“Estaremos encerrados en casa tres semanas en Inglaterra”: PODCAST

Sthephanie Torres está estudiando en Brighton, Gran Bretaña. Llegó hace un mes y vive con una familia inglesa. Le llama la atención la demora del gobierno para pedirle a la población que cumpla un aislamiento, para evitar más contagios. En vista de que ayer el gobierno inglés decidió que toda la población se quede en sus casas  por tres semanas, este testimonio fue actualizado las últimas horas. 

Redacción Código Vidrio

“Ayer 23 de de marzo, Boris Johnson decretó que nos quedemos encerrados por tres semanas porque vio que las cifras (de contagios por coronavirus) han aumentado, y vio que era una emergencia.

 

Es decir, 66 millones de personas en Gran Bretaña están en cuarentena obligatoria.

La comida se está acabando rápidamente en Brighton, que es una ciudad en la costa sur de Inglaterra donde vivo.

Las medidas del gobierno inglés han sido muy tardías.

Hasta el fin de semana el Primer Ministro solo insistía en que todos trabajen y que haya balance en la economía, que ha sido su principal preocupación.

Pero desde el 20 de marzo, al ver que aumentaron los casos, decidieron cerrar centros de reunión, restaurantes, bares, lugares públicos, estadios…

Mientras dure la emergencia, el gobierno anunció que cubrirá el 80 por ciento del salario de la gente que ya no pueda trabajar por estar aislada para evitar contagios del coronavirus.


En Inglaterra se está viviendo un repunte de casos positivos y muertes por el COVID-19. El país supera las 6.700 personas contagiadas y ha alcanzado 335 muertes.


Acá todos estamos en casa, junto a la pareja que me acoge. Son esposos jóvenes de 30 años de edad.

En esta ciudad a quienes tengan síntomas se les pide permanecer aislados de forma obligatoria.

También hay restricciones para hacer compras, solo se puede adquirir productos limitados por familia.

Es raro ver que acá buena parte de la población todavía no está usando mascarillas en las calles o en el transporte público. Se han demorado en tomar medidas de prevención”.

En Londres, hasta ayer se podía circular libremente. Hoy hay un confinamiento obligatorio. Foto, cortesía.

“Soy uno de los 50 mil desempleados por el cierre de hoteles en República Dominicana”: PODCAST

Francisco Vallejo es fotógrafo de bodas y eventos turísticos. Trabaja en Santo Domingo, República Dominicana, junto a su novia que es tailandesa. Vive hace 19 años en ese país caribeño.

Producción Código Vidrio

«Desde la semana pasada, los hoteles y restaurantes cerraron en las zonas más turísticas de Santo Domingo, en República Dominicana.

Yo soy fotógrafo de bodas y eventos sociales y mi novia también trabaja en actividades relacionadas con actividades turísticas.

En la zona de Bavaro-Punta Cana, donde hay mayor oferta turística, que es la principal fuente de ingresos para este país, 60 mil habitaciones de hoteles están cerradas. Por esa razón, unas 50 mil personas, incluidos mi pareja y yo, estamos desempleados.

Desde fin de semana pasado estamos ya aislados en la casa. Y estamos aprovechando estas vacaciones forzadas para aprender más español e inglés.

Todas las oficinas públicas, así como aeropuertos, locales comerciales, y terminales terrestres están cerrados; lo que se viene no será fácil, sobre todo para personas de menos recursos, en especial los haitianos que viven al día.

Las oficinas del Gobierno no están trabajando, los bancos no están dando créditos. Toda la economía está parada. No sabemos hasta cuándo durará esta situación.

En República Dominicana, los aeropuertos y hospitales son zonas de extremo cuidado.

Nosotros con mi novia somos budistas. Tenemos consciencia de que esto es un aprendizaje, y saldremos fortalecidos.

Lo que les aconsejo a mis paisanos en Ecuador es que piensen siempre de forma positiva, para no caer en el desánimo. No se dejen influir por los rumores ni mensajes desalentadores.

Sigan las disposiciones de las autoridades y quédense en sus casas».

“Israel es más vulnerable al coronavirus porque recibe muchos turistas”: PODCAST

La quiteña Paulina Mendoza Troya es bióloga, graduada en la Universidad Católica. Está casada con el israelita Eran Shpaier, con quien tiene tres hijos. Trabaja en la empresa Aquatics Hazorea, ubicada en un Kibbutz al norte de Israel, que tiene piscícolas y cría peces para exportación. Vive en Tierra Santa desde hace 24 años. Acompaña su historia en este podcast con Sunflower, una de sus canciones favoritas de Post Malone and Swae Lee. 

Redacción Código Vidrio

“En Israel apareció el primer caso de Coronavirus hace tres semanas. Y desde ese momento la rutina para todos empezó a cambiar radicalmente.

