La Batalla de Pichincha fue el nudo de la campaña libertaria liderada por Sucre, que se apretó en Guayaquil y se desató en Perú

Pese a que la Batalla de Pichincha fue crucial para sellar la independencia, luego el general Antonio José de Sucre debió liderar  los meses siguientes duros combates con fuerzas rebeldes, todavía leales a España, especialmente en Pasto, Colombia, y en Perú, que el libertador San Martín no pudo someter. Las tropas libertarias eran multinacionales y multirraciales, integradas por mestizos,  afrodescendientes, indígenas, criollos y europeos, especialmente británicos.     

Por Galo Cruz, coronel (SP) del Ejército y académico

Luego del difuso éxito en el combate de Bomboná (abril 1822) y de la decisiva victoria en la batalla de Pichincha (mayo 1822), la guerra por la independencia suramericana cambiaba favorablemente para las fuerzas independentistas. Simón Bolívar, después del triunfo de Pichincha, y previo a la reunión con José de San Martín, se dirigió inmediatamente a Guayaquil, ciudad a la que entró el 11 de julio, con aproximadamente 1.500 efectivos, con el propósito de convencer a la población para que se incorporen a Colombia.

El 26 de julio de 1822 se reunieron en Guayaquil los dos líderes de la Independencia suramericana, el libertador Simón Bolívar y el Protector José de San Martín. Después de esta entrevista reservada, la situación estratégica cambió radicalmente en la región; el Protector salió de la escena y el Libertador asumió el liderazgo de la guerra.

El libertador de las repúblicas del sur, San Martín, dimitió en septiembre del 2022 y le comunicó su decisión a Bolívar, en una carta firmada desde Lima: “He convocado al Congreso para presentar ante él mi renuncia y retirrame a la vida privada con la satisfacción de haber puesto a la causa de la libertad toda la honradez de mi espíritu y la convicción de mi patriotismo. Dios, los hombres y la historia juzgarán mis actos públicos”.

Encuentro de José de San Martín y Simón Bolívar en Guayaquil. Pintura: Archivo Histórico Riva-Agüero, Lima.

Los teatros de Guerra

Luego de la batalla de Pichincha, en la guerra de Independencia se identificaron dos teatros de guerra: el Teatro de Guerra del “Perú – Pacífico” y el Teatro “Atlántico – Caribeño” (Maita, 2022). En el primero actuaban las fuerzas de Colombia, Chile y del Río de la Plata, con el objetivo principal de apoyar a la campaña del Perú. En el Teatro “Atlántico – Caribeño”, en cambio, la actuación de la escuadra española extendió el conflicto, toda vez que sus fuerzas mantenían una presencia importante en esos territorios, promovieron rebeliones, especialmente en Puerto Cabello y Maracaibo. Esta última ciudad fue la base de operaciones del general español Francisco Tomás Morales. Con la caída de estos dos últimos bastiones españoles del norte, cambió el escenario de la guerra.

En el Teatro de Guerra Perú-Pacífico Sur, en el Perú de 1823 regían dos gobiernos: una República con sede en Lima y que dominaba el norte y el Virreinato que, con el virrey La Serna, tenía su capital en el Cuzco y en el que regía la Constitución de Cádiz de 1812 y los principios del Trienio Liberal español.

A comienzos de 1823, los resultados de las operaciones militares eran favorables para el Ejército Real del Perú; en cambio, la situación política peruana era afectada por las disputas por el poder central y la excesiva ambición de sus caudillos, lo que generaba un ambiente de polarización político-social. La primera Junta Gubernativa del Perú fue cesada en febrero, por un pronunciamiento militar y el Congreso peruano designó el 28 de febrero a José de la Riva– Agüero como primer presidente.

Para Simón Bolívar, la situación del Perú era muy crítica, ya que si las fuerzas realistas tomaban Lima y el Callao, era probable que la mayor parte de la población apoyara a la monarquía y desde el puerto y base del Callao afectaran a Colombia, convirtiendo al distrito del Sur en el teatro de guerra principal.

