Ecuador navega en aguas turbulentas

ANÁLISIS. Mientras China y Rusia cierran filas contra Estados Unidos, su enemigo común, Ecuador busca afianzar un tratado inédito de libre comercio con el gigante asiático. El gobierno ecuatoriano navega en aguas torrentosas.

El presidente Guillermo Lasso estuvo la semana pasada en China. El sábado 5 de febrero se reunió con su par, Xi Jinping, quien los últimos días mantuvo conversaciones con varios mandatarios, durante el inicio de los Juegos Olímpicos de Invierno.

La competencia estuvo ensombrecida por dos hechos extra deportivos:

  1. La peligrosa escalada de tensiones por el temor de una invasión de Rusia a Ucrania, que ha desatado el despliegue importante de tropas de potencias occidentales, con EE.UU. a la cabeza de sus aliados en la OTAN.
  2. El boicot de EE.UU., Gran Bretaña, Canadá, Australia, Japón, miembros de la UE y otros países, que no enviaron a sus delegaciones diplomáticas a los juegos como protesta por las denuncias de larga data de abusos sistemátcos a los uigures y otras minorías étnicas en China.

En medio de los crecientes temores por una arremetida bélica rusa sobre Ucrania, el presidente de EE.UU., Joe Biden, dio luz verde al despliegue de 3.000 soldados en el Este de Europa, equipos y armamento. Actualmente, EE.UU. tiene 4.000 efectivos en Polonia, 900 en Rumania, 100 en Lituania y 60 entre Letonia y Estonia. En Ucrania solo operan asesores militares, un programa en marcha desde hace años.

Auque el Kremlin aseguró que no pretende invadir Ucrania, mantiene más de 100.000 soldados en la frontera de la antigua república soviética, por lo cual ha recibido un paquete de sanciones económicas empujadas por EE.UU. y sus aliados europeos.

Con las tensiones en alza, los mandatarios de China y Rusia se reunieron la semana pasada en Pekin y pusieron los pelos de punta a Washington. Anunciaron una alianza estratégica sin precedentes, que se basa en su rechazo frontal a la hegemonía de Occidente, liderada por EE.UU., lo cual marca el inicio de una nueva era de relaciones internacionales, según analistas. Xi y Putin dispararon sus primeros misiles retóricos: condenaron la influencia “desestabilizadora” de las alianzas militares en Europa y Asia y una nueva ampliación de la OTAN.

Ambos países estrecharon su relación los últimos ocho años, después de que Rusia se anexionara por la fuerza la península ucrania de Crimea con el apoyo de China. Y recientemente Jiping lanzó una tabla de flotación a Putin, golpeado por las sanciones internacionales, con la firma de un acuerdo para comprarle gas. Los juegos fueron la vitrina perfecta para Xi Jiping y Putin, que amplificaron su alianza a través de su impresionante maquinaria mediática y propagandística.

Para Ecuador, el timming de la visita no fue el más oportuno. No solo eso: es mal percibido por Washington y algunos de sus aliados europeos, según fuentes diplomáticas consultadas.

El juego diplomático de Ecuador es riesgoso, volátil, sobre todo si a futuro también quiere alcanzar un tratado comercial con EE.UU., nuestro principal socio económico.

Para Washington, Ecuador es vital en su estrategia de alianzas e influencia en Latinoamérica, tras una década de repliegue geopolítico por la arremetida China y su apoyo a los gobiernos de izquierda, con la entrega de millonarios préstamos, caracteriazdos por su opacidad.

Tras su llegada al poder, el presidente Lasso anunció su intención de alcanzar acuerdos comerciales con las principales economías del mundo, más allá de su tendencia ideológica. Ese pragmatismo -que puede rayar en la ingenuidad en un contexto de encendidas disputas de las potencias- le rindió frutos en el plan de vacunación contra el Covid-19, pues recibió un significativo apoyo de China y EE.UU.

Precisamente, en su reciente visita a China, Lasso anunció que había consiguido la donación de 2,5 millones de vacunas Sinovac para inocular a los niños de 3 a 5 años. También abordó -aún sin ningún resultado- la renegociación de la deuda (unos 5.000 millones) y la posible desvinculación del pago de los préstamos con petróleo.

EE.UU. sigue con cierto desconcierto el desempeño de la administración de Lasso, pero prefiere mantenerlo de su lado, en medio del empoderamiento de la izquierda en la región, cuyos líderes se han mostrado más abiertos a fortalecer el eje China-Rusia.

En octubre pasado, estuvo en Ecuador el secretario de Estado de EE.UU., Antony Blinken. En su visita destacó el interés de su gobierno por reforzar la cooperación comercial y la lucha antidrogas, en el contexto de un aumento creciente de los envíos de cocaína desde Ecuador a EE.UU. y Europa. El 2021 cerró con una incautación histórica de 175 toneladas del alcaloide, fruto de la cooperación, sobre todo, de EE.UU., Gran Bretaña y otros países.

