Los ataques con drones que los primeros meses de este año sufrieron tres barcos pesqueros ecuatorianos cerca a Galápagos fueron parte de un programa encubierto de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), según una investigación del Washington Post. Un jet con alta tecnología de vigilancia voló desde El Salvador antes y durante los incidentes contra los barcos Fiorella, Negra Francisca Duarte III y Don Maca, entre enero y marzo pasados.
Redacción Código Vidrio
Aunque muchos detalles sobre la participación de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) aún no están claros, una fuente que conoció el plan afirmó que los ataques formaban parte de un programa de «acción encubierta”. Se trata de un plan secreto en el extranjero que tuvo el consentimiento del Presidente Donald Trump, pero en la que no se reconoce públicamente el papel de su gobierno. La fuente pidió no revelar su identidad debido a la sensibilidad del tema.
Ninguna agencia ni gobierno ha reivindicado la autoría de los incidentes, incluida la desaparición en enero de un barco pesquero y sus ocho tripulantes. Estos ecuatorianos viajaban a bordo del “Fiorella”, un barco de pesca con palangre de 52 pies de eslora. Todos los pescadores que iban en las dos embarcaciones atacadas en marzo (“Negra Francisca Duarte II” “Don Maca”) sobrevivieron, indica el reportaje de los periodistas Ellen Nakashima, Samantha Schmidt, Samuel Oakford, Warren P. Strobel, Alex Horton y Aaron Schafer, con la colaboración de Arturo Torres, desde Ecuador,
La participación de la CIA, según la investigación del Post, añade una dimensión nueva y secreta a la campaña de la administración de Trump contra presuntos narcotraficantes en alta mar. Aún no se ha podido esclarecer si participaron en estos operativos otros actores, como contratistas privados o autoridades de otros países, precisa el reportaje.
La CIA declinó hacer comentarios para este informe. Varios miembros de los comités de inteligencia del Congreso contactados por el Post tampoco hicieron comentarios. En Ecuador, la Cancillería ni las Fuerzas Armadas respondieron ante los pedidos de un pronunciamiento.
Estos ataques son distintos de la campaña del Pentágono contra presuntas embarcaciones de narcotraficantes iniciada el año pasado, con el Comando Sur a la cabeza. Estas intervenciones han sido duramente criticadas por grupos de derechos humanos y algunos legisladores demócratas, que las califican de ejecuciones extrajudiciales. La administración de Trump ha justificado los ataques equiparando a los «narcoterroristas» con militantes que atacan a Estados Unidos.

Entrevistados por el Post, los sobrevivientes ecuatorianos relataron que pequeños drones de cuatro hélices (cuadricópteros) lanzaban municiones sobre las embarcaciones o detonaban al chocar contra ellas. Los tripulantes contaron que luego de los ataques fueron trasladados a un barco cercano, donde hombres armados les pusieron capuchas y esposas. Después los llevados a El Salvador, para ser devueltos a Ecuador sin ninguna explicación.
Un jet voló desde El Salvador hacia donde navegaban los pesqueros
En cada uno de los incidentes, un jet ejecutivo de alta gama, equipado con tecnología de vigilancia especializada, voló desde El Salvador hacia los barcos pesqueros, tanto el día de los ataques como en los días previos, según datos de seguimiento de vuelos y embarcaciones recabados por el Post.
Los detalles sobre la aeronave y el patrón de sus vuelos antes de los incidentes sugieren que estaría vinculada al programa secreto de la CIA.
Las comunicaciones por radio y los datos de seguimiento de vuelos revisados por el Post evidencian que el avión, un Cessna Citation Longitude, llegó a El Salvador procedente de Tennessee, con una tripulación de seis personas en noviembre.
Según las transmisiones de radio, voló con una matrícula estadounidense y, tras aterrizar, se dirigió a una sección militar del aeropuerto, indica el reporte del diario estadounidense. Los documentos de la Administración Federal de Aviación (FAA) no muestran ninguna aeronave registrada con esa matrícula.
La FAA exige que todas las aeronaves en servicio estén registradas ante la agencia, con excepciones que incluyen periodos de transferencia de propiedad y «aeronaves de las fuerzas de defensa nacional de los EE.UU.», según la ley federal.
Ese número de matrícula había sido reservado por una empresa que no tiene un sitio web visible y cuya dirección figura como un apartado postal en una tienda de UPS en Virginia, según los registros a los que accedió el medio estadounidense.
Las fotos muestran que el avión está equipado con tecnología de vigilancia, incluyendo un radomo ventral, una estructura en la parte inferior para proteger el equipo de radar. The New York Times informó sobre el avión el miércoles. El avión operaba desde el Aeropuerto Internacional de Ilopango, un pequeño aeropuerto que fue centro de operaciones encubiertas respaldadas por EE.UU. en Nicaragua durante la década de 1980. El aeropuerto, ubicado en las afueras de San Salvador, es independiente del principal aeropuerto internacional de El Salvador, donde el ejército estadounidense mantiene una base oficial.
El 20 de enero, día en que desapareció el Fiorella, las comunicaciones con la torre de control registraron el despegue del avión poco antes del amanecer. “FENIX 701”, dijo el piloto en inglés con acento estadounidense, “despegando de la pista tres-tres”.
Los tres incidentes han alarmado a las organizaciones de derechos humanos, impulsaron una investigación de un fiscal en Ecuador y han llevado a algunos legisladores demócratas en Washington a exigir respuestas. En contestación a las preguntas del Washington Post, el ejército estadounidense negó tener conocimiento de los incidentes.

