedo, quien era asistente de Sucre. El prolijo estudio analiza el sombrero que llevaba la víctima y que había conservado la familia Solanda, con las rasgaduras de proyectil de arma de fuego que se correspondían con las perforaciones del cráneo.

La documentación médico-forense e histórica sirvió de base para que Casares escribiera y publicara en 1906,  el libro “Los Restos de Sucre”.  Esta obra despejó todas las dudas.

Casares conservó copias manuscritas de los documentos que le sirvieron para su trabajo. Guardó el libro original y fotografías de los restos de Sucre realizadas por el gabinete de Física de la Universidad Central.

La documentación fue archivada en un baúl, con el monograma MMC, y las fotografías en una gaveta de su escritorio. Dichas  pertenencias permanecieron en la hacienda Albán de la familia Casares, ubicada en Tumbaco provincia de Pichincha.

A la muerte del médico Casares, sus hermanas Virginia y Carmen Amelia Casares custodiaron estos documentos.

Un relato en primera persona

Con Carmen Amelia, mi abuela materna, pasaba los veranos en la hacienda Albán.  Fue allí que un día supe que visitarían unos doctores a la abuela. No era fácil en la década de los 50 llegar en transporte al lugar. Alrededor de las diez de la mañana llegaron en “auto de plaza”; estaban con terno y sombrero a la usanza de la época. Dejaron sus tarjetas en la repisa de la entrada e ingresaron a la sala.

Mi presencia no debió molestar (yo era un niño) pues no fui sacado del lugar. Conversaron  animadamente y revisaban la documentación guardada. Me llamó mucho la atención la revisión de unas fotografías que se preservaban en envolturas de tela. Al medio día los doctores se fueron, la abuela guardó todo. Cerró la gaveta y el baúl. Las tarjetas de los visitantes también las puso en el escritorio.

El médico e historiador José Torres, que aparece en la foto junto con su prima María Eulalia Rodríguez, es el sobrino nieto de Manuel María Casares, uno de los doctores quiteños que participó en el examen que verificó la autenticidad de los restos de Sucre. Foto Código Vidrio

Las hijas de Carmen Amelia, las  hermanas Lucila, Josefina, Cristina y Lucrecia Bucheli Casares, comentaban los hechos históricos y hacían referencia a la investigación de su tío Manuel María Casares. La historia era emotiva y la trasmitían con orgullo.

En la década de los 70 ya había fallecido mi abuela Carmen Amelia. Mi tía Josefina me permitió revisar la documentación de Manuel María sobre Sucre.

Para mi sorpresa, encontré información de 1900, el informe de la Facultad de Medicina, el decreto ejecutivo de Alfaro, las invitaciones para participar el día de la ceremonia de honras fúnebres en la Catedral de Quito, periódicos de la época con noticias alusivas, crónicas sobre la polémica entre los médicos Casares y Muñoz Vernaza para esclarecer la verdad histórica; cartas de personajes felicitando al doctor Casares, correspondencia con autoridades para organizar el funeral.

Pude ver las tarjetas de los médicos que llegaron en una ocasión a la hacienda, cuando estuve presente. Se trataba de los doctores Enrique Garcés y  Francisco López Baca.

Fue emocionante encontrar en el sobre de tela, envueltas, fotografías sobre los restos de Sucre.  Fueron conservadas en esta manera, sin afán de exhibición, con respeto y en conocimiento del valor humano e histórico que representaban.  Eran fotografías tomadas en el Gabinete de Física de la Universidad Central, dedicadas al doctor Casares.

El 27 de septiembre de 2023, varios miembros de mi familia entregamos este acervo a la Biblioteca Ecuatoriana Aurelio Espinosa Polit de Cotocollao en Quito, donde se conserva en la actualidad.

Las reliquias mortuorias del mariscal de Ayacucho permanecen en la Catedral de Quito, en un mausoleo, cerca del altar mayor, para su descanso final, después de un largo viaje.

Sucre fue sepultado tres veces en Quito: la hazaña de Mariana Carcelén, que ocultó sus restos en un convento para que no los profanaran y se llevó el secreto a la tumba

El mariscal Antonio José de Sucre fue enterrado no una sino tres veces, en Quito, revela esta investigación en Ecuador y Venezuela. Mariana Carcelén desafió y confundió a todos: rescató los restos mortales de su esposo y los ocultó en el convento del Carmen Bajo, junto con los de su pequeña hija Teresita, fallecida a los tres años de edad. La Marquesa de Solanda murió sin revelar el sitio donde los sepultó. Su figura y trascendencia así como el de la Abadesa y las monjas del claustro, que guardaron el secreto, han sido invisibilizadas por dos siglos.

Por María Belén Arroyo
Alianza Código Vidrio-Vistazo

Mariana Carcelén, marquesa de Solanda, tuvo un rol crucial, pero invisibilizado en la historia. Luego de conocer el asesinato de su esposo, el mariscal Antonio José de Sucre, en Berruecos, Colombia, en junio de 1830, envió una comitiva con personas de su confianza para que recuperaran sus restos y los trajeran a Quito. Durante seis meses, esta investigación periodística recreó los hechos en Ecuador y Venezuela. Y descubrió los personajes ocultos detrás del triple entierro de Sucre. Los gobiernos de Venezuela y Bolivia reclamaron sus restos en Ecuador, en varias ocasiones, sin resultado en el sigilo 19.

 “Lo recuerdo como si fuera ahora. La señora Marianita Carcelén estaba muy elegante, era la fiesta del Corpus Christi. Miraba por la ventana de su casa, esperaba la procesión por la calle del Correo. En ese momento llegó Lorenzo Caicedo, asistente de Sucre. La marquesa al verle le gritó: ‘¿Qué es del general?’. Y él solo respondió: ‘Le vengo enterrando en Berruecos’. El muchacho traía la mulita en que venía Sucre y el sombrero que estaba puesto cuando le mataron…”.

Mariana Tobar tenía 90 años cuando fue entrevistada por un reportero del diario quiteño El Día. Su recuerdo estaba intacto aunque habían pasado 70 años desde el asesinato de Sucre, el mariscal de Ayacucho.

Cuando llegó la noticia del crimen, a mediados de 1830, Mariana Tobar era una jovencita que trabajaba como ama de llaves. La casualidad hizo que compartiera el nombre con la esposa de Sucre, Mariana Carcelén.

Ese día de Corpus la casa azul de la familia Sucre Carcelén estaba adornada con cortinas coloridas para celebrar la fiesta religiosa. De inmediato fueron reemplazadas por telares negros, en señal de duelo.

Hubo desolación en la casa de la familia Sucre-Carcelén ese jueves de Corpus Christi, en 1830. Después de pocos días de conocer el asesinato de su esposo el mariscal Sucre, la Marquesa ordenó que su asistente, Lorenzo Caicedo; el mayordomo de la hacienda ‘El Deán’, Isidro Arauz, y varios trabajadores de la hacienda, viajaran para recuperar el cadáver en las montañas inhóspitas de Berruecos.

Mariana Carcelén de Sucre tenía 25 años cuando enviudó. Era quiteña. Había heredado de su padre el título de marquesa de Solanda; así como tierras y propiedades.

Mariana se casó con Sucre luego de una relación a distancia, que duró seis años, pactada entre su padre, el marqués, y el mariscal de Ayacucho. La mayor parte del tiempo se comunicaron a través de cartas que tardaban meses en ir y venir. Sucre cumplió todos los deberes militares y políticos que le designó su mentor, Simón Bolívar. Para el matrimonio, efectuado en abril de 1828, no estuvo presente Sucre sino su apoderado, el general Vicente Aguirre.

La vida de pareja empezó en septiembre de 1828 y se extendió hasta noviembre de 1829. En ese lapso nació la única hija de ambos, Teresita Sucre Carcelén. Cuando la infante cumplió cuatro meses de nacida, el mariscal escribió su testamento. Presentía que moriría antes de cumplir los 50 años. Y pocos días después de testar partió para cumplir una nueva encomienda de Bolívar: participar en el Congreso de Bogotá. De esa misión regresaba a Quito cuando, en la montaña agreste y desolada de Berruecos (hoy frontera sur de Colombia), fue asesinado por un complot de militares colombianos. Era el cuatro de junio de 1830.

Venezuela y Bolivia reclamaron varias veces los restos de Sucre

Los hechos sucedieron hace casi 200 años. Este proyecto periodístico reconstruyó algunos de los pasajes, tras seis meses de investigación en Ecuador y Venezuela, para recrear un capítulo oculto de la historia.

Hay un antecedente. Los restos de Sucre fueron reclamados por los gobiernos de Venezuela y de Bolivia, en múltiples ocasiones. Ambos países enviaron comisiones especiales para recuperar y llevarse el cofre mortuorio, durante los siglos XIX y XX. Ninguna tuvo éxito. El comandante Hugo Chávez reactivó la causa.

Y más recientemente, en noviembre de 2025 el entonces presidente venezolano Nicolás Maduro anunció que pediría repatriar las reliquias de Sucre para llevarlas a la ciudad natal de Sucre, Cumaná, en su país de origen.

Nada de esto ocurrió. El mausoleo reposa en la catedral primada, en el centro Quito, a escasas cuadras de la casa azul donde brevemente vivió Sucre con su familia. A este sitio llegó en junio de 1900, cuando fue rescatado del lugar donde se había ocultado.

Entre 1830 y 1900, la localización de la sepultura fue un secreto custodiado por un puñado de personas. Todas guardaron silencio para evitar que la tumba fuera profanada y para cumplir la voluntad de la mujer que desafió a los asesinos de su esposo, rescató el cuerpo y escondió la sepultura. Mariana Carcelén murió a los 56 años de edad, sin revelar el enigma. La historia invisibilizó su figura, encasillándola como la viuda que volvió a casarse y formó una nueva familia. Este reportaje muestra otra dimensión, perdida entre los textos de la historia oficial:  narra la historia detrás de un misterio que se custodió durante 70 años. Y al hacerlo sale a la luz otra Mariana Carcelén, entregada por completo a guardar la memoria de un personaje que cambio la historia sudamericana.

La inesperada reacción de la viuda

Hubo llantos y desolación en la casa ese jueves de Corpus Christi en 1830. Después de pocos días, la marquesa ordenó que el asistente del mariscal, Lorenzo Caicedo; el mayordomo de la hacienda ‘El Deán’, Isidro Arauz, y varios trabajadores de la hacienda viajaran para recuperar el cadáver, enterrado bajo un árbol en la montaña de Berruecos.

Llevaban “mucho alcohol, espíritus de la botica, una caja de madera antigua, de esas de guardar ropa, y dos animales de carga”. Eso le contó Francisca de Arauz, esposa del mayordomo de la hacienda ‘El Deán’ a una figura que resulta clave en esta historia. Su nombre era Rosario Rivadeneira.

Rosario era hija de una amiga y vecina de Mariana Carcelén. Ambas tenían propiedades contiguas, las haciendas “Chisinche Chico” y “Chisinche Grande”.

A Rosario la llevaban desde muy niña de visita a la hacienda de la marquesa, quien llegó a apreciarla. Allí conoció a Francisca de Arauz, la esposa del fiel colaborador de la familia Sucre Carcelén.

Más tarde, cuando Francisca se sintió enferma y próxima a morir, la buscó. Le compartió detalles del rescate. Los conocía porque su esposo había participado en la misión encomendada por la viuda del mariscal.

Esto fue lo que relató: “Como el cadáver no alcanzaba en la caja, le recogieron las piernas a la fuerza. Pusieron ropas encima, para aparentar que transportaban mercaderías. Al regresar, caminaron solo de noche y con grandes precauciones. No llegaron a Quito, sino directamente fueron a la hacienda ‘El Deán’ en Los Chillos. Era propiedad de la familia. Allí tenían preparado un ataúd y varias sustancias antisépticas”.

Este es el sitio donde fueron ocultados por Mariana Carcelén los restos de Antonio José de Sucre, en la capilla del monasterio del Carmen Bajo, bajo este púlpito con un ramo de flores. Fotos Código Vidrio

La caja mortuoria fue depositada bajo el altar del oratorio de la hacienda. Y allí permaneció durante los siguientes años.

Mientras tanto, la marquesa de Solanda recibía cartas con interrogantes sobre la tumba de su esposo. Un hermano de Sucre escribió de Venezuela, para averiguar si continuaba enterrado en el sitio del crimen, en Berruecos. Mariana respondió que había recuperado los restos y que el cofre mortuorio estaba bien resguardado en el mausoleo familiar, ubicado en el convento de San Francisco, en Quito. Allí había enterrado un ataúd con adobes. A sus colaboradores más cercanos les confió que temía que los restos fueran profanados, por sus enemigos políticos.