Durante su visita, Blinken no perdió la oportunidad para lazar sus dardos a China. Alertó que los países que negocian con el gigante asiático deben tener cuidado con las inversiones en áreas sensibles. “Desgraciadamente, en el caso de China, no hay separación entre empresas privadas y el Estado, cuando se trata de derechos humanos, privacidad y seguridad esto puede ser un gran desafío y es necesario tener el escrutinio necesario para que el país receptor y su pueblo estén protegidos”.

Las declaraciones de Blinken desencadenaron una furibunda respuesta de China, que en estos casos usualmente ha mantenido un silencio estratégico, evitando choques diplomáticos directos. La Embajada China calificó las declaraciones de “erróneas” y fue más lejos: acusó a EE.UU. de “abusar de su poder para restringir a las empresas de otros países”, bajo el principio de “America First”.

Aunque la visita de Blinken dejó un saldo positivo para el gobierno, que recibió un espaldarazo en medio de una severa crisis de inseguridad, agravada por las sangrientas revueltas en las cárceles, pocas semanas después EE.UU. volvió a patear el tablero.

El embajador de EE.UU., Michael J. Fitzpatrick, dijo que su gobierno les había retirado la visa a varios narcogenerales. El anuncio del diplomático descolocó al régimen, que actuó dubitativo sin dimensionar la dimensión del anunció del Embajador, que provocó un remezón político y diplomático.

Fuentes cercanas al gobierno de EE.UU. estiman que la decisión del retiro masivo de visas, no solo a oficiales sino a funcionarios judiciales y abogados, fue un claro llamado de atención al gobierno ecuatoriano, que se ha mostrado errático y lento para enfrentar la severa crisis interna que sacude a la Policía y a las las Fuerzas Armadas, contaminadas por la corrupción  y el narcotráfico.

También es evidente la relación, más bien distante, del Ministerio de Gobierno con la embajada, lo cual contrasta con la administración de Lenin Moreno, que mantuvo una estrecha cooperación y coordinación con EE.UU. en temas de seguridad e Inteligencia. Ese apoyo fue vital para su sobrevivencia, en medio de arremetidas de la oposición, con el correísmo a la cabeza.

Moreno estrechó su alianza con EE.UU tras su sorpresiva ruptura con el expresidente Rafael Correa, a mediados del 2017, lo cual también implicó el distanciamiento de los antiguos socios de la revolución ciudadana, sobre todo de Rusia. Moreno congeló la relación con el régimen de Putin, pues recibió informes de Inteligencia de su apoyo al correísmo en su guerra de desinformación para tumbarlo. En mayo, con la llegada de Lasso al poder, Rusia retomó las conversaciones para cuajar acuerdos en distintos campos, incluido uno sobre energía atómica con fines pacíficos.

Así, el gobierno sigue siendo una incógnita para EE.UU. y algunos de sus aliados de la UE, que esperarían un posición más distante y crítica de China. Pero el dragón se mantiene firme en su estrategia de sumar aliados en Latinoamérica. No escatima recursos en su efectiva política de donar vacunas y abrir el abanico de nuevos negocios crediticios, difíciles de rechazar para el régimen, en el contexto de una severa crisis económica, caracterizada por un creciente desempleo y caída del poder adquisitivo.

Siguiendo su instinto empresarial, Lasso avanza en su estrategia de juntarse con Dios y el diablo, tratando de sortear las consecuencias políticas y diplomáticas con otras potencias. Minimizando, casa adentro, las críticas de diversos sectores a la asociación con China, que no es percibido como un aliado confiable, de prácticas amigables con el ambiente. Por el contrario, es bien conocida su voraz política extractivista, con el silencio de las administraciones de turno.

Basta ver lo ocurrido en la construcción de Coca Codo Sinclair, que ha sufrido paralizaciones sucesivas por las fallas en sus estructuras, lo que provocó un litigio arbitral con la china Sinohydro en instancias internacionales. Tampoco es menor la lista de otras obras entregadas a empresas chinas, sin concursos ni fiscalizaciones independientes, plagadas de millonarios sobreprecios y denuncias de corrupción.

Otro tema preocupante es la operación de la flota de 300 pesqueros chinos en los alrededores de Galápagos, que año a año depredan especies, en particular el calamar.

Aunque el gobierno y su canciller, Juan Carlos Holguín, aseguran que todos los temas sensibles han sido planteados frontalmente a China, que se ha mostrado abierto a considerarlos, el saldo de la relación la última década deja un mal sabor de boca. Si Lasso desestima los errores de sus antecesores, esta nueva etapa de la relación con China podría convertirse en un segundo matrimonio, donde prima la esperanza sobre la experiencia.

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