Matar a los famosos, otro gancho para ganar clicks

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Parece mentira, pero hay músicos, actores, deportistas, políticos y personajes públicos que se han enterado vivos, por redes sociales y páginas de internet, sobre “su fallecimiento”.

Por Ana María Carvajal

Algunos personajes de la farándula se lo han tomado con tranquilidad y desmintieron los rumores con algo de humor. Fue el caso de Ricky Martin, quien le devolvió la calma a sus fans con un post, “desde el cielo”, en el que mostraba lo vivo que estaba, disfrutando de unas vacaciones en el paraíso, una playa de su natal Puerto Rico.

La gente agradeció que el cantante y actor haya dado señales de vida, luego de que se regara el rumor de que supuestamente había fallecido en un accidente de tránsito, en Estados Unidos. Incluso se creó una ‘fanpage’ que rápidamente se llenó de miles de me gusta y de comentarios manifestando la tristeza por la ‘tragedia’. Entre las reacciones está la de una fan que escribió “gracias a Dios estás bien, me pasé dos horas buscando saber si era verdad esa noticia terrible que no podía creer… gracias por hacernos saber que nada de eso es verdad”.

Pero la lista de bulos (noticias falsas) sobre famosos no empieza ni termina ahí. En marzo del 2012, el reggaetonero Daddy Yankee debió enviar a través de Twitter “saludos desde el más allá, otra vez”, para desmentir su falsa muerte, como ya había ocurrido en diciembre del 2011. La lista de personas a las que un rumor ha ‘matado’ es larga y siempre puede crecer. Años atrás estuvieron en ella los cantantes Justin Bieber y Luis Miguel, los actores Will Smith y Sylvester Stallone y el famoso encantador de perros, César Millán.

A otros, que por su delicado estado de salud estuvieron en los noticieros por semanas, les llovieron bulos sobre su partida antes de tiempo, como ocurrió el último año con los ídolos mexicanos Vicente Fernández y Armando Manzanero, quienes finalmente fallecieron días o semanas después de los falsos anuncios.

Uno de los casos más recientes es el de su compatriota, el actor César Bono, de la serie Vecinos, quien fue internado de emergencia por un problema de salud, pero está en recuperación. Él desmintió su muerte desde sus redes, pero sus hijos reclamaron por la crueldad del bulo. Según el medio mexicano As, Leonardo Bono escribió: “Como vieron en mi historia anterior, gracias a Dios mi papá va mejor, echándole ganas, ha habido mejorías, pero quizás ya no debería hablar más al respecto…una de mis tías le acaba de hablar a mi mamá llorando porque ella estaba normal y le hablaron para darle el pésame”.

Varios medios internacionales también han replicado supuestas noticias sobre la separación de parejas icónicas de Hollywood, como Ashton Kutcher y Mila Kunis y los más sonados de la más reciente ceremonia de los Oscar, Jada Pinkett y Will Smith.

Enumerar la lista de información falsa, incompleta o mal intencionada que difunden portales de internet y que en ocasiones hasta se cuela en los portales de algunos medios de comunicación tradicionales es imposible. Pero, ¿por qué hay especial atracción sobre aquello que ronda la vida privada de actores, cantantes, presentadores de TV, deportistas, políticos, etc.?

La docente de la Universidad San Francisco de Quito, Tania Orbe, señala que esa atracción “tiene más que ver con nuestro subconsciente y esta naturaleza e instinto de ser curiosos, querer conocer de los otros y si son famosos nos interesan más, porque hay un apego de las emociones: ira, tristeza, alegría, humor”.

Sin embargo, señala que una parte de la evolución de los humanos como seres sociales es luchar en contra algunos de nuestros instintos. Por ejemplo, de alguna manera controlamos nuestro instinto de violencia “pero si vemos una riña pública o una pelea y más si es entre dos cantantes, nos atrae”.

Este tipo de ganchos hacia sitios en línea mueve mucho dinero en el mundo, dice Orbe, y es usada no solo por políticos sino por empresas que necesitan datos de las personas. Así, estos portales se vuelven rentables, porque venden datos de sus usuarios. Estas prácticas no son nuevas, pero el acceso al internet las hace más notorias y, sobre todo, las pone, literalmente, al alcance de nuestras manos, con la inmediatez de desbloquear nuestro celular. El acceso a información falsa, errónea, dudosa o incluso sobre explotada, antes requería de un proceso que incluía redacción, impresión y distribución, en el caso de medios escritos, pero ahora nos llega en dos segundos, porque estamos hiperconectados.

Johanna Batallas es comunicadora y ha trabajado con clubs de fans en Ecuador de diversos solistas y grupos como Jonas Brothers, One Direction, CNCO o Helian Evans. Desde su experiencia en ambos ámbitos, dice que hay personas o medios que anteponen clicks y seguidores ante información de calidad. Eso da dinero, dice, pero la pandemia agudizó el uso de redes con el afán de generar ingresos económicos.