La tragedia rodeaba a la familia de la Marquesa

Mariana Carcelén se casó un año después de enviudar. La única  hija que tuvo con Sucre, Teresita, tenía cuatro meses cuando el mariscal salió a ese viaje, del cual no volvió. La niña había nacido en julio de 1829. A mediados de noviembre de 1831, Teresita murió; no había cumplido tres años de edad.

Sobre la muerte de la niña a edad tan temprana circularon versiones. Según una de ellas, difundida por un autor de apellido Cuervo, el segundo esposo de la marquesa, el general Isidoro Barriga, jugaba con ella en el balcón de la casa cuando cayó al primer piso, muriendo en forma inmediata.

Otro autor descartó esa posibilidad. Alfredo Flores y Caamaño escribió años después un estudio sobre “El verdadero testamento de Sucre”. En él incluye entrevistas a personas que vivieron cerca de la familia por esos años trágicos. Todos coinciden en que la niña falleció por una enfermedad intestinal, común en esa época. El ejemplar de este libro fue consultado en la biblioteca de la Casa de la Cultura, en Quito.

Lo que ocurrió después se conoce, con cierto detalle, a través del testimonio de una religiosa de clausura. La madre Carmen de la Concepción Jameson era hija del botánico escocés William Jameson, considerado el pionero de esa ciencia en Ecuador. Él arribó a América en barco y desembarcó en El Callao, Perú, para continuar su exploración hacia el norte. Se radicó en Ecuador y en 1829 se casó con una mujer quiteña. Carmen fue la cuarta de los seis hijos de la pareja. Fue monja y llegó a ser superiora del convento del Carmen Bajo, en Quito. Casi toda su vida transcurrió en ese monasterio carmelita.

La monja escocesa que custodió el misterio detrás de un claustro

Para 1900, la madre Jameson era una anciana pero rememoraba los hechos del pasado. Recordaba el año en que la caja mortuoria llegó desde la hacienda ‘El Deán’, en el valle de Los Chillos, hasta la iglesia del monasterio del Carmen Bajo, en el centro de Quito.

Fue en 1841, aseguraba. Para esa época, la superiora del convento era la religiosa Manuela Valdivieso y Carcelén, pariente de la marquesa de Solanda. Además, sus tías maternas Josefa y Magdalena Larrea eran monjas de esa orden carmelita.

Monjas de claustro del monasterio Carmen Bajo fotografiadas en los años 60.

“La caja mortuoria que trajeron contenía a más de los restos del general Sucre, los de una niñita hija suya, llamada Teresa, de dos a tres años de edad”.

La madre Jameson escuchó hablar del misterio a las monjas más antiguas. También comprendió que debía custodiarlo.

El relato coincide con el que Francisca de Arauz narró a Rosario Rivadeneira. “Los restos fueron exhumados y guardados en una nueva caja, que fue traída con sigilo a Quito. Se sacaron de San Francisco los restos mortales de la niña Teresita, se los colocó junto con los de su padre. El fondo del ataúd se recubrió con tela de tisú y ambos fueron cubiertos con un traje de la marquesa”. Así, Mariana Carcelén cubría a su esposo e hija en un abrazo final, en la última morada, al protegerlos con una prenda que atesoraba.

Francisca de Arauz contó que ella y su esposo, el mayordomo de la casa de Sucre, llevaron la caja al Carmen Bajo, conocido entonces como Carmen Moderno. Ahí los recibió la superiora Manuela Valdivieso, familiar de la marquesa. “A los padres de San Francisco se les hizo creer que reposaban en un ataúd que solo contenía adobes”.

La superiora Jameson relataba en 1900 que seis años antes pudo revelar la verdad y no lo hizo. Mantuvo silencio. En 1894 un delegado de Venezuela y familiar de Sucre llegó a Quito y reclamó el cofre mortuorio. “Este secreto no debía salir de nosotras que tantos favores debimos a la marquesa de Solanda. Ella se interesaba vivamente en que no se descubriese el sitio donde estaba sepultado su esposo, pues temía que fuesen profanados sus restos. Era imposible que yo revelase una palabra pues por algo tengo sangre inglesa”, dijo la religiosa.

Y aclaró que solo rompía el silencio porque alguien ya más lo había hecho. Se trataba de la confesión que la esposa del mayordomo, Francisca de Arauz, había revelado a Rosario Rivadeneira.

Rosario contó que conoció de todos estos hechos hacia 1885. No pudo escribirlos ese momento porque se hallaba enferma pero dictó los detalles a su padrastro. Él guardó esos documentos y no se los entregó. Pasaron los años. En 1894 tampoco habló, aunque la misión oficial desde Venezuela llegó para recuperarlos. “Cuando vino el doctor Sucre como enviado de Venezuela para recaudar los restos del mariscal, tuve la intención de revelar a este sacerdote mi secreto; pero llegué a saber lo mal que había tratado a los padres franciscanos y me abstuve de hacerlo”.

El hallazgo histórico, 70 años después del crimen

En abril de 1900 Rosario Rivadeneira compartió el relato con un amigo de su familia, Alejandro Melo. Él a su vez lo confió a César Portilla. Ambos notificaron a las autoridades.

Las excavaciones en la iglesia que pertenece al monasterio del Carmen Bajo empezaron de inmediato. Duraron tres días. El 24 de abril hallaron la caja mortuoria. Su interior contenía retazos de tela y vestidos finos, fragmentos óseos de un niño y un adulto. El cráneo del adulto conservaba las huellas de disparos.

La memoria que atesoran las religiosas del Carmen Bajo en sus crónicas revela la importancia que para ellas tuvo el hallazgo.

Escrita a mano, con hermosa caligrafía, refiere que “Gran acontecimiento fue encontrar por indicaciones de la madre Carmen de la Concepción, quien poseía el secreto, los restos del mariscal Antonio José de Sucre que, junto con el cadáver de su hijita, se hallaba enterrado en el presbiterio de nuestra Iglesia”. La crónica del convento relata que el sitio se convirtió en una capilla ardiente, cubierta completamente de negro. Durante tres días quedó expuesta la caja para veneración del público y con custodia militar.

El 24 de abril de 1900 fueron hallados los restos de Antonio José de Sucre que, junto con el cadáver de su hijita, se hallaba enterrado en el presbiterio de la Iglesia del Carmen Bajo. En sitio se convirtió en una capilla ardiente, cubierta completamente de negro, custodiado por soldados en el gobierno del general Eloy Alfaro. Foto cortesía

Hubo misas de réquiem solemnes, con la asistencia del entonces presidente, general Eloy Alfaro.

Las madres carmelitas actualmente viven en un régimen contemplativo, no en absoluta clausura, en el mismo monasterio. Aceptaron compartir esta reseña para el proyecto periodístico de Sucre y Mariana Carcelén. Abrieron las puertas del monasterio a este equipo, la visita fue conducida por el guía Christian Terán, quien organiza recorridos periódicos con fines educativos.

El convento, ubicado en las calles Venezuela y José Joaquín de Olmedo, en la así llamada Cuesta del Suspiro. El complejo arquitectónico un legado de tres siglos y medio. El primer monasterio de las carmelitas de Santa Teresa de Jesús se estableció en Latacunga, en 1669. Casi 30 años después, en 1698, se produjo un terremoto. Todas sobrevivieron. Al día siguiente partieron hacia Quito y se establecieron en el sitio donde actualmente se encuentra la edificación histórica.

Una mujer invisibilizada por la historia

Mariana, marquesa de Solanda, falleció en 1861, cuando tenía 56 años. Murió sin revelar el sitio donde había sepultado a su esposo, el mariscal Antonio José de Sucre. La historia la juzgó como la viuda que volvió a casarse, un año después de perder a su esposo en forma trágica.

Su carácter y su coraje fueron invisibilizados. No solo desafió a los autores del crimen. También recuperó los restos y los escondió con celo mientras vivió para preservar para la posteridad su memoria.

Al conocer la noticia del crimen de Sucre, Mariana escribió una carta al militar colombiano, señalado como autor intelectual. Se trata del general Obando. Esta carta se incluye en el libro sobre el testamento del mariscal. “Estos fúnebres vestidos, este pecho rasgado, el pálido rostro y el desgreñado cabello están indicando tristemente los sentimientos dolorosos que abruman mi alma. Ayer esposa envidiable de un héroe, hoy objeto lastimero de conmiseración. Nunca existió un mortal más desdichado que yo. No lo dudes, hombre execrable, la que te habla es la viuda desafortunada del gran mariscal de Ayacucho”.

Sus palabras reflejan la magnitud de su tragedia. La carta habría sido, según autores, el origen de una campaña de difamación en contra de la marquesa.

Ella se casó con el general colombiano Isidoro Barriga al año siguiente del crimen. Tuvieron un hijo, Felipe Barriga Carcelén. Él se casó con Josefina Flores Jijón, hija del general Juan José Flores.

De esta manera, la familia de la marquesa se unió con la del general venezolano que fue el primer presidente del Ecuador.

Josefina Flores tuvo un solo hijo, que murió cuando cumplió 14 años. Viuda y sin descendencia, entregó gran parte de su archivo personal a su sobrino Alfredo Flores y Caamaño. A inicios del siglo XX, él escribió su obra “El verdadero testamento de Sucre”.

Del documento se desprende que la fortuna del mariscal fue más figurada que real. Tuvo haciendas en Perú que no pudo recuperar, también dejó deudas sin cobrar en Bolivia. En varias cartas, Sucre reveló que estaba quebrado y no quería abusar de la fortuna de su esposa, que también mermaba.

Mariana Carcelén visitaba El Carmen con frecuencia; las monjas relataban que la veían llorar. Al morir fue enterrada en el cementerio de El Tejar.

Cartas escondidas: así fue el fugaz matrimonio entre el mariscal Sucre y la quiteña Mariana Carcelén, última marquesa de Solanda

La unión conyugal fue acordada entre el padre de Mariana y Sucre. Casi un centenar de misivas escritas por él se refiere a su vida privada. La última carta que redactó, semanas antes de su asesinato en 1830, refleja sus sentimientos. Su último deseo era ‘comer humitas frente al río Machángara’. No se cumplió. Aquí revelamos las cartas previas al crimen.

Por María Belén Arroyo
Alianza Código Vidrio-Vistazo

Detrás del hecho histórico de la Batalla de Pichincha, que selló la independencia el 24 de Mayo de 1822, hay episodios invisibilizados. Uno de ellos es la relación peculiar entre Antonio José de Sucre, mariscal de Ayacucho, y Mariana Carcelén, la marquesa de Solanda, quien fue su esposa. La ceremonia se realizó en abril de 1828, sin el novio, en su lugar participó un apoderado de Sucre. Esta investigación periodística reconstruye un pasaje de la vida privada de ambos personajes, y revela cartas y documentos inéditos. Ésta es la segunda de cuatro historias.

La vida de pareja recién empezó en septiembre de 1828. Y en noviembre de 1829, el mariscal viajó hacia Colombia, para cumplir una misión política que le encargó el libertador Simón Bolívar de participar como diputado por Ecuador en el Congreso en Bogotá y luego en el Congreso Extraordinario, en Cúcuta. Al regreso de este viaje Sucre fue asesinado. Unas semanas antes escribió esta carta a su esposa, Mariana.

“…Te pienso cada vez con más ternura … desespero por ir junto a ti, para pedirte que por recompensa de mis delirios, de mi adoración por ti, me quieras mucho… Por el correo que vino ayer de Bogotá me dicen que se insiste en que yo tome la Presidencia o Vicepresidencia. No sé qué haya de exacto, pero te repetiré que no aceptaré nada… Todo, todo, todo lo pospondré a dos objetos: primero a complacerte. Y segundo, a mi repugnancia a la vida pública. Solo quiero vivir contigo en el retiro y en el sosiego…”.

Retrato de Sucre en un billete venezolano.

Esta misiva fue escrita hace casi 200 años. Es quizás el último mensaje que escribió Sucre a Mariana. Al menos, es el último que se conserva. La fecha de la carta está en duda. Un facsímil del manuscrito se encuentra custodiado en el archivo Juan José Flores, del Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica, de Quito.

La historiadora Doménica Sotomayor, quien dirige el archivo, explica la importancia del documento. Es uno de los objetos que se encuentran exhibidos al público como parte de una muestra sobre ‘Amores Epistolares’, en el centro cultural de la PUCE.

La exposición recoge además otros bienes personales de Sucre. El sombrero que llevaba puesto cuando las balas asesinas le quitaron la vida aún muestra las huellas del disparo letal, que ingresó por el parental derecho. La silla de montar, impecable y lustrada. Y un retrato en miniatura de Mariana, la mujer quiteña con quien el mariscal de Ayacucho tuvo una convivencia matrimonial fugaz y trágica.

