La fiesta de Assange en el Hotel acabó con la cruda resaca en una prisión inglesa

El asilo de Julian Assange en la embajada de Ecuador en Londres estuvo marcado por los excesos. Esto provocó permanentes fricciones y choques con personal de seguridad y funcionarios diplomáticos. Entre su equipo de 17 colaboradores, destacaba la abogada Stella Morris, quien habría tenido una larga relación sentimental con el ´huésped´, según reportes enviados a la Senain desde la sede. Los documentos también sugieren la posibilidad de que el fundador de WikiLeaks hubiera tenido un hijo con ella. Sus abogados no se han pronunciado.

Redacción Código Vidrio

Llegó como una estrella de rock a la embajada ecuatoriana en Londres. Salió como un ermitaño, en medio de un huracán, en manos de la policía británica, en abril de 2019. Siete años de autoencierro le pasaron la factura.

Lo que ocurrió durante el asilo del activista Julian Assange en la sede diplomática tuvo tintes de festín, pero también de una cruda resaca, por los daños colaterales para su salud física y mental.

Hoy vive su peor pesadilla. Enfrenta un proceso de extradición, que arrancó a fines de febrero en Londres, y terminará probablemente en mayo, cuando las autoridades judiciales británicas decidan si lo entregan a Estados Unidos, que lo reclama por supuestos delitos contra sus seguridad nacional, tras la difusión de 250.000 cables que daban cuenta de crímenes de guerra en Afganistán, Iraq y Guantánamo, así como de las actuaciones de embajadores de EE.UU. en todo el planeta.

“El huésped tiene una naturaleza egoísta y de superioridad sobre las personas que le rodean. Le gusta ser el protagonista y que los demás le muestren cierto grado de servilismo. Hace claras muestras de conducta antisocial y no acata normas, a menos que sean las suyas”. Así lo describió un informe de UC GLOBAL, la compañía que daba seguridad a la embajada, requerido a mediados de 2014, por el entonces poderoso Secretario de Inteligencia ecuatoriano, Rommy Vallejo.

Vallejo había asumido el cargo meses atrás, y estaba preocupado por reiteradas quejas de la cabeza de la delegación diplomática, Juan Falconi, quien llegó con la misión de encontrar una rápida salida para que Assange dejara la embajada y si dirigiera a otro país, según comentó.

Pero Falconi tenía otro propósito: poner en orden el Hotel, como se conocía a la sede, y frenar los excesos del Huésped (Assange) y sus variopintos invitados: hackers, espías, extremistas, políticos, filósofos, periodistas, cantantes, artistas, todos subyugados por el ícono de la era digital.

El huésped ocupaba tres cuartos de la estrecha sede, localizada a un costado de Harrods, la lujosa tienda en el centro de Londres. Tenía una oficina junto al despacho del embajador, para antender a sus visitas, aunque también ocupaba la sala de reuniones, un cuarto donde tenía su dormitorio y otro espacio usado para guardar sus cosas.

Assange se sentía intocable y poderoso. En general, no acataba la autoridad de los embajadores, aludía que tenía contacto directamente con Quito, en alusión al entonces canciller Ricardo Patiño y a sus asesores españoles, que luego serían prominentes figuras de la política en su país, especialmente José María Guijarro, Txema, e Iván Orosa, identificados con la línea de izquierda afín a Podemos.

El amigo cercano de Assange, Stphen Hoo, llegó varias veces a la embajada en 2017, con un bebé de pocos meses de edad, que posiblemente no era su hijo.

“Pasa por momentos de depresión (de dos a tres días), que luego derivan en situaciones explosivas de desenfreno, que suele acentuar por un elevado consumo de alcohol (whisky, vino)… El estado físico general del huésped es bueno dentro de la situación en la que se encuentra; dispone de material deportivo que utiliza en forma regular (cinta andadora, lámpara de rayos UVA, juego de pesas); si bien es cierto que últimamente ha cogido algo de sobrepeso ya que la actividad es limitada por razones obvias de espacio”. Así reseña uno de los informes que revisamos la conducta del huéped.

Sus abogados han insistido en que Assange era provocado por el personal de seguridad y por algunos funcionarios diplomáticos, que eran hostiles con él. Carlos Poveda ha indicado que la empresa que lo vigilaba lo espiaba constantemente y que eso desembocaba en algunos incidentes, más bien puntuales. Precisamente, la defensa de Assange impulsa un juicio en Madrid en contra del dueño de la firma Global, David Morales, acusándolo de espiarlo para la CIA, lo cual él ha negado, insistiendo en que se trata de una campaña para victimizar al activista y evitar su extradición.