Los preparativos para la campaña armada del Perú fueron rápidos y demandaron importantes recursos. “Así fue como los departamentos de Ecuador, Azuay y Guayaquil, hicieron en aquellas circunstancias grandes y dolorosos sacrificios, […] El más rico por su comercio y producciones agrícolas, el de Guayaquil, proporcionó al Libertador un empréstito de cien mil pesos para hacer frente a los gastos; los otros dos contribuyeron con igual suma, fuera de los víveres y vestuarios que dieran, según archivos históricos de 1858.

Los teatros de Guerra en Suramérica en 1823 Fuentes: Cruz, (2023), adaptado de Lynch (2009) y Maita (2022).

El 14 de abril de 1823 el general Sucre partió hacia Perú para hacerse cargo de las tropas colombianas, que encontró en un estado deplorable. A mediados de junio de 1823, el gobierno peruano dispuso la evacuación de su capital Lima. El general español José de Canterac, ocupaba Lima el 18 de junio, mientras que Sucre, como comandante del Ejército Unido, se retiraba al Callao.

En el Ejército Real del Perú, bajo la autoridad del virrey José de la Serna, las fuerzas militares estaban divididas en dos bandos: los que eran favorables a la Constitución de Cádiz y quienes eran seguidores de Fernando VII y que se agrupaban en torno al general Pedro de Olañeta, quien desconoció la autoridad del virrey.

Habitantes de Pasto enfrentan a fuerzas libertarias

Mientras tanto, en el norte del actual territorio ecuatoriano las fuerzas libertarias enfrentaban a la oposición de Pasto, cuyos habitantes no aceptaban la separación de España, manifestando su aversión hacia Bogotá y Quito. A finales de 1822, en la región de Pasto sucedió un importante levantamiento liderado por el teniente coronel español Benito Boves, quien proclamó su lealtad al rey Fernando VII. Esta insurrección incidía en la campaña para la resolución de la guerra de la independencia. Comprometía las líneas de comunicaciones con Bogotá y representaba un seguro efecto multiplicador para quienes se oponían a la causa libertaria.

El Libertador, desde Quito, envió a pacificar Pasto al general Sucre, con el batallón Rifles y los escuadrones Guías, Dragones de la Guardia y Cazadores montados, a las que posteriormente, se sumó el batallón Bogotá. Las fuerzas pastusas fueron derrotadas y cuando Sucre entró en Pasto, sus habitantes habían huido hacia las montañas. La venganza fue inmediata y Pasto fue saqueada por las tropas de Sucre. Posteriormente, con la llegada de Bolívar en enero de 1823, las imposiciones fueron drásticas: “Bolívar impuso a los pueblos rebeldes del cantón una contribución forzada de treinta mil pesos (…). Hizo que se reclutaran todos los hombres hábiles para las armas y a los más inquietos que sean llevados en calidad de presos. Mandó a confiscar los bienes de todos aquellos que participaron en la rebelión o que no se habían presentado a Sucre en seis días (…). Casi todas las propiedades de los pastusos eran confiscadas y se mandaron a repartir entre los militares de la república. El castigo de los habitantes de Pasto dejó en sus corazones el resentimiento más profundo y duradero”, relató el historiador Restrepo en 1858.

Este antecedente es importante para tomar en cuenta lo que ocurrió ocho años más tarde, en 1830, cuando Sucre fue asesinado, en Berruecos. Esa zona queda 70 kilómetros al norte de Pasto, capital del departamento de Nariño. Cuando ocurrió el magnicidio los habitantes de esa región eran hostiles con las fuerzas que los reprimieron y en especial con quien las comandó.

Victoria pastusa a las fuerzas de Flores

Sin embargo, para el 12 de junio 1823, Agustín Agualongo, al frente de algunas partidas campesinas, se enfrentó a las fuerzas del coronel Juan José Flores, que tenía 600 hombres, la mayoría reclutas. La victoria pastusa fue impensada y contundente. Agualongo entró en Pasto y se proclamó comandante general a nombre de la monarquía española. Inmediatamente organizó sus fuerzas y avanzó al sur del río Guáitara, aumentando sus tropas insurrectas hasta 1.200 hombres. Además, cursaba comunicaciones a los otavaleños, para conseguir su apoyo.

Así era la difícil topografía de Pasto en el siglo XIX. Puente sobre el río Mayo. Dibujo de Riou Acevedo, de 1968.