La reproducción facsimilar que reposa en el archivo del centro cultural no tiene fecha. Según la historiadora a cargo de la muestra, es probable que haya sido redactada a inicios de mayo de 1830. Esto significa un mes antes del crimen.

Un libro custodiado por la biblioteca de la Casa de la Cultura, en Quito, reproduce la carta con la fecha en que fue redactada: el 5 de abril de 1830. Aunque es imposible descifrar el día exacto, queda en claro el afecto que dejó por escrito el mariscal hacia su esposa.

Un nombre y un título nobiliario, quién era Mariana Carcelén

Mariana Carcelén. Su nombre pasó casi inadvertido para la historia. Apenas sobrevive la referencia a un título nobiliario que bautiza a un barrio quiteño. Y sin embargo,la marquesa de Solanda, tuvo un rol fundamental en la vida, y luego de la muerte, del mariscal de Ayacucho.

Sucre y Mariana vivieron juntos con su pequeña hija 14 meses, en una casona a cuatro cuadras del Palacio de Gobierno. (Retrato recreado de la vida familiar que se encuentra en la vivienda del Mariscal)

“Su figura fue invisibilizada, no fue recogida por la historia oficial, nada se sabe de lo que ella sentía y no se conserva una carta que haya escrito para Sucre”, explica la historiadora Doménica Sotomayor.

La exposición abierta en el centro cultural de la PUCE busca que el público conozca ciertos pasajes de la historia. Una obra de teatro se presenta en el centro, para que los jóvenes comprendan, en tiempos de TikTok y citas virtuales, cómo eran los romances en el siglo XIX.

Los textos formales recogen los detalles del asesinato del mariscal de Ayacucho. Las proclamas de Bolívar (“Han matado al Abel de América”).  Lo que ocurrió después se pierde en el laberinto del olvido.

Tras casi dos siglos, este proyecto periodístico reconstruyóel capítulo inconcluso. Para ello, el equipo de dos periodistas y un médico e historiador investigó durante seis meses en Ecuador y Venezuela.

Después de la Independencia empezaron tiempos turbulentos

Eran tiempos violentos, matizados por guerras sangrientaspara terminar con el dominio español. No empezaba de lleno la vida republicana en los territorios que Simón Bolívar llamó la Gran Colombia. Había disputas internas.Entre los uniformados se disputaban parcelas de poder.

Mariana Carcelén vivió la época de la independencia en Quito. Su padre, el marqués de Solanda, fijó el compromiso matrimonial con Antonio José de Sucre, cuando ella tenía 17 años.

En la casa de Sucre también estaba adecuada un sala con un altar de oración. Foto Código Vidrio

Para entonces, era una joven de piel blanca, cabellos oscuros rizados y ojos negros. Eso muestran los escasos retratos de la época.

Su familia tenía tierras y haciendas. Sus ancestros compraron un título nobiliario, el marquesado, que se transmitía por herencia. La transacción se negociaba en un valor aproximado de 30 mil pesos. Más o menos, la cantidad que costaba adquirir una propiedad de gran extensión. Ella recibió el título por ser la mayor de las hijas; de los varones, ninguno llegó a la vida adulta.

Eran días de gloria. La independencia de la corona española se acababa de sellar con la batalla de Pichincha, el 24 de Mayo de 1822.

En Quito había celebraciones en las casas de las familias acaudaladas. Tres semanas después de la victoria, en casa de unos parientes de los Carcelén se realizó una cena para agasajar al libertador Simón Bolívar, quien acababa de llegar a Quito, triunfante.

Las reseñas de la época recogen parte de las delicias degustadas: 80 pichones, pavas de monte, lenguas de vaca, terneras. Las familias pudientes botaron la casa por la ventana, como describen los documentos históricos. Uno de los relatos se encuentra representado en una pared del comedor de la casa de Sucre. Esta edificación restaurada se encuentra en el centro de Quito.

En medio de la algarabía libertaria, el padre de Mariana y Antonio José de Sucre acordaron que el matrimonio se realizaría lo antes posible. El noble quiteño murió en 1823 sin ver concretada la alianza.

Simón Bolívar buscaba consolidar la unión de las nacientes repúblicas que había liberado, bajo la divisa de la Gran Colombia. En ese afán pidió a su general más fiel y respetado, Antonio José de Sucre, a viajar por lo que hoy serían Colombia, Perú y Bolivia. Sucre liberó el Alto Perú y fue el primer presidente de Bolivia. Sofocó sublevaciones y enfrentó traiciones de los mismos uniformados. Una de ellas, en Chuquisaca (Bolivia) casi le cuesta la vida y le dejó un brazo herido.

Sucre escribió muchas cartas en medio de sus gestas militares

Entre tantas obligaciones políticas y militares impuestas, el Mariscal estaba muy lejos de Quito. Las continuas peticiones de Bolívar mantuvieron a Sucre distante por el lapso de seis años. En Bolivia tuvo otras relaciones; se sabe que dejó descendencia en esa nación.

La relación entre Sucre y la marquesa continuó a través de cartas, las cuales tardaban meses en llegar, por la precariedad de los correos.

El mariscal se carteó con su amigo y representante en Quito, general Vicente Aguirre, en forma continua.

Un amplio patio central adornado con una fuente y jardines recrea el ambiente en el que vivió la pareja poco más de un año. Foto Código Vidrio

El contenido de mucha de esta correspondencia se ha preservado, gracias a un esfuerzo del Banco de Venezuela, a través de la Fundación Vicente Lecuna que reunió, atesoró y publicó las misivas en 13 voluminosos tomos.  Ejemplares de esta colección, fechados en 1973, se encuentran en la Biblioteca Nacional Eugenio Espejo, de Quito.

Este proyecto periodístico accedió a esta colección revisó casi un centenar de reproducciones que contienen asuntos de interés personal para Sucre. Todas están dirigidas a Aguirre. No se conservó ni una sola dirigida a MarianaCarcelén. Tampoco hay una carta escrita por ella.

Sucre se refiere a ella nombrándola con la inicial M, o con las tres primeras letras de su nombre, Mar, cuando la escribía a Aguirre sobre su relación.

El tono variaba entre la incertidumbre, porque no podía cumplir su palabra; el desconcierto, porque se había enterado que ella tenía otra petición de matrimonio; la ansiedad, porque ella dejó de escribirle dos años. La indignación, porque la madre de ella creó un entorno de intrigas.

“Me ha molestado mucho el cuento que usted me dice de la madre de M. Usted supondrá cuánto puede herirme. En lugar de escribirle la carta que usted me pide, puede usted decirle que desde que tuve 14 años no dejé dirigir mi conciencia ni por mi padre. Si ella está comprendida en el cuento de su madre, tampoco quiero gobernarle yo su conciencia”. Esto redactó desde Puno (Perú) el 29 de enero de 1825.

En abril del mismo año, desde Potosí, le confesaba a Aguirre que “Si ella y su madre querían investigar mi conciencia prefería romper todas relaciones a sujetar mi conducta a esta humillación”.

Aguirre era el confidente del Mariscal

Recién en septiembre de 1825 los malentendidos e intrigas fueron superados. Así le comentaba a Aguirre: “La carta de esta amable niña me ha sido a un tiempo complaciente y desagradable. Es ésta mi posición, el único partido que se me ofrece, para cumplir a la vez mis deseos, mis deberes y mi palabra… M es una mujer que me convendría porque su carácter con el mío se avienen, porque después de dos años y medio de estar ausentes tengo por ella tanto cariño como estando tratándola. Y porque es después de todo quiteña y yo quiero una quiteña para compañera de vida”. Sin embargo, recalcaba que no se atrevía a comprometerla porque no sabía cuándo volvería a Quito.

En diciembre de ese año 1825 escribía que conservaba el cariño y los sentimientos que tenía hacia ella en marzo de 1823, pero que le había dejado “en absoluta libertad para resolver lo que quisiera”, pues había sido franco al confesarle que “no sabía cuándo volvería”.

En su casa Sucre tenía una caballeriza, ubicada en la parte posterior. La montura original se muestra en una exposición en el Archivo Juan José Flores del Centro Cultural de la PUCE. Fotos Código

El 11 de abril de 1826 el mariscal contestaba una misiva. Al parecer, el coronel Aguirre le había amonestado por su falta de palabra al no concretar el compromiso matrimonial.

Sucre le respondió en relación al “largo sermón” en el cual le exigía un “compromiso definitivo con ella”. “Si yo contara con reposo y estabilidad, nadie sino ella sería la escogida de mi corazón (…) El silencio que ella guardó conmigo durante dos años me llevó a nuevos compromisos políticos, de los que no puedo salir”.

Tres meses antes, desde Chuquisaca, él había reflexionado  que “Si M misma no hubiera guardado un silencio profundo en que no me contestó ni una de mis cartas yo no habría hecho este compromiso con el Libertador. Yo le mandé en la carta que pienso que su madre es la culpable, pero ella también lo es, por su silencio”.

Para el 14 de junio de 1826, Sucre escribía a su amigo y representante en Quito. Le contaba que Bolívar le había negado el permiso para retirarse de la vida pública. Planteaba la posibilidad de que Mariana viajara con su madre, embarcándose desde Guayaquil para llegar a Arica, para reunirse con él. Y reclamaba que le enviaran un retrato de ella, que se perdió en el trayecto. Ella no viajó.

En cartas enviadas desde Chuquisaca, el 20 y el 27 de septiembre de 1826, Sucre le advertía a Aguirre que el “Libertador” le diría qué hacer en relación con Mariana.  Y en noviembre de ese año le explicaba que “Mi anhelo de irme a vivir a Quito como un ciudadano privado a su casa, la casa en Chillo o en Chisinche”. “Mis deseos creo que se realizarán a fin del año 28”, pronosticaba.  Así ocurrió.

El último deseo del mariscal Sucre fue vivir en Quito

En 1828, finalmente, se concretó el enlace. Pero el matrimonio se realizó de la forma más curiosa, a través de su apoderado, el general Vicente Aguirre, amigo y representante del mariscal en Quito. Por esos días, Sucresofocaba una sublev

ación que casi le cuesta la vida, relata la historiadora Doménica Sotomayor. El correo era tan inseguro que Sucre envió dos poderes para que Aguirre pudiera casarse, en su representación, con Mariana.

Aguirre recibió instrucciones y el dinero para comprar ese año la casa que había pertenecido a la familia de Mariana, en el centro de Quito. Se pagaron 28 mil pesos y fue registrada a nombre de ella.

El Mariscal arribó cinco meses después a Quito. La pareja tuvo una convivencia breve, algo más de un año, entre septiembre de 1828 y noviembre de 1829.

En julio de 1829 nació la única hija de la pareja, Teresita Sucre Carcelén, quien murió antes de alcanzar los tres años de edad. Cuando la niña cumplió cuatro meses de nacida, el mariscal redactó su testamento, en él hace constar la edad de su hija. En su última voluntad describía sus bienes, que incluían una hacienda en Lima, tierras en Ecuador y dinero en Bolivia. Pocos días después de redactar el testamento se dirigió para Colombia, a cumplir la misión que le había encargado Bolívar. Desde Colombia le escribió a un hermano suyo sus temores de morir en medio de la turbulencia de esos tiempos. Su miedo se cumplió. No regresó a Quito.

Muerto su esposo, Mariana recuperó y escondió los restos. Desafió a los asesinos y a todos quienes buscaban profanar la tumba, para exhibirla como un trofeo político.Guardó el secreto de esa última morada. Y murió 30 años después, sin revelar dónde estaba enterrado el mariscal en Quito.

Las cartas misteriosas que aparecieron en un frasco

La casa azul que Sucre compró a nombre de Marianacostó cerca de 30 mil pesos estuvo en manos de su familia hasta fines del siglo XIX. Ella se casó un año después de quedar viuda, con el militar colombiano Isidoro Barriga. Su único hijo dispuso hacer notables cambios en el inmueble, especialmente en los tramos de fachada, según la memoria de la rehabilitación de la casa, que fue intervenida en la década del 70 del siglo anterior.

El responsable de los trabajos, el arquitecto e historiador Andrés Peñaherrera, dejó un relato detallado de la obra que completó, con el apoyo de las Fuerzas Armadas.

Mariana Carcelén retratada en una pintura de la época en Quito.

La Honorable Junta de Defensa del Ecuador compró en 1970 la casa con muebles y cuadros en 3 millones de sucres, el equivalente a unos 200 mil dólares. La última dueña de la casa, Carmela Barba de Gómez de la Torre, aceptó venderla con la única condición de que fuera restaurada, para preservar su valor histórico.

Cuando se realizaba el levantamiento de información sobre la edificación, ocurrió algo sorprendente. En una vivienda no muy distante se realizaba el inventario de una sucesión. Apareció un frasco bien cerrado en una alacena escondida. La casa que estaba siendo demolida había pertenecido al general Vicente Aguirre.

