El asilo de Julian Assange se puso en escena, tras meses de ensayos en Londres y Quito

Un mes antes del ingreso formal de Assange a la embajada de Ecuador en Londres, se creó el fondo específico 1335, para la adquisición de muebles y equipos, por 170 mil dólares. Se empleó para las adecuaciones con miras a la permanencia del futuro huésped (Assange) en el ´hotel´. Con ese dinero, se amplió el baño de mujeres, que se convirtió en una habitación con un sanitario empotrado y una ducha para uso exclusivo, en la parte posterior de la sede. 

Desde fines de 2010, el gobierno de Correa trató de contactar a Julian Assange para que le entregara todos los cables del Departamento de Estado de EE.UU. sobre Ecuador. Ese fue el inicio de la relación con WikiLeaks. Luego concretaron una entrevista con Rafael Correa para el canal ruso RT, leal al Kremlin.   

Fidel Narváez, José María Guijarro y la entonces embajadora Ana Albán coordinaron con Ricardo Patiño los acercamientos con el activista y hacker australiano y su equipo. Semanas antes de la concesión del asilo, se intensificaron los contactos y reuniones en Quito y Londres. 

Por Arturo Torres

Fue como una obra teatral. Todo indica que la entrada “sorpresiva” de Julian Assange a la embajada de Ecuador en Londres, el 19 de junio del 2012, fue una simulación política bien planificada.

El guión se armó meses antes en Quito y Londres y tuvo protagonistas, principales y secundarios, que pusieron en escena el melodrama.

Primer acto: El coqueteo. En noviembre de 2010, el viceministro de Relaciones Exteriores, Kintto Lucas, ofreció a Assange la residencia en Ecuador si él lo solicitaba, para conocer de primera mano su versión sobre la difusión de los 250.000 cables filtrados por WikiLeaks del Departamento de Estado.

Pero el presidente Rafael Correa desautorizó a su vicecanciller y criticó a Assange: “Cometió un error al romper las leyes de Estados Unidos y filtrar esa información. Si más tarde se permite que esto suceda sin ninguna sanción, pueden salir cuestiones muy graves para la seguridad del Estado”.

En Ecuador, los diarios El Comercio y El Universo habían empezado a publicar los cables más relevantes, luego de llegar a un acuerdo con WikiLeaks, que les estregó la información.

Después de la divulgación, el canciller Ricardo Patiño, empezó a buscar a toda costa, con sus colaboradores más cercanos, esa información directamente de WikiLeaks.

Julian Assange tenía orden de prisión desde 2010, por pedido de la justicia Sueca. Las autoridades inglesas ordenaron su arresto domiciliario, que cumplía en una propiedad en Norfolk, en las afueras de Londres. Foto tomada del documental Risk.

Correa, mientras tanto, mantenía una guerra sin cuartel contra los medios. Atacó a los dos diarios acusándolos de sesgar los cables, para perjudicar a su administración. Especialmente salió de casillas, luego de la publicación de un cable que denunciaba que el mandatario había nombrado comandante de la Policía a un oficial acusado de corrupción. Expulsó a la embajadora de EE.UU., Heather Hodges, al jefe de la CIA y al Grupo Militar. Eso marcó un rompimiento de facto de las relaciones y acabó con distintos acuerdos de cooperación en áreas de seguridad e Inteligencia, que solo empezaron a retomarse tras su salida del poder, en 2017.

Intereses de Assange y Correa confluyen

Segundo acto: Unidos contra un enemigo común. Los intereses de Correa y Assange empezaron a confluir, frente al mismo antagonista: EE.UU., que había declarado al australiano un hacker peligroso, una amenaza para su seguridad, por divulgar información secreta.

En ese contexto, Correa estrechó alianzas con China, Rusia e Irán, que se acercaron a los países de la órbita bolivariana, como parte de una lucha geopolítica global, para minar la hegemonía estadounidense y de sus aliados.