 

En mi caso, desde el jueves anterior salí de paro por vacaciones obligatorias. Mientras tanto, la seguridad social me paga el 75% de mi salario y el 25% restante la compañía donde trabajo.

Con la crisis por la pandemia, cerraron aeropuertos donde enviábamos los peces y se paró nuestro trabajo, especialmente en Europa. Mi esposo Eran es ingeniero en computación y trabaja para varias compañías. En su caso puede seguir laborando desde casa.

Mi hija Shira terminó el Ejército, que acá es obligatorio para todos, y estaba trabajando como guía acuática, pero por la emergencia volvió con nosotros. Mi otro hijo, Alon, está en el Ejército, haciendo el servicio militar, pero acaba de volver, porque un hombre contagió a un soldado y enviaron a todos los compañeros de su compañía a sus hogares.

Mi hijo menor está en el colegio, que hace una semana se cerró al igual que todo el sistema educativo. Tratamos de ponerle en actividad para que no se aburra.

Un hombre que volvió de Italia trajo el virus a Israel, el mes pasado. Este país es vulnerable porque está lleno de turistas, sobre todo en esta temporada cercana a Semana Santa.

Las últimas semanas también vinieron turistas coreanos que se pasearon por todo el país e infectaron a muchos, uno de ellos el chofer del bus donde se transportaban, un joven de 35 años, que estuvo en estado crítico.

En esta comunidad donde vivimos con otras 500 personas estamos bien organizados; cerró la mayoría de locales, y estamos comprando insumos y alimentos con aplicaciones que tenemos en el celular.

En el país ya no atienden lugares de entretenimiento, en los centros comerciales todo está cerrado menos los supermercados y las farmacias.

La mayoría estamos aislados en la casa, y muchos han perdido su empleo. Mi confinamiento empezó el viernes.

El principal problema del encierro es la incertidumbre de no saber hasta cuando durará y la preocupación principal es no contagiarnos.

Hasta hoy hay unos 900 casos de personas contagiadas en Israel, una persona murió, 20 están en estado crítico.

Últimamente ha salido a la luz cómo el gobierno de Benjamín Netanyahu malgastó fondos del país que deberían haberse dedicado en fortalecer la salud pública o el sistema hospitalario. Pero ese dinero se entregó a los ultraortodoxos y sus escuelas.

En medio de esta crisis, lo bueno del pueblo israelí es su solidaridad. En todo el tiempo que vivó acá no hemos enfrentado una situación parecida, ahora combatimos a un enemigo que no vemos.

Paulina Mendoza vive al norte de Israel con sus tres hijos y su esposo, un ingeniero de sistemas.

Estos días han regresado israelitas de varios países, especialmente de Europa. La suerte de este país es que recibe constantes donaciones de judíos ricos de todo el mundo.

Mi consejo para mis compatriotas es que se cuiden y no se expongan a este virus, que no es ningún chiste, es muy peligroso. La cuarentena no es vacación.

En estas circunstancias debemos ser positivos y vivir lo más normal que podamos. Este virus es una advertencia de la naturaleza de que paremos tanto abuso, de que China deje esa costumbre ancestral de comerse todo lo que se mueve en el planeta. Es una cultura ancestral muy espiritual pero arrasa con todo.

La vida nos está dando una lección enorme, debemos volver a ser más humanos y humildes, dejar a un lado nuestro ego que nos pone en una posición de seudodioses”.

PODCAST: En California hay desabastecimiento de alimentos

Diego Arroyo, quiteño, vive con su familia en Covina, cerca a Los Ángeles, California, desde hace cuarenta años. Trabaja en el sector de transporte escolar. Este es su testimonio, acompañado por una de sus canciones favoritas.

Redacción Código Vidrio

“Desde el viernes pasado, en la empresa donde trabajo de transporte escolar para niños con capacidades especiales, suspendieron todas las actividades, porque las escuelas, colegios y universidades también cerraron por el coronavirus.

 

Estamos con vacaciones forzadas. Acá, en general, los californianos han tomado la emergencia por la pandemia de forma relajada, a la ligera.

La mayoría de la población no tomó precauciones a tiempo, y hay descoordinaciones entre las autoridades del estado de California con los funcionarios federales, encabezados por el presidente Donald Trump. La máxima autoridad acá es el gobernador.

Con los días, la gente ha empezado a entender la gravedad del problema que enfrentamos. Nosotros nos aprovisionamos de víveres e insumos las semanas pasadas, pero buena parte de los habitantes no, dejaron todo para el último momento, por eso los grandes mercados están totalmente desabastecidos, hay gente que está acaparando alimentos.

El Gobierno central tiene poca posibilidad de exigir normas a los habitantes de cada estado, no hay forma de obligarlos a aislarse en sus casas, a no ser que salgan militares a las calles, pero cada estado toma al final esa decisión.