El frasco contenía un paquete de cartas, escritas por Sucre en el último tramo de su viaje final hacia Quito. Daba instrucciones concretas a Aguirre para realizar trabajos en la casa. Desde Popayán, el 12 de diciembre de 1829 pidió colocar dos argollas fuertes para colocar una hamaca.

En Bogotá, el 7 de enero de 1830 escribió para pedir que se abriera en el techo una claraboya en el cuarto 11.

Desde Cúcuta, el 5 de mayo de 1830, pedía poner el jardín en el patio principal y algunas variaciones en el comedor grande. También varió el oratorio. “Me propongo que todo quede bello, elegante y aun singular”.

En esta última carta, Sucre pedía ser recibido en Quito con humitas “para ir a almorzar a orillas del Machángara”. Su deseo no se cumplió: el 4 de junio fue asesinado en la frontera sur de Colombia.

Andrés Peñaherrera, entrevistado por este proyecto,explica la trascendencia de esa obra arquitectónica. La casa azul, o casa de Sucre, es hasta ahora un museo abierto al público, administrado por el ministerio de Defensa Nacional. Muchos de los pasajes de la vida de la familia Sucre Carcelén se encuentran recreados en este edificio, ubicado en el centro de Quito.

A partir de las últimas cartas de Sucre se definieron algunos de los trabajos de rehabilitación. De este modo, se cumplió, aunque con retraso, la voluntad del mariscal en la adecuación de su vivienda.

“Solo quiero vivir contigo en el retiro y en el sosiego. No habrá nada que me retraiga de este propósito. Me alegraré si puedo, con esto, darte pruebas incontestables de que mi corazón está enteramente consagrado a ti, y de que busques todos los medios para complacerme y corresponderme…”.

Secretos y encrucijadas después de la Batalla de Pichincha salen a la luz: Las facetas ocultas del mariscal Sucre y su esposa quiteña, la Marquesa de Solanda

En la última misión política que cumplió el mariscal Antonio José de Sucre, en Colombia, en 1830, definió su postura. Los caudillos debían dar un paso al costado, no aferrarse al poder. Días después lo asesinaron. Entrevistamos al tataranieto del hermano de Sucre y a uno de sus biógrafos. 

Por Arturo Torres Ramírez
Alianza Código Vidrio – Revista Vistazo

Venció combates cruciales para lograr la libertad de los pueblos de América. Pero no cumplió su sueño de vivir en el abrigo de la vida familiar con los seres que amaba en Quito. Antonio José de Sucre, el mariscal de Ayacucho y vencedor de la Batalla de Pichincha el 24 de Mayo de 1822, perdió la guerra final, contra la traición y el odio. Esta alianza revela facetas inéditas del personaje, a partir de entrevistas a descendientes y biógrafos. Esta es la primera de cuatro entregas https://www.codigovidrio.com/code/la-historia-oculta-de-la-vida-y-muerte-del-mariscal-antonio-jose-de-sucre-y-su-esposa-mariana-carcelen-la-marquesa-de-solanda/.

Aunque el mariscal Sucre pasó a la historia por sellar la independencia definitiva del continente americano de España, liderando la victoria decisiva en las batallas de Pichincha (24 de Mayo de 1822) y Ayacucho, (Perú-1824), su legado trasciende el del genio y estratega militar.

Las facetas poco conocidas de Sucre le dan otra dimensión al mito del héroe castrense. Una vertiente más terrenal, que muestra a un personaje que crece en medio de la adversidad, el dolor y la pena, la soledad y las traiciones, para afirmarse como un individuo profundamente humanista, entregado a las causas del bien común. Abatido en su juventud por una temprana tragedia familiar, o viviendo en una continua encrucijada, que lo perseguía como una sombra.

Esa disyuntiva estuvo marcada, por un lado, por el cumplimiento de las consecutivas misiones que le encomendaba el libertador Simón Bolívar, como su jefe de estado mayor, para consolidar la emancipación de la corona española, y tratar de salvar su sueño de la unidad de las nacientes repúblicas de Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela, en un solo bloque de la Gran Colombia. Y, por otro, de distanciarse del proyecto de Bolívar, que había tomado un rumbo claramente político, con un tinte más bien oligárquico y caudillista, con el cual Sucre no comulgaba completamente, según destaca su familiar Jorge Sucre Castillo, de 81 años, tataranieto del hermano del mariscal a quien entrevistamos, junto con uno uno de sus biógrafos, José Félix Díaz. Estaba agobiado por el sucio y descarnado juego político, que desató intrigas y ataques contra Bolívar y quienes como él aún creían en un solo bloque de naciones.

Mariana Carcelén, la Marquesa de Solanda, esposa de Sucre.

Eso se evidenció en las intervenciones y correspondencia que el mariscal venezolano mantuvo con varias personas, especialmente después de triunfar en Perú. Harto de las disputas por el poder, lo que anhelaba, en lo que serían sus últimos años de vida, era dejar los cargos públicos para concretar sus deseos postergados por años: residir en Quito, para estar  junto con su familia: su esposa Mariana Carcelén, la marquesa de Solanda, y su tierna hija, Teresita. También quería dedicarse a “ser un labrador”, en el campo, según escribió en varias cartas dirigidas a su círculo de confianza, incluido Bolívar.

Este dilema es uno de los focos en este reportaje, tras la revisión de fuentes primarias, de abundantes cartas (algunas poco conocidas), de decenas de biografías, textos de historiadores, testimonios y entrevistas a estudiosos del mariscal en Ecuador, Colombia, Venezuela y Argentina.

Un adolescente arrastrado a la guerra

La vida de Sucre tuvo un giro dramático en su adolescencia. Entonces estalló la guerra contra la corona española, en la primera década del siglo XIX, a la que entró, arrastrado por las circunstancias.

Tenía 15 años. Estudiaba matemáticas en Caracas, donde pronto se graduó de ingeniero, lejos de su ciudad natal, Cumaná, en la costa caribeña. De hecho, cuando entró al Ejército escogió el arma de ingeniería.

Jorge Sucre Castillo, de 81 años, tataranieto del hermano del mariscal, José Jerónimo, estuvo en Quito con su esposa, Nuria Gómez, en 1990, para visitar la tumba del Mariscal. Foto cortesía familia Sucre
En Ecuador Jorge Sucre fue recibido, junto con sus familiares y amigos por los entonces presidentes en funciones Carlos Julio Arosemena, en 1963, y por Sixto Durán Ballén, en 1994 (foto). Cortesía

Este antecedente es destacado por Sucre Castillo, tataranieto del hermano del mariscal, José Jerónimo Sucre. En entrevista con esta alianza desde Caracas, donde ha ejercido como abogado y también político demócrata cristiano, el familiar del libertador relata que solo dos de los nueve hermanos de Sucre sobrevivieron a las batallas por la independencia, donde también participó su padre, el teniente coronel Vicente de Sucre y Urbaneja, parte de una familia noble. Sus antepasados llegaron a América desde Francia, desde poblado Preux-au-Bois de donde son originarios.

Tres hermanas de Sucre murieron huyendo de la persecución de los españoles, al igual que sus tres hermanos, fusilados por las tropas ibéricas. Fue un golpe devastador para Antonio José, cuenta su pariente, quien ha estado en Ecuador tres veces, entre 1963 y 1995, siguiendo la huella que dejó su antepasado. Aquí Jorge Sucre fue recibido, junto con sus familiares y amigos por los entonces presidentes en funciones Carlos Julio Arosemena, en 1963, y por Sixto Durán Ballén, en 1994.

Magnánimo con sus enemigos

Aunque perdió a la mayoría de su familia en las luchas independentistas, Sucre no buscó venganza. “Siempre fue magnánimo con sus enemigos”, según el historiador venezolano Díaz, quien también escribió el texto “La doctrina de Sucre”.

“Sucre fue un personaje adelantado a su tiempo, un estadista y filósofo; humanista, inclaudicable defensor de las libertades y de la dignidad que se les debe dar a los vencidos”, destacó Díaz entrevistado por esta alianza. “Por el contrario, los trató con respeto y los liberó para que pudieran volver a sus hogares. Entregado a la causa libertaria y a la pacificación de los pueblos, pregonó siempre el perdón”.

Sucre es considerado uno de los pioneros del derecho internacional humanitario, cuyas bases fue sentando en los armisticios y tratados de paz y rendición, que redactaba con el aval de Bolívar, después de las innumerables batallas que condujo, coincidieron Díaz y Jorge Sucre.

A la revelación de un busto de Sucre en el pueblo de Francia de donde fueron sus primeros antepasados, acudieron 15 de sus familiares, en 1993. Foto cortesía Jorge Sucre

Ésta y otras cualidades del mariscal de Ayacucho también fueron destacadas por Simón Bolívar en la única biografía que escribió, publicada en 1825. “Para el general Sucre todo sacrificio por la humanidad y por la patria parece glorioso. Ninguna atención bondadosa es indigna de su corazón: él es el general del soldado (…). Este tratado (de Boyacá) es digno del alma del general Sucre: la benignidad, la clemencia, el genio de la beneficencia lo dictaron, él será eterno como el más bello monumento de la piedad aplicada a la guerra”.
Aquí también cobra otro matiz el mito. Sale a la luz el del militar sagaz, del estratega persuasivo que buscaba evitar, en lo posible, los conflictos armados, por sus altos costos en vidas humanas y cuantiosos recursos, destaca Díaz.

Sucre aprendió de su padre sobre estrategia militar. Aplicó en más de una ocasión uno de los principios del legendario general y filósofo de la China antigua, Sun Tzu, autor del El Arte de la Guerra”, el tratado de estrategia más influyente de la historia. “Conseguir cien victorias en cien batallas no es lo más importante. Rendir al enemigo sin combatir es el sumun de la habilidad”, reza una de las definiciones.

Por esas características únicas, Bolívar confiaba ciegamente en él, como su brazo derecho y seguro relevo al frente del proyecto libertario que impulsó con éxito en Venezuela, Nueva Granada y Quito. Mientras tanto, el otro gran libertador, el argentino San Martín, lideraba la campaña emancipadora en el cono sur, en las Provincias Unidas del Río de la Plata (posteriormente Uruguay y Argentina), Chile y el Alto Perú. Así, Bolívar y San Martín confluyeron simultáneamente para lograr la liberación de las colonias hispanoamericanas, completando el tridente de los grandes libertadores republicanos del Nuevo Mundo, con George Washington como pionero, al liderar la revolución en Norteamérica de Gran Bretaña, entre 1775-1783. Washington se convirtió en el primer presidente de Estados Unidos, sentando las bases de la primera democracia moderna planetaria. Esta conjunción de acontecimientos sin precedentes está documentada por el historiador argentino Bartolomé Mitre en su libro “Historia de San Martín y la Emancipación Sudamericana”.  

Un general con formación científica selló la revolución

Hacia 1821 Bolívar y San Martín convergían simultáneamente por el norte y el sur con sus ejércitos como una lanza y una espada, sobre las fuerzas realistas que se desangraban, pero aún se mantenían imbatibles en Quito, Guayaquil y parte del Perú.

Entonces llegó el momento del general Sucre, a quien Bolívar le confió esa misión. El venezolano tenía 26 años.

En 1825 el libertador Simón Bolívar publicó la biografía de Sucre, quien era su jefe de estado mayor.
Sucre fue el único subalterno al que Bolívar le escribió una biografía. El mariscal de Ayacucho nación en Cumaná.

“Sucre es la cabeza mejor organizada de toda Colombia; es metódico y capaz de las más elevadas concepciones, es el mejor general de la república y el primer hombre de Estado. Sus principios son excelentes y fijos y su moralidad ejemplar. Tiene el alma grande y fuerte. Es el valiente de los valientes, el leal de los leales, el amigo de las leyes y no del despotismo”, escribió Bolívar.

San Martín, que no lo conoció personalmente, recordándolo en su ostracismo, cuando se autoexilió en Europa, tras el fin de la guerra, destacó sobre el mariscal: “Bravo y activo en alto grado, reunía a estas cualidades una prudencia consumada y era un excelente administrador. Las tropas bajo su mando observaban una disciplina severa, lo que contribuía a hacerlo amar de los pueblos. No solo poseía mucha instrucción, sino también conocimientos militares más extensos que los del general Bolívar”.

La fugaz estadía en Quito

Tras culminar con éxito el encargo de concluir la campaña del sur,  el joven general finalmente liberó a Perú y Ecuador. Las victorias determinantes en las batallas de Pichincha y Ayacucho lo mostraron en toda su dimensión.