Casa adentro, sobre la marcha, Patiño armó un equipo de confianza para hacerse cargo del primer contacto con Assange. Lo integraron su asesor José María Guijarro, Chema o Txema, y el cónsul en Gran Bretaña, Fidel Narváez, con el apoyo de la embajadora en Londres, Ana Albán.

Tercer acto: El desembarco español. Chema había llegado al Ecuador con otros españoles de la Fundación Centro de Estudios Políticos y Sociales (CEPS), que tuvo convenios y asesorías con el gobierno de Correa, en temas políticos y de comunicación, entre 2007 y 2014.

También eran parte de esa Fundación Pablo Iglesias, Iñigo Errejón y Juan Monedero. Con los años ellos formaron el partido Podemos, que hoy cogobierna en España. De hecho, Iglesias es vicepresidente y Chema diputado.

Simultáneamente, por esos años los españoles habían trabajado para los gobiernos de Hugo Chávez y Evo Morales, y los asesoraron en los procesos constituyentes, al igual que en Ecuador.

Los españoles, que provenían de una vertiente política de izquierda radical y comunista, fueron una especie de puente entre los mandatarios de los países que agitaban la bandera del Socialismo del Siglo XXI y el bolivarianismo.

David Morales, dueño de UC GLOBAL, fue subcontratado por Carlos de Miguel (Der.), de Blue Cell, para dar seguridad a la embajada, un mes después del ingreso de Assange. La foto fue tomada días después en una reunión del personal de la sede diplomática en Londres.

La misión de llegar a Assange fue encomendada a Fidel Narváez, quien trabajaba en el consulado en Londres desde 2010. “Entré en contacto con Assange el primer trimestre de 2011. Accedió a publicar todos los cables de Ecuador en la plataforma de WikiLeaks. Ese fue el inicio de la relación del gobierno con él”, contó Narváez, entrevistado por este portal.

El hacker y activista australiano enfrentaba una investigación de la justicia sueca, por dos denuncias de acoso sexual. Cumplía un arresto domiciliario -ordenado por este caso- en las afueras de Londres, y desde entonces temía que los suecos querían entregarlo a EE.UU.

Assange se había encumbrado vertiginosamente desde el 2006 como una figura mundial, por revelar secretos sobre abusos contra los derechos humanos, corrupción en varios países, crímenes de soldados estadounidenses, que dispararon contra civiles en Irak y Afganistán.

Fidel Narváez y José María Guijarro (Der.) fueron personajes claves para la concesión del asilo a Julian Assange. Ambos coordinaron con el entonces canciller Ricardo Patiño y la embajadora Ana Albán, meses antes de su llegada a la sede. Narváez conectó a Assange con Rafael Correa.

Emergía como un símbolo de la lucha antiimperialista desde su plataforma de Wikileaks. Encajaba plenamente con los postulados del bloque liderado por Chávez, mientras Correa buscaba su propio protagonismo.

El 2012 los acercamientos y contactos del equipo de Assange y funcionarios del gobierno ecuatoriano se aceleraron; sobre todo después de que en febrero un tribunal inglés aceptara el pedido de extradición de Suecia.

Integrantes de WikiLeaks, en Ecuador

Los siguientes días, integrantes de WikiLeaks llegaron desde Londres a Quito y se reunieron en forma reservada en la Cancillería, entre otros, con Chema, quien trabajaba en la Unidad de Análisis Político: ese habría sido el primer paso de la operación asilo, según un funcionario que estuvo al tanto de las reuniones, y pidió el anonimato.

El 25 de marzo arribó a Quito Narváez en el vuelo 743 de Lan Chile, desde Londres, según su registro migratorio. En la Cancillería reportó las novedades y se reunió con el canciller Patiño y Chema. Uno de los temas tratados era la invitación para que Assange residiera en Ecuador, comentó una fuente cercana a WikiLeaks.