 

 

Por ejemplo, TikTok, una red de videos breves que antes atraía principalmente a público adolescente y joven, se volvió un boom en el que gente de toda edad se lanzó al estrellato para bailar o para darle un giro a los contenidos hacia sus productos o servicios. “El usar tecnología sin una guía ni educación digital ha hecho que la gente se concentre en la apariencia y el morbo para consumir en redes” y eso, según Batallas, se aprovecha desde medios que usan titulares escandalosos y amarillistas para ganar tráfico y dinero.

Además, Batallas observa que cuando se sueltan rumores de muertes, rupturas, conciertos, etc., hay medios pequeños que ni siquiera tienen sus propios portales sino que se crean solo con cuentas en redes sociales. “Ponen titulares llamativos, muchas veces falsos o tergiversados, y llegan al corazón de los fans, pero usan información de otros medios. Ni siquiera hacen el esfuerzo de crear su contenido sino que solo pasan la voz de información que otros ‘les dan haciendo”.

Es fácil apelar a las emociones de la gente -agrega Orbe- pero la responsabilidad de los medios está en trabajar más allá del rating, los ‘likes’ y los contenidos virales. “Un medio no puede creer que las audiencias tienen el poder y el control de todo”, dice, porque eso hace que muchos medios caigan en el sensacionalismo, el tratamiento morboso de la información y en la invasión de la privacidad, porque engancha a la gente desde el drama. “La verdad sin drama puede ser concebida desde nuestro inconsciente humano como aburrida. Pero los periodistas no solo tenemos misión de informar, sino de educar y parte de ello es convivir de una forma respetuosa como sociedad”.

En Corto: de la noticia a la sátira

Si bien enterarse de los chismes de la gente famosa, sea cual fuere el ámbito, es atractivo para las audiencias, también hay formas y estilos distintos para hacerlo, evitando caer en el morbo y, sobre todo, invadir la privacidad de las personas mediáticas. En eso trabaja el segmento En Corto, de los noticieros de Teleamazonas. Patty Oquendo fue reportera del espacio que ahora dirige. En la vida y en su trabajo entendió que, aunque no todos lo admitamos, el gusto por el chisme es cultural en nuestra sociedad. “Crecimos con eso, la vida ajena nos llama mucho la atención y mucho más si es que son personajes públicos”, pero no a todos les gusta el mismo estilo a la hora de contar lo que pasa con la farándula. Oquendo señala que hay una clara diferencia entre los programas de este tipo de la Sierra con la Costa, por ejemplo.

Las reporteras y presentadoras de En Corto usan un tono de voz que busca acercarse a una charla cotidiana en la que alguien se acerca a un familiar o amigo a contarle un chisme. Ese es el enganche para contar algo que no es normal que pase, como el error de una ministra en una presentación de algún informe, el tropezón de un asambleísta o el micrófono dañado en un evento oficial, por ejemplo. De hecho, así fue como nació En Corto, hace ya casi 19 años.

Cecilia Bucheli y Carlos Jijón decidieron usar ese material grabado en las coberturas formales que causaba risas en el canal pero que no salía en los noticieros. Eran ‘bloopers’ de la época cuando Lucio Gutiérrez era presidente y encontraron el modo de presentarlo a sus audiencias. Ahora no solo incluye temas políticos sino también deportivos y de farándula.

Pero la consigna es bromear sin meterse demasiado en la vida de los entrevistados. Sin embargo, reconoce que la forma de reportear que usan ciertos reporteros de farándula le ha dado mala fama entre las figuras públicas a quienes se dedican a esto. En Corto  prioriza la sátira y caricatura política pero 19 años después sigue teniendo problemas para conseguir acreditación en ciertos eventos. Por eso su plan sigue siendo, como en sus inicios, colarse.

Pero el tono de voz que se usa en otros espacios dedicados a la farándula exclusivamente, suele ser mucho más marcado y hasta cantado. Lo que a ciertas audiencias atrapa, a otras repele. Para Orbe, eso tiene una explicación: “Si ves a un reportero que llora en cámara, se cae, ríe a carcajadas, va a pegar más atrayéndote o asqueándote pero funciona de cualquier forma porque igual te queda en la memoria. Es una apelación a las emociones de manera cotidiana, exagerada y pega en las audiencias por la misma curiosidad, porque nos interesar ver errores en los otros, burlarnos de los demás. A veces buscamos entretenimiento, no información,

Para Orbe, es especialmente preocupante el crecimiento de la desinformación a raíz del confinamiento, tanto que la OMS ha alertado sobre una pandemia paralela a la desatada por el nuevo coronavirus, y es de información. Los esfuerzos por frenarla, dice, siguen siendo insuficientes porque ya no solo implica la responsabilidad de los medios sino que es cada vez más necesaria una alfabetización digital en la que deben participar no solo las familias sino las instituciones educativas y la decisión de cada ciudadano de aprender a consumir de una forma sana y constructiva lo que circula en el enorme universo que hay en línea. “Nosotros somos migrantes digitales pero quienes nos siguen son nativos digitales y deben identificar lo útil, lo falso y lo verdadero”.

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