Tras vencer a las tropas realistas a las faldas del Pichincha, Bolívar nombró a Sucre intendente del departamento de Quito, cargo que ocupó pocos meses, entre junio del 1822 e inicios de 1823. Al referirse a la conexión que Sucre tuvo con los quiteños en esa breve estadía, Bolívar escribió: “Aquellos pueblos veían en él su Libertador, su amigo; se mostraron más satisfechos del jefe que les era destinado, que de la libertad misma que recibían de sus manos”.

El afecto que recibió el mariscal del pueblo ecuatoriano no tiene parangón, destaca Jorge Sucre. “No existe un solo historiador ni investigador que no concuerde en que él se ganó el corazón del Ecuador, por su nobleza, integridad y entrega completa a la causa de su liberación. Cuando estuvimos en Ecuador con mi familia sentimos el mismo aprecio que debió haber experimentado José Antonio”.

El sombrero de cuero que usaba sucre cuando fue asesinado y su montura están expuestos en la Pontificia Universidad Católica, en Quito. Foto Código Vidrio

“Señores, sin ser ecuatoriano de nacimiento, fue un don de Dios al Ecuador. Dios le vinculó a nuestra patria por la gloria y por el amor. Sucre es ecuatoriano porque en el Ecuador nació a la inmortalidad”, escribió el padre jesuita Aurelio Espinosa Pólit, historiador e investigador.

En medio de los festejos que los quiteños vivían por la emancipación, Sucre conoció a Mariana Carcelén. Ese fue el inicio de una relación que maduró en la distancia, marcado por la añoranza y la soledad.

Tras seis meses de residir en la capital del nuevo estado, el mariscal fue enviado nuevamente por Bolívar, empecinado en plasmar su sueño de la Gran Colombia, a dirigir sucesivas campañas para sofocar sublevaciones y levantamientos de focos subversivos en Colombia y Perú. Estuvo lejos de Quito varios años, pero en este largo período mantuvo correspondencia con Mariana y con su amigo, el general Vicente Aguirre.

“Si mis amigos de Quito desean que yo vaya al pueblo querido de mi corazón, mis amigos son infinitamente más. Crea Ud. que todas mis ansias después de acabada la campaña del Perú es ir a Quito, descansar unos días para dar un salto a Cumaná a ver mi familia y arreglar sus intereses y sus asuntos que han sufrido algún trastorno, después de la muerte de mi padre y volverme a establecer para siempre en Quito», escribió Sucre a Aguirre en 1825, con quien también compartía su deseo de comprar una casa, a pocas cuadras del Palacio de Carondelet.

Cansado de la política

Esos años fueron complejos y muy duros para Sucre, pues debió lidiar luego con los celos, las componendas, el desprecio y calumnias de sus enemigos.

”Limito mi deseo a que Quito sea más feliz que yo”, le escribió en 1826 a Aguirre, a quien también le contó sus deseos de dedicarse a ser un labrador en los campos de este país. En varias misivas dirigidas a Bolívar, Sucre insistía en que quería regresar a a Quito. En abril de 1828 se casó con Mariana por poder, que le entregó al general Aguirre. Volvió a ver a la marquesa de Solanda cinco meses después de regresar de Bolivia, donde fue presidente durante un año. En julio del 1829 nació su hija Teresa, en la casa que había comprado y remodelado a su gusto. Meses más tarde acudió como diputado por Ecuador al Congreso Constituyente de Bogotá, en el que Bolívar renunció a la Presidencia.

Estatua de Sucre en la plaza de Santo Domingo. a pocas cuadras de ahí está la casa restaurada del Mariscal que es un museo mantenido por las Fuerzas Armadas. Fotos Código Vidrio

El mariscal de Ayacucho asistió también como comisionado a las conferencias del Congreso en Bogotá y luego, en el Rosario de Cúcuta, al Congreso Extraordinario, con los diputados de Venezuela para intentar mantener, infructuosamente, la alianza federal en Colombia.

Como presidente del legislativo, Sucre aprovechó el encuentro para dar a conocer por última vez su visión política, distante de los caudillos que se frotaban las manos para mantener el poder a cualquier precio. “Para regir los destinos de la patria, se necesitan hombres nuevos, y que los que hayan sido generales en jefe, presidentes, vicepresidentes, consejeros de Estado y jefes Superiores, en cualquiera de los Estados de la nueva federación, quedarán excluidos de mando durante un largo período”.

Ese fue -según Díaz- uno de los  momentos culminantes de Sucre. “Ahí mostró su profunda convicción democrática y desprendimiento de cualquier privilegio, la grandeza del gran militar devenido en estadista”. Y esa posición desprendida, para dar paso a nuevos cuadros, también desató la ira de otros diputados y políticos, que lo veían como una amenaza a sus intereses, agrega Jorge Sucre, quien estima que desde entonces el plan para asesinarlo se puso en marcha.

«Te escribí el día 1 por el correo; y repito ahora por un extraordinario para saludarte, para decirte que te pienso cada vez con más ternura; para asegurarte que desespero por ir junto a ti; para pedirte que por recompensa de mis delirios, de mi adoración por ti, me quieras mucho, me pienses mucho. Por el correo que vino ayer de Bogotá me dicen que se insiste en que yo tome la Presidencia o Vicepresidencia. No sé que haya de exacto; pero si te repetiré que no aceptaré nada, sean cuales fueren las cosas. Todo,  todo lo pospondré a dos objetos: primero el complacerte; y segundo a mi repugnancia a la vida pública. Sólo quiero vivir contigo en el retiro y en el sosiego. No habrá nada que me retraiga de este propósito. Me alegraré si puedo con esto darte pruebas incontestables de que mi corazón está enteramente consagrado a ti, y de que soy digno de que busques todos los medios de complacerme y de corresponderme».

Ésta es la última carta que el mariscal Sucre le escribió a Mariana. Los siguientes días abandonó Cúcuta y emprendió el viaje de regreso a Quito, acompañado de un pequeño séquito de seis acompañantes, aunque le habían alertado que su vida corría peligro en la ruta que había escogido para volver.

Ansioso por cumplir su sueño de reencontrase con Mariana y su hija, minimizó las advertencias, que se cumplieron el 4 de junio, en un estrecho y oscuro paraje selvático, cubierto por una densa vegetación, denominado Angostura, en la selva de Berruecos. Antonio José de Sucre recibió cinco disparos, uno en la sien derecha. Tenía 35 años.

La noticia del asesinato conmocionó a su esposa y su familia, a los ecuatorianos. A los pueblos que liberó. Bolívar se enteró del crimen mientras agonizaba por la tuberculosis pulmonar en una finca de Santa Marta. Murió seis meses después, en diciembre de 1830, a los 47 años. Estaba atormentado por un luto que se llevó a la tumba: las muertes simultáneas de Sucre y la Gran Colombia.

Tras las huellas ocultas del mariscal Antonio José de Sucre y su esposa, la Marquesa de Solanda

La Batalla de Pichincha marcó la independencia de España. Detrás de este capítulo de la historia hay personajes invisibilizados e historias ocultas. Durante seis meses, una alianza periodística entre revista Vistazo, Código Vidrio con el médico historiador José Torres exploró distintas aristas del tema.

Por María Belén Arroyo, José Torres B. y Arturo Torres R.
Alianza Vistazo – Código Vidrio

Una exploración periodística a fondo, con reportería y testimonios, recogidos en Ecuador y Venezuela, descubrió las facetas desconocidas del mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, su esposa Mariana Carcelén, la marquesa de Solanda, y el secreto que ella guardó hasta el día de su muerte.

En cuatro historias que se publicarán sucesivamente a partir de este jueves 21 de mayo reconstruiremos hechos inéditos ocurridos hace casi 200 años.

Sucre, un pionero del derecho humanitario internacional y figura crucial de la independencia latinoamericana, no quería aferrarse al poder y buscaba la pacificación. Su anhelo era iniciar su vida familiar junto con Mariana Carcelén y su hija Teresita, en Quito, postergada por varios años.

Tras ser asesinado por traidores, en junio de 1830, cuando volvía de una misión política encargada por Simón Bolívar, su viuda –quien entonces tenía 25 años- desafió a los criminales, rescató el cuerpo y lo escondió.

La quiteña Mariana Carcelén murió sin revelar el sitio. El secreto se mantuvo durante 70 años, por un pequeño grupo cercano a la viuda.

En 1900 se descubrió la tumba en un rincón de Quito. Reconstruimos paso a paso el encuentro. Una comisión de expertos forenses avaló el hallazgo. Un médico dirigió la investigación científico-forense para corroborar la autenticidad de los restos. El presidente Eloy Alfaro impulsó esa tarea, para esclarecer la veracidad de las reliquias funerarias. Era necesario. En el siglo XIX hubo tres delegaciones de Venezuela y Bolivia, que llegaron a Quito para reclamar las reliquias del mariscal de Ayacucho.

Este proyecto comprende una vasta reportería: búsqueda en fuentes documentales en Ecuador, Venezuela y Argentina. Parte del trabajo fue la revisión de casi un centenar de cartas de la correspondencia particular de Sucre y Bolívar, de biografías y textos de historia en los archivos de la Casa de la Cultura, Biblioteca Nacional Eugenio Espejo, Biblioteca Aurelio Espinosa Pólit, archivo Juan José Flores, del centro cultural de la PUCE; de la casa de Sucre en Quito y archivos particulares. Además, entrevistas con su principal biógrafo y con uno de los descendientes de la familia Sucre.

El Ministerio de Salud y el IESS deben $487 millones a clínicas privadas, que dejaron de recibir pacientes derivados

Los centros médicos privados han reducido drásticamente la atención a pacientes que les remiten clínicas públicas. Eso debido a que Salud y el IESS les deben USD 487,7 millones. El colapso en el sistema de derivaciones afecta directamente a miles de pacientes, que esperan de forma indefinida ser trasladados para ser intervenidos de dolencias que los públicos no pueden tratar. El Gobierno les debe a 41 clínicas y hospitales y a 41 centros especializados de diálisis. La deuda se ha incrementando desde el 2018, en medio de la inacción estatal.

Redacción Código Vidrio

Desabastecimiento de insumos y medicinas, falta de mantenimiento de equipos médicos, especialistas que no tienen en sus manos las herramientas necesarias para aplicar sus conocimientos con los pacientes, despidos constantes y pacientes que se enfrentan a largas esperas por citas médicas, diagnósticos, tratamientos y cirugías… Esos son parte de los graves problemas que desnudan el estado de shock en el que está el sistema de salud pública en Ecuador. Y no hay ninguna señal de que la situación mejorará.

La derivación entre centros hospitalarios públicos hacia establecimientos privados solía ser una salida, pero con el paso de los meses es más limitada. El Estado se ha convertido en un deudor poco confiable: debe a 41 clínicas y hospitales y a 41 centros especializados de diálisis USD 487, 7 millones, según Ana Delgado, directora de la Asociación Nacional de Clínicas y Hospitales Privados del Ecuador (ANCHPE). Este problema se agrava aceleradamente sin que exista una señal clara de solución, dice.

De esos valores, USD 180 millones le corresponde pagar al Ministerio de Salud Pública (MSP) y USD 307 millones al Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS).

 Del total de la deuda que el MSP tienen con los socios de la ACHPE, solo USD 53,6 millones corresponden a clínicas y hospitales. Los  USD 126,4 restantes, que equivalen al 70%, son de los centros de diálisis. En el caso del IESS, los porcentajes de deuda son mayores para hospitales y clínicas, que para dializadoras, por casos de insuficiencia renal. El Seguro Social tiene pendiente un pago de  USD  213,5 millones a centros privados por diferentes dolencias y  USD  94 millones a los centros de terapia dialítica.

El monto que el Ministerio de Salud debe a estas casas de salud se arrastra aproximadamente desde el 2018. Entre ese año y 2020 la mayoría de pagos pendientes se deben a objeciones de auditoría, que no han sido levantadas o que -a pesar de haber sido realizadas- aún no han sido canceladas. Sobre esos montos se han acumulado nuevas deudas por servicios prestados en años posteriores.

Código Vidrio pidió hace dos semanas una respuesta oficial de las autoridades de Salud sobre el colapso de las derivaciones, tomando como referencia el caso de Cuenca, pero no ha obtenido ninguna respuesta hasta la publicación de este reportaje.

Delgado hace hincapié en que este problema se agrava constantemente porque las clínicas y hospitales que forman parte de ANCHPE atienden ya muy pocos pacientes que están a cargo del MSP a causa de esa deuda está impaga y no hay señales claras de que se pagará pronto.