Narváez también participó en un taller de evaluación para cónsules en el Ministerio de Relaciones Exteriores y coordinó con la Secom y la Presidencia una entrevista entre Assange y Correa, en el canal Russia Today.

Un alto funcionario cercano esos años a Correa dijo, no obstante, que en la Presidencia no se hablaba del tema, que se mantuvo encapsulado en la Cancillería.

El cónsul regresó a Inglaterra el 13 de abril, en un avión de Iberia (vuelo 464), con disposiciones expresas para afinar los últimos detalles del diálogo, como parte de la estrategia definida.

Registros migratorios de Narváez, Guijarro y su pareja, la española Soledad Santander

“Tuvimos algunos encuentros para organizar la entrevista, le visité en Norfolk. Assange tenía una productora británica que vendía el programa en inglés al canal (financiado por el Kremlin)”, explicó Narváez, quien desde esa época se ganó la confianza del australiano de 47 años.

La premonitoria entrevista en el canal ruso RT

La entrevista por Internet se grabó el 17 de abril. Al revisarla detenidamente se entiende con claridad que era parte de un guión propagandístico, que buscaba posicionar a ambos como adalides de la lucha contra el imperialismo estadounidense, los emporios mediáticos, y las grandes corporaciones.

El 17 de abril del 2012, Assange entrevistó a Correa para un programa del canal ruso RT, donde hoy trabaja también el expresidente. El Kremlin financia ese medio, considerado de propaganda. Foto tomada del video en You Tube. 

Cuarto acto: El as de espadas. A los pocos días de grabar el programa, Correa mostró sus cartas, que señalarían la ruta hacia la entrega definitiva del asilo. En su acostumbrada sabatina dijo que el fundador de WikiLeaks había puesto en “jaque” a Washington y por eso «ha sido perseguido, calumniado, linchado mediáticamente».

Entre tanto, Albán regresó a Londres con instrucciones claras sobre Assange. Hemos buscado varias veces su versión, pero ha preferido no pronunciarse.

Un mes después, el 21 de mayo, la entrevista con el entonces mandatario salió al aire como parte de un nuevo programa llamado ´El mundo del mañana’. En ese diálogo, que transcurrió en un tono muy cordial, Correa dijo combatir a los monopolios mediáticos y a políticos disfrazados de periodistas que buscan “desestabilizar” a su gobierno. Assange solo asentía, concordaba con él en su posición  sobre los medios y la supuesta autocensura de los cables diplomáticos. Correa le dio la bienvenida al “club de los perseguidos”. Ambos sonreían.

A partir de entonces Assange cambió radicalmente de estrategia: difundió las filtraciones que llegaban a WikiLeaks de fuentes anónimas por su cuenta, sin colaborar con los medios que en una primera etapa fueron sus aliados, y luego tomaron distancia.

La extradición a Suecia aceleró el plan

Con el paso de los días, el temor a ser extraditado se volvió la principal preocupación del hacker, que el 30 de mayo de 2012 vivió un día tormentoso.

El Tribunal Supremo inglés confirmó la extradición de Assange, quien, según fuentes cercanas a Wkileaks, quiso adelantar su incursión y permanencia en la embajada de Ecuador en Londres. No obstante, se frenó a último momento al conocer que sus abogados habían ganado 14 días de postergación de su entrega a Suecia y la posibilidad de presentar un último recurso judicial. Solo habría ingresado por breves momentos a la sede y luego se retiró.

Los empleados diplomáticos y de servicios habrían sido conminados por disposición de Cancillería a tareas fuera de la embajada, según memo interno 19-12, hasta el día siguiente.

La embajadora Ana Albán recibió a Assange, el 19 de junio. Las primeras semanas hacía que su asistente preparara la alimentación para ambos, por temor a que lo envenenaran. Foto Cancillería.