El 21 de junio el Libertador escribía al general Sucre sobre la difícil situación en el norte de Quito, explicándole que las fuerzas de Flores fueron derrotadas y que entre Quito y Pasto solo había disponibles 150 soldados. Las comunicaciones con Bogotá fueron cortadas y, además, había sublevaciones en Barbacoas y Esmeraldas. Ante esto, Bolívar resolvió no enviar refuerzos urgentes al Perú.

El 17 y 18 de julio, el ejército conducido por Simón Bolívar derrotó a las fuerzas de Agualongo en la batalla de Ibarra. Sin embargo, todavía no se lograría pacificar la región de Pasto. Recién en 1824, con el fusilamiento de Agualongo, se disiparon los temores de una nueva rebelión pastusa.

La victoria de las fuerzas del Libertador en Ibarra, consolidó los resultados de la Batalla de Pichincha y se libró a Quito de un probable saqueo; se abrió nuevamente las comunicaciones con Bogotá, concentrándose en la decisión de la campaña libertaria en el Perú. Bolívar, luego del triunfo, retornó presurosamente a Quito el 31 de julio y partió a Guayaquil. El 7 de agosto, por pedido del Congreso peruano, salía al Callao, para dirigir personalmente la campaña en el Perú. A su llegada, el 1 de septiembre, fue recibido por el presidente de Tagle y nombrado como autoridad suprema del Perú.

De Pichincha a Ayacucho se selló la independencia

1823 constituyó un puente entre la batalla de Pichincha de 1822, que desarticuló la presencia realista en el actual territorio ecuatoriano, cambiando el escenario de guerra por la independencia suramericana y la conclusión estratégica de diciembre de 1824, en la batalla de Ayacucho, en que se culminó exitosamente la guerra.

En el teatro de guerra “Perú – Pacífico Sur”, 1823 fue un año difícil para la guerra libertaria ya que la situación inestable y adversa, tanto en Pasto como en el Perú, puso en riesgo la campaña.

En el escenario de guerra “Atlántico-Caribeño”, 1823 fue un período favorable. Las victorias en Maracaibo y Puerto Cabello significaron la derrota de las tropas realistas en el norte suramericano, con lo que mejoraron las capacidades estratégicas y operativas para decidir la guerra.

Este 1823 fue particularmente difícil para los pueblos del Sur: Quito, Azuay y Guayaquil, ya que soportaron el paso de los ejércitos libertarios hacia el Perú. Esto aumentó la pobreza y provocó importantes e inmediatos efectos sociales y económicos.

Así, los logros militares de la guerra por la independencia suramericana daban paso a la constitución de las nuevas repúblicas en un período de asfixiante caudillismo, dejando abierto un espacio de peligrosa conflictividad futura.

En Contexto

Los ejércitos independentistas de Bolívar y San Martín eran fuerzas multinacionales y multiétnicas, formadas por criollos, mestizos, indígenas, afrodescendientes y europeos, en su mayoría ingleses. Su número variaba drásticamente, según la campaña, oscilando entre pequeños grupos de élite y ejércitos combinados que superaban los 5.000 hombres. 

  • Simón Bolívar lideró el Ejército Unido Libertador del Perú y las fuerzas de la Gran Colombia. Eran venezolanos, colombianos, ecuatorianos, peruanos, bolivianos y un destacado contingente de voluntarios europeos, principalmente británicos (Legión Británica).
  • Número de soldados. En 1819, al cruzar los Andes hacia Nueva Granada, comandó unos 2.500 hombres.
  • En 1822 para la Batalla de Pichincha, el ejército dirigido por Antonio José de Sucre contó con unos 3.000. hombres.
  • En 1824, para las batallas de Junín y Ayacucho, el ejército unido superaba los 5.700 efectivos. 
  • San Martín organizó el Ejército de los Andes en Argentina y posteriormente conformó el Ejército Unido Libertador del Perú, junto a las fuerzas chilenas. Estaban integrados por argentinos, chilenos, afrodescendientes (libres y esclavos), y oficiales europeos. Para el histórico Cruce de los Andes en 1817, San Martín comandó 5.200 hombres.
  • En 1820, para la Expedición Libertadora al Perú, la fuerza conjunta estuvo integrada por 4.200. combatientes.

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