“El Ministerio de Salud tiene el problema de que no maneja sus propios recursos sino que están a cargo del Ministerio de Finanzas”, explica. Y mientras Finanzas no entregue los recursos, el MSP no puede pagar. Sin embargo, reconoce que Salud tiene una alta cantidad de documentación auditada, es decir, que está lista para el pago. De acuerdo con los datos con los que cuenta la Asociación, hasta agosto del año pasado, esa cartera de Estado tenía revisados documentos por deudas que sumaban 120 millones de dólares y considera que nueve meses después, la tarea debe estar más adelantada.

La representante del gremio aclara que los prestadores de servicios de salud públicos o privados están obligados por la ley y por la ética profesional a atender a todos los pacientes que requieren atención de emergencia, es decir, aquellos que tienen su vida en riesgo. Pero puntualiza que hay grandes hospitales privados de Quito, por ejemplo, que ya no tienen convenios ni con el IESS ni con el MSP. Así se evitan atender otro tipo de casos que les puedan traer problemas financieros posteriores, por el tiempo indefinido que se toma el sector público en pagar esas cuentas.

Las protestas por la desatención de servicios de salud por deudas del IESS son permanentes. Este año hubo una manifestación de familiares de pacientes que padecen por falta de medicinas y porque esperan meses para ser intervenidos. Foto de archivo

Esta crisis afecta directamente a miles de pacientes. Uno de ellos es Marco Cuenca, de 48 años, quien permaneció interno hasta el martes pasado en el Hospital de Especialidades Portoviejo, por una disección de su aorta toráxica, originado en un accidente de tránsito. Luego de esperar infructuosamente por 75 días una derivación a un centro privado, fue dado de alta y debió ser trasladado por sus familiares a su domicilio en Esmeraldas.

Mientras permaneció hospitalizado, la pareja y madre de Marco durmieron en las bancas de metal de las salas de espera del hospital porque no tenían recursos que les permitieran pagar un hotel o rentar otro espacio por un tiempo indefinido. Además, hacerlo significaría sacrificar el bienestar de su ser querido. Todos los días, Marco necesitaba dos ampollas de un anticoagulante que deben inyectarle cada mañana y cada noche, además de otros medicamentos. Dada la falta de insumos, cuenta Paola, ellas pagaban por lo menos USD  50 por la medicina que mantiene a su esposo estable. Con sus recursos prácticamente han impedido que entré en un estado crítico.

Para formar parte de la Red Complementaria de Salud (RCP), las casas de salud privadas deben acercarse a la Zona correspondiente, según la ciudad en donde funcionan y registrarse para obtener una calificación de prestador, pero son cada vez menos los establecimientos que lo hacen, debido a esta problemática económica. “El que no quiere hacerlo, no lo hace, porque no se puede obligar. Estamos en un país libre”.

Quienes antes eran parte de la RPC, explica Delgado, han decidido reducir la atención o dejar de firmar el convenio porque “nosotros no podemos seguir atendiendo de manera indefinida cuando no ingresa lo que salió. Esos es una ley básica del Ecuador, en el sentido de que aquí hay libertad de trabajo, ¿verdad?”.

La asociación ha expresado su preocupación por los pacientes porque en este punto, dice Delgado, no se conoce cuántas cirugías represadas hay o cuántas personas no tienen diagnóstico. Las clínicas y hospitales privados atendían a un grupo importante de pacientes cuando la red pública estaba en mejores condiciones y en momentos en que los hospitales del IESS y del MSP están en crisis, considera que lo lógico sería que los centros privados podrían suplir esa necesidad pero no hay forma si no reciben pagos a tiempo.

Marco Cuenca, de 48 años, permaneció interno hasta el martes pasado en el Hospital de Especialidades Portoviejo, por una disección de su aorta toráxica, originado en un accidente de tránsito. Luego de esperar 75 días una derivación, fue dado de alta y trasladado por sus familiares a su domicilio en Esmeraldas.

Según Delgado, desde el IESS, a pesar de que la deuda es mayor, ha habido mayor decisión de pagar y salvo algunas demoras en un par de meses, se han cumplido los pagos previstos en el último tiempo. En cuando al MSP, la situación es más compleja, porque después de mucha espera, no se ha hecho pagos en efectivo sino que hubo dos emisiones de bonos soberanos del Estado en abril y en mayo del 2025, con el poro del Ministerio de Finanzas, para aliviar la situación de algunas casas de salud, incluyendo centros de diálisis. Estaba planificado hacer una tercera emisión pero, finalmente no se hizo.

La deuda crece en las dializadoras

Aunque los centros privados evitan recibir pacientes de hospitales públicos para frenar el crecimiento de la deuda, las dializadoras, por ejemplo, no pueden frenar ese endeudamiento, porque, “en primer lugar, en diálisis no hay paciente privado. Hay una norma que obliga al Estado ecuatoriano a financiar las enfermedades catastróficas y la insuficiencia renal crónica es una de ellas”. Esto significa que el Estado tiene la responsabilidad de brindar terapia dialítica a los pacientes con insuficiencia renal crónica de por vida.

Así, las dializadoras no pueden suspender el procedimiento para los pacientes porque su salud puede complicarse y llegar incluso hasta la muerte. Delgado reconoce que las otras dos instituciones de seguridad social: el ISSPOL y el ISSFA, se manejan bastante bien y pagan regularmente por el servicio, en un máximo de tres meses.

Si un paciente se complica por no recibir esta o cualquier otro tipo de atención, esto implica un mayor costo para el Estado. En el caso de la diálisis, porque a partir de 10 días sin recibir el tratamiento, el paciente puede entrar en una situación de emergencia en el que su vida entra en peligro.

Las dializadoras, por ética y por obligación legal, siguen atendiendo a los pacientes pero por la falta de pago, según Delgado, “han ido tomando decisiones de forma progresiva: desde hace aproximadamente dos años, suspendieron el servicio de transporte que se daba para el paciente y su familiar, suspendieron la aceptación de pacientes nuevos y han empezado a devolver pacientes, especialmente al Ministerio de salud.

Las casas de salud privada deben facturar de acuerdo a lo que manda el tarifario del Sistema Nacional de Salud, que fue emitido en 2012 y que tuvo ajustes en 2014 “el tarifario no ha subido, mientras tanto, hemos tenido una inflación tanto general como desde del sector salud, pero sobre todo hemos tenido un alto incremento en dispositivos, insumos  medicamentos”,

Ese tarifario implica que no cobran el mismo valor a un paciente privado que a uno del sector público. La representante de los hospitales señala que hay factores que hacen que los días de estada de un paciente en el sector privado sean menores que en el sector público porque en este último “hay problemas de corrupción, los días de estada pueden ser más largos”, lo que puede hacer más costosa la atención.

Finalmente, cree que si se  entendiera que la red pública es insuficiente y se trabajase en conjunto, el panorama para los pacientes sería mucho mejor. Esto debido a que el sector público tiene el 32 % de los establecimientos de salud con internación, mientras que el sector privado tiene el 68% de los establecimientos con internación. “Entonces en este país, si se quiere cumplir con algo que los gobiernos anteriores se propusieron, que es el acceso universal, progresivo a la atención de salud, se sabría que no se podrá alcanzar gestión oportuna. La red pública y la red privada deben trabajar de manera conjunta.


Imagen de portada generada por IA-Canva

Marco Cuenca espera que autoridades de Salud aprueben su traslado a una clínica privada para salvar su vida, desde hace 74 días

  1. La vida de Marco Cuenca, de 48 años, pende de un hilo, en medio del silencio de las autoridades de Salud. Tras sufrir un accidente, ha esperado 74 días que las autoridades del hospital de Portoviejo, donde está internado, lo deriven a una clínica privada que pueda operarlo para salvarle la vida. Esa decisión depende de la Zonal 4 de La Zonal 4 del Ministerio de Salud. Su madre y pareja cubren los gastos de sus medicinas y duermen en las bancas del centro público, esperando la respuesta oficial. Su caso es un ejemplo más del daño que causa a miles de pacientes y sus familias el desabastecimiento de medicinas, y las deudas del Estado con el sector privado. La crisis en el sistema de salud se agrava con el paso del tiempo y la falta de insumos se traduce en falencias en la atención médica.

Redacción Código Vidrio

Despertar cada día en la sala de admisiones del Hospital de Especialidades de Portoviejo se ha vuelto una desgastante y desesperanzadora rutina para Paola Cevallos y Gladys Vera. Cada noche, ellas se recuestan sobre un cartón cubierto con sábanas que acomodan en unas bancas del centro, para intentar descansar. Viven en estas condiciones desde el pasado 18 de febrero, cuando llegaron desde Esmeraldas a la capital manabita, acompañando a Marco Cuenca, de 48 años. Él sufrió un accidente de tránsito en Esmeraldas, que inicialmente afectó gravemente su pierna derecha.

Según el reporte médico del hospital, Marco sufrió de una insuficiencia arterial aguda en la pierna derecha por más de 24 horas. La extremidad estaba pálida y fría, por lo que se le hizo un examen para determinar el estado de los vasos sanguíneos del abdomen y de la pierna derecha. Entonces se realizó una intervención que recuperó un circulación sanguínea y salvó su pierna. Sin embargo, en el examen también se determinó que tenía un rotura grave y una dilatación de la aorta  que requería una intervención urgente.

El especialista que detectó esta complicación dispuso entonces una valoración en el servicio de Cirugía Cardiovascular, en donde se definió la necesidad de una derivación urgente, porque el Hospital Portoviejo no cuenta con insumos médicos para atender este tipo de complicaciones.

Pese a que se definió que era un caso que requería una atención urgente, Marco y su familia han debido esperar más de dos meses (74 días) desde cuando llegó a Portoviejo para que las autoridades del centro ordenen su derivación a otra clínica para salvar su vida. Todos los días, Paola y Gladys acuden al departamento de Bienestar Social del hospital, donde aún no reciben la autorización de autoridades del Ministerio de Salud de la Zona 4, aunque el riesgo de que Marco pueda morir de un momento a otro por una complicación es alto.

La familia compra medicinas y paga alimentación de cuidadoras

La pareja y madre de Marco duermen en el hospital porque no tienen recursos que les permitan pagar un hotel o rentar otro espacio por un tiempo indefinido. Además, hacerlo significaría sacrificar el bienestar de su ser querido. Todos los días, Marco necesita dos ampollas de un anticoagulante que le administran cada mañana y cada noche, además de otros medicamentos. Dada la falta de insumos, cuenta Paola, ellas pagan por lo menos USD  50 por la medicina que mantiene a su esposo estable. Con sus recursos prácticamente impiden que entré en un estado crítico.

Por un lado, él se empeña en recuperar la movilidad de su pierna, a través de fisioterapias en el hospital. Pero, por otro, debe cuidar su presión arterial pues su condición es de alto riesgo, según le han explicado los médicos a la familia. Y para financiar esos gastos y la alimentación de sus cuidadoras, la familia ampliada las apoya cuando puede con transferencias de algunos dólares que les permiten darse un respiro. Entre las personas que los apoyan está la hermana de Marco, quien vive en España. Su situación tampoco es favorable, pero apoya como puede. Por otro lado, el padre de Marco, quien tiene 79 años, ayuda con su pensión de jubilado.

Ante la desesperación de las dos mujeres, el 29 de abril pasado la directora médica del hospital Dalila Muñoz respondió por escrito sus preguntas. En el documento informa sobre los diagnósticos y el tratamiento que recibe Marco, además de las gestiones realizadas. Aunque hay algo de confusión por aparentes errores en en un par de fechas, se entiende que el Hospital envió desde Bienestar Social la primera solicitud de Inicio Inmediato del Trámite de Referencia a un Hospital de Tercer Nivel, con los documentos necesarios, el 20 de febrero, desde “el correo de Emergencia. No obstante, no han tenido ninguna respuesta de la Zona (4)”. Desde entonces ha insistido el 9, 17, 21, 23 y 26 de marzo; el 7, 13 y 23 de abril. Tampoco ha habido contestación.

Marco Cuenca está internado más de dos meses, en el hospital público de Portoviejo. Espera que las autoridades aprueben su traslado a una clínica privada para que lo operen de una grave lesión en la arteria aorta, por un accidente de tránsito. Fotos cortesía

El código de validación no se activa; la salud de Marco empeora. Él ocupa una cama en el hospital, mientras su madre y esposa duermen en las bancas de la sala de espera del hospital. Y no son las únicas. Hay otras familias que llegan de Cotopaxi, Esmeraldas y otras provincias. Entrevistadas por Código Vidrio, Gladys y Paola cuentan que, por lo general, la mayoría espera poco tiempo, pues sus familiares pasan por el quirófano y vuelven a sus casas. Así, decenas de pacientes y sus familias entran y salen después de algunos días, pero Gladys y Paola permanecen indefinidamente sin que las autoridades dispongan la derivación de Marco.

¿Cuándo y cómo se hacen las derivaciones?