El caso Assange también ha generado una encendida polémica sobre la libertad de expresión y los derechos humanos. Hay quienes creen que efectivamente EE.UU. lo persigue y quiere sentar un precedente contra la prensa. Eso destaca hoy en un artículo en El Comercio de Perú la analista política Virginia Rosas. “Assange, en su calidad de periodista, debería estar protegido por la primera enmienda de la Constitución estadounidense, que defiende a rajatabla la libertad de prensa. Pero para juzgarlo, Washington desempolvó una ley de 1917, que sanciona los actos de interferencia con las relaciones exteriores de Estados Unidos considerándolas espionaje. Una ley que podría aplicársele, por ejemplo, a la soldado Chelsea Manning”, que actuó como informante de WikiLeaks.

Rienda suelta

Según pudimos constatar por varias fuentes, el desenfreno del líder de WikiLeaks empezó desde 2012, a pocos días de su llegada al hotel. Cuando empezó su asilo la entonces embajadora Ana Albán le entregó un protocolo de convivencia. Pero, muy a su estilo, él pasó el documento por la trituradora de documentos. La entrada a la embajada, burlando a las autoridades inglesas, fue celebrada por el activista y sus seguidores, incluidos funcionarios ecuatorianos como Fidel Narváez, el cónsul, que había jugado un papel importante para que se le concediera el asilo. Él también ha insistido en que Assange fue provocado y tratado en forma hostil, en particular por el actual gobierno.

Un dolor de cabeza para el personal de limpieza

Stella Morris era una de las asiduas visitantes de Julian Assange. Aquí en una reunión con empresarios catalanes.

El personal de limpieza de la embajada dejó varias quejas por escrito, por los excesos y las fiestas, que dejaban huellas en la sede. También era notorio el descuido al aspecto personal del hacker, que caminaba descalzo y en pijama por el lugar, en horas de atención al público.

“Debido a la falta de aseo del señor Assange, la embajada pasa muy a menudo con un olor insoportable, al punto que en épocas de invierno y pese al frío intenso en este país hemos debido tener ventanas abiertas para mejorar la ventilación”, refería tiempo después la responsable de la limpieza en un informe.

La relación sentimental con Stella

A pesar de los reiterados intentos por limitar el ingreso de colaboradores de Assange y WikiLeaks a la embajada, hubo hasta 17 cercanos al australiano en la delegación al mismo tiempo, como lo revela un informe del entonces embajador Juan Falconi.

No todos tenían el mismo nivel de proximidad. Del equipo, la abogada Stella Morris era la figura más cercana y mantuvo una relación sentimental con él, según los reportes de seguridad. Al punto que ella dormía con Assange en la delegación diplomática, según los registros escritos, membretados como secretos, que se enviaban mensualmente a la Secretaría de Inteligencia, Senain.

Por ejemplo, el primer día de enero de 2018 ella pasó la tarde completa en la embajada, el día 6 también estuvieron juntos y el día 7 se dedicaron a arreglar el dormitorio de él, para lo cual utilizaron una escalera.

Pero hubo otros hechos que no pasaron desapercibidos para los agentes de seguridad de la delegación diplomática. Un visitante frecuente de Assange era el actor Stephen Hoo. En varias ocasiones Hoo llegaba con un bebé de meses, a quien sostenía en un canguro en el pecho.

Aunque decía que era su hijo, nunca presentó un documento de identificación del niño, al ingreso. Lo que más llamó la atención a los guardias es que las visitas del actor británico de ascendencia china siempre coincidían con la llegada de Morris.

Por eso, sospechaban la “posibilidad de que el Huésped haya podido ser padre durante su confinamiento en la Embajada”, por las recientes visitas que se están recibiendo de este bebé, siempre acompañado por Stella Morris. “Planteamos la posibilidad de que debido a los lazos afectivos que la misma mantiene con el huésped, el bebé pudiera tener algún tipo de relación entre ambos”.

El informe fue escrito en octubre de 2017, pero no tiene un tono concluyente, aunque sí enfatiza que Hoo, que abiertamente había reconocido ser homosexual, no sería el padre. Personal de la embajada aludía que la abogada desapareció por varios meses del radar de la embajada, antes de la aparición de Hoo con el pequeño.

El 9 de enero de 2018 quedó este registro: “El Huésped recibe la visita de Stephen Hoo con el bebé, acompañado como siempre de Stella”, acompañado de capturas de pantalla del video que lo prueba.

Otra persona que podía pernoctar en la embajada era la actriz Pamela Anderson, una de sus más asiduas defensoras. Según fuentes cercanas a la delegación diplomática, hubo una construcción mediática alrededor de esta relación supuestamente sentimental para asegurar que el caso estuviera en el ojo público, dada la notoriedad de esa figura de la televisión estadounidense.

El papel de la abogada

Stella Morris, abogada de Assange.

Era tal la cercanía de Morris, que en el juicio que se ventila en Madrid por el supuesto espionaje a Assange de UC Global salieron a la luz las gestiones que ella habría hecho en favor de su defendido.