Empiezan las remodelaciones, un mes antes del asilo

Quinto acto: Las adecuaciones del Hotel. Siguiendo lo planificado, el 21 de mayo -un mes antes del ingreso formal de Assange a la sede- la embajadora Albán creó el fondo específico 1335, para la adquisición de muebles y equipos, por 170 mil dólares. Según un informe de la Coordinación Administrativa de Cancillería, el fondo era para realizar adecuaciones para la permanencia del futuro huésped (Assange) en el hotel. Con ese dinero se amplió el baño de mujeres, que se convirtió en una habitación con un baño empotrado y una ducha para uso exclusivo. Al baño de hombres se le instaló una ducha y se volvió sanitario de mujeres, que en el futuro sería compartido con Assange. Esa remodelación costó 23.602 dólares, según un informe de la Contraloría.

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Estos documentos registran gastos de las adecuaciones, antes y después de la entrada de Assange


Entre el 31 de mayo y el 11 de junio también se adquirieron equipos de comunicación, dos computadores y una silla giratoria, que costaron 7 mil dólares, lo cual se detalla en la liquidación del Fondo en Finanzas. Se instalaron cámaras, micrófonos, cableados nuevos y las computadoras. Ese año la embajada gastó 465 mil dólares para el mantenimiento de Assange, el costo más alto de los siete años que duró el asilo.

Con el mobiliario y las primeras adecuaciones listas, seis días antes de la llegada del pirata informático, el 13 de junio arribó a Londres, en el vuelo 755 de KLM, Chema Guijarro.  Inmediatamente mantuvo encuentros con Albán y Narváez, que esperaban el ingreso del australiano en cualquier momento.

Su entrada finalmente ocurrió el 19 de junio. Llegó en una moto, con el cabello teñido de rojo, llevaba una chaqueta negra de cuero y gafas oscuras. Los preparativos y su transformación para no ser identificado fueron grabados por un camarógrafo, que estaba junto a la realizadora Laura Poitras, que luego difundió su documental RISK.

Al día siguiente, una vez que el Huésped ya estaba instalado en el Hotel, Chema Guijarro dejó Londres y regresó a Quito, en el vuelo 743 de Lan Chile. A su retorno informó los pormenores de lo ocurrido a Patiño.

En la embajada lo relevó su pareja, la también española Soledad Santander, que llegó desde Quito a Londres en un avión de KLM ese mismo día, 20 de junio. Se integró al personal diplomático como segunda secretaría. También fue contratada Priscila Kohn, que vivía en la capital británica y era muy cercana a Assange y a WikiLeaks, en la línea de Narváez, según un informe enviado a la Senain.  

Pedimos las versiones de Guijarro, Patiño y Correa, pero no obtuvimos respuesta. Tampoco contestaron los abogados de Assange.

Caos y desenfreno en la embajada

Tras el ingreso de Assange, el 19 de junio de 2012, medios de todo el mundo pusieron su atención en su caso, único en la historia diplomática. Foto Cancillería. 

Sexto acto: La embajada de cabeza. La llegada de Assange estaba prevista y autorizada de antemano. Ingresó  directamente sin ningún impedimento del conserje del edificio donde está la embajada, que como regla solo permitía la entrada de visitantes con la autorización previa de la embajadora o su representante, lo cual constaté personalmente en una visita en el 2015, cuando entrevisté por primera vez a Narváez, en la sala de reuniones de la sede.

De un momento a otro, la embajada se volvió un caos. Decenas de personas entraban y salían de la sede, periodistas y fotógrafos de medios de todo el mundo esperaban ansiosos en las afueras la declaración de Assange. Un equipo de 40 policías armados de Scotland Yard cercó la sede, colocó vallas y restringió la circulación, con camiones y patrulleros.