La normativa más reciente sobre este tema consta en el Acuerdo Ministerial 00140-2023. Fue expedido por el Ministerio de Salud el 17 de mayo de 2023. Es el reglamento sobre el relacionamiento entre el sector público y privado de salud, para Pago de Accidentes de Tránsito (SPPAT); y, su Reconocimiento Económico.

Allí se reglamentan los procesos administrativos para brindar atención integral a los pacientes y el pago por derivaciones tanto entre miembros de la red pública de salud como para clínicas y hospitales privados. Una derivación se inicia cuando un hospital determina que no tiene capacidad para atender a un paciente, sea por falta de especialistas y equipos o por saturación.

Andrés Corral, salubrista que gerenció el Hospital Eugenio Espejo, explica que ciertas especialidades como intervencionismo desde cirugía vascular o neurocirugía, por ejemplo, están determinadas para ciertos establecimientos de salud, sobre todo, de tercer nivel, es decir, hospitales de especialidades. En ciertos casos, también en hospitales generales o de segundo nivel.

El desabastecimiento es un síntoma que perciben los pacientes. Ellos sufren la falta de medicamentos y dispositivos, pero Corral apunta que esto solo es la punta del iceberg: es “el resultado de un debilitamiento sistemático, progresivo de todo el sector de la salud a nivel público”.

El primer paso para hacer una derivación es hacer una búsqueda en la Red Pública Integral de Salud (RPIS), que incluye a otros hospitales del Ministerio de Salud o los que le pertenecen al IESS, al ISSFA o al ISSPOL. Si en ninguno de ellos hay opciones para atender el caso en cuestión, se debe buscar opciones en hospitales privados con la Red Privada Complementaria (RPC). Para ello, el código de validación es indispensable, pues permite que luego la casa de salud que reciba al paciente pueda cobrar por sus servicios al Estado.

Cuando se recurre a la RPC, el hospital o clínica debe estar acreditada y tener un convenio vigente y una vez realizado el trámite, se coordina el traslado para brindar la atención médica requerida de inmediato. En todo este proceso, ni el paciente ni sus familiares deben pagar por la atención, pues la cuenta estará a cargo del MSP.

Clínicas privadas se resisten a recibir pacientes de entidades públicas  

El sistema de salud arrastra un problema que crece con los años: un círculo vicioso entre especialistas que no pueden trabajar a cabalidad por falta de insumos y deterioro de infraestructura física y tecnológica y problemas para derivar. Las instituciones privadas manejan tarifas elevadas o se resisten a recibir a pacientes de instituciones públicas, porque los pagos tardan demasiado en llegar. Progresivamente, los hospitales y cínicas que mantenían convenios con el MSP y el IESS ya no se registran o dejan de recibir pacientes bajo estas condiciones, señala Corral.

De acuerdo con el Plan Operativo Anual del MSP, se requieren aproximadamente 687 millones de dólares para abastecer a los hospitales y centros de salud del país durante el 2026. La mayor parte de ese presupuesto debería emplearse en medicamentos (489 millones) y el resto en insumos para quirófanos (39 millones) y dispositivos médicos (150 millones). El problema es que, de acuerdo con un informe de enero pasado, solamente existen alrededor de 215 millones disponibles, lo que equivale a apenas el 31% de lo necesario. La situación es crítica, pues las necesidades no serán cubiertas tomando en cuenta que para diciembre del 2025 estaba presupuestada la asignación de 369 millones aproximadamente, para estos rubros, pero en febrero pasado hubo un ajuste que dejó la cifra en 300 millones.

“Entonces entramos en una situación complicada al extremo, crítica, porque ni el sector público con sus hospitales tiene la capacidad y el privado, que posiblemente tiene la capacidad, no tiene el interés de recibir pacientes porque el Estado tiene deudas con ellos, dice.

Gladys Vera, madre de Marco, duerme en las bancas del hospital hace más de dos meses, junto a su nuera. No tienen dinero para hospedarse en un hotel. Guardan los escasos recursos que tienen para comprar las medicinas que él necesita mientras está hospitalizado. Foto cortesía

¿De cuánto? No está claro. Código Vidrio consultó al MSP pero no ha tenido una respuesta. El Ministerio señaló que en cuanto tenga las cifras también informará sobre cuántas derivaciones dentro y fuera del sector público se han hecho durante el 2025 y el 2026, y el porqué de las demoras en el caso del paciente esmeraldeño Marco Cuenca.

Una intervención complicada y costosa

En el caso de Marco, por ejemplo, se requiere de un procedimiento que debe ser ejecutado por personal altamente calificado y en este se emplean insumos de alto costo. En un cálculo aproximado, Corral señala que solo hablando de los dispositivos que se emplearían en un procedimiento para un paciente como él, se invertirían alrededor de USD 2.000 a 2.500 en un hospital público. Pero al derivar a la RPC, los costos podrían subir a alrededor de USD 15.000. “Ese es el costo de perder la capacidad resolutiva y no poder adquirir dispositivos por no contar con el presupuesto necesario”.

Hay equipos que escasean en la red pública, según Corral, y solo existen en hospitales de Quito, Guayaquil y Cuenca, por ejemplo. Y, en otros casos, hace falta personal con especializaciones y subespecializaciones en ciertas casas de salud. “Entonces hay recursos inmovilizados por falta de dispositivos y medicamentos o especialistas y ahí es cuando se termina derivando”.

Cansada de esperar y con miedo por la fragilidad de la salud de Marco, Gladys envió una solicitud urgente de derivación dirigida al presidente de la República, Daniel Noboa, el pasado 13 de abril. Aunque dejó dos números de teléfono, un correo electrónico y puso todas sus esperanzas en ese documento, no ha tenido ninguna respuesta.

“Quiero ir a mi casa, quiero morir en mi casa

Marco usaba su moto para movilizarse por trabajo y actividades familiares, hasta el día en el que una camioneta habría invadido su carril, chocado contra él y luego contra un patrullero. El conductor fue detenido por los policías a cargo de ese vehículo y el proceso judicial está en marcha. La familia, dice Gladys, apoya a su hijo en este proceso, pero es inevitable quebrarse en una realidad que los abruma.

Ella y su nuera se sostienen en el cuidado de Marco, intentan descansar en las noches de hospital pero es difícil cuando el personal no deja de trabajar: en las madrugadas hay limpiezas constantes, suelen llegar nuevos pacientes y, a veces, despiertan con los llantos y gritos de personas que han perdido a seres queridos que estaban internos en el hospital. “Es algo muy duro. Creo que porque yo soy su madre y mi nuera, su esposa, aguantamos, porque realmente no tenemos otra manera de estar cerca de él. Mi hijo también está súper deprimido por todo esto que está viviendo. La vida le ha cambiado un 100%. Él lo que dice es ‘quiero ir a mi casa, quiero morir en mi casa, no quiero estar aquí en este hospital, porque no se va a dar lo que andamos buscando’”.

Gladys y Paola suspiran porque quieren animarlo aunque a veces a ellas también se les desvanece un poco la esperanza y la fe. Pero cuando despiertan, van a un lugar donde pagan 50 centavos para poder bañarse, allí mismo lavan la ropa y renuevan sus fuerzas para continuar con esta lucha por la vida.

Su motivación es ver de nuevo a Marco motivado en su trabajo como técnico de celulares y computadores o atendiendo a los clientes de la tienda que la familia tiene en Esmeraldas. Quieren ver de nuevo a ese hombre risueño hacer ejercicio a diario en el gimnasio, sonreír junto a su hijo de 13 años, con quien cada tarde entrenaba artes marciales, su disciplina favorita. Quieren probar los deliciosos platos que preparaba viendo tutoriales en YouTube o verlo disfrutar del mar junto a su hijo, pues ambos han sido siempre inseparables.

Marco es de Esmeraldas donde tiene una pequeña tienda, que hoy es atendida por su padre y su pequeño hijo, en medio de la inseguridad creciente y el pago de extorsiones. En esta moto se movilizaba antes de ser embestido por un vehículo que le causó una grave lesión en su pierna y las secuelas posteriores en la circulación sanguínea. Foto cortesía

La familia está dividida, pues en Esmeraldas están el hijo y el padre de Marco, quienes intentan sacar adelante la tienda de la familia, con dificultades. Es una responsabilidad dura para un niño y un adulto mayor que tiene problemas de vista y de oído, pero que se esmera por cuidar a su nieto y espera abrazar a su hijo pronto. “Y la situación en Esmeraldas tampoco está para que se pueda abrir una tienda sin que esté un adulto, porque está caótica, porque hay extorsiones de las bandas”.

Paola se angustia porque dice que su hijo “es una criatura cuidando a su abuelo, sin papá y sin mamá. Yo estoy aquí entre la espada y la pared porque si me voy, dejo a mi esposo solo que me necesita y si me quedo, me preocupa mi hijo que está solo con su abuelo. Es complicadísimo”.

Al inicio de lo que definen como una pesadilla, la hermana del conductor que habría sido responsable del siniestro se acercó al Hospital Delfina Torres, de Esmeraldas, y se comprometió a correr con los gastos médicos. Pagó un eco que le hicieron a Marco en la pierna en un sitio privado, porque no funcionaban los equipos de la casa de salud de esa ciudad. Cuando los médicos les explicaron la situación de su pierna, decidieron llevarlo a Portoviejo y la familia del conductor de la camioneta pagó a una ambulancia privada para ese traslado. Después, desaparecieron y solo han sabido de ellos cuando se han enterado, por su abogada, de los incidentes que han causado para prolongar el proceso judicial.

Así fue la estadía secreta de Gustavo Petro en Manta: los detalles ocultos de la visita de 72 horas a la casa de Marina Blue

EXCLUSIVA. El presidente de Colombia, Gustavo Petro, no salió de la casa en Manta tres días, pero recibió muchos invitados, entre el 24 y el 26 de mayo de 2025. Hubo farra. Sus visitantes ingresaban en autos con vidrios polarizados. A inicios de junio, un alto funcionario de la Cancillería colombiana se contactó con un delegado de Adolfo Macías, Fito. Detallamos las circunstancias en extremo riesgosas en que ocurrió la visita, en el contexto de la pugna entre ‘Los Choneros’ y ‘Los Lobos’ y la cacería de las autoridades para capturar a Fito, que se ocultaba en una vivienda, cerca a Manta. 

Alianza Código Vidrio-Vistazo

El avión presidencial FAC 001 salió de la pista aérea de Quito pasado el mediodía. Aterrizó en el aeropuerto Eloy Alfaro, de Manta, cuando comenzaba la tarde. Era el 24 de Mayo de 2025. Horas antes, el ocupante de la aeronave, el presidente colombiano Gustavo Petro, había llegado con retraso a la posesión del mandatario ecuatoriano, Daniel Noboa. Pero ésa no era su prioridad. El objetivo de su visita a Ecuador era otro. Iba a cumplir una agenda reservada en la ciudad costera de Manta, en la provincia de Manabí, por esos días convertida en el epicentro de operativos constantes para localizar a José Adolfo Macías, alias ‘Fito’, líder de Los Choneros.

Esta alianza periodística revela en exclusiva, a partir de diversos testimonios y fuentes documentales, detalles del viaje secreto del mandatario colombiano Gustavo Petro al puerto manabita.

Ésta es una de las piedras en el zapato de la relación entre los mandatarios de Colombia y Ecuador. El presidente Noboa señaló que Petro habría tenido reuniones con delegados de Adolfo Macías (‘Fito’) y con representantes del correísmo.

El presidente Gustavo Petro llegó el 24 de mayo del 2025 a la posesión de Daniel Noboa, en la Asamblea. Luego viajó en su avión directamente a Manta donde permaneció 72 horas. Foto de archivo

De su lado, Petro ha negado tajantemente las acusaciones, afirmando que mantuvo una agenda oficial y que todo el tiempo estuvo resguardado por agentes de la fuerza pública ecuatoriana.

A partir de varias entrevistas y revisión de fuentes documentales, confirmamos que sí hubo diálogos entre delegados de ‘Fito’ y autoridades colombianas, cuando el líder de ‘Los Choneros’ aún era un prófugo de la justicia ecuatoriana. Esto ocurrió a inicios de junio de 2025.

Estas conversaciones son consideradas por el gobierno ecuatoriano como una interferencia en el intento de capturar a Adolfo Macías. Él escapó de la cárcel regional Guayas en enero de 2024. Fue detenido el 25 de junio de 2025, en Montecristi, en la provincia de Manabí. Se escondía en un bunker bajo una vivienda lujosa, con piscina y gimnasio.

Qué pasó con Gustavo Petro en Manta

Petro descendió de la nave de la Fuerza Aérea Colombiana 001. Es un Boeing 737 700. Se lo reconoce por ser uno de los pocos aviones presidenciales militarizados, con un estatus OTAN E4, que representa el máximo nivel de protección.