El gobierno salvadoreño tampoco contestó a las solicitudes de comentarios. Tras el ataque al buque Negra Francisca Duarte II, la Armada de El Salvador informó haber llevado a cabo una operación humanitaria para transportar a 16 supervivientes del naufragio, todos ellos ecuatorianos. Dos de ellos resultaron heridos, uno con quemaduras en la espalda, y fueron trasladados a un hospital.
Una campaña clandestina sin relación directa con el Pentágono
Los ataques contra el Don Maca y el Negra Francisca Duarte II guardan pocas similitudes con la campaña que el Pentágono mantiene contra presuntos narcotraficantes en el Caribe y el Pacífico oriental. Estos ataques, que han causado la muerte de 221 personas desde septiembre, han tenido como objetivo lanchas rápidas y semisumergibles. El ejército estadounidense ha llevado a cabo los ataques abiertamente, utilizando una combinación de drones y aeronaves tripuladas, incluido el avión de ataque AC-130J, el preferido por los comandos. Según informó previamente El Post, también se han destruido embarcaciones con bombas guiadas por láser y misiles de precisión.
La administración no ha presentado pruebas de narcotráfico en relación con estos ataques y ha divulgado pocos detalles sobre dónde y cómo se atacaron las embarcaciones. Se ha negado a las peticiones bipartidistas del Congreso para que se publique un vídeo que muestra un ataque militar estadounidense en el que mueren dos náufragos que sobrevivieron a un ataque inicial contra su embarcación. Pero mientras los críticos exigen mayor transparencia sobre estos ataques, el programa de la CIA apunta a una fase completamente secreta de la campaña de ataques contra embarcaciones.

No está claro por qué, mientras la administración Trump alardea de sus ataques militares contra supuestas embarcaciones de narcotraficantes, se involucraría en una operación clandestina separada dirigida contra buques, según exfuncionarios estadounidenses que trabajaron en la región.
“Esto plantea la pregunta de por qué sería necesario hacer esto”, dijo uno de los exfuncionarios. “¿Cuál sería el propósito de tanto secretismo?”.
El presidente Trump otorgó a la CIA nuevas facultades para combatir el narcotráfico, firmando una autorización para acciones encubiertas destinadas a contrarrestar organizaciones criminales transnacionales, incluso mediante el uso de la fuerza letal, según informó el Post.
La Agencia ha incrementado sus recursos y personal en América Latina. En Venezuela, agentes de la CIA en el terreno ayudaron a localizar y rastrear al entonces presidente Nicolás Maduro, quien fue capturado en enero por las Fuerzas de Operaciones Especiales de EE.UU. y detenido bajo cargos de narcoterrorismo. La agencia también ha expandido sus operaciones en el Caribe y México, donde dos oficiales de la CIA murieron en un accidente automovilístico en abril cuando regresaban del lugar de una redada antidrogas con funcionarios de seguridad mexicanos.
Si bien la última ubicación conocida del Fiorella fue a 300 millas de las costas de Ecuador en aguas internacionales, el Negra Francisca Duarte II se encontraba dentro de la zona económica exclusiva de Ecuador que rodea las Islas Galápagos. El Don Maca estaba justo fuera de la zona económica.