“Esos días fueron muy intensos e inusuales para todos. Entre el personal se dislocaron todas las rutinas, me quedé encerrado con él  y algunos miembros de su equipo por 40 días. Estaba preocupado de que tuviéramos lo esencial, como alimentos y otros implementos”, contó Narváez, que a partir de ese momento no se despegó del huésped, y se volvería “un activista más de WikiLeaks”, según dos embajadores consultados por este medio, aunque él sostuvo que solo realizaba las tareas que le encomendó la embajadora y Cancillería.

En ese período, el principal temor era la incursión de policías para capturar a Assange por la fuerza, ya que había violado su arresto y el asilo no era reconocido por su legislación.

Tras el ingreso, la embajada se volvió un caos. Assange, su equipo y visitantes causaron incidentes de todo tipo. No acataban las reglas de la embajadora, desbordada por la situación. El activista se candidatizó a la diputación en su país, Australia, pero perdió. Foto difundida por WikiLeaks a los medios.

Una alta fuente diplomática que estuvo al frente del proceso dijo que parte de la estrategia era concederle el asilo y luego pedir que el gobierno inglés le diera un salvoconducto para ir a Ecuador. La permanencia indefinida nunca estuvo en los planes de las autoridades ecuatorianas, que insistieron en vano durante años por la entrega del salvoconducto.

La convivencia en la sede se volvió insoportable, especialmente para el personal ecuatoriano. Los primeros problemas y fricciones ocurrieron por la gran cantidad de visitantes que llegaban.

Tratando de calmar las aguas, Albán hizo un primer intento por establecer reglas. Redactó un protocolo y lo entregó a Assange, quien lo pasó por una trituradora de documentos, alegando que no acataría ninguna norma y solo respondía a Correa y Patiño. El 16 de agosto, el Canciller anunció jubiloso que Ecuador le otorgaba el asilo al creador de WikiLeaks, “ante las inminentes represalias que pondrían en riesgo su integridad y su vida, en medio de la solicitud de extradición a Suecia”.

La víspera, en la embajada se temía una incursión violenta de la policía británica, lo cual habría acelerado la decisión.

“No teníamos horarios, dormíamos muy poco, en el piso, con colchones inflables y fundas de dormir”, recordó Narváez. “Estábamos solos. Aún no había una empresa de seguridad resguardando la embajada. Esos días fueron muy duros, de gran zozobra”.

En la última estapa de su permanencia en la sede, Assange recibió el regalo de su mascota, un pequeño gato, que también complicó las labores del personal de aseo. Fue un obsequio de una exembajadora de Argentina. Foto archivos de la embajada.

Después de un mes, la Senain contrató a la empresa ecuatoriana Blue Cell para dar seguridad y proteger a Assange, sus colaboradores y al personal diplomático. El propietario de la empresa era Carlos de Miguel, nacionalizado estadounidense que había tenido contratos con la Secretaría de Inteligencia por su contacto con Pablo Romero, quien recientemente fue extraditado a Ecuador. De Miguel subcontrató a David Morales y a su compañía UC Global, que asumió las tareas de seguridad.

“Inicialmente cuando me contacta, Carlos me comenta que se trataba de un asesoramiento y un estudio para que tomen una decisión. Es cuando llego a la embajada, me presentan a los personajes y veo el panorama, todo estaba de cabeza, fuera de control; realizamos un estudio y propusimos las primeras medidas de contención y control”, contó Morales, quien libra una serie de batallas legales, tras la salida de su empresa de la sede,  en 2018.

Si bien el asilo a Assange puso inicialmente a Ecuador y al gobierno de Correa en la mira mundial, despertando admiración de grupos y activistas afines a WikiLeaks, con los años su imagen se fue deteriorando y agrietó la relación con EE.UU., Gran Bretaña y España.

El círculo para Assange se cierra. Enfrenta un proceso de extradición a EE.UU., que trató de evitar a toda costa esta última década, mientras permaneció cautivo en Londres. Hoy ve más de cerca el rostro de la criatura que despertó en 2010.

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