La caravana de seguridad partió desde la terminal aérea con dirección al sur de Manta, tomando la vía puerto –aeropuerto, para conectar con la ruta Spondylus, según documentos de Inteligencia revisados por esta alianza.

Tras su llegada a Quito, Petro declaró que venía a abogar por los perseguidos políticos en Ecuador, sobre todo el exvicepresdente Jorge Glas. Foto de archivo

El trayecto de 13 kilómetros por la zona litoral lo recorrió con fluidez, gracias a la escolta oficial. Luego, cruzó la ciudad de Manta hacia un sitio residencial.

Finalmente, arribó al sector de Santa Marianita, en la urbanización Marina Blue. Eran aproximadamente las 4 y 20 de la tarde, del sábado 24 de Mayo, de acuerdo con la documentación oficial.

Gustavo Petro permaneció durante tres días en la residencia Marina Blue. No realizó salidas oficiales entre la tarde del 24 de mayo y el día 26, cuando dejó el lugar. Es decir, permaneció en el mismo lugar todo el tiempo.

Cómo fue el esquema de protección de Petro en Manta

Una cápsula de protección interna con agentes colombianos custodiaba al mandatario. En tanto, las Fuerzas Armadas del Ecuador brindaron seguridad perimetral externa, sin acceso al entorno próximo al presidente del país vecino. Agentes de inteligencia de la Policía también vigilaban el sector.

Ese esquema de seguridad es parte de un protocolo oficial para cualquier presidente que llega al país. En la seguridad, según conoció esta alianza, participaron miembros de unidades especiales de las FF.AA., incluidos agentes de la Fuerza Aérea. En este caso los militares tenían un equipo de reacción, que que era el anillo exterior fuera de la vivienda, integrado por personal uniformado y agentes que vestían de civil.

Autos con vidrios polarizados, pertenecientes a la cápsula de seguridad interna, ingresaban y salían  con distintos visitantes.

Según el protocolo, el personal de FF.AA. se encarga de revisar y registrar a todas las personas que ingresan al sitio donde está el mandatario y su comitiva.

Un reporte de Inteligencia describe, por ejemplo, que en más de una ocasión escucharon música dentro de la casa, lo que sugería que había festejos privados. Precisamente, en uno de los informes se detalla el ingreso, en varias ocasiones, de un Jeep Jetour chino, modelo 2025, con placas identificadas (MGB5…), que ingresaba con alimentos y bebidas. El auto era conducido por Wilfrido R. M. quien es parte de una empresa, domiciliada en Manabí. Esa firma brinda servicios de logística de alimentos y personal de servicios, incluidos camareros, cocineros, mayordomos, conductores y jardineros, entre otros.

Petro dijo que avanzó en la escritura de su libro en Manta

La permanencia del presidente Petro en la residencia Marina Blue se caracterizó por un hermetismo absoluto, refiere uno de los informes de Inteligencia. “Durante la estancia, se observaron constantes movimientos de ingreso y salida de los vehículos pertenecientes a la cápsula de seguridad interna, con vidrios polarizados, impidiendo la identificación de sus ocupantes”.

El perímetro externo de la casa donde el presidente colombiano permaneció tres días era vigilado por personal de las Fuerzas Armadas, en Manta. Foto cortesía

Al momento de abandonar la residencia, “Petro habría estado acompañado por mujeres que no formaban parte de su equipo de seguridad oficial”, según la documentación en poder de esta alianza.

El mandatario colombiano afirmó que su viaje a Ecuador tuvo carácter oficial. Aseguró que tuvo el acompañamiento de agentes estatales ecuatorianos como parte de su esquema de protección.

Petro explicó que aprovechó su viaje a Manta para escribir 30 páginas de un libro sobre capitalismo y crisis climática.

“En Manta, en un pequeño lugar muy alto, mirando el mar, que es hermoso allí, escribí ese domingo 25, unas treinta páginas de mi libro sobre la relación entre la acumulación de capital y la crisis climática”, escribió el mandatario colombiano en su cuenta de la red X.

El domingo 19 de abril de 2026, Petro aseguró que demandará penalmente a su par ecuatoriano, por calumnia, al acusarlo de sostener reuniones con personajes relacionados con el narcotráfico. Explicó que su gobierno ha ayudado a detener a importantes cabecillas de bandas ecuatorianas.

Fito fue prófugo entre enero de 2024 y junio de 2025

Fito llegó a dirigir una estructura criminal, ‘Los Choneros’, con unos 12 mil miembros. De ellos, más de la mitad se encuentran tras las rejas en distintas cárceles del país.

A inicios de enero de 2024 escapó de la cárcel. Desde entonces empezó una búsqueda de distintas unidades del Ejército y la Policía, con apoyo de agencias de Estados Unidos.

Entre el 26  y 27 de julio de 2024 habría permanecido en la zona colombiana de Tumaco. Un grupo armado irregular le habría dado protección. En concreto, el 27 de julio habría permanecido en la vereda Mata de Plátano.

Tumaco es un distrito costanero del departamento de Nariño que da al Pacífico, a unos 300 Km. de Pasto. Se encuentra al suroccidente de Colombia, cerca de la frontera con Ecuador.

A partir de 2024, el cerco se estrechó sobre el entorno del prófugo Fito. Bienes de su familia fueron allanados. Su pareja fue detenida en mayo de 2024, por ser considerada como figura central en un esquema de operaciones de lavado de activos. Y su hermano, cuñados y suegros fueron detenidos a inicios de junio de 2025.

Las Fuerzas Armadas siempre se mantuvieron siguiendo el protocolo de vigilancia y contención externa del inmueble donde Petro mantuvo reuniones con varias personas que llegaron a visitarlo. El presidente Noboa dijo que se reunió con personajes vinculados al crimen organizado. Foto cortesía

Para mayo de 2025, cuando Petro estuvo en Manta, Fito buscaba desesperadamente desde meses atrás una mediación externa para entregarse y ser extraditado a Estados Unidos, pues temía por su vida si se quedaba en Ecuador.

‘Los Lobos’ querían ejecutarlo para tomar el control de las rutas que dominan ‘Los Choneros’ hace unos 15 años. Desde enero de ese año intermediarios y abogados de Fito contactaron a funcionarios del gobierno ecuatoriano e incluso a agentes de la Administración para el Control de Drogas (DEA), en busca de una entrega segura y extradición a Estados Unidos, según tres fuentes consultadas, cercanas a estas conversaciones. Funcionarios de esta Agencia conversaron luego directamente con ‘Fito’, en una videollamada. Esto también fue corroborado por el cabecilla de ‘Los Choneros’ después de su captura a los uniformados que lo entrevistaron, que grabaron esta confesión.

Los chats entre gente de Fito y diplomáticos colombianos

El 4 de junio de 2025, ‘Fito’ escribió una carta a mano, dirigida a la embajadora de Colombia en Ecuador, María Antonia Velasco. En ella, afirmaba estar dispuesto a entregarse a las autoridades, dejaba en claro que temía por su vida y la de su familia. Y alertaba que tenía en su poder información ‘muy valiosa’.

En varias oportunidades el ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia aseguró que la autenticidad de la carta no ha sido comprobada. Negó además haber recibido información por canales oficiales.

Pero además insistió que esa Cancillería no actúa como garante de narcotraficantes, ni tiene competencia alguna para mediar en este tipo de situaciones.

Sin embargo, el jueves 5 de junio de 2025, una funcionaria de esa cancillería llamó a un delegado de ‘Fito’, que lo representaba como negociador. Esto ocurrió a las 11h45. No tuvo respuesta. Un minuto después le alertó que le iba a llamar.

Tres horas más tarde, le escribió al delegado de ‘Fito’:

-Buenas, pudo hablar?

Como recibió una respuesta negativa, le volvió a escribir, esta vez para compartirle el número de celular del viceministro de Relaciones Multilaterales, Mauricio Jaramillo. Y le advirtió que él le había llamado, sin recibir contestación. ‘Si está fuera del país, le agrega el indicativo 57’, le explicaba.

Según reportes de Inteligencia, en la casa también hubo festejos con la música a alto volumen. La logística de alimentos y bebidas fue proveída por un proveedor mañanita. Foto de archivo

-Él está esperando su llamada, le insistió. ‘Escríbale si no le contesta, dígale quién es’.

Hacia el fin de la tarde, el negociador de ‘Fito’ le comentó a la funcionaria que ya le estaba escribiendo al viceministro.

El alto funcionario se contactó hacia las 5 pm de ese día con el representante y negociador de ‘Fito’. Como respuesta, recibió este mensaje:

“Estoy adelantando una tarea para la entrega del Sr Macías a la justicia de su país, ha sido complejo porque el gobierno ecuatoriano, al parecer, tiene una posición que no les ha permitido llegar a un acuerdo”. Y le pedía atender una llamada, para contextualizar con el tema.

Una periodista de Vistazo escribió al viceministro al mismo número que consta en el chat. Recibió su contestación y le planteó la pregunta, pidiéndole su versión sobre el diálogo que había mantenido con Fito. En concreto se le preguntó si esta conversación fue oficial. Hasta el cierre de este reportaje el Viceministro no respondió esta solicitud.

Fuentes cercanas a este proceso fallido de negociación con autoridades colombianas mencionan que ‘Fito’ buscaba salir a una cárcel de Estados Unidos, evitar ir a El Salvador, que su familia recibiera protección e identidad nueva en un tercer país.

Fuentes de inteligencia explicaron que  al menos 2 mil ecuatorianos en conflicto con la ley recibieron irregularmente documentación como ciudadanos colombianos.

Esto no ocurrió. Finalmente, ‘Fito’ fue detenido el 25 de junio de 2025. Poco después fue extraditado hacia Estados Unidos.

Petro se metió en la boca del lobo

Por esos días Manta era el epicentro de reuniones de distinta índole. Hacia fines de mayo de 2025, el tercero en la línea de mando del grupo narcodelictivo, Francisco Manuel Bermúdez Cagua (‘Churrón’) se encontraba en esa ciudad.

La visita de Petro a Manta ocurrió en medio de una serie de operativos que Fuerzas Armadas y la Policía realizaban en Manta y otras localidades de Manabí para capturar a José Adolfo Macías, alias Fito, líder de Los Choneros. Él fue detenido pocas semanas después de la estancia del presidente de Colombia en esa ciudad. Foto de archivo

En esa ciudad se realizaban negociaciones clandestinas para bajar de intensidad la pugna entre ‘Los Choneros’ y ‘Los Lobos’. No progresaron.

Según fuentes de la Policía,  Juan Fernández Zapata, de 50 años, armador y capitán de barcos pesqueros, estaba en la mira de ‘Los Lobos’. El hombre de mar, convertido en empresario de barcos, había sido relacionado con  Jorge Luis Zambrano, (‘Rasquiña’), por aparecer con él en una imagen del pasado. Rasquiña fue el líder indiscutible de ‘Los Choneros’ hasta su crimen en diciembre de 2020. El 2 de junio de 2025, cuando Fernández Zapata, a quien familiarmente llamaban ‘Capi Zapata’ acudía al cementerio para despedirse de su padre, fue acribillado. Al día siguiente debía dejar el país, por amenazas. Según presumen fuentes de Inteligencia, él habría sido en algún momento propietario de la residencia donde se alojó el mandatario colombiano, lo cual esta alianza periodística no pudo confirmar en los registros catastrales del Municipio de Manta. En ese cabildo Los Choneros tienen varios operadores en puestos claves desde hace muchos años. Según registros oficiales, Fernández vivía en la exclusiva ciudadela Portal del Sol, en el lote 5 vía Barbasquillo, junto al hotel Howard Johnson.

A mediados de julio de 2025, Leonardo Briones Chiquito (líder de ‘Los Lobos’ en Manta) fue acribillado junto con su esposa.

Esa noche hubo un despliegue de pirotecnia; ataques violentos y una masacre en un club nocturno de Jaramijó.

‘Churrón’ se mantuvo en la clandestinidad. Su identidad real (Francisco Manuel Bermúdez Cagua) fue difundida el 11 de diciembre de 2025. El Gobierno de Estados Unidos anunció que ofrecía una recompensa de 5 millones de dólares, por su captura. Actualmente se lo considera el tercero en la línea de mando de ‘Los Choneros’. Se ubica después de Darío Javier Peñafiel (‘Topo’) y de ‘Fito’. Topo fue detenido en septiembre de 2025, el 22 de abril de 2026, la Corte Nacional de Justicia autorizó su extradición hacia Estados Unidos.

Según fuentes militares y policiales, familiares de quienes eran cabezas de bandas locales, que han sido detenidos o han muerto desde el año pasado, ahora viven en Colombia, con otras identidades.