La principal amenaza de que el contagio se extienda rápidamente es la ligereza de la población, que tomaba las cosas con mucha calma, estaban muy relajados, así son los californianos, pero los últimos días empezaron a entrar en pánico.

Solo mi yerno y mi hijo están trabajando en mi familia, porque se dedican a instalar tecnología para la casa, y eso tiene mucha demanda. El resto no estamos laborando.

Pese a las alertas, las calles se ven con circulación normal. Hay problemas en los servicios médicos de salud, incluso no hay no reactivos para hacer las pruebas del Coronavirus.

Este asilamiento tiene también un lado positivo, pues nos da la oportunidad de meditar sobre lo que está ocurriendo, y tener consciencia de que somos privilegiados porque contamos con un techo y previsiones para mantenernos, mientras dure esta emergencia.

No ocurre lo mismo con la gente que no cuenta con recursos y vive en las calles, o quienes no tienen empleos formales, viven de su jornada del día, sino trabajan no comen; no tienen seguro de desempleo ni salud, están desamparados.

Esta es una oportunidad para ayudar a los más vulnerables y desprotegidos, entre quienes hay muchos migrantes”.

PODCAST: En España sufrimos una catástrofe, pero seguimos adelante

Jaime Cevallos, periodista que vive en Barcelona, y trabaja en una empresa editorial

“Pese al encierro, la crisis sanitaria por el coronavirus se ahonda en toda España y Europa, especialmente en Italia.

Además del problema de salud que nos mantiene aislados, se viene una hecatombe económica, no solo para este país sino para todo el mundo.

El ruido externo llega, la preocupación está en el ambiente, a pesar del silencio sepulcral en Barcelona, donde residimos con mi esposa Raquel Gazo y mi hija Ruth.

Vivimos una guerra sin balas y bombas, contra un enemigo invisible y dejará mucho dolor y lágrimas.

Hoy el miedo a quedarse sin trabajo supera al miedo a la misma enfermedad. En España ya se han perdido en pocos días 100 mil trabajos, muchos de ellos eran ocupados por ecuatorianos, porque tenían contratos temporales.

Lo más seguro es que serán afectadas muchas más personas por expedientes de regulación de empleo, la situación no es fácil. Me preocupa la situación económica. “Todo está cerrado, solo atienden ciertos supermercados, algunas farmacias…

Pero lo más grave obviamente es la situación médica. Hasta ayer, 19 de marzo, había 20.000 contagiados y 900 muertos.

Sigo lo que pasa en Ecuador por Twitter, leo algunos medios y radios online.

La verdad es que vivimos con cierta angustia lo que está pasando. Estamos encerrados en la casa desde el domingo pasado. Si se propaga más el virus no sé a dónde vamos a ir a parar.

Todos estamos haciendo teletrabajo, trabajamos más que antes. Mi hija sigue clases virtuales y está en último año de colegio. No tenemos tiempo para aburrirnos, pero sí estamos un poco angustiados.

Mi consejo es que nos quedemos en casa. Actuemos con la cabeza no con el hígado”.

PODCAST: Una ecuatoriana relata cómo enfrenta el aislamiento por el coronavirus en Nueva York

“No hay niños en las calles, hay escasez de alimentos”

 Cristine Fredericks, 42 años, ecuatoriana nacionalizada estadounidense. Vive en Nassau County, en Long Island, Nueva York. Es escribana de la Corte de Nueva York. Este es su testimonio.

 

“Ya no puedo ir al trabajo desde ayer martes. Solo atienden casos de extrema urgencia en tribunales. Solo hay un juez diario. Para casos criminales, porque está de por medio libertad de las personas o de violencia familiar, y los casos de los niños. Casos civiles no se están atendiendo. 

“La Universidad ha sido cerrada desde el miércoles pasado, al igual que escuelas y colegios.  Hasta junio próximo los centros educativos tendrán clases virtuales. No hay niños en las calles. 

“No puedo hacer teletrabajo porque manejo información de procesos judiciales confidenciales. Vivo en Long Island. Teníamos 50 casos hace dos días y hoy llegamos a 200, esto se está saliendo de control. Las autoridades están pidiendo la colaboración de médicos cesantes, jubilados para atender la emergencia. Es una pandemia de consecuencias terribles, insospechadas. 

“Ayer fue nuestro primer día de confinamiento, junto con mi mamá Rita y mi hijo Emilio, que estudia en la universidad. Los precios de las cosas han subido mucho. No hay papel higiénico en centros comerciales, que están desabastecidos. Hay menos alimentos y enlatados. Están desapareciendo.

“Nuestro pasatiempo por el momento es limpiar la casa, arreglar muebles, poco a poco iremos entrando en otros pasatiempos por internet. Les sugiero ver la película Parásito. 

«La mejor manera de evitar el contagio es quedarse en casa, y pensar que es una nueva oportunidad para un cambio en nuestra vida”.