En una reunión con un testigo, a inicios de 2018, en un almacén justo al frente de la Embajada, Morris habría mencionado que el equipo de Assange investigó el entorno de la jueza británica Vanessa Baraitser. Así habían conocido que su esposo era un militar activo, que a su vez colaboraba con una empresa de ciberseguridad. A través de una filtración de documentos secretos, esa firma había quedado en ridículo, comprometiendo la eficiencia del trabajo del esposo de la jueza.

En el curso de esa conversación, Morris también habría revelado la existencia de un plan secreto y clandestino para sacar a Assange por la puerta principal, en una “salida victoriosa” hacia un destino seguro, pero todo esto dependía, principalmente, del Gobierno ecuatoriano, “ya que serían ellos los encargados de proveer el vehículo y los medios de salida”.

Se refería a un plan elaborado meses atrás, en diciembre de 2017, que fue conocido por el entonces secretario de Inteligencia, Rommy Vallejo. La canciller de la época, María Fernanda Espinosa, reconoció que buscaban que las autoridades inglesas le concedieran un salvoconducto, para lo cual había sido nombrado funcionario en la embajada de Ecuador en Moscú. Y antes se nacionalizó ecuatoriano, en medio de un proceso irregular, plagado de anomalías, según denunció luego el mismo gobierno.

Assange detestaba ser controlado, ocupaba distintos sitios de la sede indiscriminadamente para sus relaciones y citas con distintos personajes. Eso es advertido en varios informes, tanto del personal de Seguridad como de funcionarios diplomáticos. Sabía que era vigilado por un sistema de cámaras, ubicadas en las áreas públicas. Para evitar ser grabado escogía espacios que no eran monitoreados.

Narváez, el excónsul que era uno de sus hombres de confianza, negó los exabruptos y aclaró que fueron excepcionales. “Assange es una persona sumergida totalmente en su actividad, pocas veces trata o habla de temas que no estén dentro de su trabajo de análisis político, de lo que se va a publicar, de los ataques que le hacen, es tremendamente apasionado. Es poco flexible, muy cerrado en cosas que cree, pierde la paciencia, a veces, pero es difícil que cambie de opinión. Tiene convicciones muy firmes. No es arrogante como lo describen, quizá cuando está en medio de una entrevista difícil o en una confrontación política puede dar la impresión de ser arrogante, pero no es así en el trato común, es más bien bastante tímido”.

´Pernoctación con personal femenino´

“Advertimos sobre la falta de control del personal colaborador o simpatizantes del huésped que suelen pernoctar en el Hotel (si bien entendemos que hay  ciertas acciones que deben de ser contempladas y relajadas, vemos que se produce con bastante frecuencia la pernoctación de personal femenino con el huésped y que esta se produce fuera de la zona de descanso designada al mismo)”.

La situación de Assange cambió radicalmente, desde fines de 2017, luego de la ruptura entre Lenin Moreno y Rafael Correa, su eterno defensor, quien le había concedido el asilo a mediados de 2012. Para septiembre de 2018 el gobierno de Lenin Moreno estaba muy preocupado por las continuas intervenciones de Assange en la política interna de otros países, especialmente EE.UU. y España, y por primera vez aprobó un protocolo de seguridad, que fijaba normas en la sede.

Moreno dio un giro en sus relaciones y volvió a ser un aliado irrestricto de EE.UU., del cual Correa se había distanciado desde 2010. También recompuso sus nexos con Gran Bretaña, que había considerado la concesión del asilo una afrenta y una provocación para proteger a Assange, investigado por la justicia de ese país.

Las depresiones y excesos de Assange se reportaron constantemente a Quito.

La estabilidad emocional del huésped ya era un tema de preocupación para el embajador de la época, Carlos Abad. En un oficio al canciller José Valencia reportó que “La seguridad se ha vuelto un tema obsesivo para él; pasa algunas horas frente al monitor de cámaras, pasa mucho tiempo en el dormitorio sin salir a comer; los guardias manifiestan que en las noches suele tomar alcohol”.

Estos eventos fueron reportados durante toda la estadía de Assange en la embajada a las autoridades ecuatorianas en Quito, que sobre todo en el gobierno anterior no les prestaron atención, hasta la llegada de Lenin Moreno, que en abril de 2019 lo expulsó y lo entregó a la Policía británica.

Nos contactamos con los defensores de Assange para pedirles su versión sobre todos estos hechos, pero no obtuvimos una respuesta.

2 comentarios en “La fiesta de Assange en el Hotel acabó con la cruda resaca en una prisión inglesa”

  1. Excelente la investigación periodística mi estimado colega Arturo Torres. Felicitaciones. En verdad quedan muy pocos periodistas tan acuciosos por llegar a la verdad de los hechos. A todo el equipo de código vidrio mis respetos. Sigan adelante sin prisa pero sin pausa. El Ecuador los necesita.

  2. Muchas gracias estimado Marco, tus generosas palabras no estimulan a seguir adelante. Un abrazo

Los comentarios están cerrados.